Parábola de los talentos: “Por eso, me dio miedo y fui a esconder bajo tierra tu talento”. (Mateo 25-25.)

LA MONEDA COMO UN BIEN COMÚN. APUNTE PARA LA DISCUSIÓN.

Por Mario Cafiero (FOTO) y Adela Plasencia

Como lo señala la parábola de los talentos, desde tiempo inmemorial se sabe que el atesorar -el enterrar moneda (el talento era una antigua moneda romana)- es pernicioso para la comunidad y por tanto éticamente reprobable.

Por Mario Cafiero1
y Adela Plasencia2

NAC&POP
14/09/2016

Parábola de los talentos: “Por eso, me dio miedo y fui a esconder bajo tierra tu talento”. Mateo 25-25.

Adela Plasencia

Introducción

Este documento tiene por finalidad abordar la cuestión de la moneda y de su gobernanza teniendo como marco teórico el concepto de los bienes comunes.
Existen innumerables definiciones de los bienes comunes a lo largo de la historia, según se aborde la cuestión desde la economía, la sociología, el derecho o la ciencia política.
En el renovado interés actual por el concepto (interés surgido a partir de la crisis ecológica en la que se encuentra el planeta debido al agotamiento y degradación de los recursos naturales) la perspectiva económica ha aportado, en los últimos años, algunas precisiones útiles, por ej la diferenciación entre bienes públicos, bienes privados y bienes comunes (Ostrom y Hess, 2007).
Mientras que un bien público es no rival (su consumo por parte de un individuo no disminuye la cantidad que puede consumir del mismo otro individuo) y no excludible (no es posible o deseable excluir a nadie de su uso), un bien privado es rival (si uno lo consume no lo puede consumir otro) y la exclusión en posible.
Los bienes comunes, por su parte, son aquellos en los que la exclusión no es posible o no es deseable (como en los bienes públicos), pero cuyo consumo es rival (como los bienes privados)3.
Además los bienes comunes tienen la particularidad de que el beneficio que un individuo adquiere de su uso, no puede separarse del provecho que los otros también obtengan de este mismo bien (Zamagni, 2014) 4
.El principal problema de los bienes comunes, no es de derechos de propiedad, sino de gobernanza: la cuestión es cómo gestionarlos de modo que su disfrute beneficie a todos.

1 . Los bienes comunes materiales y los inmateriales

Es posible distinguir dos tipos de bs comunes, los materiales y los inmateriales.
Los bienes comunes materiales son aquellos brindados por la naturaleza como el agua, el clima, la fertilidad de los suelos, la biodiversidad, etc;
Estos necesitan de una gobernanza y existe un cuarto tipo de bienes según esta clasificación.
Se trata de los bienes “club”, que son no rivales pero en los que se opera la exclusión (de los que no pertenecen al club) 4
“Es como decir que el beneficio que un individuo adquiere de un bien común se materializa junto con otros, no en contra (como lo que sucede con los bienes privados), ni de forma independiente (como lo que sucede con un bien público)” Zamagni 2014, pp 12. administración que nos garanticen recuperar la sostenibilidad ambiental.
Para ello es imperioso rever el paradigma basado en la insensatez del crecimiento infinito y afrontar el problema real: como alcanzar una mejor distribución de los bienes y por tanto una mayor equidad social.
Los bienes comunes inmateriales son aquellos que surgen de las relaciones humanas y solo pueden ser disfrutados si son compartidos.
Bienes que ha ido creando el proceso civilizatorio y cuya naturaleza depende de la coordinación consciente de la acción colectiva.
Se inscriben aquí la democracia, el acervo cultural y social; y en el caso que nos ocupa: el dinero.

