Te fuiste porque tu proyecto es otro, y no hay tres caminos: o se camina junto al Pueblo o se camina contra el.

ME CAÍA BIEN EL FLACO.

Por Pablo Isi

Nunca me pareció que la autocrítica dependa de los resultados y cada uno hará la suya, en su casa, en el asado con amigos, o en donde quiera; pero de algo estoy seguro: el militante verdadero deja de ser dueño de su destino cuando es dirigente, ya sea de un sindicato, de un club o de un proyecto político, porque los intereses colectivos siempre deben estar por encima de los individuales, y las decisiones individuales pasan y deben subordinarse a ese interés supremo.

Por Pablo Isi
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06/07/2017

Me caía bien el Flaco.

Lo vi sólido respondiendo las preguntas de Carta Abierta con ese tono medio cancherón de jugador de billar, y quizás por eso, por ese humor semi negro de club o de café, me dio más risa que verguenza aquello de “el Proyecto se queda manco”.

Siempre con las patas adentro, serio pero no enojado, y un tono de gran gestionador para el que no alcanza sólo con que manden la guita, si no preguntale a Díaz Pérez, o al Barba…

Florencio Randazzo y Eduardo Duhalde

Nunca me pareció que la autocrítica dependa de los resultados y cada uno hará la suya, en su casa, en el asado con amigos, o en donde quiera; pero de algo estoy seguro: el militante verdadero deja de ser dueño de su destino cuando es dirigente, ya sea de un sindicato, de un club o de un proyecto político, porque los intereses colectivos siempre deben estar por encima de los individuales, y las decisiones individuales pasan y deben subordinarse a ese interés supremo.

Eso entiendo cuando hablamos de que el candidato es el proyecto.

Lo que quiere decir eso es que cada uno va donde el proyecto lo necesita.

Y a partir de ahí fue que al Flaco empecé a mirarlo de costado.

Una vez bueno, quizás, la calentura, la junta, las segundas líneas, ponele…

Pero a la segunda, o sos boludo o sos hijo de puta.

El problema es que en determinadas instancias esas categorías se esfuman.

Si estás ahí es porque boludo no sos, y si parecés hijo de puta habrá que buscar razones más profundas, porque los militantes de base también dejamos de ser boludos hace rato.

En doce años más uno y medio, aprendimos muchas cosas.

Muchos no habíamos vivido nunca con un gobierno popular, y la vida te abre los ojos con más contundencia que los libros, no porque estos no formen, sino porque los amores y los dolores se meten en los huesos de postalina, te marcan las capas de la piel como los troncos de los árboles, y deja huellas indelebles como de chiquitos nos contaban que pasa en los caparazones de las tortugas.

Por eso olía mal ver al boga de Clarín al lado.

Porque aprendimos que el enemigo es ese, lo vimos en Brasil, en Ecuador, en Venezuela y en Bolivia, los tanques ahora son de pantalla plana y ya no bombardean La Moneda, porque son más efectivos penetrando las neuronas.

Y el Alberto.

No EL ALBERTO, el otro, el Fernández digo.

Ese que sacamos cagando del gabinete porque operaba para Magnetto.

También al lado, de voz cantante, corazón contento y línea directa con la mafia de Bánfield.

¿Ese también?

Y el blindaje? el “tratamiento” distintivo de los pregonadores del odio que nunca llegaba a los pies del flaco.

Todos menos el Flaco.

Se robaron todo, pero éste no…

No es mucho?

Y para qué seguir con los Abales en el Congreso a las leyes de este gobierno de hijos de puta.

Abales si, con B de Medina, y las charlas de té canasta con Heidi Vidal para garantizar la gobernabilidad.

¿Garantizar qué???

¡Esta! garantizame.

Te fuiste. Así de simple. Te fuiste.

No por opinar distinto, ni por tener otra visión, ni por querer renovar ni democratizar nada; te fuiste porque tu proyecto es otro, y no hay tres caminos: o se camina junto al Pueblo o se camina contra el.

La concha de tu madre Flaco, mentiste 12 años, o te vendiste como una rata.

En cualquiera de los dos casos, la concha de tu madre otra vez.

PI/

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