La Felicidad del Pueblo y la Grandeza de la Nación del Peronismo, es antitética con la Tristeza Popular y el saqueo de la Nación del Neoliberalismo. (JR)

LA FELICIDAD DEL PUEBLO O LA TRISTEZA POPULAR

Por Jorge Rachid

Ya lo decía Don Arturo Jauretche: los pueblos expresan su alegría en la recuperación de derechos y quienes viven tristes son los oligarcas que pierden sus privilegios”. Ahora la ecuación volvió a darse vuelta frente a un gobierno inhumano y brutal, que sólo provoca desolación y angustia al conjunto del pueblo argentino.

Por Jorge Rachid

SIN MORDAZA

12/7/17

Ya lo decía Don Arturo Jauretche: los pueblos expresan su alegría en la recuperación de derechos y quienes viven tristes son los oligarcas que pierden sus privilegios”.

Ahora la ecuación volvió a darse vuelta frente a un gobierno inhumano y brutal, que sólo provoca desolación y angustia al conjunto del pueblo argentino.

No son los gobiernos populares, los benefactores graciosos de un pueblo, eso lo entiende así la oligarquía dominante que expresa “en el derrame”, su concepción elitista de la beneficencia.

El peronismo en los últimos doce años, como lo hizo en la década gloriosa y aún en el corto período de la tercera presidencia de Perón, amplía derechos, no concede, sino que reconoce e institucionaliza los mismos.

Eso es lo que se torna insoportable para los sectores dominantes, porque tal institucionalización implica de suyo, la transferencias de recursos que rompen la hegemonía del poder, que no sólo concentra riqueza producida en el país, sino que transforma el trabajo en rehén de sus propias ambiciones empresariales, de lucro desmedido, llevando a la diáspora social necesaria a sus fines de control ciudadano.

En ese sentido la ampliación de derechos significa un paso adelante en el rol del estado como ordenador social, permitiendo la movilidad social ascendente, fortalecer la solidaridad del modelo de construcción, ampliar los horizontes de las familias al planificar su futuro sobre bases sólidas de caminos a recorrer, para si y para sus hijos, consolidando la idea de pueblo como destino común.

En un sistema nacional y popular están garantizadas las prestaciones mínimas, que permiten enfrentar las crisis que siempre se suceden en lo países en desarrollo, producto de cimbronazos económico financieros de los países centrales, que repercuten acá, como lo fueron las crisis del 2008 y 2014, que fueron superadas con determinadas contracciones económicas, pero sin pérdidas de trabajo, ni baja de la actividad industrial ni del consumo popular.

El neoliberalismo con sus objetivos de “metas de inflación”, sólo cree que en control monetario como herramienta económica, desconociendo el círculo virtuoso del peronismo en la economía: el capital al servicio de la economía, la economía al servicio del estado y el estado al servicio del hombre.

Sólo el trabajo puede garantizar ese sentido humano de la economía al posibilitar el funcionamiento de la Seguridad Social y los mecanismos solidarios de salud y educación.

Por lo contrario el neoliberalismo en el poder, todo lo resuelve con endeudamiento externo, ajuste interno, enflaqueciendo los recursos solidarios, permitiendo penetrar al capital privado, con objetivos de lucro, en los mismos marcos de solidaridad y saqueando al país, con las puertas abiertas al delito de fuga de capitales, con importaciones suntuosas, privilegiando la compra externa sobre la industria nacional, abriendo la importación en tratados de libre comercio, asimétricos y colonizadores.

Ese escenario, que los argentinos ya vivimos en décadas anteriores, no sólo se repite, sino que lo hace en un mundo que ha levantado barreras arancelarias, con países que protegen a sus industrias, cierran sus fronteras, intentando colocar sus productos bajo dumping social o económico.

El gobierno por el contrario, elimina subsidios, desprotege la industria, abre su economía y pone en severo riesgo el trabajo argentino, condenando al pueblo a un nuevo genocidio social, como lo fue el fin del siglo XX, en la crisis del 2001.

El planteo estratégico de Perón de la Felicidad del Pueblo y la Grandeza de la Nación, son complementarios a las tres banderas del Justicialismo y el Movimiento Nacional, de Soberanía Política, Independencia Económica y Justicia Social, que junto a la Tercera Posición Internacional, nos ofrece un panorama completo de aquello que lograron recuperar Néstor y Cristina en doce años, en un camino sin dudas inconcluso, pero de destinos claros para el conjunto del pueblo.

Eso hizo que la confluencia de fuerzas nacionales se hiciera realidad en una marcha, que fue inmediatamente atacada por los poderes internacionales de la extorsión financiera, como el FMI y los Fondos de Inversión, amparados por los EEUU y sus aliados del “occidente cristiano”, que como demuestra cada día Francisco, no son ni occidentales ni cristianos, sino estafadores internacionales con socios internos cipayos, que dominan  los medios de comunicación, la banca y el Partido Judicial, que en su etapa más degradada de su historia, persigue a los humildes y protege a los poderosos.

El peronismo es la antítesis de un país de rodillas y un pueblo sufriente al cual lo sometió el gobierno neoliberal, porque lucha por la Liberación Nacional y Social Latinoamericana.

JR/

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