Jean Claude Junker (FOTO), presidente de la UE, dijo ante las sanciones que afectan a Rusia, e indirectamente a la UE, que esta dará respuesta 'adecuada a Washington".

GASES VENENOSOS, NEGOCIOS ESPURIOS.

Considerando a China como su gran enemigo industrial-comercial; a Rusia como homólogo chino de la ‘apertura’ (blindada por ambos ejércitos, que no permiten a EE.UU. considerarse como la “superpotencia”); a Irán como ‘enemigo’ de occidente y a la RPDC como “peligro nuclear”, EE.UU. patalea y agrede de una y mil formas, al mundo que NO se le somete.

Jorge Luis Ubertalli Ombrelli
NAC&POP
3/8/2017

El 2 de agosto el presidente de EE.UU., Donald Trump, firmó a instancias de la presión del Congreso una ley que sanciona a Rusia, Irán y la República Popular Democrática de Corea (RPDC).

Aunque Trump cuestionó la actitud de los legisladores en cuanto a promulgar una ley contraria a la Corte Suprema de Justicia y que, según su opinión, uniría alrededor de China a los países sancionados, lo que sería un contransentido para los intereses de EE.UU; el establishment de su país lo hizo hincar de rodillas.

Entre las sanciones a los países citados, la Ley hace hincapié en cuanto a impedir que Rusia construya el Nord Stream 2, un gasoducto que, desde Rusia, enviará a Alemania 55 mil millones de metros cúbicos de gas anuales.

En su articulado, la Ley se opone a que empresas, inclusive europeas, contribuyan a la instalación gasífera rusa que enviará fluido a Europa, lo que ya ha traído aparejadas reacciones de la Unión Europea.

No solo Alemania, que ha decidido repatriar todo el oro existente en sus arcas desde EE.UU., sino toda Europa, considerada ‘colonia’ de EE.UU; reaccionó ante las nuevas sanciones.

Jean – Claude Junker, presidente de la UE, dijo ante las sanciones que afectan a Rusia, e indirectamente a la UE, que esta dará respuesta ‘adecuada a Washington”.

El gasoducto ruso, que partiría desde Rusia hacia Alemania estirándose en el lecho del mar Báltico, permitiría a Europa consumir gas ruso, más barato que el esquisto que EE.UU. quiere exportar a toda costa al Viejo Continente.

En el mismo orden de cosas, la arremetida de Washington contra la RPDC de estos últimos tiempos, y que tiene varios fundamentos en cuanto a hacer prevalecer los intereses de EE.UU. a cualquier costo, aún sacrificando a sus aliados de Corea del Sur y Japón, se emparenta con el gas ruso.

El último 6 de julio, el flamante presidente de Corea del Sur, Mon- Jae in, declaró estar dispuesto a promover el tendido de un gasoducto que, partiendo desde Rusia, llevaría el fluido a la RPDC, Corea del Sur y Japón.

El ducto, que pasaría por la RPDC, proveería a Corea del Sur de los 55 mil millones de metros cúbicos de gas que consume, y que ahora importa en parte del Golfo Pérsico, que se halla en una región totalmente inestable por obra y gracia de EE.UU; sus aliados árabes de la zona e Israel.

El caso de Qatar, cercado por varios países por mantener relaciones amistosas con Irán, es un botón de muestra de lo que ocurre en una región asediada por el DAESH y la OTAN.

Si el emprendimiento ruso-coreano, proyectado desde el 2011 por la rusa Gazprom y la sudcoreana Kogas, se lleva a cabo, aunado a la extensión hacia la península coreana del Transiberiano, las tensiones entre los dos Estados que hacen a una misma nación y el Japón se relajarían, y eso no es del gusto de EE.UU; que necesita de la inestabilidad en la península coreana como el vampiro de la sangre humana.

Cabe destacar que siempre que se han dado las condicionales para la unificación coreana, han ocurrido enfrentamientos entre la RPDC y Sudcorea, auspiciados por EE.UU., que tiene bases en este último país y Japón armadas con todo tipo de artefactos bélicos, además de casi 30 mil soldados que ocupan territorio sudcoreano en forma permanente, que dieron por tierra con los intentos de acercamiento.

La hipocresía de los decadentes

EE.UU; ha cacareado en todo momento con el supuesto artilugio de la ‘libertad’, que se conjuga con la libertad de empresa y comercio.

El ‘mercado’, gran dios del capital, ahora juega en contra, según Trump y su establishment, de los EE.UU.

China es un caso paradigmático: mientras su presidente habla de abrir más la economía, EE.UU. la cierra y acusa a China de enriquecerse utilizando las leyes que el capitalismo ha consagrado desde sus inicios: competitividad, oferta, apertura de mercados, etc., etc.

Considerando a China como su gran enemigo industrial-comercial; a Rusia como homólogo chino de la ‘apertura’- blindada por ambos ejércitos, que no permiten a EE.UU. considerarse como la “superpotencia”-; a Irán como ‘enemigo’ de occidente y a la RPDC como ‘peligro’ nuclear, EE.UU. patalea y agrede de una y mil formas, al mundo que no se le somete.

La energía es sinónimo de desarrollo industrial y EE.UU. no quiere competidores.

Sus agresiones a la Venezuela bolivariana, que tiene como objetivo el derrocamiento de su presidente, Nicolás Maduro, para apoderarse de su petróleo, también se emparentan con la actitud solidaria de la Venezuela bolivariana con los pueblos y gobiernos de Nuestra América, en lo que hace a la cesión de energía barata, para consolidar sus desarrollos industriales, en el marco de la justicia social, en transición al socialismo.

¿Y por acá como andamos?

José Maria Aranguren, lacayo de EE.UU, Gran Bretaña y la OTAN

Así como EE.UU. pretende neutralizar la unidad de una nación asiática, separada por sus ambiciones expansionistas y hegemónicas, y a la vez pretende impedir a Europa -considerada su ‘colonia de lujo’ – utilizar el gas ruso para su supervivencia, (obligandola a consumir su “esquisto” mucho más caro, en Argentina), el ministro (extranjero) José Maria Aranguren, -lacayo de EE.UU, Gran Bretaña y la OTAN- a la vez que aumenta el precio de los combustibles (para beneficiar a ‘su’ empresa y otras del ramo), compra a Chile gas enviado desde Indonesia, por la empresa que regentea (desde las sombras), Shell, que resulta ser mucho más caro que el boliviano.

Negocios espurios y conspiraciones políticas, contra gobiernos que no se someten a Washington y sus aliados, se emparentan en este juego macabro que, el capital monopolista, lleva a cabo en su momento de decadencia y máxima peligrosidad.

Los gases venenosos emitidos por el imperio y el gran capital terminará, sin duda, liquidando a sus propios emisores.