El Poder Ejecutivo dio de baja a unas 70 mil pensiones a personas con discapacidad, a través del ministerio de Desarrollo Social, a cargo de Carolina Stanley, que apeló a un decreto de 1997, y otras 180 mil estarían “en revisión”.

EVA PERÓN Y LAS PENSIONES

Por Araceli Bellotta

El 28 de julio de 1948, bajo el título “Ayuda Social, si; limosna, no”, Eva Perón publicó un artículo en el diario Democracia que bien sirve a la hora de evaluar esta medida. ” La felicidad de un pueblo –escribió Evita- en cuanto a sus medios de vida se refiere, se logra con una adecuada legislación en materia de ´justicia social´ y una equitativa distribución de la ´ayuda social´. Porque resulta innegable que ésta, es complemento de aquella…”

Por Araceli Bellotta

El Presente de la Historia

14 junio, 2017

EVA PERÓN Y LAS PENSIONES: LA SOLIDARIDAD DE LOS QUE TRABAJAN CON QUIENES NO PUEDEN TRABAJAR

El Poder Ejecutivo dio de baja a unas 70 mil pensiones a personas con discapacidad, a través del ministerio de Desarrollo Social, a cargo de Carolina Stanley, que apeló a un decreto de 1997, y otras 180 mil estarían “en revisión”.

La medida obliga a todos los beneficiarios a presentar nuevamente la documentación en un trámite que llevará meses hasta que se les vuelvan a otorgar pensiones que, en promedio, apenas superan los 4 mil pesos.

Este recorte, se suma a los ya aplicados en contra de los jubilados quienes ya no reciben medicamentos gratuitos y que, en su mayoría, perciben jubilaciones mínimas de 6.300 pesos.

​El 28 de julio de 1948, bajo el título “Ayuda Social, si; limosna, no”, Eva Perón publicó un artículo en el diario Democracia que bien sirve a la hora de evaluar esta medida.

“La felicidad de un pueblo –escribió Evita- en cuanto a sus medios de vida se refiere, se logra con una adecuada legislación en materia de ´justicia social´ y una equitativa distribución de la ´ayuda social´.

Porque resulta innegable que ésta, es complemento de aquella.

La justicia social juega en el orden de los seres aptos para el trabajo, puesto que los que dejan de serlo, ya sea por accidentes, por enfermedad, o por causas que la ley contempla, no quedan jamás desamparados.

La ayuda social, en cambio, va dirigida a otro sector humano, que el Estado y la sociedad no pueden ni deben ignorar.

Es un deber de solidaridad humana que supera todo prejuicio. Apuntala y preserva el derecho de vivir para aquellos que por razones de edad, por causas de enfermedad o por incapacidad física, no son aptos para el trabajo.

Es la habitación, el vestido, el alimento, la medicina para el enfermo que no está capacitado para el trabajo y que no pudo adquirirla.

No es limosna.

Es, simplemente, solidaridad humana”.

​La ayuda social como se practica ahora, viene como consecuencia de un proceso de estudio debidamente madurado. Está metódicamente organizada.

Tiene a restituir a la sociedad, a los que el destino y los malos gobernantes apartaron de ella.

La ayuda social que llega, que se suministra racionalmente, previo examen de las condiciones de vida del que la recibe, protege y estimula.

La limosna, dada para satisfacción de quien la otorga, deprime y aletarga. La ayuda social honestamente practicada, tiene virtudes creativas.

La limosna es accidental.

No tiene método ni meta.

Y supervive en nuestros tiempos, en nuestro medio, porque algunos sectores necesitan ejercitarla, entendiendo que así lavan culpas en la puerta de una iglesia.

Ayuda social, sí; limosna, no.

Este debe ser también un lema revolucionario.

Es necesario que aparezca, científicamente interpretado como el complemento imprescindible de la justicia social.

Y bueno es señalar, de paso, que el desarrollo y la aplicación de la justicia social, descuidada y olvidada hasta 1943, hubiera sustraído a los beneficios de la ´ayuda´, incorporando a los derechos de la ´justicia´ a muchos seres de esta tierra.

De ello que rindan cuenta los que despotrican contra la ayuda social, haciéndola aparecer como limosna”.

​“ (…) Para definir la ayuda social, podría decirse que es la exteriorización del deber colectivo de los que trabajan, de cualquier procedencia o clase social, con respecto a los que no pueden trabajar.

EL otorgamiento de una limosna, en cambio, tiene la doble y perniciosa consecuencia de rebajar a quien la recibe y a quien la da”.

​Refiriéndose a las políticas anteriores a 1943, sostuvo: “Pero cabe señalar algo más, para cerrarles el paso definitivamente a los que pretenden confundir ayuda social con limosna organizada.

A ellos precisamente, porque son los mayores responsables de que haya en nuestro país razones que determinen la ayuda social en la escala en que se realiza.

Sin hacer estadística, afirmo que los necesitados, los desvalidos y los enfermos que requieren nuestra solidaridad y que la fundamentan en su derecho a la vida, proceden más de la dejadez y negligencia del Estado bajo la firmas y prácticas anteriores, que de lo que podríamos llamar una ley natural.

La pobreza de leyes sociales caracterizó nuestro pasado inmediato.

Las pocas que existían no tenían más vida ni realidad que la del papel donde fueron impresas.

Los trabajadores, en su totalidad, tenían ante sí una sola senda: la que llevaba fatalmente a la ancianidad desvalida.

Con salarios de hambre, sin seguridad de ocupación, sin derecho a mejoras, sin una sola garantía sobre ellos, su familia y su porvenir, fueron formando y alimentando los dos campos más importantes donde hoy debe actuar la ayuda social: la ancianidad desvalida y la niñez sin hogar”.

 

Fuente:
– Perón, Eva. Ayuda social, si; limosna, no. Diario Democracia, 28-7-1948. Eva Perón. Clases y escritos completos. 1946-1952. Artes Gráficas Piscis. Bs. As. 2004.
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