2 . El dinero como bien común

El dinero, su esencia como institución social, es una cuestión debatida ampliamente y desde hace siglos5.
No obstante estos debates, existe acuerdo generalizado sobre 3 de sus funciones: como medio de pago, como reserva de valor y como medida de valor. 6
.Es justamente como medio de pago que el dinero goza de las características de los bienes comunes: a) no es deseable excluir a nadie,
b) existe rivalidad en su consumo, es decir su oferta es limitada7.
En consecuencia debe trabajarse, como en todos los bienes comunes, no sobre su propiedad sino sobre su gobernanza
a) No es deseable la exclusión: la organización económica actual requiere de dinero para la producción y circulación de bienes y servicios.
La moneda es a la vida económica y productiva como el agua lo es a la vida biológica, sin ella sería imposible la reproducción de la vida material de la sociedad actual.
Sin embargo en el sistema monetario actual, tanto internacional como nacional, hay vastos sectores que sufren una exclusión monetaria estructural, y por lo tanto tienen comprometidas sus posibilidades de vida.
b) Existe rivalidad en el consumo.
Aún cuando hay posiciones teóricas enfrentadas sobre la magnitud en que el dinero debe y puede ser creado, hay consenso en que , en el corto plazo, el dinero no puede ser creado en cantidades ilimitadas puesto que existe una relación entre la cantidad de dinero en circulación, la producción y los precios.
Es decir que se trata de un recurso imprescindible para el funcionamiento de la sociedad pero finito, al menos en plazos 5
Con la esencia del dinero tiene que ver el debate sobre su moralidad iniciado por los griegos, la discusión en torno a la relación con los precios y la inflación a partir del siglo XVII, la controversia entre metalistas y antimetalistas a partir del siglo XVIII, el misterio de su origen fuera del mercado en la esfera del culto y en vinculo con lo sagrado a partir del siglo XIX, las proposiciones sobre su desmaterialización y sobre su endogeneidad a partir del siglo XX, etc. (Plasencia 2012) 6
El hecho de que el dinero cumpla tres funciones distintas trae inconvenientes serios para la vida económica: si el dinero debe servir como medio de pago en la esfera de los intercambios no debería ser guardado como reserva de valor fuera del circuito financiero.
Los economistas más prestigiosos durante la década del 30 del siglo pasado, I. Fisher y J. M.Keynes, señalaron este aspecto contradictorio como causa de la difusión de la crisis de esos años. 7
Si bien resulta apropiado considerar al dinero como un bien común, esto es referido solo a su función como medio de pago (es decir a “aquello que usamos como medio de pago”).
En cuanto reserva de valor es un bien privado (rival y excludible) y en cuanto medida de valor se trataría de un bien público (no rival y no excludible).
La idea de considerar al dinero como un bien público ha sido tratada por Laidler y Rowe 1980, Pindyck y Rubinfeld, 1992; Schuldt J. (1997), Tobin, J. (1992), Felber C. (2014)., por lo que existe rivalidad en su consumo, y por lo tanto si se elige darle un uso se lo excluye de otros usos posibles.
Por ejemplo: si la autoridad monetaria emite para el salvataje a los grandes bancos, no puede destinar esos recursos para aumentar el consumo popular o la inversión productiva.
En suma el hecho de que el dinero sea un recurso necesario para la vida económica (por lo que no es deseable excluir a nadie) pero a la vez finito (es decir que hay rivalidad en su uso), nos indica que estamos frente a un bien común.
Y si estamos frente a un bien común es pertinente analizar políticas para su gobernanza y democratización.

3 . El dinero en el caso argentino: el “mal común”.

Comprender al dinero dentro de los bienes comunes nos permite abordar desde otra
perspectiva los problemas recurrentes y estructurales de la economía argentina, uno de cuyos “males comunes” más graves ha sido la debacle sistemática de la moneda argentina.
Recordemos que en los últimos 40 años se suprimieron trece ceros de nuestro signo
monetario.
Nuestras recurrentes crisis cambiarias y de balanza de pagos nos llevaron a recurrentes
devaluaciones monetarias, con sus consecuencias sobre la inflación y la pérdida del valor de la moneda.
Solo algunas de estas crisis fueron crisis originadas en un déficit comercial externo
(importaciones superiores a exportaciones)8 , la mayoría fueron crisis de balanza de pagos provocadas por déficit financieros9: salieron más divisas al exterior de las que entraron, a través de un comportamiento (que se viralizó socialmente como un “mal común”) consistente en sacar los ahorro en moneda nacional del sistema bancario, convertirlos a moneda extranjera (como reserva de valor) y luego fugarlos afuera del país y/o del sistema bancario.
Se estima que son más de 400.000 millones de dólares los activos en el exterior fugados por residentes argentinos.
En el caso particular de Argentina, las sucesivas crisis bancarias, facilitadas por un Banco Central absolutamente permeado por los intereses financieros internos y externos, han llevado a la existencia de un repudio de nuestra moneda, y un acaparamiento de la extranjera, con una bajísima bancarización y expansión secundaria por el multiplicador bancario.
Lo que ha desembocado actualmente en una falta o notable encarecimiento del crédito, en contra de las las familias, y las pequeñas empresas, donde campea a sus anchas la usura disimulada de diversas formas, incluso en los precios de la canasta familiar que consume.
Hasta ahora no se ha encarado el problema de fondo; la falta de confianza social en la moneda propia y la desprotección del ahorro nacional.
En vez de ello se echó mano al endeudamiento externo como una terapia errónea, que lejos de ser un placebo capaz de generar confianza funcionó y funciona como un tóxico casi mortal.
Y coronando este error estratégico y ante la falta de políticas de contención y canalización del ahorro nacional, se pretende que sean las inversiones extranjeras directas las que motoricen la inversión, profundizando la dependencia y fragilidad del sistema económico.

