El “negro” José como le decía despectivamente la familia Escalada, siempre fue despreciado por las familias patricias y oligarcas del puerto de Buenos Aires.

SAN MARTIN EL REVOLUCIONARIO

Por Jorge Rachid

Ese San Martín, hijo de india guaraní como Perón hijo de madre tehuelche, toma para si la causa libertaria de la Patria Grande, que le cuesta el odio y el repudio de las clases oligárquicas porteñas, que finalmente lo abandonan en su Cruce de los Andes, por rechazo a la gesta emancipadora que emprendía. Esa misma crítica lo lleva después definitivamente al exilio, con amenazas de permanentes a su vida.

Por Jorge Rachid
SIN MORDAZA
17/08/2017

El “negro” José como le decía despectivamente la familia Escalada, desde que comenzó su romance con Remedios, siempre fue despreciado por las familias patricias y oligarcas del puerto de Buenos Aires.

Corría 1812 cuando San Martín con Alvear y Zapiola, arriban a ésta ciudad con la intención de tomar el poder, provocando al poco tiempo el desplazamiento de la Junta y el cambio del régimen.

La Logia Lautaro, masónica, ligada a las logias europeas libertarias, antimonárquicas elige ese nombre en homenaje al pueblo araucano.

San Martín, en Perú, en el balcón, como Perón.

Ese San Martín, hijo de india guaraní como Perón hijo de madre tehuelche, toma para si la causa libertaria de la Patria Grande, que le cuesta el odio y el repudio de las clases oligárquicas porteñas, que finalmente lo abandonan en su Cruce de los Andes, por rechazo a la gesta emancipadora que emprendía.

Esa misma crítica lo lleva después definitivamente al exilio, con amenazas de permanentes a su vida.

Así muere Monteagudo, su Canciller en Perú asesinado por los esbirros de las familias patricias.

San Martín es quien presiona para la realización del Congreso de Tucumán, también quien adhiere a la propuesta de la monarquía Inca como forma de anclar el pensamiento de los pueblos originarios, mancillados y aniquilados por la barbarie colonizadora de la monarquía española.

En el Congreso de Tucumán que declara la Independencia de Sudamérica, en su concepción de Patrias Grande, participan como constituyentes los pueblos altoperuanos, hoy bolivianos, permitiendo al Libertador cruzar los Andes.

Esa Declaración fue escrita a instancias de San Martín en español, quechua y aymara, aunque esta circunstancias no se enseña en las escuelas.

El 13 de marzo de 1819, San Martín escribe a Artigas:

“No puedo ni debo analizar las causas de esta guerra entre hermanos; lo más sensible es que siendo todos de iguales opiniones en sus principios, es decir, a la emancipación e independencia absoluta de España…debemos cortar toda diferencia.

Mi sable jamás se sacará de la vaina por opiniones políticas, como éstas no sean en contra de los españoles y su dependencia”.

Esta carta es respuesta al pedido de Pueyrredon de reprimir a López y Ramirez caudillos federales, con el ejército de los Andes.

Cuenta el General Paz en sus Memorias: “Dígalo si no el general San Martín, que se propuso no hacerlo y lo ha cumplido. Aún hizo más, en la época que nos ocupa; pues, conociendo que no podía evitar la desmoralización que trae la guerra civil, procuró sustraer su ejército al contagio, desobe¬deciendo las órdenes del gobierno, que le ordenaba que marchase a la Capital para cooperar con el Ejército del Norte y el de Buenos Aires para atender el frente interno.

Si San Martín hubiese obrado obedeciendo la orden, como lo hizo Belgrano, seguramente habría perdido su ejército y no hubiera podido realizar la gloriosa campaña a Lima””.

Sin embargo ese cruce, cuyos pasos fueron programados junto a los mapuches en La Consulta, Mendoza, con la colaboración de los mismos del otro lado de la cordillera actuando como espías, requiere el pronunciamiento de sus coroneles ante el abandono de Buenos Aires, de espaldas como hoy al país real.

Desilusionado y enfermo, regresa San Martin a Mendoza para dirigirse a Buenos Aires en agosto de 1823, sabiendo de que su esposa estaba gravemente enferma.

Estanislao López, caudillo santafesino, le remitió a San Martín una esquela en la que comentaba:

“Se de manera positiva, por mis agentes en Buenos Aires, que a la llegada de usted a aquella capital, será mandado a juzgar por el gobierno en un consejo de guerra de oficiales generales, por haber desobedecido sus órdenes de 1819 haciendo la gloriosa campaña de Chile, no invadir a Santa Fe y la expedición libertadora del Perú…siento el honor de asegurar a usted que a su solo aviso estaré con mi provincia en masa a esperarlo a usted “

Es San Martín quien solicita al gobierno inglés el reconocimiento de la Independencia en 1820, ya en el exilio, dado que Bolívar seguía luchando y no se sabía el desenlace, lo que hace al Libertador actuar en la formación de un nuevo ejército en caso de derrota del otro Padre Fundador de la Patria Grande junto a Artigas.

El Reino Unido se niega para no enfrentar a las otras monarquías porque un ejército español seguía luchando por recuperar sus colonias, que finalmente sucumbió en Ayacucho bajo las tropas del Mariscal Sucre, finalmente asesinado por otros esbirros oligárquicos peruanos.

Mitre nos quiso esconder la historia del Libertador, sus luchas y cartas con los cuadillos federales, su relación con Artigas, su admiración por Bolívar cuyo cuadro al óleo coronaba su cama en el exilio, como también su reconocimiento a Rosas y Mansilla por la gesta de Obligado, a quien donó en su testamento el sable libertador.

En setiembre de 1824, Rivadavia desnudó su sentimiento hacia San Martín en una carta dirigida a Manuel García:

“Es de mi deber decir a usted para su gobierno que es un gran bien para ese país que dicho general esté lejos de él”.

San Martin ya había partido hacia el exilio.

Mientras los Mitre y los Sarmientos asesinaban criollos, exterminaban pueblos originarios, instalaban “civilización o barbarie”, o la necesidad de exterminar los indios y sus hijos en cartas del “padre de la escuela” porque anidan el odio al blanco y derramar sangre criolla para abonar la tierra, San Martín jura no desenvainar su espada en la lucha entre hermanos, entre los cuales incluye “a mis paisanos los indios”, por lo cual se vuelve al exilio en su retorno a estas tierras en 1820, para colaborar, al constatar el grado de confrontación instalado por los unitarios porteños.

Este pequeño recordatorio sirva de homenaje al hombre, al soldado, al estratega que con humildad y sin rencor supo recorrer las páginas de la historia cumpliendo el designio de los pueblos, junto a los negros, los zambos, los indios y todos aquellos que sumados al proceso revolucionario, vieron en su estatura moral, al conductor de una gesta que inundó América, junto a los otros Padres Fundadores de la Patria Grande, que hoy vuelve a ser denigrada por los profetas del odio neoliberales.

JR/