La sesión se celebró en la Cámara de Diputados, el 9 de septiembre de 1947 cuando la ley 13.010 se aprobó definitivamente porque ya contaba con media sanción de los Senadores.

PIONERAS DEL VOTO III – LA “GRIETA” EN EL DEBATE DE LA LEY DEL VOTO FEMENINO

Por Araceli Bellotta

El debate por la ley del voto femenino demostró con crudeza la división entre peronistas y antiperonistas –que hoy se llama “grieta”- a poco más de un año de que, el 24 de febrero de 1946, Juan D. Perón accediera a la presidencia por el 52,84% de los votos, en comicios libres y limpios, con una diferencia de 10 puntos con la fórmula de la Unión Democrática.

Por Araceli Bellotta

El Presente de la Historia

22 septiembre, 2017

LA “GRIETA” EN EL DEBATE DE LA LEY DEL VOTO FEMENINO

El debate por la ley del voto femenino demostró con crudeza la división entre peronistas y antiperonistas –que hoy se llama “grieta”-  a poco más de un año de que, el 24 de febrero de 1946, Juan D. Perón accediera a la presidencia por el 52,84% de los votos, en comicios libres y limpios, con una diferencia de 10 puntos con la fórmula de la Unión Democrática.

La sesión se celebró en la Cámara de Diputados, el 9 de septiembre de 1947 cuando la ley 13.010 se aprobó definitivamente porque ya contaba con media sanción de los Senadores.

Pese a que la totalidad de los legisladores se pronunciaron a favor de que las mujeres ejercieran este derecho, el debate se extendió hasta las once menos diez de la noche cuando finalmente se votó.

Si estaban de acuerdo, ¿qué discutían entonces?

La bancada opositora, más que ocuparse del voto para las mujeres, aprovechó la ocasión para cuestionar al gobierno y sobre todo a Eva Perón que presenciaba el debate desde uno de los palcos del Congreso.

El que inició el ataque fue el diputado por la Unión Cívica Radical (UCR), Ernesto Sanmartino, quien había accedido a su banca integrando la lista de la Unión Democrática, y que  comenzó su discurso diciendo: “Hay, señor presidente, dos clases de partidarios del voto femenino: los demagogos que consideran su aporte electoral y por eso apoyan la reforma, y quienes están convencidos que la bondad de ese principio, sin consideración alguna de los factores electorales.

Los primeros no nos dirán la verdad, hablarán de los derechos de las mujeres y omitirán hablar de sus obligaciones, dirán que el voto llega en buena hora;  harán vibrar las cuerdas de la sensiblería, tan gratas a ciertos auditorios regimentados, para arrancar aplausos, que ojalá mañana no se conviertan en lamentos.

Los segundos preferirán la verdad al aplauso y dirán, como decimos nosotros, que hubieran deseado que el voto  llegara en un momento de normalidad constitucional y de paz de los espíritus.

Dirán que el sufragio crea a la mujer pesados deberes, entre los que señalamos como uno de los primeros combatir la violencia y la dictadura, que son la negación del espíritu y del pensamiento libre, sin los cuales el sufragio femenino seria una conquista estéril o una mentira más”.

En los siguientes párrafos de su discurso, Sanmartino sostuvo que antes de discutir esta ley, habría que haber tratado la Ley Orgánica de los partidos políticos, la del sufragio de los ciudadanos de los territorios nacionales –que entonces no votaban-, la igualdad de trabajo y de salario entre varones y mujeres, la reforma de la ley de maternidad y la del servicio doméstico.

“En este momento –continuó el diputado- en que ha sido suprimida en el país la libertad de pensamiento, se agita el problema del sufragio femenino.

¿Qué les ocurrirá a las mujeres opositoras, pregunto, cuando dirijan un diario, cuando ocupen una tribuna, en una asamblea pública, para hacer la crítica severa de los actor del Poder Ejecutivo, cuando reclamen el derecho a hablar desde la radio, cuando lleguen a una de estas bancas y se vean coartadas en el uso de la palabra, o cuando lleguen a una gobernación como el de la provincia de Corrientes?

Porque otorgarles hoy el derecho del sufragio para negarle mañana el ejercicio de esos derechos fundamentales, sería una patraña y una indignidad”.

En este punto, cabe destacar que la UCR recién admitió la afiliación de las mujeres al partido en 1948 cuando comenzó el empadronamiento, y que en la lista que presentaron en la elección de 1951 no llevaron a ninguna mujer.

El diputado radical continuó con  un claro ataque a Eva Perón, quien había encabezado la campaña para conseguir la ley y que estaba presente en el recinto: “La mujer debe también dar ejemplo de austeridad en el ejercicio de sus derechos cívicos. No podrá hacer vida lujosa, vida de ostentación deslumbrante de pieles y de joyas y de enriquecimiento ilegítimo, para engañar después a las mujeres del pueblo, crédulas e ingenuas, predicando un ideario de redención social que no siente ni practica.

Deben ser auténticas mujeres del pueblo las que promuevan y las que dirijan este movimiento de liberación política de la mujer.

Si las mujeres salen en cambio de los salones palaciegos; si salen de las oficinas alfombradas de los oficialismos, entonces se habrá substituido el fraude de ayer, el fraude la vieja oligarquía del régimen, por el fraude de la burocracia gobernante, y la mujer habrá cambiado solamente de amo, pero no habrá conquistado su libertad política ni su autonomía moral”.

Por último, para rematar su agravio a Evita añadió: “El viejo vicio del nepotismo debe ser combatido enérgicamente por las mujeres y por la ciudadanía femenina, si no quieren que los familiares de los gobernantes usurpen mañana las funciones públicas y posterguen a las mujeres capacitadas e el ejercicio de las representaciones populares”.

A Sanmartino le respondió el diputado oficialista José Emilio Visca: “Se ha hablado de la libertad de pensamiento, de que se está ante un régimen de fuerza, cuando podríamos decir que es la primera vez que en la historia institucional de la República los señores diputados han podido expresar dentro y fuera del recinto todo lo que han querido decir del gobierno. Se habla del eclipse de las instituciones libres, y es este partido mayoritario el que ha bregado por el otorgamiento del voto a la mujer, y el que sancionará ese derecho para que la mujer se sume a las inquietudes cívicas de su pueblo y pueda elegir sus gobernantes”.

Después se refirió al reciente viaje que Evita había realizado por Europa en el que fue aclamada por multitudes españolas y aludió a un artículo que ella había publicado en la prensa:

“Está en nuestras filas quien, con toda la autoridad que puedan tener las más encumbradas damas del pensamiento argentino y universal, se ha dirigido a la mujer para decirle por qué tiene derecho a votar. (…)

Por eso, quien interpreta el movimiento femenino peronista, la señora del Excelentísimo Señor Presidente de la Nación, doña María Eva Duarte de Perón, ha dicho en ese mensaje a la mujer argentina: la mujer puede y debe votar”.

Por último, el diputado Visca cerró su discurso con esta afirmación: “Por ello, en esta hora venturosa para nuestra democracia le cabe a este Parlamento, surgido de los comicios del 24 de febrero, el honor de sancionar una ley que, a más de ser justa, es, en mi concepto, el más grande y el más merecido homenaje que podemos tributar cada uno de nosotros a la madre, quienes aún tienen la suerte de abrazarla, o a su memoria quienes –como yo- han tenido la desgracia de perderla”.

 

Fuentes:
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