Aparicio Saravia, junto a su hermano Gumercindo, se destacó en las fuerzas revolucionarias riograndenses

APARICIO SARAVIA ¡PRESENTE!

Por "Pepe" Muñoz Aspiri

Aparicio Saravia fue, sin duda, un personaje caracterizado por la adhesión que como un verdadero ídolo suscitaba en grandes masas de gente de campo su imagen de guerrero ecuestre; que recorría los campos de batalla al galope, vistiendo el clásico poncho de color blanco con que es representado.

APARICIO SARAVIA ¡PRESENTE!

(1856-10 de Septiembre-1904)

 

Por Pepe Muñoz Azpiri

NAC&POP

10/09/2017

Nació el 16 de agosto de 1856 en el departamento de Cerro Largo, Uruguay, siendo el cuarto hijo de trece, que tuvieron Francisco Saraiva y Propicia Da Rosa.

Aunque Saraiva era su apellido, en Uruguay era conocido como Saravia.

Fue criado y educado principalmente en el campo; aunque también realizó estudios superiores.

A la muerte de su padre, los hermanos Saravia heredaron una vasta extensión de campo, designada como la “Estancia El Cordobés”, situada en el Departamento de Cerro Largo, fronterizo con el Estado brasileño de Río Grande do Sul.

Eran tiempos en que la frontera política entre el Brasil y el norte uruguayo era casi puramente formal, y ni siquiera estaba fijada con certeza.

Las relaciones económicas, sociales, y aún políticas, desdibujaban las separaciones territoriales de los Estados; de manera que los hermanos Saravia tenían vínculos muy estrechos con Río Grande del Sur.

A partir del establecimiento en Río de Janeiro del Imperio del Brasil, bajo la corona de Emperador Don Pedro I, el 1º de diciembre de 1822 -cuando siendo Regente de la corona portuguesa, requerido a regresar a Lisboa luego de la derrota napoleónica, pronunció su célebre declaración “Eu fico” (Yo me quedo)- en ese Estado, habían surgido movimientos separatistas, que pretendían convertir a Río Grande del Sur en un Estado independiente del Imperio, la República de Piratiní.

Entre ellos, los revolucionarios conocidos como los “farroupilhos” con los cuales tuvo estrechas relaciones el Gral. Fructuoso Rivera; especialmente en los comienzos de la vida independiente, cuando se enfrentaba con su sucesor en la Presidencia de la República, el General Manuel Oribe.

También tuvo destacada intervención en la revolución farroupilha Guiseppe Garibaldi, quien luego participó en las contiendas bélicas ocurridas en el Uruguay.

También los hermanos Saravia tuvieron intensa vinculación con los movimientos revolucionarios riograndenses.

Gumercindo Saravia, acompañado de su hermano Aparicio, tuvo una importante participación en la revolución federalista riograndense de 1893.

Aparicio Saravia, junto a su hermano Gumercindo, se destacó en las fuerzas revolucionarias riograndenses; lo que determinó que habiendo fallecido su hermano en 1894, Aparicio fuera designado General de dichas fuerzas revolucionarias.

En 1895, Aparicio Saravia retornó a “El Cordobés”.

Le estaba reservado un papel de gran trascendencia en la historia política del país; que lo convertiría en el principal personaje histórico del Partido Nacional.

En el comienzo de la vida independiente de la República, las contiendas civiles se habían desenvuelto reiteradamente; desde la segunda Presidencia de la República, ejercida por Oribe entre 1835 y 1838.

En esa época, si bien Oribe había sido electo como segundo Presidente de la República, su antecesor, Fructuoso Rivera continuó ejerciendo un importante poder político y militar desde el cargo de Comandante General de la Campaña.

A finales de 1835, se produjo una ruptura entre ambos caudillos, cuando Oribe, destituyó a Rivera de la Comandancia General de la Campaña, asumiéndola él mismo. Rivera se retiró entonces a su estancia de El Durazno; pero luego Oribe designó Comandante de la Campaña a su hermano Ignacio, lo que determinó que el 18 de julio de 1836 Rivera se alzara en armas contra el Gobierno, iniciándose la guerra civil.

