Los pueblos construyen la democracias, las instituciones son sus herramientas, no sus mecanismos de sometimiento. Hacen experiencias. Se arriesgan pero…

LOS PUEBLOS NO SE SUICIDAN

Por Jorge Rachid

Las revoluciones son una respuesta a los procesos de degradación democrática. Lo fueron en nuestro país cuando la Década Infame, inundó de corruptelas y coloniaje la vida nacional, produciendo uno de los hechos más significativos de su historia, como fue la revolución de 1943 y la irrupción popular del 17 de octubre del 45, consolidada en las urnas al año siguiente.


Por Jorge Rachid
SIN MORDAZA
05/05/2017

El concepto democrático, desde sus orígenes griegos, significó el gobierno de los pueblos, decidiendo en la cosa pública.

Desde Platón a Aristóteles fortalecieron el marco institucional, describiendo la República como el conjunto de instituciones, destinadas a fortalecer la idea democrática.

Nada de eso sucede hoy.

En efecto, la democracia con sus imperfecciones, es el mejor mecanismo que conocemos como contrato social, que permite a una comunidad desarrollarse en forma armónica.

Pero al correr de los años, esos mecanismos institucionales, en nuestro país y en el mundo, han tomado sesgos ideológicos, fortalecidos por factores de poder, que han tergiversado sus principios, llevando las instituciones a sus propios beneficios.

Para que se entienda bien lo que quiero demostrar, pensemos juntos: ¿ que es más importante, la religión o la Iglesia?

Sin dudas, las religiones han subsistido aún sin la participación activa de sus sacerdotes y templos, intermediarios del conocimiento religioso y la fe, como los demuestran cada una de las religiones monoteístas.

Las Madrazas en el Islam, durante años de colonialismo, las minorías católicas en los países asiáticos y los judíos de la diáspora son ejemplos genuinos.

Con el gobierno del pueblo, sucede lo mismo, encuentra los caminos de preservar sus intereses populares, más allá de las instituciones.

Cuando los pueblos se ven avasallados por las Instituciones, que supuestamente se crearon para proteger sus intereses, buscan otros mecanismos de retomar el poder popular de las mismas.

En democracia y en paz, eso va desde las convocatorias a procesos Constituyentes, democracias directas plebiscitarias, control popular sobre cada estamento institucional, la Comunidad Organizada como expresión que supera el concepto de “los representantes”, cuya elección y composición, no siempre responde a los intereses populares.

Desde Hobbes con su desarrollo del rol del estado, el Leviatán ordenando desde el poder, los contratos sociales de Rousseau, Locke o Kant, pasando por la construcción shakeaspereana del Cavilan en La Tempestad, donde las formas autoritarias del Estado asumen formas monstruosas, los pueblos han sufrido la imposición de formas de gobiernos, desde monárquicas parlamentarias, hasta autoritarias con Parlamentos, que siempre en nombre de los “intereses supremos”, los han querido dominar.

Las revoluciones son una respuesta a los procesos de degradación democrática.

Lo fueron en nuestro país cuando la Década Infame, inundó de corruptelas y coloniaje la vida nacional, produciendo uno de los hechos más significativos de su historia, como fue la revolución de 1943 y la irrupción popular del 17 de octubre del 45, consolidada en las urnas al año siguiente.

Antes lo habían intentando los radicales con el alzamiento de Paso de los Libres, en donde Jauretche salió con armas en mano, ante el golpe de estado de 1930 que había derrocado a Irigoyen, años antes.

Como vemos, no hay una fórmula mágica para superar procesos de degradación institucional, como el que vivimos hoy, cuando los factores de poder económico financiero, sumados a la cooptación de la Justicia y la formidable arma que significan los llamados medios de comunicación masivos y hegemónicos, convertidos en factores de poder, aliados a intereses internacionales, en la lucha por demonizar las democracias populares a favor de los procesos de Mercado, como eje del ordenamiento social, se han constituido en verdades absolutas.

No es casual que el manejo macro económico haya desplazado al hombre como interés supremo, de construcción del modelo social, planteando éxitos en países con tasas de crecimiento financiero y pueblos, sin embargo, empobrecidos, en una dinámica mundial que ha producido las más obscena acumulación de riquezas, que tenga memoria la humanidad.

Nuestro país no es ajeno hoy a esa dinámica, que en otros países fue ejecutada por procesos destituyentes, como los intentados aquí durante todos los años de gobierno peronista, que sólo pudieron doblegar por el accionar conjunto de esas fuerzas coaligadas, ya descriptas que se apropiaron de las instituciones en la nueva Ceocracia, sumado a los errores propios de cualquier gestión.

Cuando la Justicia es justiciera en lo político, deja de ser tal, lo mismo que los medios de comunicación que esconden, mienten, ocultan, tergiversan, humillan, escrachan en tapas murales a quienes se oponen a sus designios e intereses.

Cuando el poder político se privatiza, dejando los intereses populares de lado, llevando el cinismo y la hipocresía a su máxima expresión, los pueblos y más el nuestro con la historia de luchas que carga en su memoria, reacciona de mil formas diferentes, hasta que consigue corregir los rumbos impuestos por el coloniaje nacional e internacional.

Eso sucedió en los últimos 15 años con los procesos populares de América Latina, reconstruyendo la Patria Grande de nuestros Padres Fundadores: San Martín, Artigas y Bolívar, que nunca plantearon otra revolución, que no fuese la de la unidad de Latinoamérica.

Fueron los pueblos que eligieron un obrero metalúrgico en Brasil, un peronista marginal del poder con Néstor y un Chávez que hizo desde la concepción del peronismo, la Revolución Bolivariana: pueblo y fuerzas armadas por la Liberación Nacional.

Ante la degradación institucional argentina de la mano del neoliberalismo, las dirigencias política deberán optar entre fortalecer las instituciones o escuchar el clamor del pueblo argentino, agredido y vilipendiado, por quienes llegan por democracia, para gobernar contra ella.

JR/