4 . La necesidad de una profunda reforma monetaria

Este apunte, pretende iniciar un debate con la intención de poner fin a la exclusión monetaria de los sectores de la economía popular, de las economías regionales, de las PYMEs, de los emprendedores y también de los estados subnacionales (provincias y municipios). Si no se termina con la exclusión monetaria es muy dificultoso alcanzar el preciado objetivo de trabajo, techo y tierra para todos.
Porque cuando no hay dinero, la actividad económica se frena, no se crea riqueza, porque no se moviliza trabajo que es quien crea la riqueza.
Con dinero se moviliza el trabajo y con trabajo digno se accede al techo y a la tierra.
La gestión de los bienes comunes exige mecanismos de participación en las decisiones y transparencia (Ostrom 1990).
Por ello creemos necesario replantear el manejo del dinero, la política monetaria, sus instituciones y su gobernanza, el funcionamiento y normativa del Banco Central, etc. de manera de propender a su democratización y transparencia ya que la moneda es un bien común de todos los argentinos y no un bien “club” de un grupo de banqueros privados 10.
Recordemos que la Constitución Nacional le asigna al Congreso Nacional, en su artículo 75, inciso 6º, la facultad de “establecer y reglamentar un banco federal con facultad de emitir moneda” y el inciso 11º le otorga la atribución de “hacer sellar moneda, fijar su valor y el de las extranjeras”.
En vez de ese “banco federal”, que se preveía como un banco de las provincias argentinas, funciona en nuestro país, desde hace décadas, un Banco Central que por alguna de las razones aquí expuestas ha sido un verdadero agujero negro de las finanzas públicas argentinas.
Y esto no es solo una inquietud teórica, es una cuestión urgente y candente porque nuevamente se están incubando y ocultando enormes riesgos mediante la política monetaria y financiera vigente.
En efecto, por un lado se quiere combatir la inflación aplicando una política de esterilización monetaria para lo cual el BCRA emite letras (Lebacs) cuya emisión casi es equivalente a la base monetaria y cuyo costo anual de intereses asciende a los 160.000 millones de $.
O sea que cada argentino paga 4.000 $ por año para sostener esta política monetaria.
Asimismo, ante la astringencia monetaria y la quita de coparticipación federal, las provincias se ven obligadas a recurrir a endeudamiento externo.
Con tasas cercanas al 10% anual en dólares y con un tipo de cambio retrasado, este endeudamiento externo significa una verdadera bomba de tiempo para las arcas provinciales.
Esta política monetaria y de endeudamiento es insensata e injusta ya que habilita un negocio formidable de valorización financiera para los sectores concentrados de capital con un altísimo costo fiscal y social.
Para salir de este encierro proponemos estudiar una reforma monetaria profunda.
Donde las economías regionales, las provincias y municipios jueguen un rol
relevante para crear mecanismos e instituciones que mejoren la oferta monetaria hacia los10 sectores que más lo necesitan o sea trabajar sobre la teoría cualitativa del dinero sabiendo para quien se emite.
Recordemos que nuestra Constitución establece en su art. 124, que corresponde a las
provincias “el dominio originario de los recursos naturales existentes en su territorio”. Con este respaldo patrimonial, es posible una reforma que contemple la creación de un banco federal y de monedas complementarias y/o locales inconvertibles11.
Estas nuevas instituciones monetarias deben crearse bajo los principios de la banca ética, de total transparencia y de participación democrática.

