El mitrismo detestaba a Rosas por gaucho y nacionalista, contrario a su afán de imitar a los europeos y su conducta entreguista.

MAYO DE 1810. LA REVOLUCIÓN QUE NO FUE. PERÓN: LA LUCHA CONTINÚA

Por Leonardo Martínez Verdier

Dicen Juan Carlos Jara y Norberto Galasso en “Rivadavia, las provincias y la burguesía comercial porteña”, que Sarmiento al constatar la postración económica de los pueblos del interior, confundía el efecto con la causa y centraba su crítica en los caudillos, meros emergentes de las masas desposeídas que se iban a insurreccionar contra ese librecambismo nefasto para las industrias domésticas de las provincias.

Leonardo Martínez Verdier
NAC&POP
24/05/2017

Civilización y barbarie. La visión dicotómica de los unitarios.

La visión dicotómica rural-urbano desarrollada por la sociología y la demografía, aceptada durante muchos años como la única posible, ha tenido carnadura en una construcción intelectual basada en hechos históricos que fueron interpretados filosóficamente para ser usados políticamente en perjuicio de los pueblos rurales y en beneficio de una urbe en particular, la “civilizada” Buenos Aires.

Dicen Juan Carlos Jara y Norberto Galasso en “Rivadavia, las provincias y la burguesía comercial porteña”, que Sarmiento al constatar la postración económica de los pueblos del interior, confundía el efecto con la causa y centraba su crítica en los caudillos, meros emergentes de las masas desposeídas que se iban a insurreccionar contra ese librecambismo nefasto para las industrias domésticas de las provincias.

Acaso de esa errónea concepción nazca el odio del prócer hacia las masas nativas.

Leonardo Martínez Verdier y Juan Carlos “Coco” Manoukian

Y así, mientras Moreno creía que en bien de la revolución, había que elevar al gauchaje y hacerle tomar interés en esta obra, el sanjuanino confesaba que tenía odio a la barbarie popular, y que la chusma y el pueblo gaucho le eran hostiles.

Por eso, decía Sarmiento que mientras hubiera chiripá no habría ciudades.

Como se sabe, para Sarmiento la ciudad representaba la civilización y los campos, la zona rural, eran el reducto de la barbarie.

Aunque en rigor de verdad, esa barbarie, no era otra cosa que el producto directo de las políticas implantadas por la civilizada Buenos Aires.

Olegario V. Andrade en su folleto “Las dos políticas”, dice:

“Los caudillos surgieron en cada provincia como un resultado fatal de la confiscación de las fortunas de las provincias, hechas por Buenos Aires.

Por eso, cuando vemos al partido localista de esa provincia proclamar la extirpación del gaucho, tenemos lástima de su ignorancia de la historia y de su miopía política.”

 

Unitarios y Federales. Dos proyectos de país.

Como puede apreciarse, en nuestro país la visión dicotómica que ve lo urbano como civilizado y lo rural como bárbaro, se corresponde con dos proyectos económicos.

Uno de ellos es el de la organización unitaria, con los unitarios como ejecutores de una política liberal y pro inglesa orientada hacia la exportación.

El otro es el de la organización federal, con los federales realizando una política integradora de los intereses de las provincias y dirigida hacia el mercado interno.

La organización unitaria era pregonada por el presbítero Agüero -mano derecha de Rivadavia-, diciendo que debía lograrse la unidad a palos.

Mitre fue quien ejecutó “manu militari” esa política después de Pavón, irrumpiendo a sangre y fuego en las provincias “no ahorrando sangre de gauchos” , como decía Sarmiento, e imponiendo en el poder provincial, gobernadores que estaban de acuerdo con su política liberal y pro inglesa.

En las provincias, los pequeños productores agrarios se fundían como consecuencia de la libre importación y por el gran impuesto aduanero que quedaba en Buenos Aires.

De este modo, muchos jornaleros y peones rurales se quedaban sin trabajo.

Los caudillos federales se oponían a esa política y enfrentaban a la burguesía comercial porteña.

Porque los caudillos defendían el federalismo, la protección económica nacional, la parte de las rentas aduaneras que le correspondía a las provincias, la unidad nacional, la defensa del mercado interno, la producción local y el pleno empleo.

Mayo de 1810. La revolución que no fue.

Estos dos proyectos de país están en pugna desde el día siguiente a la revolución de mayo, cuando los comerciantes de Buenos Aires comenzaron a boicotear el Plan de Operaciones de Mariano Moreno, siendo los políticos más representativos de los intereses de esos comerciantes, Cornelio Saavedra en el preciso momento de la revolución y más adelante Bernardino Rivadavia.

