Ventajas y contratiempos para ese camino en la era digital, de las redes sociales y la inmediatez.

EL DOCUMENTAL POLÍTICO EN LOS TIEMPOS DE NETFLIX

Por Dante Martin

Argentina tiene una extensa tradición en el uso del audiovisual como herramienta para la discusión, la interpelación y la modificación de la realidad. Desde Alcides Cabrera a Fernando Birri(FOTO), pasando por el Grupo Cine Liberación, los documentalistas argentinos supieron confeccionar un sello propio que hizo escuela en Latinoamérica toda. Ante la irrupción de Internet y la megaoferta hollywoodense potenciada por la fuerte penetración cultural norteamericana que representan gigantes como Netflix, mantener el espíritu de los primeros documentalistas conlleva a nuevos desafíos.


Por Dante Martín*
Diario Contexto
Jul 25, 2016

Desde Alcides Cabrera a Fernando Birri ,pasando por el Grupo Cine Liberación, los documentalistas argentinos supieron confeccionar un sello propio que hizo escuela en Latinoamérica toda.

Sin embargo, en una etapa signada por la modernidad líquida, la irrupción de Internet y la megaoferta hollywoodense potenciada por la fuerte penetración cultural norteamericana que representan gigantes como Netflix, mantener el espíritu de los primeros documentalistas conlleva a nuevos desafíos.

El pensamiento crítico como eje

Savoia está en la platense City Bell, del otro lado de la vía.

Como ya explicó Birri en Tire dié, donde hay una vía de tren hay diferencias sociales.

De “este lado estamos los que le hacemos y mantenemos las casas a los del otro lado”, resume orgulloso un vecino albañil de origen paraguayo, que brinda coordenadas precisas para llegar a la casa del profe Falcone.

Jorge Falcone es un multimedia en sí mismo.

Nacido en La Plata en el 53, es periodista, poeta, ensayista, guionista y documentalista.

Titular de cátedra en la Universidad de Palermo, participó de los diferentes órganos de prensa de la organización Montoneros y fue discípulo de Gerardo Vallejo.

La urbanidad troca por ruralidad a medida que las calles se alejan de las vías. Justo a mitad de camino está la casa de Falcone.

Un portón austero, identificado sólo por un cartel prolijamente tallado, advierte al visitante que se está por ingresar a ÍTHACA:

“Hasta que pueda resolver lo laboral, mi nacionalidad pequeña es un transporte de media distancia, que trato de revertir creándome un nuevo lugar en el mundo: amo mi vecindad semi rural, que me rescata de la alienación urbana”, explica por si queda alguna duda.

FALCONE

“Es curioso, pero cuando me aboco a un proyecto audiovisual, este absorbe toda mi capacidad creativa, y no consigo dibujar ni escribir… salvo en función de concretar dicha meta. Supongo que ocurre a causa de que el cine es un arte total”.

A ese arte total dedicó los últimos siete años de su producción, que hoy congregó en la “Trilogía de los herejes”, tres filmes que en las vidas de Alfredo Moffat, Rodolfo Kush y el italiano Pier Paolo Passolini “intentan tributar al desaparecido 30.001, que es el pensamiento crítico.

Humildemente, creo que una pizca de cada uno de ellos me ha venido constituyendo, al punto de hacer consciente que su opción común en favor de lo plebeyo, su antiacademicismo, y lo subversivo de su ideario se fue imbricando solo, como las piezas de un misterioso puzzle”.

EL PROFETA

El Profeta: Pier Paolo Pasolini, la vida como obra de arte es un homenaje a quien Jorge Falcone considera uno de los intelectuales más agudos y provocadores del siglo XX.

Este ensayo poético-documental está destinado a sumar el reclamo del mundo periférico –en el que cifró sus mayores esperanzas– al generalizado clamor que exige la reapertura de la causa judicial de su asesinato.

El último malón, el primero de todos

Aunque Nanook, el esquimal (1922) es considerado por muchos el primer largometraje de cine documental de la historia, en 1917, en pleno corazón del chaco santafesino, Alcides Greca filma El último malón, anticipando el documental antropológico, entrecruzando géneros y desvaneciendo los límites entre documental y ficción.

GRECA

En el film, Alcides Greca rescata la cultura mocoví a través del registro de su vida cotidiana y sus tradiciones.

Las injusticias sufridas a causa del gobierno de los gringos, la resistencia organizada en 1904 y la matanza y persecución sufrida tras el levantamiento, son el eje argumental del film.

El mismo Fernando Birri es quien rescata la película y la restaura en 1956.

Este trabajo hoy puede verse en Internet gracias al proceso de digitalización realizado por el Museo del Cine.

En 1956, Fernando Birri funda el Instituto de Cinematografía de la Universidad Nacional del Litoral y con él la “escuela del Litoral” con el propósito de crear “un cine realista, nacional y popular y crítico”.

Allí pondrá en práctica el concepto de un cine-documento que se propone incidir en la realidad, además de reflejarla e interpretarla.

En su escuela, Birri produce algunos quiebres importantes: socializa la producción cinematográfica (albergando obreros, amas de casa y estudiantes de otras carreras), al igual que Greca posa la mirada en los sectores sociales más castigados, adopta una metodología horizontal en la producción y genera nuevas formas de distribución y proyección.

Esta posta será tomada a los fines de los sesenta por el Grupo de Cine Liberación, con Pino Solanas, Octavio Getino y César Vallejo a la cabeza; y el Cine de Base con Raymundo Gleyzer como principal referente.

La crisis causó documentales

“Mirá que yo no soy documentalista ni cineasta, soy periodista”, dispara desde su metro noventa Patricio Escobar, acodado en la silla del Bar el Encuentro, en Villa Pueyrredón.

