Nuestro país sigue siendo generador de capacidades únicas que no han podido ser opacadas por los intereses reinantes.

COMUNICACIÓN, CULTURA Y ESPECTÁCULO / DEBATE SOBRE LA PERSISTENTE CREATIVIDAD NACIONAL

Por Gabriel Fernández

Thelma y Nancy ( Foto central). Mucho más allá de los gustos personales (a quien escribe puede interesarle más ver las películas sobre Manzi, Arlt, Walsh, Oesterheld, de CDA y Canal 7 que un espectáculo de baile, pero eso no implica que cada género no deba ser considerado en su rubro): el debate sobre el show televisivo de Marcelo Tinelli corre el riesgo de anular toda la tradición humorística, comediante y danzarina de nuestro país.

Por Gabriel Fernández *
La Señal Medios
16/07/2017

 

Thelma y Nancy (FOTO)

El contraste agudo con los grandes espacios empresariales que dominan la comunicación puede llevar a un gran equívoco: suponer que la producción nacional de contenidos está aplastada conceptual y técnicamente; creer que las realizaciones que desde hace un buen tiempo se presentan en la pantalla chica abierta, cable y web contienen una cultura ajena y son meras reproductoras del esquema tradicional identificado en trazo grueso bajo el apelativo hollywoodense.

El blanco negro extremo –aunque justificado por el devenir de los acontecimientos y el accionar de algunos empresarios del rubro- no debería llevarnos a ignorar la persistencia, con saltos de calidad, de una creatividad bullente y dinámica que al menos en las últimas dos décadas se ha plasmado en una zona espectacular del mundo comunicacional y tiene su origen en el talento de escritores, guionistas, directores, actores, técnicos y productores argentinos.

Nuestro país sigue siendo generador de capacidades únicas que no han podido ser opacadas por los intereses reinantes.

Las novelas, las ficciones unitarias, las películas, las obras teatrales y los entretenimientos han mostrado un desarrollo singular, pero la apreciación de los mismos está condicionada al posicionamiento directo frente a la vida política nacional.

Esta situación inarmónica conduce a evaluaciones forzadas y a negaciones injustificadas.

Por decirlo así nomás: una parte del país considera reaccionarias las realizaciones presentadas desde hace años en los canales 13 – Clarín y 11 – Telefé, mientras otra porción estima propagandísticas las construcciones mostradas en lo que fuera Incaa TV, Encuentro, y Canal 7 – CDA.

Nada más equivocado.

El primer bloque está íntimamente ligado al segundo y en muchas ocasiones la argamasa conceptual que facilita las elaboraciones está situada en el mismo caldo de cultivo social, barrial, provincial.

En el grueso de las producciones presentadas entre el último lustro de los años 90 y el presente, se visualiza con tono creciente y adecuación tecnológica el talento literario y operativo de nuestro pueblo.

La sensibilidad potente de los actores está en línea con la precisión y celeridad de los técnicos; pero todos ellos no quedan entrampados por productores panfletarios o vulgares mercahifles sino que sus esfuerzos suelen ser canalizados con justeza.

La sorpresa que puede surgir en muchos lectores ante estas líneas evidencia la necesidad de repasar el concepto de cultura y mirar en la interioridad con franqueza para hallar una relación entre los anhelos, los deseos, los gustos y los prejuicios propios.

Vamos bien lejos: estamos hablando de tiras como Los Simuladores, Gasoleros, Primicias, Campeones, El puntero, Montecristo, hasta Las Estrellas, y de los unitarios concretados al amparo de Contenidos Digitales Abiertos emergentes de los Polos de Comunicación Audiovisual; de Suar y de Tinelli, de Cris Morena y de Carlos Rottemberg, de las búquedas del off y de las carteleras de Avenida Corrientes, de lo que se hizo ayer y de lo que se hace en la actualidad.

Vale, aunque brinda tela para cortar en detalle artístico, involucrar en la observación a la música nacional.

Si se dejara la comodidad –también asentada en dualidad tajante- podría admitirse el emerger de autores y músicos extraordinarios en el tango, el rock, el folklore, la cumbia, el hip hop y varias fusiones derivadas.

