"El pueblo movilizado en la calle, es la democracia popular que temen la oligarquía y el poder establecido."

“CUANDO LOS PUEBLOS AGOTAN SU PACIENCIA, HACEN TRONAR EL ESCARMIENTO.” (PERÓN)

Por el Dr. Jorge Rachid

La calle vuelve a ser protagonista, el pueblo vuelve a ser actor sin intermediarios, las organizaciones sociales asumen su responsabilidad histórica. El peronismo como expresión de un modelo social solidario, aparece nuevamente en el horizonte, el hombre como eje del modelo, y no como pieza de una maquinaria de producir. Esta tensión hoy está en la calle, del gobierno depende su perdurabilidad.

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 Por Jorge Rachid

 SIN MORDAZA

7/3/17

Siempre fue así.

El pueblo cada vez que se volcó al ejercicio del protagonismo, sin intermediarios, cambió la historia.

Es el pánico mayor de los poderes económicos, mediáticos y judiciales que ven tambalear sus ventajas monárquicas, desde donde ejercen las políticas neoliberales, que oprimen a las mayorías populares.

Cuando los orilleros, los “no decentes”, que no habían recibido invitación una año atrás, irrumpieron en el Cabildo de Buenos Aires en abril de 1811, con el Dr. Campana a la cabeza, estaban ejerciendo su derecho al protagonismo pleno en las decisiones políticas y consiguieron la ampliación de la Junta gobernante, hasta que una nueva reacción conservadora, los desalojó del poder, de la mano de Alvear y Sarratea.

Lo fueron las montoneras gauchas, aún los malones de los pueblos originarios, también, los Colorados del Monte y los mazorqueros, reacciones populares en algunos casos, gritos federales, en otros defensas de sus derechos ancestrales, en el caso del rosismo impedir la entrega de la Patria a manos inglesas.

Pero la reacción oligárquica siempre retornó, aún pactando con poderes extranacionales, para vencer las fuerzas populares.

Caseros es su máxima expresión, junto a la Flota Inglesa de 1955 abasteciendo la armada nuestra, asesinando compatriotas.

No fue posible establecer la Ley Saenz Peña, de voto directo y obligatorio, además de secreto que eliminaba “el contubernio”, expresión suave del “fraude patriótico” que a punta de armas y asesinatos, aseguraba las elecciones en donde el pueblo, que sólo figuraba como rebaño, de los oligarcas establecidos, matones a sueldo y las policías bravas, si no fuese por la Revolución del Parque.

Sarmiento jefe de policía de Mitre ordenó el deguello de cientos de gauchos montoneros riojanos y catamarqueños, “sin ahorrar sangre”, que según ese “maestro”, sólo servía para abonar la tierra.

No alcanzaron las muestras de apoyo popular al gobierno de Irigoyen para evitar el golpe de Estado, que borró de un plumazo las conquistas democráticas, avasallando derechos y retornando a la oscuridad del fraude y la extorsión, durante la “década infame”.

Debía salir el pueblo nuevamente a la calle, debía volver a protagonizar la historia, debía encontrar el conductor que los interpretara, junto a décadas de conciencia nacional en construcción.

El 17 de octubre reencauzó la historia, le puso un punto de inflexión hasta nuestros días.

No lo soportaron mas de 10 años, nuevamente las fuerzas de la reacción aliadas al imperialismo, cerraron filas a sangre y fuego, derrotando la democracia popular construida, derogando la Constitución Nacional por Decreto, fusilando compatriotas, bombardeando Plaza de Mayo.

Nunca escatimaron sangre los asesinos de los democracia, nunca les tembló el pulso para reprimir ni para entregar el patrimonio nacional, a los piratas de turno.

Ayer, como hoy son los mismos, maquillan los métodos, pero sus objetivos son permanentes, como los nuestros: la felicidad del pueblo y la grandeza de la Nación, por los cuales luchamos.

Las dictaduras quisieron prolongar la situación de marginación, exclusión y proscripción de las mayorías populares de nuestro país. “La Revolución Argentina se hizo, para que el hijo del peón, siga siendo peón”, textual de cuanta dictadura asoló el país, gobernado por los economistas y empresarios que se enriquecieron al calor de la Patria Contratista, como el actual presidente, robando al pueblo argentino el producto de su esfuerzo y sacrificio.

Lo hicieron obteniendo créditos aquí y en el exterior que después no pagaron y pasaron a obligaciones del país.

Lo hicieron estafando con autopartes, con contratos falsos, con la obtención de privatizaciones sin cumplir sus obligaciones por años.

El Cordobazo, el Rosariazo, el Mendozaso fueron nuevamente junto al movimiento obrero las puntas de lanzas de la recuperación del protagonismo popular.

El 2001 derrotó al neoliberalismo, que había llevado al país al borde mismo de su disolución nacional, con el mayor desempleo de la historia, con amplias franjas de la población marginadas y excluidas, con hambre, dolor y muerte.

Se recuperó la democracia pero bajo el paraguas del Consenso de Washington, es decir solamente aceptando las reglas del mercado podría funcionar.

Así condicionaron uno a uno los gobiernos populares, expresión del voto del pueblo y los extorsionaron con deuda externa y ajustes neoliberales a través del FMI y el banco Mundial.

Sólo esa crisis permitió el surgimiento del gobierno nacional y popular, que desde el peronismo protagonizaron Néstor Kirchner y Cristina Fernández, que provocó por un lado las mayores manifestaciones de apoyo en democracia que se tenga memoria hasta el último día de mandato.

La reacción no se hizo esperar, se hizo imparable la coalición imperial junto al cipayaje nativo, siempre dispuesto a derrotar expresiones populares, a las que peyorativamente denomina “populismo”.

Aún después de derrotar esa experiencia, la persecución, el intento de borramiento de la memoria, la creación de caos para justificar el ajuste y el saqueo.

En eso están, sometiendo nuevamente al pueblo argentino.

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El pueblo comenzó su etapa de cuenta regresiva de este poder neoliberal, que en pocos meses ha arrasado conquistas que se habían logrado con amplios consensos.

Instaló este gobierno la pos verdad como realidad, que como las serpientes encantadas de los cuentos de niños, se transformarán algún día, lejano por cierto, en buenaventuras.

Sin embargo la desocupación, el hambre, la desesperanza son realidades tangible, la falta de medicamentos es una situación patética de millones de argentinos.

Por eso la calle vuelve a ser protagonista, el pueblo vuelve a ser actor sin intermediarios, las organizaciones sociales asumen su responsabilidad histórica.

El peronismo como expresión de un modelo social solidario, aparece nuevamente en el horizonte, el hombre como eje del modelo, y no como pieza de una maquinaria de producir.

Esta tensión hoy está en la calle, del gobierno depende su perdurabilidad.

Palabra de militante.

 

JR/