No existe la independencia de la opinión pública, por cuanto ésta es construida mediáticamente.

ENCUESTAS Y “PRODUCCIÓN” DEL ELECTOR

Por Carlos “Chino” Fernández

La sociedad argentina padece una rara ansiedad cada vez que se acerca un acontecimiento electoral. Ansiedad, cuya expresión más acabada se manifiesta en la necesidad de saber a través de las encuestas y en el día a día, la intención de voto o la imagen que tienen los principales candidatos políticos.

Por Carlos Chino Fernández

NAC&POP

04/08/2017

Las encuestas en la política, y la producción del “elector” como sujeto político-electoral

La sociedad argentina padece una rara ansiedad cada vez que se acerca un acontecimiento electoral.

Ansiedad, cuya expresión más acabada se manifiesta en la necesidad de saber a través de las encuestas y en el día a día, la intención de voto o la imagen que tienen los principales candidatos políticos.

El problema de las encuestas-cuyo uso acotado y específico, es bien venido-, es que se ha generalizado y mientras reduce la compleja realidad a un par de fotografías ocasionales, manipula -en el largo plazo-, la mete de millones de personas, cuyas consecuencias perduran a través del tiempo.

La ciencia tiene por finalidad la búsqueda de la verdad, intenta desentrañar las causas que producen los hechos, los fenómenos o acontecimientos.

A partir de ahí, los vincula a sistemas problemáticos, según determinados campos temáticos, formula hipótesis, etc., etc.

La ciencia supone el uso de criterios, herramientas y recursos específicos; supone en última instancia, un tipo particular de conocimiento de la realidad.

La política, se rige por otras reglas, responde a otras leyes y su finalidad es bien diferente, ya que su propósito es el acceso al poder y en cada sociedad determinada -construye o intenta hacerlo-, un orden administrativo y legal con determinadas reglas para sintetizar la relación de fuerzas entre los intereses, aspiraciones y necesidades del conjunto de la población.

En la política práctica en su versión electoral, los consultores de opinión política y con mayor énfasis el consultor estrella: Durán Barba, nos dice en su última obra[1] que en el presente, el 80% de las personas no tienen interés en la política y en las cuestiones que hacen al poder.

Los jóvenes viven enfrascados en sus mundos virtuales y singulares, que comparten circunstancialmente con otros a través de una serie de dispositivos tecnológicos: Celulares, pantallas táctiles, walk man, etc.

Este desinterés por la política y la cosa pública, se manifiesta en una realidad social altamente segmentada de tal forma, que ya no es posible distinguir identidades colectivas permanentes, prevaleciendo los clanes, las tribus y los grupos humanos cada vez más pequeños, en donde gran parte de ellos, solo toman cuerpo cuando se conectan a través de las redes sociales.

La finalidad para Duran Barba, es trabajar sobre esta realidad, sin cuestionarla.

Su principal objetivo dentro de la comunicación política es producir un candidato electoral, como se hace con cualquier otra mercancía para consumir en el mercado.

Dejando a un lado cualquier tipo de consideración ética, no se interesa por transformar la realidad por más injusta que esta sea.

Para ello, sostiene la necesidad de conocer esa realidad compleja, pero utilizando el método científico (un método científico, particular, que después analizaremos), argumentando que los políticos en general no se interesan por el conocimiento ni por aprender sistemáticamente la realidad.

Bueno, en parte tiene razón.

Su argumentación cobra fuerza, cuando su pensamiento contrasta con el pensamiento mágico, que existe en la vida social de los hombres.

No obstante, su argumentación nos permite presentar algunas objeciones.

1) Trabaja sobre la realidad tal cual aparece (el fenómeno), sin preocuparse demasiado por distinguir la existencia exterior, de la esencia, cuyo conocimiento exige una mirada más perspicaz y más profunda.

Los esquemas matemáticos y estadísticos, de gran utilidad en las ciencias duras no agotan la comprensión de los acontecimientos humanos en el campo de las ciencias sociales.[2]

2) Las encuestas por muestreo, sean vía telefónica, personales o de forma indirecta por correo, aunque respondan a criterios técnicamente aceptados por el mundo académico, no agotan la explicación de los procesos de vida humanos que son construidos socialmente y que en muchos casos, pre-existen y condicionan la respuesta individual.[3]

El hombre es un ser social, y su naturaleza e identidad social la construye en su pertenencia e interacción con determinados grupos de seres humanos (familia, sindicatos, partidos políticos, movimientos sociales, asociaciones vecinales, grupos sociales varios).

Las encuestas por muestreo, por más representativa que estas sean, no reflejan acabadamente las aspiraciones y necesidades del conjunto social.

Sin ir más lejos, la mayoría de las encuestadoras fallaron a la hora de anticipar un resultado en las últimas elecciones del año 2015.

En las encuestas, las preguntas suelen inducir las respuestas, que después no se refleja en la realidad social.