Los comerciantes de Buenos Aires tenían el dominio del puerto para el comercio exterior y la política en su beneficio fue realizada por Rivadavia primero y por Mitre después.

Política que consistía en el librecambio vinculado al capital inglés, en el control de la aduana por los comerciantes porteños, en el cierre de los ríos interiores para impedir la competencia desde otros puertos y en la organización unitaria del país.

La política de Rivadavia provoca levantamientos y crecen las figuras opositoras de Dorrego, Bustos y Quiroga, que procuran organizar el federalismo provinciano. Juan Manuel de Rosas apoyará la política federal encabezando a los ganaderos bonaerenses.

El mitrismo detestará a Rosas por gaucho y nacionalista, pues es contrario a su afán de imitar a los europeos y a su conducta entreguista.

A los unitarios no les interesaba desarrollar el país hacia el interior y en armonía, sino extraer las riquezas que se producían en el interior que fueran exportables para ser vendidas por los comerciantes de Buenos Aires, que así se enriquecían a costa del trabajo de los habitantes de las provincias que sobrevivían apenas en una economía de subsistencia.

Además, los comerciantes de Buenos Aires como beneficiarios de esa política de los unitarios, importaban productos que se fabricaban en las economías regionales para su propio consumo, tales como hilados y prendas de vestir.

De este modo arruinaban a los que habían hecho de esas producciones su medio de vida, anulaban toda posibilidad de desarrollo artesanal y la incipiente industria argentina, haciendo que nuestros paisanos se vistieran con chiripás, ponchos, botas y otras prendas fabricadas en Inglaterra.

Para los unitarios el campo era la barbarie y sin perjuicio de que esta afirmación sea falaz, ellos nada hacían para mejorar la calidad de vida de los provincianos pero extraían las riquezas exportables y obtenían divisas que no compartían con los provincianos y vivían en Buenos Aires copiando el estilo que ellos admiraban o quizá envidiaban de las clases acomodadas de Londres o París.

Del statu quo de la generación del 80 a la revolución justicialista

Esta situación fue mantenida e incentivada por la llamada generación del 80 y sus efectos recién comenzaron a desaparecer cuando en 1944 el General Perón comenzó a poner en práctica un nuevo concepto filosófico.

El 17 de noviembre de 1944 Perón llamó a una conferencia de prensa en la que dijo un discurso donde anunció El Estatuto del Peón.

Dijo Perón ese día: “Hemos establecido la necesidad de que al peón, si se le da comida y casa se le dé buena casa y buena comida y se le pague un salario relativamente digno para que pueda vivir y tener familia.

Hay que fomentar los matrimonios y los nacimientos.

Hay medio millón de peones que no pueden casarse y tener hijos.

Es necesario que se les dé un régimen de vida por el que esos peones puedan casarse, tener mujer e hijos.”

Perón procuraba con esta medida arraigar a los peones y sus familias en las provincias, proporcionándoles condiciones dignas de vida y de desarrollo familiar, que traería aparejado el desarrollo local que se procuraría con el complemento de otras medidas económicas y sociales.

Perón puso la piedra fundamental de lo que más adelante denominaría Democracia Social cuya forma de gobierno será representativa, republicana, federal y social.

Durante los gobiernos de Perón se crearon la Junta Nacional de Granos, la Junta Nacional de Carnes y el Instituto Argentino para la Promoción y el Intercambio.

Estos organismos tenían la finalidad de terminar con los manejos que hacían los comerciantes de Buenos Aires durante los gobiernos unitarios y librecambistas asociados a Inglaterra y sus intereses en perjuicio del pueblo argentino.

Los que traicionando la voluntad popular derrocaron a Perón en 1955, no pudieron conseguir su objetivo de desperonizar al país, esto es, volver al pasado unitario librecambista y asociado después del fin de la denominada segunda Guerra Mundial a los intereses norteamericanos.

Resulta curioso que ese conflicto se denominara Guerra Mundial, aunque no lo fuera porque involucró solamente a algunos países europeos , Japón y Estados Unidos.

Esos vanos intentos concluyeron con el arrasador triunfo del peronismo en 1973, el regreso definitivo de Perón a su Patria y su consagración como Presidente de la República por tercera vez en su vida, caso único en la historia argentina.

 

  • Extraído del libro “FEDERALISMO el auténtico grito de la tierra” Ediciones CICCUS Autor: Leonardo Martínez Verdier