Crónica de la lucha de los investigadores contra el ajuste macrista.

LA CIENCIA Y LA TECNOLOGÍA NO BAJAN SUS BANDERAS

Por María Laura Romano y Laila Toum*

Era una mañana despejada, llevábamos una bandera enorme de CONADU enrollada en caños de aluminio, una mesa para hacer los experimentos de la feria “No es magia, es ciencia”, un gazebo, nuestra bandera de Becarios empoderados, un megáfono y cada uno una mochila repleta.

Por María Laura Romano y Laila Toum*
Fotos: María Guerreri, Rolando Andrade y Becarios Empoderados
VAMOSAVOLVER
el 21 MARZO, 2017

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Vallas donde vayas

En caravana, cargados, en un día en que cualquier peso se sentía el doble por el calor tremendo que hacía, agarramos Pasco y doblamos en Hipólito Yrigoyen para ir subiendo al Congreso.

Era una mañana despejada, llevábamos una bandera enorme de CONADU enrollada en caños de aluminio, una mesa para hacer los experimentos de la feria “No es magia, es ciencia”, un gazebo, nuestra bandera de Becarios empoderados, un megáfono y cada uno una mochila repleta.

Estábamos a sólo 10 cuadras del Palacio Legislativo y ya se empezaba a notar el enorme despliegue de fuerzas de seguridad.

Aparecieron los camiones de la Federal; los policías que estaban en los alrededores parecían relajados.

En un coche, dos agentes tomaban Nescafé instantáneo sentados en el borde de la zona de carga mientras conversaban con otros dos que estaban parados en el asfalto.

En el suelo del vehículo había un paquete de galletitas.

Debían ser refuerzos para el enorme ejército de policías y gendarmes que vimos cuando finalmente llegamos al Congreso.

Estaba todo vallado.

En la Plaza, entre el Palacio y el monumento a los Dos Congresos, divisamos a los compañeros de otras organizaciones que ya estaban armando los stands.

El único lugar por el que se podía entrar era Hipólito Yrigoyen, del lado del que veníamos nosotros.

Llegamos e hicimos lo propio.

Lo primero fue colgar las banderas y después abrir el gazebo para que nos protegiera un poco de los rayos del sol que, ya a las 10 de la mañana, pegaban fuertísimo.

Nos pusimos a preparar lo necesario para la Feria de Ciencias.

Desplegamos los elementos para hacer experimentos; algunos compañeros se pusieron guardapolvos; los estudiantes de medicina instalaron un puesto de salud; pegamos carteles que contaban qué hacemos los investigadores.

El objetivo de la Feria de Ciencias fue visibilizar ante el conjunto de legisladores y los titulares del Poder Ejecutivo allí reunidos –entre ellos su cabeza: el presidente Mauricio Macri, que en breve daría su discurso de apertura de las sesiones ordinarias– los problemas por los que está atravesando el sector y nuestro reclamo por más presupuesto para ciencia y tecnología.

Además, nos congregamos en una plaza céntrica para contarles a las personas que pasaban en qué consiste nuestro trabajo y cuál es el impacto social que tienen nuestras investigaciones.

La Feria de Ciencias del 1 de marzo no se realizó sólo en la capital porteña: también se hizo en La Plata, Córdoba, Entre Ríos, Mar del Plata y otras ciudades.

Fue un modo de manifestación que hermanó a los científicos de todo el país.

En la Ciudad de Buenos Aires, ese día confluimos diferentes gremios, organizaciones político-gremiales, estudiantes, investigadores y profesores independientes luego de un año de intensa movilización como pocas veces se vio en el país en el ámbito científico.

La organización vence al tiempo

Becarios Empoderados surgió a fines de 2015 tras el triunfo de Mauricio Macri.

Un grupo de becarios y becarias de todo el país empezamos a intercambiar nuestras inquietudes sobre el destino de la ciencia argentina (que tanto había crecido con Néstor y Cristina) bajo un Gobierno que (a pesar de lo dicho en campaña) avizorábamos iba a desinvertir en el sector.

Entendimos que era el momento de organizarnos para reivindicar y defender los logros de la década pasada en materia de ciencia y tecnología.

Pero no con espíritu corporativista sino con el convencimiento de que solo con una fuerte inversión en el área se puede construir un país con mayores niveles de equidad, desarrollo, inclusión, justicia y soberanía.