Las estrechas relaciones que ambos caudillos tenían con las fuerzas políticas del Gobierno de Buenos Aires de Juan Manuel de Rosas, con sus rivales en las Provincias del litoral y la mesopotamia argentina, y asimismo con los revolucionarios de Río Grande del Sur – así como las intervenciones de Inglaterra, Francia y el Imperio del Brasil – determinaron que este conflicto fuera extendiéndose y prolongándose en el tiempo, hasta desembocar en la Guerra Grande.

Los bandos políticos surgidos de esa contienda entre Oribe y Rivera, fueron conocidos como los “blancos” y los “colorados”; desde que en la Batalla de Carpintería, el 19 de setiembre de 1836, el bando de Oribe usara para identificarse una vincha blanca que decía “Defensores de las Leyes”, y las fuerzas de Rivera se distinguieran por usar los ponchos mostrando sus forros de color rojo.

Ellos se institucionalizaron como partidos políticos, cuando en 1872 se organizó formalmente el Partido Nacional como continuador histórico del “partido blanco”; y en enero de 1881 se constituyó el Partido Colorado reuniendo en su seno, a su vez, a los seguidores y los líderes “colorados”.

Las contiendas civiles entre ambas corrientes políticas, jalonaron las primeras décadas de la vida política uruguaya; abundando los levantamientos armados contra los gobiernos de los sucesivos Presidentes de la República.

Hasta que, finalmente, el 6 de abril de 1872, como culminación de la Revolución de 1870 (llamada “Revolución de las lanzas”, porque fue la última en que dichas armas fueron preponderantes, luego sustituidas por las armas de fuego) encabezada por el Gral. Timoteo Aparicio contra el Gobierno del Presidente Gral. Lorenzo Batlle, se realizó el acuerdo denominado “La Paz de Abril”; en la cual se estableció por primera vez el concepto de la coparticipación entre los partidos blanco y colorado en el gobierno, signándose al Partido Nacional las “Jefaturas Políticas” de cuatro Departamentos, que constitucionalmente designaba el Presidente de la República.

En 1877 se casó con Cándida Díaz, quien fuera sobrina de Gregorio Suárez (caudillo colorado).

Durante la Presidencia de Julio Herrera y Obes (1890 – 1894), de filiación colorada, las tensiones entre los blancos y los colorados se habían incrementado; debido a que solamente otorgó a los blancos tres Jefaturas Políticas, lo que fue considerado una violación la Paz de Abril, así como de un posterior acuerdo confirmatorio extendido el 19 de febrero de 1875 entre el Gral. Timoteo Aparicio y el Presidente Pedro Varela.

Finalizada a principios de 1894 la Presidencia de Herrera y Obes, la elección de un sucesor para el período de 1894 a 1898, mediante votación en el Senado – como establecía el procedimiento constitucional – había sido sumamente difícil. Finalmente, resultó electo Juan Idiarte Borda, contra la opinión de los blancos, que se sintieron excluidos del Gobierno, y que consideraron que nuevamente los gobernantes colorados habían violado el pacto de la Paz de Abril de 1872.

El Partido Nacional – que en 1891 había constituido una fuerza militar propia – venía considerando que la revolución armada era la única forma de hacer que los colorados cumplieran los compromisos de coparticipación política.

En noviembre de 1896, mientras se realizaban las elecciones para integrar el Senado que debería elegir sucesor a Idiarte Borda, Aparicio Saravia promovió un movimiento revolucionario; pero cuando el Presidente Idiarte Borda movilizó las fuerzas gubernamentales, los revolucionarios optaron por dispersarse.

En marzo de 1897, importantes fuerzas compuestas por revolucionarios blancos provenientes de la Argentina, invadieron el territorio por las costas del Departamento de Colonia, al mando del Cnel. Diego Lamas, que había sido designado Jefe de Estado Mayor de las fuerzas militares del Partido Nacional; en un ataque coordinado con otro contingente blanco al mando de José Núñez, que ingresaron por Conchillas.

Simultáneamente, Aparicio Saravia tomó el mando de otro contingente revolucionario, que penetró desde el Brasil por la frontera de Aceguá.

Las fuerzas revolucionarias blancas comandadas por Lamas y Nuñez, consiguieron un importante triunfo militar contra el ejército gubernamental, en el combate de Tres Árboles.

