Es evidente que los dirigentes que decidieron integrar eso que llaman “coalición cambiemos” están arrepentidos y sienten vergüenza de la historia del partido radical. Quieren empezar todo de nuevo. Intentan volver al pasado, regresar a los noventa.

LA RENUNCIA DE PODDA AL RADICALISMO. VOLVER AL FUTURO

Por José Antonio Podda
JOSEPODDASANJUAN-320

La coalición electoral de la que forman parte, en lugar de “Cambiemos” debería llamarse “Retrocedamos”. Sé que mientras permanezcan en esa coalición, conscientes o no, harán mucho daño a la sociedad argentina. No quiero ser parte de esa ignominiosa acometida.

 

Renuncia a la U.C.R. de José Podda

 

San Juan, 3 de marzo de 2017

Sr. Presidente del Comité Provincia de la UCR San Juan,

Don Eduardo Castro.

Me dirijo a Usted para informarle que realicé la correspondiente tramitación ante la justicia electoral a fin de cancelar mi afiliación al radicalismo. Partido al que pertenecí durante 44 años.

Estoy seguro que ni Usted ni la mayoría de los miembros que integrar el Comité Provincia están interesados en conocer los motivos de esta decisión; incluso, creo ni siquiera leerán completa la nota. Sin embargo, la formalidad del caso impone dar fundamentos; verdad y razón están para ser dichas.

Es evidente que los dirigentes que decidieron integrar eso que llaman “coalición cambiemos” están arrepentidos y sienten vergüenza de la historia del partido radical. Quieren empezar todo de nuevo. Intentan volver al pasado, regresar a los noventa. Pero no a los años noventa del siglo XX. Eso ya lo ensayaron en el gobierno de De La Rua al poner a Cavallo de ministro. Ahora se procura volver a los noventa del siglo XIX, anterior a la Revolución del Parque. Sueñan con aquellos tiempos en que la oligarquía recibía gratis la tierra que (genocidio mediante) Julio Argentino Roca le había arrebatado a los pueblos aborígenes.

El radicalismo nació para oponerse a los Roca, Juarez Celman o Pelegrini. En esa oposición y en esa lucha hizo varias revoluciones donde cientos de heroicos ciudadanos ofrendaron su vida. La dirigencia radical de la actual generación está disgustada con esa genealogía, se arrepiente y abochorna de  que su partido se haya opuesto al pacto entre Mitre y Roca. Parece haber entendido que la política no está para servir a los intereses del pueblo sino a los de la oligarquía. Desde esa revisión conceptual se entiende el abandono por la búsqueda para la unidad latinoamericana, la sumisión a los mandatos del imperialismo y la servil obsecuencia para ganar la simpatía de Reino Unido. Se comprende también el orgullo de perdonar  la deuda del Correo, obsequiar a Clarín la explotación de la frecuencia 4G,  conceder rutas a Avianca perjudicando a la empresa de bandera nacional, la baja de impuestos a empresas agroexportadoras y mineras, la autorización a los desmesurados aumentos en las tarifas de gas, electricidad,  peajes. A la vez se pone un techo absurdo a las paritarias, se pretende sancionar a un juez por fallar en favor de los intereses del los trabajadores, se rebaja o quita el fondo compensador docente, fenece la devolución del 5% del IVA mediante la compra con tarjeta de débito. Es decir: claras políticas para favorecer a pequeños grupos dueños de la riqueza en simultáneo con la puesta en marcha de evidentes procedimientos para perjudicar a la clase media y a los más pobres.

Para el radicalismo actual dejó de tener sentido aquella consigna de Alem que decía que nuestra causas es la causa de los desposeídos. Se actúa bajo el mandato de: “Nuestra causa debe ser la del imperialismo y los sectores concentrados de la economía”. Para servir mejor a los dueños del dinero, no se duda en atropellar la Constitución y la ley. Es así como, por decreto (manifiestamente inconstitucional) se anula la Ley de Medios, o se pretendió nombrar a dos cortistas, o bajar   mediante una disposición, sin el juicio político correspondiente, a la Procuradora General de la Nación. Es así como uno de los más encumbrados dirigentes del radicalismo actual, el gobernador Gerardo Inmorales, en una actitud propia de la más abyecta dictadura, aumenta en el primer día de su mandato de cinco a nueve los miembros de su Corte de Justicia, ordena detener a una adversaria, determina innecesario el derecho a defensa, y el debido proceso, desoye los reclamos de los organismos internacionales de  derechos humanos a los que Argentina está obligada a acatar por pactos internacionales de rango constitucional.

En mis más de 40 años de militancia siempre estuve dispuesto, y así lo prediqué en cuanto foro me fue posible, a modificar y renovar  ideas, modelos, conceptos que habíamos heredado de Alem e Yrigoyen, de Illia y hasta del propio Raúl Alfonsín. Pero pretendía que esas transformaciones fuesen consecuencia de nuevos reclamos de la sociedad, o bien innovaciones incorporadas a la luz de reflexiones  realizadas por pesadores de nuestro tiempo que elaboraban novedosas teorías políticas o filosóficas. Es decir,  cambiar pero hacia adelante.  La mayoría de la actual dirigencia radical, muy alejada de la reflexión, el debate y los libros, prefirió simplificar todo, terminar con lo que considera molestas convicciones y ponerse al servicio de los dueños del dinero. Cambiaron en el sentido de atrasar. La coalición electoral de la que forman parte, en lugar de “Cambiemos” debería llamarse “Retrocedamos”. Sé que mientras permanezcan en esa coalición, conscientes o no, harán mucho daño a la sociedad argentina. No quiero ser parte de esa ignominiosa acometida.

Sin otro particular, lo saluda

José Antonio Podda