El triunfo del macrismo generó el fortalecimiento organizacional del sector. Además de Becarios empoderados, surgió Ciencia y Técnica Argentina Científicos, Universitarios Autoconvocados y la Corriente 12 de Mayo. Junto a otros espacios ya conformados (Jóvenes Científicos Precarizados y Becarios UBA) y los gremios de estatales y docentes universitarios transitamos un año de fuerte disputa con un Gobierno que, confirmamos, había dispuesto un ajuste brutal para la cartera que continuó conduciendo (luego de ocho años en la gestión kirchnerista) el paradójico ministro Lino Barañao.

2016 despuntó con el conflicto por la efectivización de los 943 investigadores que habían ganado a fines del año anterior un cargo en la Carrera de Investigador Científico (CIC) del CONICET.

La dilación en las incorporaciones se debió a que, por disposición del Poder Ejecutivo, todo concurso en el Estado debía ser revalidado por el flamante Ministerio de Modernización.

Que de moderno el nuevo organismo no tiene una pizca lo prueba el hecho de que las designaciones se demoraron un año: casi mil personas vivieron por meses la zozobra de desconocer su futuro laboral dado que, sin muchas explicaciones, se dilataba su ingreso a la planta del CONICET, ingreso que habían obtenido luego de atravesar con éxito rigurosas evaluaciones.

Esto, se sabe, en el marco de centenares de despidos de trabajadores del Estado, lo que hacía más dramática la situación.

La presión del sector organizado, que se manifestó diversas veces frente al CONICET, obligó a las autoridades a establecer un cronograma de efectivizaciones por tandas que finalmente fue cumplido.

Presupuestos cortos

La siguiente escalada en el conflicto en ciencia y tecnología fue la Ley de Presupuesto para 2017, que el Poder Ejecutivo envió al Congreso en octubre del año pasado con una baja del financiamiento del sector.

Los números mostraban que el Presidente Macri no sólo incumpliría su promesa electoral de llevar la inversión al 1.5% del PBI sino que, peor aún, proponía reducir significativamente la participación del sector en el presupuesto nacional.

En efecto, el presupuesto del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva (que incluye no solamente al Conicet sino también a la ANPCyT y la Comisión Nacional de Actividades Espaciales) pasaba del 0.71% del total del presupuesto nacional en 2016 al 0.59% del total en 2017.

Era claro que en el actual Gobierno la ciencia estaba perdiendo el lugar central que había tenido durante los últimos 12 años.

Rosario 5

La reacción de la comunidad científica y universitaria, de los gremios y organizaciones del sector fue inmediata.

Se convocó a una concentración al Congreso para el 27 de octubre.

Ese día marchamos en unidad múltiples organizaciones de distinta extracción política y entregamos un petitorio a varios legisladores, que fue escrito por el Consejo Directivo de la Facultad de Ciencias Exactas de la UBA y que contó con más de 33.000 adhesiones en todo el país.

La movilización coordinada de los trabajadores científicos y universitarios logró arrebatarle al macrismo un aumento de 1290 millones de pesos, cifra que, sin embargo, está muy lejos de los 4400 millones de pesos que se necesitarían para sostener el sistema científico actual.

Todo ello gracias a la presión que los trabajadores organizados, más consciente de las consecuencias de la aprobación de este presupuesto, ejercieron en los medios y en las calles para frenar o, al menos, morigerar el recorte impuesto.

El impacto del ajuste se hizo sentir fuerte: a comienzos de diciembre de 2016 nos enteramos, gracias a una comunicación de la Dra. Dora Barrancos (único miembro del Directorio del CONICET que se compromete, a través de sus acciones, con la lucha contra el ajuste), que los ingresos a CIC aquel año (2016) iban a ser 385, número que suponía una reducción del 60% respecto de los 943 investigadores que habían ganado el concurso el año anterior.

En esta situación, más de 500 investigadores que habían sido recomendados por las comisiones asesoras para su ingreso a la carrera CIC del CONICET quedaban en la calle.

Ministerio tomado

El lunes 19 de diciembre de 2016, a partir de estas noticias tan poco auspiciosas para nuestro sector, se inició una nueva fase en la lucha que desde principios de 2016 veníamos sosteniendo contra los ajustes.

Varias agrupaciones fuimos ese día al CONICET a exigir una entrevista con el Ministro para plantearle nuestro reclamo de que todos los postulantes recomendados fueran incorporados al organismo. Barañao finalmente nos atendió y se mostró inflexible frente a nuestra demanda.

Su postura fue rotunda: no había plata para ni un ingreso más.

Ante esta falta de respuestas, se realizó una asamblea con las personas allí presentes, en la cual se resolvió tomar el Ministerio.

La toma se extendió por cinco días.

Durante esas jornadas, los espacios que integramos el sector nos movilizamos al MinCyT junto con sindicatos, centros de estudiantes, frentes estudiantiles, diversas organizaciones políticas.

