Este texto que el poeta Homero Manzi publicó el 6 de mayo de 1948 en el periódico Línea, titulado Lo Popular, propone algunas ideas para ayudar a comprender el fenómeno del Indio Solari y la reacción mediática ante lo que sucedió en Olavarría.

HOMERO MANZI Y EL INDIO SOLARI

Por Araceli Bellotta

Después de una semana en la que la demonización del Indio Solari y sus seguidores ocupó cantidad de minutos en los programas de televisión y de radio, y grandes espacios en los medios gráficos hablando de la “tragedia que no fue”, vale preguntarse: ¿Por qué no reaccionaron del mismo modo con los DJ que musicalizaron la Time Warp de abril del año pasado, la fiesta electrónica de Costa Salguero en la que murieron cinco jóvenes, entre 20 y 25 años?

Por Araceli Bellotta

20 marzo, 2017

El presente de la historia

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Después de una semana en la que la demonización del Indio Solari y sus seguidores ocupó cantidad de minutos en los programas de televisión y de radio, y grandes espacios en los medios gráficos hablando de la “tragedia que no fue”, vale preguntarse: ¿Por qué no reaccionaron del mismo modo con los DJ que musicalizaron la Time Warp de abril del año pasado, la fiesta electrónica de Costa Salguero en la que murieron cinco jóvenes, entre 20 y 25 años?

Porque entonces dos de las víctimas murieron en el lugar de la fiesta, otro en el Hospital Fernández y el último en el Rivadavia, además de que otros cinco terminaron en terapia intensiva.

¿O será que, como tantas otras cosas de los ’90, resucitó también la estigmatización a Los Redondos y su público que, como entonces, cuestionan a un sistema que los vuelve a dejar afuera?

Este texto que el poeta Homero Manzi publicó el 6 de mayo de 1948 en el periódico Línea, titulado Lo Popular, propone algunas ideas para ayudar a comprender el fenómeno del Indio Solari y la reacción mediática ante lo que sucedió en Olavarría.

LO POPULAR

“Alguna vez, alguien que sea dueño de fuerzas geniales, tendrá que realizar el ensayo de la influencia de lo popular en el destino de nuestra América, para, recién entonces, poder tener nosotros la noción admirativa de lo que somos.

Esta pobre América que tenía su cultura y que estaba realizando, tal vez en dorado fracaso, su propia historia, y a la que pronto, iluminados almirantes, reyes ecuménicos, sabios cardenales, duros guerreros y empecinados catequistas ordenaron: ¡Cambia tu piel! ¡Viste esa ropa!

¡Ama a este Dios! ¡Danza esta música! ¡Vive esta historia!

Nuestra pobre América que comenzó a correr en una pista desconocida, detrás de metas ajenas y cargando quince siglos de desventajas.

Nuestra pobre América que comenzó a tallar el cuerpo de Cristo cuando ya miles y miles de manos afiebradas por el arte y por la fe, habían perfeccionado la tarea en experiencias luminosas.

Nuestra pobre América que comenzó a rezar cuando ya eran prehistoria los viejos testamentos y cuando los evangelios habían escrito su mensaje; cuando Homero había enhebrado su largo rosario de versos, y cuando el Dante había cumplido su divino viaje.

Nuestra pobre América que comenzó su industria cuando los toneles de Europa estaban traspasados de olorosos y antiguos alcoholes; cuando los telares estaban consagrados por las tramas sutiles y asombrosas; cuando la orfebrería podía enorgullecer su pasado con nombres de excepción; cuando verdaderos magos, seleccionando maderas, concavidades y barnices, sabían armar instrumentos de maravillosa sonoridad; cuando la historia estaba llena de guerreros, el alma llena de místicos, el pensamiento lleno de filósofos, la belleza llena de artistas y la ciencia llena de sabios.

Nuestra pobre América a la que parecía no corresponderle otro destino que el de la imitación irredenta.

Todo estaba bien hecho. Todo estaba insuperablemente terminado.

  • ¿Para qué nuestra música?
  • ¿Para qué nuestros dioses?
  • ¿Para qué nuestras telas?
  • ¿Para qué nuestra ciencia?
  • ¿Para qué nuestro vino?
  • Todo lo que cruzaba el mar era mejor y, cuando no teníamos salvación, apareció lo popular para salvarnos.

Instituto de pueblo.

Creación de pueblo.

Tenacidad de pueblo.

Lo popular no comparó lo malo con lo bueno.

Hacía lo malo y cuando lo hacía, creaba el gusto necesario para no rechazar su propia factura y, ciegamente, inconscientemente, estoicamente, prestó su aceptación a lo que surgía de sí mismo y su repudio heroico a lo que venía desde lejos.

Mientras tanto, lo antipopular, es decir lo culto, es decir, lo perfecto rechazando todo lo propio y aceptando todo lo ajeno, trababa esa esperanza de ser, que es el destino triunfador de América.

Por eso yo, ante ese drama de ser hombre del mundo, de ser hombre de América, de ser hombre argentino, me he impuesto la tarea de amar todo lo que nace del pueblo, todo lo que llega al pueblo, todo lo que escucha el pueblo”.

Homero Manzi

 

Fuente:

NOTA:

Título original: EL INDIO SOLARI Y “LO POPULAR” DE HOMERO MANZI

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