También, la capacidad organizativa de nuestra gente, pues la redefinición de la Asociación Argentina de Actores, del Satsaid, de Sica, el surgimiento de la Unión de Músicos Independientes, la continuidad de Directores Argentinos Asociados, entre muchas instituciones, contribuye a sostener este argumento.

El primer bloque, por denominar de algún modo al tándem Clarín – Telefé en materia de realizaciones culturales para el público masivo, suele ser objetado sin mayor hondura por una academia socioloide que caracteriza como triviales las realizaciones y “descubre” en su seno los mensajes del poder: discriminación, machismo, violencia, mercantilismo.

Esto no es así.

Siempre hay excepciones, pero tales disvalores no han sido introyectados en las obras ni nuestros talentos han cooperado con la difusión de miasmas antipopulares como sí lo han hecho colegas en los espacios periodísticos de esos mismos canales.

Es preciso indicarlo, mucho más allá de los gustos personales (a quien escribe puede interesarle más ver las películas sobre Manzi, Arlt, Walsh, Oesterheld, de CDA y Canal 7 que un espectáculo de baile, pero eso no implica que cada género no deba ser considerado en su rubro): el debate sobre el show televisivo de Marcelo Tinelli corre el riesgo de anular toda la tradición humorística, comediante y danzarina de nuestro país.

Pues los ataques que recibe podrían ser aplicables sin más al Circo Criollo, a Florencio Parravicini, a la vertiente irónica del tango, a la Revista Porteña, a Catita, a La Tuerca, a ciertos tramos de Tato Bores, a Alberto Olmedo, y al mismísimo Diego Capusotto o Thelma y Nancy.

Esto lo ha marcado con inteligencia Martín García: el clima generado por Tinelli se basa en el humor del Club de barrio, las chicas de patín con sus polleritas cortas, la barra de la esquina, las orquestas, en la calidad de nuestros cantantes y en la destreza de nuestros bailarines en la pista de basquet.

El segundo bloque es objetado con menor capacidad intelectiva aún.

Aunque cueste digerirlo, una parte de la crítica y de un público adormilado, caracteriza a las enormes figuras que han aparecido en la pantalla de la Televisión Pública como ñoquis y ha evaluado que algunas de las realizaciones más importantes de la historia resultaron simplemente gastos estatales sin sentido.

La oscuridad del pensamiento gorila brilla, paradójicamente, como nunca en estas apreciaciones.

La mediocridad de los funcionarios que asumieron tras la derrota del 2015 ha llevado a la anulación de páginas web sencillamente maravillosas en las cuales se narraba buena parte de la historia, las aventuras, los anhelos y las proyecciones de nuestros creadores y a su través, de nuestro pueblo.

En ambos casos, la devaluación de los productos locales determina que los “críticos” se encaminen a la admiración rastrera de las realizaciones anglosajonas, cuando está a la vista el declive con sólo recorrer los canales de películas en el cable.

En modo alguno cuestionamos la grandeza de las creaciones cinematográficas, televisivas, musicales del Norte; sólo señalamos que el macartismo y la preeminencia financiera han sumido en la censura varias generaciones de escritores, directores, intérpretes; hoy, a la hora de lanzarse a la gestación, tienen un mundo de agentes de inteligencia investidos como productores en derredor, advirtiendo sobre lo que se puede hacer o no en un nivel industrial que sigue originando cantidad sin anverso.

La Argentina estuvo por dar el gran salto que la reposicionaba, con creces y volumen expandido, entre las grandes potencias elaboradoras de contenidos en materia comunicacional.

El ajuste liberal instalado en todas las áreas perjudica ese camino y pretende anularlo.

Se asienta en la opinión del idiota que encarna Jorge Lanata, al sostener “quién ve esas cosas, a quién le interesa”, como si esa fuera la premisa con la cual Ferreyra, del Carril o Favio se hubieran adentrado en el puntapié inicial de una obra.

Pero la vibración y la capacidad del talento nacional resultan tan intensas que no se conseguirá ese objetivo miserable.

Mientras escribimos estas líneas siguen desplegándose magníficos creadores en todos los espacios.