Recibimos la solidaridad de diputados de diferente filiación política, de las Madres de Plaza de Mayo (¡Nora Cortiñas estuvo en una de las tantas asambleas que se realizaron!).

Los bocinazos de los autos que pasaban por Godoy Cruz alentaban nuestra lucha, al igual que los vecinos del barrio que nos alcanzaron agua y comida.

Dormimos cuatro noches en el hall del Ministerio y pasamos ahí cinco días completos.

La presión de la impresionante cantidad de gente que se acercaba y participaba de las asambleas diarias obligó a las autoridades del MinCyT a abrir una mesa de negociación con las organizaciones (JCP, Becarios empoderados, CyTA, CONADU, CONADUH, ATE).

Los primeros encuentros fueron bastantes ríspidos.

Nuestros interlocutores rechazaban de plano darle una solución al conflicto reincorporando a los más de 500 compañeros.

En una de las reuniones accedieron a extender las becas de solo un grupo del universo afectado aduciendo que un sector de los 500 no estaba dentro del sistema CONICET. Nuestro rechazo fue unánime: o todos o no levantábamos la toma.

El viernes 23 de diciembre, quinto día de toma y ya en la víspera de Navidad, con una explanada del MinCyT que explotaba de gente, se realizó una reunión en la cual logramos arrancar a este Gobierno un compromiso de garantizar la estabilidad de los más de 500 compañeros a través de la extensión o el otorgamiento de las becas postdoctorales hasta diciembre de 2017.

Logramos también el compromiso de que, durante este año, funcionase una Mesa de negociación integrada por funcionarios del MinCyT y del CONICET, por organizaciones y por representantes de los afectados.

La finalidad de ese espacio es hacer un seguimiento de las gestiones para insertar laboralmente a los investigadores en organismos nacionales del Sistema Nacional de Ciencia y Tecnología o en universidades.

Todas las agrupaciones y los sindicatos participantes de las negociaciones tenemos claro que nuestro objetivo es que los científicos sean incorporados al CONICET, organismo al que ganaron el ingreso luego de una exhaustiva evaluación de antecedentes.

El rechazo de los funcionarios de Cambiemos a aumentar la planta de esa institución es notablemente de orden político e ideológico.

Lo que quedó clarísimo durante las negociaciones es que no se trata de un problema de recursos económicos, sino de la decisión política del actual Gobierno de reducir a su mínima expresión al CONICET y otros organismos de ciencia.

El acuerdo logrado en diciembre hay que sopesarlo en el contexto de los conflictos desatados en 2016 debido a las políticas aplicadas por la alianza Cambiemos que incluyeron masivos despidos del Estado.

En la mayoría de ellos, el Gobierno Nacional logró salirse con la suya y, lamentablemente, los trabajadores fueron despedidos sin que los funcionarios ni el mismo Presidente pagaran un costo político por ello.

Sin embargo, como resultado de la lucha de los trabajadores de la ciencia, se pudo alcanzar un piso de negociación que permitió garantizar los puestos de trabajo de más de 500 investigadores.
El efecto dominó

La toma del MinCyT en Buenos Aires propagó al resto de las provincias el impulso para que concertadamente se produjeran tomas, manifestaciones y asambleas en diversos Centros Científicos Tecnológicos del país en reclamo por mayor presupuesto y por el ingreso de los investigadores.

Luego de la toma, el conflicto quedó instalado en todo el territorio nacional y la iniciativa por parte de trabajadores y trabajadoras de la ciencia no se hizo esperar.

Desde fines de diciembre y durante enero de 2017, se realizaron asambleas regionales, de las cuales salieron mandatos para lo que sería la asamblea nacional del 4 de febrero de 2017, desarrollada en la explanada del MinCyT y a la cual llegaron muchos compañeros de diferentes provincias argentinas.
Esta movilización del sector nos exige un enorme desafío de organización y construcción política.

Es vital pensar colectivamente un modelo de ciencia y tecnología para nuestro país, un país que queremos se desarrolle inclusivamente, “con la gente adentro” como una vez dijo Cristina Fernández de Kirchner.

Para ello, la ciencia, la tecnología, la educación y la universidad son indispensables.

Queremos un país con oportunidades laborales para nuestros ciudadanos, con más riqueza y con una distribución equitativa de los recursos.

Los reclamos gremiales son parte de una discusión política más amplia que debemos darnos dentro del sector de la ciencia y la tecnología para que no volvamos a tener gobiernos liberales que nos hagan retroceder 30 años… o más.