ESCOBAR

Además de ser licenciado en comunicación, Escobar trabaja como responsable de comunicación del Instituto Sábato y es integrante de Artó cine, el colectivo que –a pesar de su resistencia– lo tiene como protagonista.

Desde allí produjo tres filmes fundamentales: La crisis causó dos nuevas muertes, ¿Qué democracia? y Sonata en Si menor.

La crisis causó dos nuevas muertes

A diez años de su estreno, La crisis causó dos nuevas muertes ya es un clásico para todos los que se ocupen de analizar críticamente los medios; y un recurso indispensable en cada homenaje a los militantes populares Darío Santillán y Maximiliano Kosteki, asesinados el 26 de junio de 2002.

Ese fue el disparador para que Escobar, junto al cineasta Damián Finvarb, produjera un documental que tuvo la certeza de cuestionar el rol de los medios y el coraje de hacer hincapié en la complicidad del diario Clarín.

El film cuenta con un hallazgo único: el mismo Julio Blanck, jefe de redacción del diario, acepta, cuando se enfrenta a la famosa portada de Clarín que da nombre al documental, que “el título es horrible y no dice la verdad”.

Escobar es tranquilo, piensa cada palabra, la elabora, y eso lo muestra seguro.

Sus ojos, en cambio, parecen no detenerse; como un lente gran angular, absorben todo lo que está a su alrededor.

“La crisis… la comenzamos en 2003 y cuando la terminamos en 2006 nos dimos cuenta de que no conocíamos a nadie para pasarla y lo que nos ofrecían las distribuidoras tradicionales no nos cerraba.

Entonces empezamos a ver como opción el tema del copyleft para que la peli se vea libremente sin restricciones ni que nos pidan permiso”.

Además de ser director, guionista e investigador, Escobar es camarógrafo, editor y hasta sonidista de sus películas.

No obstante, siempre habla de ellas en plural, refiriéndose al colectivo Artó, que también incluye al cineasta Damián Finvarb y a la productora Carolina Fernández, su “compañera”.

Con ella “tenemos una metodología de trabajo: si aprueban subsidio lo podemos hacer más rápido, si no lo hacemos autogestivo”.

En ¿Qué democracia?, Escobar se propuso un material dinámico, no explicativo y por momentos hasta gracioso.

“Desde el principio la pensamos para ser un documental compartido, que traspase la pantalla, que abra el debate.

La pensamos desde el principio como un disparador”.

Y lo logró.

Nada del otro mundo

Aunque cada año, en su cátedra de Taller de Creación V (Introducción al Cine Documental), Falcone proyecta

La crisis causó dos nuevas muertes, no conoce personalmente a Escobar.

Sin embargo, sus miradas coinciden en más de un aspecto.

Uno de ellos es que los tecnicismos deben subordinarse a las historias.

“Con una cámara y una CPU en tu casa, podes hacer un documental.

No es nada de otro mundo, nosotros tratamos de desestigmatizar el tema del profesionalismo, del corporativismo.

Se puede hacer un buen trabajo con discusión y con una buena investigación”, sostiene Escobar.

Completando, Falcone descree, “de un tiempo a esta parte, de la post producción.

Practico el plano secuencia con montaje en cámara y atiendo más a la dignidad que a la pulcritud de cada producto”.

En sintonía, ambos coinciden que “lo importante es ser claro con el espectador” para demostrar un punto de vista honesto, sin que eso signifique sólo filmar “a nuestros amigos”.

“Reproduzca esta información, hágala circular […] Rompa el aislamiento. Vuelva a sentir la satisfacción moral de un acto de libertad” (Rodolfo Walsh)

Manteniendo el espíritu delineado por el movimiento Tercer cine, los documentalistas saben que la realización del film es sólo una parte de la película.

La otra, fundamental, es la exhibición.

En ese sentido, asevera Falcone, Internet tiene “la ventaja de la masividad”, y lo ejemplifica: “

Con Passolini hicimos tres preestrenos físicos en La Plata, C.A.B.A. y Nápoles, y en cada caso no pasamos de los cincuenta espectadores.

Es la misma cifra de vistas diarias que el film contabiliza desde su estreno en YouTube”.

Por su parte, Artó cine es también una web y un canal de YouTube, donde es posible ver online y bajarse las películas en alta calidad.

“Para que cada uno se apropie de las películas, la subimos en buena calidad y la difusión la hacemos por Internet.

No creemos que las películas, al subirlas, pierdan lo inédito.

La experiencia nos muestra lo contrario, porque la película igual se mueve”, explica en consonancia Escobar.

Si bien la principal desventaja es la ausencia de recaudación, ante el colapso del circuito de exhibición en salas, muchos optaron por armarse una web, que en escasos casos puede ser autofinanciada mediante dispositivos de pay per view.

Otros, como Falcone, abogan también por la lucha colectiva desde la asociación de Directores Argentinos Cinematográficos, “destinada a obtener arancelamiento del estreno online para preservar nuestra dignidad laboral de productores de bienes culturales”.

No obstante, ninguno duda en “colgar” sus producciones a la red, pues saben que es la mejor forma de mantenerlas vivas, “alentando la copia, traducción y exhibición pública”.

En el caso de Artó, además, bajo una leyenda que se transforma en manifiesto: “la cultura se protege compartiéndola”.

Sin dudas Greco, Birri, Vallejo y Gleyzer tienen quién les cuide las espaldas.

5 Tuits complementarios

https://storify.com/negrosavoia/el-documental-politico-en-la-era-de-netflix

  • Alumno del Taller de Narrativas y Contenidos Gráficos, Tecnicatura en Comunicación Digital. Facultad de Periodismo y Comunicación Social, UNLP.