De hecho, hoy mismo, en las pantallas habituales y en las webs, quedan rastros de esa nueva época dorada que se niega a retirarse. (Lo cual permite un apunte político a desarrollar: el gobierno presente, tomando en cuenta la multilateralidad en el orden internacional y el potencial productivo interno, está a destiempo y carece de destino.

No tanto, no sólo porque es injusto, sino porque no tiene base de sustentación en proyección).

Cuidémonos de encasillar y prejuzgar las realizaciones culturales nacionales porque de su próximo relanzamiento, en un nuevo tramo de la Argentina justa libre y soberana, tendrán una función trascendente que cumplir.

NOTAS

1 – Este artículo es un cuestionamiento severo al mecanicismo.

Dentro de su enorme, valiosa y por lo común acertada obra, Carlos Marx trazó definiciones que quedaron en la historia sin la reflexión y el debate adecuados.

Planteó que las ideas dominantes en cada época histórica son las de la clase materialmente dominante.

Se trata de una verdad tan relativa que su aplicación a rajatabla confunde y al mismo tiempo, desmoraliza.

A decir verdad, en toda sociedad existe una pulseada entre la cultura de las clases populares, por muy influida que esté, y la de las dominantes.

De allí que no se pueda identificar por un par de años de gobierno la totalidad de la cultura argentina con los intereses del liberalismo conservador.

No es correcto indicar que si gobierna un oligarca, el cine es oligárquico.

Puede sonar bien en los claustros, pero choca con la realidad.

2 – El segundo apunte es más corrosivo.

La belleza de quienes ocupan los primeros planos en las carteleras suele ser un elemento objetado.

Tanto por el “modelo” de hermosura que implica como por el machismo implícito en la exposición. En principio habría que admitir que esto no es privativo del cine ni de la televisión argentinos.

Con ese objetivo malévolo incluí la mención a la última de las novelas de Tv abierta.

Vale recorrer y uno halla que en los Estados Unidos, Rusia, el mundo asiático, América latina en general y sobre todo Brasil, los protagonistas suelen tener algún tipo de atractivo destinado a capturar interés para abordar el contenido.

Tanto mujeres, como varones.

3 – Pero la idea no es quedarnos a mitad de camino.

Digámoslo: ¿porqué una sueca desnuda en una obra europea es transgresora y libertaria, y una argentina en bombacha, trivial y obscena?

¿Porqué se realza la imagen de Lauren Bacall, Audrey Hepburn, Anita Ekberg mientras se cuestiona la inclusión en pantalla de las pibas de los pagos cercanos?

Lo que es más: a qué se debe que el feminismo evalúa un derecho inestimable la libre elección sexual y en sus acciones públicas contiene sin conflicto la exposición del cuerpo femenino como factor de quebranto de la psicología conservadora, pero se ofende y denuncia el baile con pollera corta en los espectáculos musicales populares como el citado o los programas de cumbia.

En verdad, el feminismo tiene sus razones; y la cultura espectacular popular, también. Eso es todo.

4 – El tema de la calidad técnica es de importancia.

No son pocos los que infieren que los operadores de los medios populares tienen capacidades inferiores a los que desarrollan tareas en los concentrados.

Nada más ajeno a la verdad.

El nivel es el mismo; en ocasiones las mismas personas realizan tarea en unos y otros.

Y si nos apuran un poco, debido a la identificación conceptual con el lugar, quizás haya una luz de ventaja para los operadores de imagen y sonido, par los editores, cámaras, de los medios populares.

Podemos corroborarlo al conocer desde adentro ambos flancos del oficio comunicacional.

5 – La confusión entre los programas periodísticos y los de ficción en los medios concentrados es lógica y debería preocupar a quienes cierran la puerta mental y esbozan un todo o nada inadecuado con la situación realmente existente.

A diferencia de lo aseverado en el punto 4, puede indicarse que la calidad periodística es inversamente proporcional –por estos años- al volumen del caño emisor.

Algunas excepciones, claro, equilibran la comparación.

Pero los periodistas de los medios nacional populares bien organizados, son en promedio, mejores que los que hoy ejercen su labor en los espacios conglomerados.

GF / LSM

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