Durán Barba acierta en la necesidad de utilizar la ciencia para conocer la realidad social y cultural de nuestra población, pero lo hace en los límites de un empirismo lógico, una apelación desmesurada a la psicología experimental y al utilitarismo pragmático, típico de la tradición científica anglo-sajona.

El objetivo de DB, es esencialmente conocer la opinión pública que la considera cada vez más independiente de los medios de comunicación.

Sin embargo, se olvida en mencionar que la opinión pública fue construida previamente.

Los permanentes mensajes arrojados a la población a través de los medios de comunicación, actúan sobre la opinión pública, que re-significa tales mensajes, al mismo tiempo que se modifica así misma.

No existe tal independencia de la opinión pública, por cuanto ésta es construida mediáticamente.

Es más, el grado avanzado de segmentación y, singularización de las opiniones es producto del trabajo devastador de los medios de comunicación a través de los años.

El deseo de votar y la inclinación hacia un candidato, se produce sobre la base de aspiraciones que también fueron condicionadas por el trabajo de los medios de comunicación, y ahora, por el de las redes sociales.

El territorio que se disputa es la “mente” de las personas, en su doble estado: consciente e inconsciente.

Los elementos irracionales o la emotividad de las personas son determinantes  a la hora de decidir por un candidato en una contienda electoral.[4]

Al vivir en permanente elección, el tiempo electoral se ha trasladado a todo el tiempo cronológico de la vida cotidiana de cada uno de nosotros y ha condicionado la vida política pública que es permanente, y debe ocuparse de las cuestiones de estado.

De esta manera, la lógica marketinera –con o sin método científico-, para vender un candidato, ha invadido todo el análisis político pre y pos electoral.

Los encuestadores se han transformado en las vedettes de los procesos electorales, a pesar que la mayoría erra en los pronósticos.

Algunos han pasado a ser conductores de programas y periodistas de programas políticos en horarios centrales.

Es preciso recuperar el valor de la investigación científica en cuanto al campo de la política en general.

Desde ya que esta existe, pero está cada día que pasa , más subordinada a los caprichos de los encuestadores, que reducen, encasillan, encorsetan y homogenizan, una realidad de por sí mucho más rica y compleja que la que figura en sus informes.

El método científico que merece aplicarse a la investigación en ciencias políticas, no puede reducirse a encuestas, ni a focus group, las unidades de observación y el universo de observación debe ser más amplio, porque así lo exige la realidad.

La difusión de los estudios bajo la óptica del empirismo lógico, extendido a lo largo de los años a través de los medios de comunicación, ahora en ecosistemas multimediáticos, condiciona la capacidad cognitiva de las personas, favoreciendo la despreocupación por la formación, la baja exigencia por conocer del ciudadano en general y de los dirigentes en particular.

En síntesis

El para qué, más que el cómo explica los alcances de esta suerte de encuestomanía histriónica

El método científico es un procedimiento para conocer parte de una realidad que es compleja.

Este método se puede discutir, pero el corazón de la estrategia de las grandes empresas que producen candidatos, no está tanto en el resultado (la cantidad de votos obtenidos por un candidato), sino en los efectos que generan en la configuración del poder en general, y especialmente en el formateo del “elector como sujeto” del mercado político-electoral.

Este formateo garantiza la continuidad del proceso de manipulación de la opinión pública, que lejos de ser independiente como sostiene Durán Barba, es el resultado de un trabajo intencional y sistemático.

En lo referente a la impronta Duranbarbista, en donde manifiesta que la magia y la religión son de alguna manera sus adversarios a la hora de caminar hacia una interpretación científica de la realidad política, su enemigo principal es toda aquella representación social colectiva.

Su accionar no es neutral, ya que su concepción expresa al Liberalismo en oposición a la representación política de carácter social.

En última instancia, su tarea es consolidar el proceso de ciudadanización extremo en donde cada individuo debe construir su subjetividad lo más independiente de cualquier otro congénere.

En tal sentido, para esta concepción, las organizaciones intermedias de la sociedad son un obstáculo.

De alguna manera lo son también el peronismo y el movimiento sindical.

CCHF/

N&P: El Correo-e del autor es Carlos “Chino” Fernández cafchino2000@yahoo.com.ar

Agosto de 2017

 

NOTAS
[1] Jaime Durán Barba y Santiago Nieto, La Política en el Siglo XXI, Arte Mito o Ciencia. Editorial DEBATE, Mayo de 2017
[2] Ver nota en La Nación, 18 de junio de 2017: “Todos mienten: el economista que devela los intereses ocultos, Sebastián Campanario
[3] Nota: Nos dice Francis Korn, (…,en referencia de trabajar y pensar la sociedad, diferente del estandarizado modo actual de los encuestadores…), que infieren proposiciones universales de muestras muy pequeñas. Ver en el suplemento IDEAS en La Nación, 16 de julio de 2017
[4] Nota: Ver especialmente: Castells Manuel, Comunicación y Poder, Capítulo 3 Redes de Mente Y poder, Siglo XXI, 2da. Reimpresión, México 2015
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