Pero días después los revolucionarios al mando de Aparicio Saravia fueron derrotados en el combate que tuvo lugar en Cerro Largo, en la cuchilla de Arbolito.

En este último combate, murió el hermano menor de Aparicio, Antonio, llamado el “chiquito Saravia”.

El 25 de agosto de 1897, el Presidente Idiarte Borda fue asesinado a la salida de un oficio religioso en la Iglesia Catedral de Montevideo; lo que determinó que fuera sucedido por el entonces Presidente del Senado Juan Lindolfo Cuestas.

Cuestas emprendió rápidamente una acción conciliatoria con el Partido Nacional, que culminó el 18 de setiembre de 1897, en el llamado Pacto de La Cruz, por el cual finalizó la revolución y se reconoció al Partido Nacional la coparticipación en el gobierno. Además, se comprometió la aprobación de diversas leyes electorales; especialmente la que creó el Registro Cívico Nacional, dirigida a dar autenticidad a las elecciones, que fue votada el 24 de abril de 1898.

El 24 de octubre fue aprobada otra ley, que reconocía la representación de las minorías en diversos cuerpos del gobierno de los Departamentos y en los órganos de control de las elecciones.

El 10 de febrero de 1898 Cuestas sustituyó las Cámaras por un Consejo de Estado, y el 1º de marzo de 1898 se hizo eligir Presidente de la República. Pero de hecho, Aparicio Saravia ejercía un gobierno paralelo desde “El Cordobés”, y dirigía su propio ejército; lo que se prolongó durante toda la presidencia de Cuestas, hasta 1903.

El 1º de marzo de 1903 fue electo Presidente de la República, por primera vez, José Batlle y Ordóñez; luego de una etapa de negociaciones políticas, en que el Partido Nacional, procuró pactar para dar sus votos al Dr. Juan Carlos Blanco, que era el candidato de una fracción colorada, con el compromiso de que se mantuvieran las condiciones del Pacto de La Cruz.

Pero una fracción de los blancos, encabezada por Eduardo Acevedo Díaz, en definitiva apoyó a Batlle, quien resultó electo por el Senado, con 55 votos contra 33.

Cuando Batlle y Ordóñez designó las Jefaturas políticas, Aparicio Saravia consideró que Batlle había incumplido el Pacto de La Cruz; según en cual corresponderían que las Jefaturas Políticas de los Departamentos Rivera, Cerro Largo, Treinta y Tres, Maldonado, Flores y San José fueran provistas con ciudadanos de filiación blanca, nominados de común acuerdo entre el Gobierno y el Partido Nacional.

Como consecuencia, Saravia convocó nuevamente a la revolución de los blancos, cuyas fuerzas se movilizaron en esos Departamentos.

En marzo de 1903 reunió a 15.000 hombres para lanzarse a la lucha armada.

La guerra civil fue evitada, sin embargo, por una misión que viajó a entrevistarse con Saravia, y el 22 de marzo de 1903 logró con él un nuevo pacto, en la localidad de Nico Pérez, por el cual se estableció que las Jefaturas políticas de esos Departamentos serían asignadas a ciudadanos blancos designados en consulta con el Directorio del Partido Nacional.

Fue histórico el día en que desfilaron ante Aparicio despidiéndose, casi 20.000 hombres que lo vivaron al grito de “¡viva el general!” o “¡vivan los gauchos!”.

Pero a principios de 1904, el Gobierno resolvió enviar fuerzas militares al Departamento de Rivera – a solicitud del Jefe político (que era blanco) – por temerse una incursión brasileña, a causa de la detención efectuada por la Policía de Rivera, y siguiente fuga hacia el Brasil, del hermano del Prefecto de Livramento. Aparicio Saravia proclamó entonces que ese envío de tropas violaba el pacto de los blancos con el Gobierno, e inició la guerra civil.

Batalla de Masoller

A partir de mediados de enero de 1904, se sucedieron varios combates entre fuerzas gubernistas y saravistas; los combates de Mansavillagra (14 de enero), Illescas (15 de enero) y especialmente la batalla de Tupambaé, el 24 de junio.

