No saben que en miles de casas hay un viejo que si no puede encender la estufa, la eléctrica o la de gas, se va a enfermar.

LOS FUNCIONARIOS DE BARRAGAN

Por Carlos Barragan

No saben que hay miles de casas donde hay un pibe que entiende que hay un gobierno, un Estado, un sistema que le roba la vida a él, a sus hermanos, a sus padres y a sus abuelos. Y que esa violencia, esa injusticia, esa realidad de que todo el tiempo le están quitando algo que le pertenece, lo puede convencer de que lo único que puede hacer es recuperar lo que le roban robando.

Por Carlos Barragán
NAC&POP
04/07/2017

No les importa.

Es verdad que no les importa porque son eso que son.

Pero además de no importarles: no saben.

No saben que en miles de casas hay un viejo que si no puede encender la estufa, la eléctrica o la de gas, se va a enfermar.

Y no saben, no entienden que si el viejo se enferma y el Estado no le da los medicamentos, al viejo se le juega la vida.

No saben, no les importa, pero no saben que hay miles de casas donde hay un bebé que no recibió la cuna de Cristina (digamos las cosas por su nombre).

Y que su madre ya no recibe nada del Estado, o lo que le dan ya no alcanza para nada.

Y no saben, y no les importa que ese bebé mal comido, sin una buena cuna, con una mamá desesperada, y sin calefacción se puede enfermar.

Y que enfermo y sin asistencia se le juega la vida.

No saben y no les importa, pero no saben que los hogares de los que pierden el trabajo se destruyen.

Que los matrimonios se quiebran, los padres y las madres se deprimen y se pelean.

Y que el nene que comía en su casa tiene que irse hasta un comedor, como si estuviera en una guerra.

A comer con otra gente, en otra mesa, con otros platos.

A comer la comida que no compran ni cocinan sus papás que ya no pueden seguir haciendo de padres.

No les importa.

Y no saben.

No saben que hay miles de casas donde hay un pibe que entiende que hay un gobierno, un Estado, un sistema que le roba la vida a él, a sus hermanos, a sus padres y a sus abuelos.

Y que esa violencia, esa injusticia, esa realidad de que todo el tiempo le están quitando algo que le pertenece, lo puede convencer de que lo único que puede hacer es recuperar lo que le roban robando.

Y que la violencia que él recibe sin haber hecho nada para merecerla, se la puede infligir a otro cualquiera como él, que es un cualquiera a quien la sociedad humilla.

No les importa, pero además no saben.

Porque no saben que en los barrios, en las casas mal hechas, en las casas de los barrios baratos, y en las casillas de los barrios más pobres hay personas que terminan pagando con sus vidas cuando ellos gobiernan.

Que no les importe es grave.

Que no sepan es más grave todavía.

No tanto por algún tipo de responsabilidad política, que por supuesto que les cabe.

Pero no saber cuáles de sus acciones lastiman a otras personas no los convierte en inocentes, los convierte en criaturas que no pueden convivir en una sociedad.

Los convierte en ciudadanos fallidos, peligrosos para el resto.

Los convierte en seres que pueden matar o arruinar miles de vidas sin darse cuenta, por su propia falta de interés y su egoísmo.

Los convierte en funcionarios de Cambiemos.