Si tratamos a nuestros rivales como enemigos, generamos enemistad en el seno del campo de lo común, donde los conflictos sólo deberían generar rivalidad, pero nunca enemistad.

ACERCA DE LA UNIDAD

Por Alejandro Romero

Los enemigos son aquellos que plantean el vínculo con los que consideran “otros” -clases o grupos sociales, organizaciones, grupos de interés, etnias, etcétera- de modo antagónico o reductivo: o subordinación incondicional, o exterminio. Es el modo en que los sectores que actualmente gobiernan (y las oligarquías tradicionales) piensan la sociedad y el mundo. No hay allí posibilidad de componer o confluir en un proyecto común, porque en su mirada los que deciden unilateralmente siempre y en todo cómo debe ser el proyecto, son ellos.

Por Alejandro Romero
NAC&POP
29/05/2017
Fuente: Grupo El Umbral

“Estoy totalmente de acuerdo con buscar la unidad, y vengo razonando lo mismo desde las épocas del MTA y el Polo Social.

Agregaría que esto requiere:

a) Diferenciar muy bien, y siempre, a los verdaderos enemigos de los ocasionales rivales.

Si tratamos a nuestros rivales como enemigos, generamos enemistad en el seno del campo de lo común, donde los conflictos sólo deberían generar rivalidad, pero nunca enemistad.

Los enemigos son aquellos que plantean el vínculo con los que consideran “otros” -clases o grupos sociales, organizaciones, grupos de interés, etnias, etcétera- de modo antagónico o reductivo: o subordinación incondicional, o exterminio.

Es el modo en que los sectores que actualmente gobiernan (y las oligarquías tradicionales) piensan la sociedad y el mundo.

No hay allí posibilidad de componer o confluir en un proyecto común, porque en su mirada los que deciden unilateralmente siempre y en todo cómo debe ser el proyecto, son ellos.

Los demás deben obedecer.

Los rivales son aquellos que proyectan el conflicto sobre fondo de la necesidad -aunque más no sea- de una construcción común que contenga a todas las partes: Movimiento o Nación).

b) Inscribir los propios proyectos personales y las propias ambiciones en el marco de un proyecto de país, un proyecto nacional en proceso de construcción; mostrar dónde y cómo las propias ambiciones y proyectos o posiciones personales concuerdan con la construcción de lo común es un paso; considerar real y seriamente cómo concuerdan las de nuestros rivales es el otro paso; y el tercero es comprender cuánto y qué de ambas conviene declinar o transformar para que la síntesis o articulación parcial de ambas fortalezca aún más la construcción de lo común.

Cristina y los Compañeros

c) Percibir como propio lo que es común -la afirmación de ese proyecto-.

d) Ser capaz de subordinar la satisfacción total e inmediata de las propias ambiciones y del proyecto personal a la participación de las mismas en el proyecto común en función de lo que es mejor para ese proyecto

e) Postergar parcialmente o incluso a veces renunciar parcialmente a algo de esas ambiciones y proyectos personales para afirmar lo que coincide con el proyecto común

Florencio Randazzo, Gabriel Mariotto y Daniel Scioli

f) Poder tomar distancia crítica de las propias convicciones, sin abandonarlas, sino considerándolas como un enfoque parcial, un énfasis posible, un elemento entre otros -por importante que sea- en la construcción común: del proyecto.

e) Comprender que “Poder” tiene al menos dos dimensiones: como sustantivo -el poder, que indica el estar en posesión de ciertos medios o instrumentos- y como verbo -poder- que denota la capacidad, la potencia para.

Y en cada uno de esos dos andariveles, tiene dos sentidos: el habitual, de dominación, que implica subordinación “estructural” de unos a otros, y uno más propio de poder de construcción del proyecto común: Poder potencia de construcción, de articulación, de creación, de participación en una sinergía.

La dimensión de gestación del poder, que no implica subordinación estructural ni total, sino organización de las partes en un esfuerzo conjunto, y subordinación incluso de quien conduce o “manda” a la construcción conjunta.”