Fue necesaria y fue positiva porque se pudo ver a una CFK más descontracturada y cercana que de costumbre, con una voz y un modo de expresión más reposado y menos apodíctico. Tuvo algunas expresiones de una gran importancia política.

REFLEXIONES DE JULIO FERNÁNDEZ BARAIBAR SOBRE LA ENTREVISTA A CFK

Creo que su llamado a un gran diálogo público para expresar claramente el proyecto de país que cada sector pretende es una propuesta que deberá ser desarrollada y ampliada. Más allá de la naturaleza histórica de la famosa grieta, el país, la opinión pública y la sociedad hoy manifiestan un cierto hartazgo de las políticas confrontativas.

Por Julio Fernández Baraibar

NAC&POP

15/09/2017

Es imposible saber, media hora después de finalizado, la importancia que la entrevista de Cristina con Novaresio puede tener en la opinión pública que no nos ha votado y que podría hacerlo.

Lo que si creo que se puede afirmar es que fue una entrevista necesaria para todo los que pertenecemos al campo nacional, simpaticemos o no con Cristina, su gestión, su estilo, su carácter y su personalidad.

Dejo de lado cualquier comentario sobre el papel jugado por el periodista, porque no viene al caso y porque forma parte de las condiciones objetivas de la entrevista.

Fue necesaria y fue positiva porque se pudo ver a una CFK más descontracturada y cercana que de costumbre, con una voz y un modo de expresión más reposado y menos apodíctico.

Tuvo algunas expresiones de una gran importancia política.

En primer lugar, como lo suponíamos, el aclarar que la candidatura la asumió como una iniciativa colectiva y no como una iniciativa personal, que su deseo no era presentarse.

En segundo lugar, su manifestación clara y fuerte de que su candidatura no será motivo de división del peronismo en el 2019, que se así fuera se apartaría de toda aspiración presidencial.

En tercer lugar, su definición, también fuerte y clara, de que es peronista, que pertenece al peronismo y su negativa a discutir sobre derechas e izquierdas en el seno del movimiento nacional.

También ha sido importante el reconocimiento del error de algunas cadenas presidenciales, en las que confesó primaba una situación de ánimo que no correspondía y que podía ser mal entendida aún por los propios.

Creo que su llamado a un gran diálogo público para expresar claramente el proyecto de país que cada sector pretende es una propuesta que deberá ser desarrollada y ampliada.

Más allá de la naturaleza histórica de la famosa grieta, el país, la opinión pública y la sociedad hoy manifiestan un cierto hartazgo de las políticas confrontativas.

El discurso de la cultura del encuentro que propone Francisco desde Roma, y que tuvo su manifestación masiva en la visita a Colombia, es, me parece, un gran marco de referencia para esa propuesta.

Por otro lado, quedó en evidencia la pobreza de la crítica a su gobierno.

El tema de la corrupción fue magníficamente contestado y terminó en el único momento de quiebre emocional de la nota.

Ni hablar con lo referido a la carta de intenciones con Irán.

La mera enunciación de ese tema dejó constancia de la inconsistencia dolosa de la acusación.

Creo que una opinión pública que ha sufrido la constante demonización de Cristina ha tenido y tiene oportunidad de relativizar sus convicciones, fundadas básicamente en una pertinaz, perversa y mezquina campaña mediática, y ha mostrado una mujer muy inteligente -la más inteligente de la escena política argentina, por lejos-, la sinceridad de sus convicciones y su entrega a ellas.

Los que la apreciamos lo seguimos haciendo, incluso con mayor énfasis, ante la necesidad del triunfo en noviembre.

Los que la odian la seguirán odiando también con mayor énfasis, ante la dificultad que encuentra el destruirla.

Pero hay, estoy convencido, una amplia franja de hombres y mujeres honestas y sinceras que han sido arrastrados por el odio impartido desde el poder económico y mediático.

Muchos de esos compatriotas hoy se han sentido interrogados por la entereza de esta mujer que desde hace dos años se enfrenta diariamente sola, armada con su inteligencia, con la profundidad de sus convicciones y la seguridad de ser amada por millones de compatriotas de Argentina y Suramérica, a la más poderosa coalición de intereses económicos locales e internacionales, un monopolio mediático sin frenos ni vacilaciones, un miserable sistema de partidos políticos a su servicio y todo el aparato de un estado que la quiere meter presa, sin haber cometido un solo delito, para sacarla de la escena política y, con ello, intentar derrotar el proyecto de país soberano, industrial, justo e integrado al continente.

Esa amplia franja de compatriotas honestos es la destinataria de este mensaje.

JFB/

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