La batalla decisiva se libró en la frontera con el Brasil, en Masoller, el 10 de setiembre de 1904, en el lugar de confluencia de los límites de los Departamentos de Rivera y Artigas.

La batalla de Masoller fue especialmente reñida, por cuanto las fuerzas enfrentadas eran bastante parejas; y ambos bandos contaban con armamento moderno en su época, especialmente los fusiles Remington y los más recientes Mauser, de gran precisión y largo alcance.

El 10 de setiembre de 1904 por la tarde, los combates se prolongaron durante alrededor de tres horas; pugnándose especialmente por unas posiciones ocupadas por las fuerzas del Gobierno en unos cercos de piedra (los que eran usuales en los campos, antes de su alambramiento) desde los cuales hostigaban a los revolucionarios con nutrido fuego de fusilería.

Éstos, a su vez, lograron varias veces desalojar a los gubernamentales de esas posiciones; pero recelando que estuvieran minadas, luego no las ocupaban, y eran retomadas por el ejército gubernista.

Entretanto, los revolucionarios procuraban que los gubernamentales consumieran sus municiones, para atacarlos más tarde.

En esas circunstancias, Aparicio Saravia salió a recorrer el frente de fuego, para estimular a sus soldados; pero su figura resultaba claramente reconocible por el sombrero y el poncho blanco que usaba, así como por estar acompañado por un abanderado.

Se trataba de una actitud sumamente arriesgada, porque estaba al alcance del fuego enemigo; y así ocurrió que fue gravemente herido por una bala de Mauser, que le atravesó el vientre de izquierda a derecha, lesionándole los riñones e intestinos.

Sus compañeros de armas lograron sin embargo trasladarlo hasta el cercano Brasil, hacia una estancia situada en Carovi, distante alrededor de 5 kilómetros de la frontera, donde falleció el 10 de setiembre de 1904.

Conocida la situación de Saravia, cundió el desánimo entre sus fuerzas; y según diversas versiones, surgieron entre sus oficiales importantes desavenencias que la autoridad de Saravia había contenido.

No se logró acuerdo inmediato para designarle un sustituto en el mando superior de las fuerzas revolucionarias; y en definitiva su orden de volver a atacar a los gubernistas en la siguiente madrugada, con fuerzas de relevo, no fue cumplida, retirándose el ejército revolucionario tras la frontera, luego de lo cual prácticamente se desbandó, quedando así derrotada la última revolución civil.

Los historiadores consideran la muerte de Aparicio Saravia como el final de la era de los caudillos políticos de estampa gauchesca.

Aparicio Saravia fue, sin duda, un personaje caracterizado por la adhesión que como un verdadero ídolo suscitaba en grandes masas de gente de campo su imagen de guerrero ecuestre; que recorría los campos de batalla al galope, vistiendo el clásico poncho de color blanco con que es representado.

Su muerte puso fin a la guerra civil, que se cerró con la Paz de Aceguá de 24 de setiembre de 1904; tras la cual se abrió en el país un muy extenso período de paz civil.

En ese sentido, los principales postulados políticos esgrimidos por Saravia y el Partido Nacional, dirigidos a establecer un sistema electoral eficaz y confiable, fueron quedando consagrados poco tiempo después a través de leyes y prácticas electorales que permitieron una renovación regular de las autoridades de Gobierno, y un adecuado desenvolvimiento del sistema institucional, conforme a las normas de la Constitución, mediante un sistema de elecciones que ha alcanzado un reconocido prestigio por su corrección.

“La patria tiene que ser la dignidad arriba y el regocijo abajo”

(Gral. Aparicio Saravia)

Tu nombre

¿Qué duende de oscuro nombre

vaticinó tu caída?

¿Quién separó de tu vientre

el pulso azul de la vida?

¿Qué lobo clavó en tu carne

un quitasol de agonía?

Dime, Aparicio Saravia,

¿adónde fue tu alegría?

¿Quién se llevó de tu cuerpo

la apacible bizarría?

¿En qué ombú tu mano tiende

una cordial bienvenida?

¿En qué primavera estalla

el mangangá que te anida?

¿Y tu corcel y tu rostro,

y tu vendimia encendida?

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