5. La discusión a nivel global: la necesidad de una moneda global común.

Los problemas de la economía argentina son, aunque exacerbados por diversas razones
internas, los mismos de todas las economías periféricas en un mundo globalizado y dominado por los intereses financieros internacionales.
Eso nos lleva a analizar el problema del abuso de posición dominante de las divisas fuertes como el dólar y la necesidad de replantear el diseño de una moneda global y/o subregional cuya gobernanza sea democrática y equitativa.
La moneda debe ser considerada un bien común también a escala global y, desde esa
perspectiva, analizar cómo superar la exclusión monetaria estructural que sufren regiones y sectores enteros del planeta, democratizando su acceso y circulación.
Porque, como lo señala la parábola de los talentos referenciada al principio12 , desde tiempo inmemorial se sabe que el atesorar -el enterrar moneda (el talento era una antigua moneda romana)- es pernicioso para la comunidad y por tanto éticamente reprobable.

MC/AP/

1. Mario Cafiero es ingeniero industrial (UBA) Miembro del Observatorio de la Riqueza Padre Arrupe. Diputado Nacional (MC).2

2. Adela Plasencia es lic. en economía (UBA) y profesora en la UNLu, la UNM, la UBA y la UNGS, master en Economía Agraria (UBA) y en Economía Social (UNGS), y doctoranda en Antropología Económica (UBA).3

Bibliografía

• • Groppa Octavio: Para una conversión en la economía: una fundamentación teórica a la crítica a la economía en Laudato Si’
• • Felber Christian (2014) DINERO. De fin a medio. Grupo Planeta. España 11 Muchas experiencias pueden ayudar a pensar y diseñar este tipo de reformas. Para salir de la hiperinflación del año 1923, Alemania, que era un país quebrado luego de la primera guerra mundial, cambió su unidad monetaria y la respaldó en las tierras agrícolas y las propiedades industriales.El dólar no tiene respaldo material alguno, aunque claramente su poder económico y militar la hacen una moneda confiable.
• Existen además ciento de experiencias contemporáneas de monedas complementarias los 5 continentes, con variados diseños (de origen estatal, comunitarias o privadas, con y sin respaldo, con o sin oxidación geseliana o vencimiento, con existencia física o solo electrónica, con gestión mas o menos participativa, con especificidades de bono o de efectivo, etc.). Existe también actualmente una legislación en varios países (Francia, Nueva Zelanda, Brasil), etc. propendiente a apoyar estas creaciones considerando su potencial anti cíclico (entre otras ventajas).
• 12 También la carta encíclica Quadragesimo Anno de Pío XI sobre la restauración del orden social dice: ”106. Dominio ejercido de la manera más tiránica por aquellos que, teniendo en sus manos el dinero y dominando sobre él, se apoderan también de las finanzas y señorean sobre el crédito, y por esta razón administran, diríase, la sangre de que vive toda la economía y tienen en sus manos así como el alma de la misma, de tal modo que nadie puede ni aun respirar contra su voluntad.”
• • Laidler, David y Nocholas Rowe (1980) Georg Simmel`s Philosophy o Money. A review Article for Economists, en Journal of Economic Literature vol XVIII, pp 97 a 105
• • Ostrom E. (2000). El Gobierno de los bienes comunes. La evolución de las instituciones de acción colectiva. Universidad Autónoma de Mexico. Fondo de Cultura Económica. Disponible en
http://www.pabloabitbol.com/(NEP)_files/14.1.%20Ostrom%20El%20gobierno%20de %20los%20bienes%20comunes%201.pdf
• • Ostrom E., Hess CH. (2007) Understanding Knowledge as a Commons From Theory to Practice edited by The MIT Press Cambridge, Massachusetts London, England disponible en http://www.ess.inpe.br/courses/lib/exe/fetch.php?media=wiki:user:andre.zopelari:understanding-knowledge-as-a-commons-theory-to-practice-2007.pdf
• • Pindyck y Rubinfeld, (1992). Microeconomics. Macmillan, New York
• • Schuldt Jurgen (1997). Dineros Alternativos para el Desarrollo Local. Ed Universidad del Pacífico. Lima Perú. Pp 193 a 195
• • Tobin, J. (1992): Money as a Social Institution and Public Good, The New Palgrave Dictionary of Money and Finance, eds. J. Eatwell, M. Milgate, and P. Newman, (London: Macmillan). Disponible en http://cowles.yale.edu/sites/default/files/files/pub/d10/d1013.pdf
• • Zamagni, S. (2014). Bienes comunes y economía civil [en línea], Revista Cultura Económica, 32(87). Disponible en:
http://bibliotecadigital.uca.edu.ar/repositorio/revistas/bienes-comunes-economiacivil.pdf
• Fecha de consulta 14/9/16
A %d blogueros les gusta esto: