hay que entender que el trabajo que le ha tocado hacer a Trump es de largo alcance. No vamos a entender el trumpismo a corto plazo, porque es un fenómeno que está operando a dos plazos. Y todo esto como mejor se puede entender es con las nociones de solve y coagula.

PREDICCIONES PREVISIBLES Y ALUCINANTES

Por Pedro Bustamante

ITrump es un insider. Un tipo colocado por las élites para hacer un determinado trabajo. Un trabajo sucio. La clave para comprender todo esto pasa por leer los símbolos, comprender que es un insider disfrazado de outsider. Todo es un juego de realidad y de ficción, de enmascaramiento. Solo desde esta dimensión escénica se puede llegar a algo parecido a la verdad. La mentira es el barniz que envuelve siempre la verdad.

 

Por Pedro Bustamante*

Katehon

El espía digital

 

“El sistema necesita autodestruirse en parte para regenerarse·

 

moneda

 (Foto: El esquema de las transiciones históricas fundamentales, en un entorno de varias décadas, entre las fases solve y coagula).

 

Trump es un insider. Un tipo colocado por las élites para hacer un determinado trabajo. Un trabajo sucio. La clave para comprender todo esto pasa por leer los símbolos, comprender que es un insider disfrazado de outsider. Todo es un juego de realidad y de ficción, de enmascaramiento. Solo desde esta dimensión escénica se puede llegar a algo parecido a la verdad. La mentira es el barniz que envuelve siempre la verdad.

Pero también hay que entender que el trabajo que le ha tocado hacer a Trump es de largo alcance. No vamos a entender el trumpismo a corto plazo, porque es un fenómeno que está operando a dos plazos. Y todo esto como mejor se puede entender es con las nociones de solve y coagula.

Nosotros tenemos tendencia a hablar de todo a la vez. Porque solo así se pueden comprender nuestros tiempos. Y para comprender la Era Trump conviene recurrir a los términos solve y coagula.

Solve es la disolución y coagula la coagulación. Solve es la liquiduificación de lo sólido y coagula la solidificación de lo líquido.

Solve y coagula nos permiten hablar de todo al mismo tiempo, de tendencias que se dan a distintas escalas, en distintos ámbitos, que se superponen. Desde la geopolítica a la política, desde la economía “real” a la finanzas (que también son reales), desde la ideologías a la elección de género, desde la geoingeniería a la ingeniería genética.

En resumen, las élites tienden a promover el solve, esto es, la globalización, el neoliberalismo, el dinero fiduciario, los tratados de libre comercio, el multiculturalismo, la homosexualidad, el transgenerismo, el animalismo, el individualismo, la amoralidad, la paranoia, el smartphone. Y un pensamiento demasiado lineal nos llevaría a pensar que el coagula se opone a esta tendencia, esto es, el nacionalismo, el patriotismo, el regionalismo, el proteccionismo, el dinero metálico, la familia, la heterosexualidad, la moral tradicional, los toros, la siesta, el piropo.

Lo importante es entender que las cosas no son tan simples. Que el solve y el coagula son dos tendencias, dos fases, pero ambas pueden ser utilizadas tanto por los poderosos como por los pueblos. Y a distintas escalas, en distintos plazos, en distintos lugares, con diferentes relaciones recíprocas.

Lo importante es entender que hemos entrado en una nueva fase, en una nueva tendencia general, según la cual las élites globalistas van a recurrir mayormente al coagula. Que están dando un giro a la tendencia de las últimas seis décadas, en la que han promovido, en términos generales, el solve. Esta fase de disolución, que se inició tras la Segunda Guerra Mundial, ha tocado fin con la investidura de Donald Trump el pasado 20 de enero, fecha de la violación y sacrificio de Santa Inés.

Pero insistimos en que no hay que entender estos términos de manera demasiado lineal. El solve y el coagula están todo el tiempo conviviendo, solo que se van alternando espacial y temporalmente, en el marco de la agenda de dominación global. Un buen ejemplo de esto es Cubá, un fenómeno de coagula promovido por las élites disolventes atlantistas, más allá de las apariencias, precisamente para que actuase como contrapunto al solve. Y no parece una casualidad que, ahora que entramos en la fase coagulante a nivel global, la coagulación cubana deje de tener sentido. Creemos que a Fidel le han dado la puntilla antes intencionadamente, exáctamente en el 60 aniversario de la salida del Granma de la costa mexicana.

De la misma manera que los terrorismos nacionales se disuelven, en el momento que interesa fabricar el terrorismo global. Ambos son también fenómenos de coagulación, a distintas escalas, promovidos por los que se declaran disolventes.

Los dos acontecimientos centrales de este cambio de fase son el referéndum del BREXIT y la llegada al poder de Donald Trump. En ambos casos estamos viendo una estrategia similar. Son fenómenos escenificados en los medios de masas como si fuesen anti-sistema, como anti-establisment, como fenómenos que desafían al poder establecido. También en los medios alternativos, que están cayendo en la “trampa” Trump, arrastrados por desinformadores disfrazados de revolucionarios como Alex Jones o Max Kaiser.

Pero aquí es donde hay que introducir el matiz fundamental. El trumpismo, el brexitismo y el resto de fenómenos que van a arrastrar, no son movimientos anti-sistema, anti-establisment o anti-globalización. Solo lo parecen.

Y esta apariencia consiste en que son movimientos anti-solve y pro-coagula. Pero solo se oponen a la tendencia, al poder, de manera cortoplacista. Solo desafían al gran poder de manera aparente. Y todo esto se puede comprender muy bien, de nuevo, con las nociones de solve y de coagula, y con el esquema que proponemos (véase la imagen inicial).

Las tendencias históricas no son lineales. Podemos decir que conforman algo parecido a un bucle. Avanzan de manera más o menos lineal, pero solo durante el solve. Y en un momento determinado se dan la vuelta y caminan aparentemente hacia atrás, se hacen regresivas, retornan a tendencias anteriores. Vuelven al coagula, en la medida en que se agota la fasesolve. Pero solo por un cierto tiempo, al final del cual vuelven a cerrarse una vez más en forma de bucle, de loop, vuelven a la tendencia inicial, al solve. En total, por esquematizarlo de alguna manera, giran 360 grados.

Todo esto se da tanto en el tiempo como en el espacio. Ya hemos visto que Cuba o Corea del Norte o el terrorismo, son fenómenos de coagula, que el propio sistema disolvente promueve y controla, para producir el grado de tensión que necesita, para escenificar los papeles de los “buenos” y los “malos”. Y que estos fenómenos son coagulantes, sobre todo espacialmente, con respecto a un contexto general disolvente. Pues bien, lo mismo sucede en la dimensión temporal, que es de la que nos estamos ocupando sobre todo en este artículo. Pues lo que vivimos hoy es un cambio de fase global, sobre todo a nivel temporal, que se solapa en todo caso con otras distinciones de tipo espacial.

Hoy estamos en el inicio de la fase coagula. Las élites globalistas saben esto muy bien, porque al máximo nivel son iniciados en ciencias ocultas, mistéricas, alquímicas. Mientras que los profanos somos adoctrinados en las formas de conocimiento oficiales, las que nos convierten en meros ejecutores inconscientes. Lo saben muy bien y están jugando con ello, porque la mayoría del público no lo percibe. Están escenificando a los que promueven el coagula como anti-sistema, como anti-globalización. Pero lo que son es marionetas, más o menos conscientes, de una gran transición histórica de medio-largo plazo. Idiotas útiles.

El solve es irremediable. La cuestión no es si se producirá, sino cuándo y cómo. La tendencia al solve que se inició tras la Segunda Guerra Mundial simplemente ha perdido fuelle. Pero a medio-largo plazo lo recuperará, y se iniciará una nueva fase de solve.

Las cosas no son tan simples como que el coagula se opone al solve. Esta es una visión demasiado lineal, demasiado simplista, demasiado cortoplacista. La que están promoviendo los medios de manipulación de masas. Pero también están cayendo en ella muchos analistas en el ámbito alternativo.

De hecho el coagula alimenta al solve. Y en última instancia lo promueve. Lo que no mata engorda. Las élites globalistas vienen desarrollado un sistema demasiado sofisticado, desde hace milenios, desde Babilonia y Egipto por lo menos, para controlar que lo que se opone a su agenda no las mate, sino que las engorde. Trump ha jurado su cargo frente al Falo-obelisco egipcio. Por eso el BREXIT, Trump y el resto de fenómenos que estamos viendo y que vamos a seguir viendo los próximos años, a la larga, beneficiarán a las élites globalistasdisolventes.

Todo esto está asociado a la mecánica sacrificial, que es la que está en el fondo de todo. Solo se puede crear si al mismo tiempo se destruye. La destrucción alimenta la creación. La muerte alimenta la vida. Cuando las tendencias se agotan, es porque les ha llegado la hora de morir, porque es el tiempo de la destrucción. Porque solo así se puede iniciar otra fase de creación. Y todo esto está pasando permanentemente a todas las escalas. La cultura simplemente juega con los plazos, los adelanta y los atrasa, canaliza los fenómenos aquí o allá, pero no deja de ser una segunda naturaleza en la que se comple esta mecánica fundamental. Según la cual, la muerte no se opone simplemente a la vida, sino que la alimenta. La vida devora muerte.

La nociones de solve y coagula que estamos manejando están vinculadas a las de destrucción y creación, muerte y vida. Insistimos, no es que simplemente se alternen, sino que de hecho una alimenta a la otra. Y en este caso, el coagula alimenta al solve, simplemente porque el solve es la tendencia dominante desde hace milenios.

A menor escala, la fase de solve que vivimos, sobre todo en Occidente, desde hace décadas, ha perdido vitalidad, energía, fuerza. A todos los niveles. La creación de dinero ficticio, la producción de espectáculo, la de conocimiento artificioso, la amoralización y desintegración de las sociedades. Todo esto se ha llevado tan lejos que ya no puede seguir avanzando. La tendencia al solve ya no cuenta con la energía que la ha impulsado desde hace décadas. Y solo puede obtenerla consumiendo los recursos del propio sistema. Canibalísticamente.

Es verdad que podríamos estar equivocados. Que podríamos estar ante un cambio de fase, no solo transitorio, sino más importante, en el que el coagula se hiciese dominante. Una nueva Edad Media. Pero todo apunta a que no es así. A que el coagula es solo una fase temporal para realimentar al solve. Aunque hablemos de décadas.

Lo que estamos intentando mostrar es que hay una relación muy estrecha entre el coagula y la destrucción. La destrucción puede producirse también por disolución. Pero en el contexto actual, precisamente porque la coagulación se opone a la tendencia dominante disolvente, la primera es llevada al extremo hasta convertirse en destrucción, como estrategia de realimentación material y energética de la otra. Triangulación de coagulaciones para que estas se autodestruyan y no adquieran suficiente entidad como para amenazar el orden global disolvente. Esta es la clave. El famoso adagio “divide y vencerás” se puede también entender como “coagula y vencerás”.

En la Segunda Guerra Mundial lo vimos en la manera cómo los atlantistas se las arreglaron para enfrentar a distintas masas coagulantes, sobre todo Rusia y Alemania. Y en el futuro vamos a ver escenarios parecidos, allí donde se generen coágulos.

Hay que insistir en que estas tendencias al solve y al coagula se dan al mismo tiempo a distintas escalas, en distintos ámbitos, a distintas velocidades. No todos los fenómenos de coagula le interesan al poder. Solo aquellos que le permiten canalizar adecuadamente las fuerzas opositoras y destructivas, utilizarlas para alimentar nuevas tendencias de solve. Por eso es importante que los movimientos coagulantes estén pilotados, controlados, infiltrados. Las agencias de inteligencia reinan.

Todo esto está, además, inscrito en una mecánica de producción ideológica, moral, de creencia. La estrategia es siempre la misma, la puesta en la escena del poder de dos personajes a los que se asigna los roles de “bueno” y “malo”. De esta manera se busca la identificación del público con uno u otro, y así se da forma a las sociedades. En esto se basa la ingeniería social. Que no es solo producción y reproducción de las sociedades, sino también de las ideas, de las creencias, de los valores que las conforman. Pero estos roles de “buenos” y “malos” son dinámicos, se juega con ellos. Porque articulan la catarsis y la anarsis social, que son centrales sobre todo en las épocas de crisis.

En este sentido hay que entender también el retorno a la fase coagula. El discurso dominante raramente llegará a entender estas sutilezas. Simplemente dicen lo que toca decir. Menos aún el público común. Las élites lo saben. De ahí que desde un principio polarizen ambas tendencias y asocien el bien al solve y el mal al coagula. Todos los movimientos de coagula son designados como “malos” por el discurso dominante, en oposición a la tendencia general al solve, que es considerada la “buena”. Pero esto a la escala general. A la escala local o a la transitoria puede interesar invertir esta lógica para fomentar las coagulaciones, las oposiciones, los conflictos.

Así, lo que las élites no nos cuentan es que muchos de estos movimientos de coagula, aparentemente “malos”, están en realidad jugando, a medio-largo plazo, a favor de las tendencias de solve, de los “buenos”. Es el caso de Trump.

Para esto hay que entender que el bien y el mal no son simétricos. Que el poder, en última instancia, solo puede crear el bien a través del mal. Los coaguladores, los “malos”, le van a servir a los disolventes, los “buenos”, para hacer todo aquello que en condiciones normales no se puede hacer. Van a hacer el trabajo sucio.

Y todo esto, insistimos, es también una mecánica de producción y reproducción social, de divinización y demonización, de destrucción y de creación de ideas, moral, valores, etc.

Así hay que entender cómo los medios de masas están vinculando simbólicamente a los distintos actores: jefes de Estado, líderes políticos. Y de distintas naciones, porque todo esto es un juego global. Pero también a estos con todo el espectro de “actores” de la “escena” internacional: famosos, medios de comunicación, activistas, whistleblowers, etc. Porque también está en juego el final de la política clásica, la repolitización de acuerdo a toda una serie de nuevos códigos y valores.

Por eso Marine Le Pen visitó recientemente la Torre Trump. Aunque los publicistas atlantistas decidieron mantener un perfil bajo y evitaron la foto de ambos juntos. Pero sí quisieron que la imagen de la nacionalista francesa apareciese en la Torre, rodeada de los mármoles dioclecianos. (La fotografía la proporcionó el equipo de transición a la Casa Blanca de Trump. https://mundo.sputniknews.com/politica/201701161066244460-francia-eeuu-lepen-trump-politica/, http://www.elmundo.es/internacional/2017/01/12/5877b0be46163f3b508b4649.html).

Como ya estamos viendo, el trumpismo y el brexitismo están ahí para liderar el resto de exitismos. Pero en esto, como en todo, hay grados. El franxitismo tiene más papeletas para salir más perjudicado de todo esto que el trumpismo, o por lo menos antes. De ahí la cautela de los maquilladores de Trump. El trumpismo y el brexitismo deben arrastrar otros coagulismos, pero no al contrario. Porque al fin y al cabo, lo de menos son los contenidos y lo de más las estructuras y las relaciones de poder que estas conforman. El medio es el mensaje.

Por eso, también, se hacen una foto juntos Donald Trump y Kanye West, después de que este montase un espectáculo supuestamente anti-sistema y que le volviesen a internar en un psiquiátrico para reforzar su programación MK Ultra. El antisistemismo, como el coagulismo, casi siempre le vienen bien al poder disolvente. Y si se pasan un poco de la raya, pues electroshocks, implantes, drogas y reprogramación (http://vigilantcitizen.com/latestnews/nicole-kidmans-reported-bizarre-behavior-mass-media-destroys-dare-not-follow-agenda/).

Los movimientos de coagula están ahí para canalizar convenientemente las fuerzas de oposición al sistema. Que en su caso se llevarán al límite de la confrontación, de la guerra, como recuperación material y energética, para alimentar de nuevo el movimiento general de solve.

Así es como hay que entender las últimas dos décadas. El 11 de septiembre de 2001 fue el comienzo del fin de la fase solve. Las palabras de Bush tras los atentados de bandera falsa —”o estás con nosotros o estás con los terroristas”— fue muy expresiva de que se acercaba la coagulación. Terminaba la fase de disolución, en la que todos eramos “nosotros”, y ahora había tambien un enemigo, una coagulación. Pero una coagulación promovida por los disolventes, para conseguir distintos objetivos a distintas escalas.

Como decimos, estos procesos se dan a distintos niveles y en distintos ámbitos. Así, en paralelo, desde 1989 vivimos una fase de solve. Pero que no podía llegar muy lejos porque al sistema disolvente ya le faltaba fuelle. Duró hasta hace dos o tres años, en que se afirmó la oposición de Rusia al poder atlantista.

Después, la crisis de 2007-2008 puso de manifiesto que la fase de solve tocaba a su fin. Pero hasta ahora todo lo que se ha hecho es crear más dinero ficticio para tapar los agujeros. Esto es, agotar los últimos cartuchos de la fase solve. Con el BREXIT y con Trump se cierra definitivamente la fase solve, la fase creativa de la crisis, y entramos en su fase destructiva. En la Tercera Guerra Mundial, más o menos declarada.

Hay que insistir en que toda esta mecánica está operando a distintos niveles, en distintos ámbitos, en lo espacial y en lo temporal. Se están dando en paralelo tendencias contradictorias, que a su vez se alimentan unas a otras. El periodo en el que entramos hay que entenderlo así. Se van a dar fenómenos de diverso tipo, a distintas escalas, contradictorios, que la mayoría no va a comprender. Sobre todo por que, como decimos, muchos de ellos están caracterizados por este cambio de fase, y en última instancia por la subordinación del coagula al solve.

Uno de los analistas que mejor está comprendiendo todo esto es Brandon Smith, de la web Alt-Market.com. Smith dice que “la economía hoy consiste en psicología de masas”. Porque la principal mercancía es el humano y la principal producción es conformar al humano a través de sus ideas, de sus comportamientos, de su moral. Hollycapitalismo.

Smith sabe muy bien que todo lo que han hecho hasta ahora para resolver la crisis ha sido posponerla. Básicamene creando dinero a intereses muy bajos. También sabe que “ahora, su estrategia está cambiando”. El mismo cambio de fase del que venimos hablando lo ha detectado muy bien este economista. En toda su complejidad y a sus distintas escalas.

Afirma que la burbuja de derivados, que está en la base de la crisis del 2007-2008, fue la excusa perfecta para seguir inflando la burbuja de dinero-deuda. Y con ello “poner en riesgo el dólar, junto al conjunto de la economía estadounidense”. Smith sugiere que todo esto forma parte de una estrategia muy intencionada por parte de las élites, para producir un “gran evento”:

“El colapso inicial fue diseñado para alimentar un evento aún mayor. […] El propósito de este evento final será generar tanto caos y desesperación que el público será forzado a aceptar soluciones extraordinarias. Los globalistas estarán preparados para estas soluciones, incluyendo las que han esbozado abiertamente desde hace décadas en publicaciones como TheEconomist.

¿La jugada final? Crear una autoridad monetaria y económica única bajo el control del Fondo Monetario Internacional, y la instauración de una moneda global única mediante los Derechos Especiales de Giro del FMI, como «puente» para vincular las divisas nacionales a una tasa de cambio armonizada, hasta que estas sean eventualmente inútiles, intercambiables y reemplazables”, (http://www.alt-market.com/articles/3102-the-false-economic-recovery-narrative-will-die-in-2017).

Esta cita nos muestra que no hay que entender las nociones de solve y coagula de manera demasiado lineal. Si la tendencia al solve es la dominante en el globalismo contemporáneo, es porque lo que se disuelve a un nivel inferior se coagula al mismo tiempo a un nivel superior. Se trata de disolver las estructuras tradicionales para coagularlas mediante los mecanismos mercantiles y monetarios, tecnológicos, mediáticos, informacionales, a un nivel superior. Y de todas estas estructuras superiores sabemos que la fundamental es el sistema monetario. Porque todo finalmente cuelga de la cadena del valor de cambio. El valor de cambio capitalista es el que da nombre, por el momento, a todas las mercancías, en el lenguaje universal del capital global. Es el código por excelencia.

Pero esto también tocará a su fin en la sociedad transhumanista del futuro, en la que la Inteligencia Artificial nos pensará. Hierogamia de Isis-Inteligencia Artificial con el Osiris-Humano sacrificado. Toda la agenda transhumanista es un inmenso culto necrofílico. Y entonces el código madre dejará de ser el valor de cambio y será el ADN controlado digitalmente.

Lo que estamos viviendo hoy se parece al mundo de entreguerras. 2017, con la llegada de Trump al poder, recuerda 1933, con la de Hitler. La misma fase de coagulación la vimos en los años 30 del siglo XX. Esta llevó a la Segunda Guerra Mundial, hasta que se alcanzó el acuerdo de Bretton Woods en 1944. Esta coagulación destructiva alimentó toda la posguerra disolvente que hoy toca a su fin. 2017 equivale a 1933.

A continuación veremos una Tercera Guerra Mundial no declarada, que para muchos ya ha empezado, que se irá haciendo más patente a medida que el coagula alcance la cresta de la ola. Hasta llegar a la instauración de una moneda única global, al final de la coagulación.

Todos los fenómenos de coagulación que estamos viendo y que vamos a seguir viendo en los próximos años están ahí —son en parte auténticos y en parte fabricados— para polarizar el espectro de posiciones en todos los ámbitos. El control que los globalistas ejercen hoy sobre los medios de masas, sobre las redes sociales, sobre la industria del espectáculo, sobre el pensamiento dominante en general, les permite controlar suficientemente la mayoría de los movimientos de oposición, de forma tal que estas energías sean canalizadas y recuperadas para sus fines. El lavado de cerebro hoy es tan total que los despiertos siempre serán minoría y no amenazarán al sistema.

Brandon Smith sigue dándonos claves para entender el presente. Los movimientos coagulantes aparecen en escena en el momento en que la crisis disolutiva, creativa de dinero ficticio, de propaganda, de teorías burbuja, toca a su fin. Entonces solo cabe caer en la fase coagulante, que en los casos límite es también destructiva. En este sentido decimos que el coagula alimenta al solve. Porque la disolución o desintegración de las sociedades, llevada al extremo, recae en coagulación. Porque el coagula y el solve son en definitiva catábasis y anábasis. Por eso sacaron a Trump en la escalera mecánica, descendiendo a los Infiernos.

Y todo esto opera, como decíamos, al mismo tiempo como producción de ideología, de moral, de culpa, como catarsis y anarsis. Otra de las claves, nos dice Smith, es que “[l]os globalistas necesitan un chivo expiatorio”. Este chivo expiatorio van a ser los movimientos coagulantes.

Por eso desde ya nos dicen que Trump, el Brexit, Le Pen y cualquier otro movimiento de coagulación, resultarán una catástrofe. Pero lo que no nos dicen es que la catástrofe está ya ahí y que solo están esperando a que los coaguladores asuman el poder, para cargarles el muerto. Para desenchufar la máquina de imprimir dinero. Para poner a trabajar las distintas máquinas de producción de ficción, desde el cambio climático y la teoría de género.

El público general cree que vivimos en Estados de derecho, que los cargos electos tienen aún capacidad de tomar decisiones soberanas. Pero esto está muy lejos de la realidad en la mayoría de los Estados-ficción. Esta creencia le es muy útil al poder real en la sombra, para lo que decíamos, para producir esta catarsis, para utilizar todo lo que huela a coagula como chivo expiatorio. Leamos más de Brandon Smith:

“… los globalistas vienen planeando permitir que movimientos conservadores y soberanistas tomen el poder, dejar que se produzcan el proceso del BREXIT y el auge de Trump, justo antes de que cierren el grifo del soporte vital del sistema.

[…] El auge de movimientos conservadores prepara el terreno para el colapso final y el gran reseteo del FMI, momento en el que los activistas, conservadores y soberanistas serán culpabilizados —existan evidencias o no de esta culpabilidad— por el crash que los globalistas han puesto en marcha desde hace dos décadas.

Y cuando la tormenta haya pasado, el argumento será que el mundo iba «en la buena dirección» antes del BREXIT, antes de Trump y antes del populismo. El argumento será que el globalismo estaba funcionando y los conservadores la cagaron con sus empeños nacionalistas egoístas. Tras el crash final, y quizás numerosas muertes a causa de la pobreza y la violencia, el argumento será que la única solución concebible debe ser la vuelta al globalismo en su forma extrema. O a una centralización global y total, de manera que esta tragedia no se vuelva a producir.”

Así hay que interpretar cómo el FMI está ya alertando sobre los efectos “destructivos” que tendrán las medidas proteccionistas. Pretenden asociar simbólicamente coagula y “destrucción”, para así promover, a largo plazo, el solve. Para cargarle el muerto del caos y la destrucción a los coagulantes (http://www.eleconomista.es/economia/noticias/8088034/01/17/El-FMI-ve-posible-una-guerra-comercial-tras-llegar-Trump.html).

Brillante Brando Smith. Coincidimos al 99% con él. Nuestra posición es en esencia la misma. Lo que hacemos es proponer las nociones de solve y coagula y mostrar que estas operan en el marco de una misma mecánica. También, subrayamos la importancia de la canalización de los movimientos de oposición, eventualmente destructores. Y ponemos el foco en cómo todo esto es parte de una mecánica de creación, no solo de estructuras productivas, económicas, financieras, sino también ideológicas, morales, de valores.

En paralelo a todo esto vivimos un proceso de despolitización con respecto a lo que era la política tradicional. Y de repolitización de acuerdo a toda una serie de cuestiones, tales como el comportamiento, la familia, el género, el ecologismo, el animalismo, la comida orgánica, el culto al cuerpo, etc. Todo esto vuelve a estar en el foco del poder de una manera muy marcada, como ocurría en culturas más religiosas que la capitalista. Por eso para nosotros se trata de un fenómeno distinguible que denominamos hollycapitalismo.

Pues bien, toda esta mecánica de culpabilización de los movimientos coagulantes está ahí para intensificar este proceso de repolitización de las masas hacia asuntos menos estructurales. Pero menos estructurales solo aparentemente, en la medida en que la agenda transhumanista hace cada vez más del humano el objeto por excelencia, de la producción del humano la producción por excelencia. En este sentido el transhumanismo es indisociable del hollycapitalismo, en el que el centro de la política y la economía es el objeto-humano.

No es una casualidad que Donald Trump esté jugando el papel que está jugando. Representa la economía clásica, el self-mademan, el sueño americano, los valores tradicionales, el machismo, el nacionalismo, el racismo, el WASP. Pero todo esto durará poco. A corto-medio plazo Trump va a servir para canalizar a distintos sectores anti-sistema, anti-globalización. A largo plazo Trump disfrutará de una jubilación de oro en la Patagonia, como Hitler. Youknowwhat I mean?

Con todo esto le darán la puntilla simbólicamente al viejo capitalismo, para que el hollycapitalismo.com surja milagrosamente de sus cenizas.

Trump es un actor en un escenario, pero un actor perfecto, porque se está interpretando a sí mismo. Como dice El Robot Pescador, Trump es en sí mismo más actor que los actores que pretenden imitarlo. Todo esto las élites lo saben muy bien, y por eso lo han colocado en la escena, para hacer su propio papel (https://elrobotpescador.com/2017/01/19/confesion-publica-a-quien-sirve-el-robot-pescador-y-por-que-hablamos-tanto-de-trump/#more-16313).

No es una casualidad que en la campaña electoral colocasen en el escenario a un Trump machista, tratando despectivamente a las mujeres, a los negros, a los hispanos. Y a una Hillary feminista —y según algunos, lesbiana— y multiculturalista. Tampoco es una casualidad que Obama sea un modelo de metrosexualismo, que su mujer sea un marimacho, que sea mulato. Todo forma parte de una película en la que los actores principales son coagulantes o disolventes.

Todo lo que decimos explica por qué muchos medios, tanto generalistas como alternativos, nos hablan de supuestas medidas del establishment contra Trump: impeachments, golpes de Estado, magnicidios. Todo esto es parte de la construcción del personaje. Trump cuenta con apoyos al más alto nivel que no van a permitir que sectores descontentos se lo quiten de en medio. Y si lo hacen será para pasar a mayores (http://www.independent.co.uk/news/world/americas/donald-trump-impeachment-impeached-highly-likely-us-president-elect-inauguration-us-congress-illegal-a7525761.html).

A lo largo de la campaña, y hasta la investidura, los globalistas han empujado los dos platillos de la balanza a su favor. Pero siempre de manera que Trump siga interpretando su papel de anti-establishment. Llegado el momento le cargarán el muerto del “gran evento” que pronostica Smith. Y entonces la balanza se inclinará del otro lado y todos estos movimientos de coagula serán demonizados.

Pero antes que con Trump lo harán con las Le Pen de turno. Todo esto lo vamos a ver en paralelo a nivel global. Unos movimientos van a ir alimentando a otros. Ya estamos viendo estos duetos, con los que se intenta vincular simbólicamente a unos y otros actores. Pero con el trumpismo y el brexitismo liderando. Por eso se han adelantado.

Todo el espectáculo de las supuestas injerencias de Rusia en las elecciones estadounidenses hay que interpretarlo así. Y veremos más de lo mismo. El Vicepresidente estadounidense saliente JoeBiden dice:

“Con muchos países en Europa celebrando elecciones este año [Francia, Holanda y Alemania], deberíamos esperar nuevos intentos de Rusia de influir en los procesos democráticos.”

Traducido: solve = democracia; coagula = dictadura. Por eso dicen que Putin amenaza el “proyecto europeo”. Por eso han fabricado la influencia de Putin en la elecciones estadounidenses, para asociarlo a Trump. Con un despliegue de medios apabullante. Todas las agencias de inteligencia al unísono. Como cuando llegan todos los coches de policía al final de las películas hollywoodenses, y derrapan, para salir en la cámara de lado. La geopolítica es un serial televisivo (http://internacional.elpais.com/internacional/2017/01/18/actualidad/1484743561_751828.html).

Todo lo que estamos viendo hoy en los medios de masas se puede interpretar como decimos. Nos dicen que George Soros perdió 1.000 millones de dólares con la “inesperada” victoria de Trump. Pero no creemos que, a este nivel, es decir, en la estratosfera, haya sigo tan “inesperada”. Esto es también parte de la escenificación que quiere retratar a Trump como un anti-establishment.

Estoy seguro de que Soros, como el resto de las élites a las que representa, va a ganar mucho más de 1.000 millones con Trump. Pero a medio-largo plazo. Esta gente no trabaja por dinero sino por poder. Y por poder a medio-largo plazo (https://actualidad.rt.com/actualidad/228356-soros-pierde-1000-millones-dolares).

Lo mismo con las farmacéuticas. Una vez que se comprende la mecánica profunda, toda una serie de noticias con las que nos están bombardeando hoy pueden ser interpretadas de manera similar (https://actualidad.rt.com/actualidad/228356-soros-pierde-1000-millones-dolares).

Desde el 2001, por lo menos, estamos viviendo una Tercer Guerra Mundial no declarada. Occidente y Rusia están luchando de facto en Oriente Medio, si tenemos en cuenta que el terrorismo yihadista es un ejército proxy occidental.

Con Trump creemos que también va a haber una intensificación de los conflictos mundiales, que estos van a ser más explícitos, más declarados, implicando a ejércitos regulares. Y en paralelo a revueltas/guerras civiles en Occidente y en China. El factor civil en China es clave, y Occidente utilizará la guerra de cuarta generación para provocarlo.

En otras palabras, veremos más guerras convencionales, pero puntuando una Tercera Guerra Mundial generalizada de cuarta y quinta generación en la que venimos entrando progresivamente desde el 2001.

Lo que hay que entender es que la estructura productiva, económica y financiera, está mucho más globalizada de lo que lo estaba antes de las dos Guerras Mundiales. Esto supone que la Tercera Guerra Mundial no se parezca en nada a estas. Está siendo ya sobre todo una guerra de cuarta y quinta generación, en forma de austeridad, crisis de deuda, terrorismo, atentados de bandera falsa, guerra sísmica y climática, guerra de geoingeniería/electromágnetica/psicotrónica, guerra de ingeniería social, genética, epidemiológica, biológica, química, guerra mediática y psicológica, etc. Es la persecución total del proyecto demente transhumano contra el humano.

Si Trump dice que la OTAN está obsoleta, si las élites pretenden transformar el modelo de defensa europeo, es porque no contemplan un tipo de enfrentamiento clásico entre bloques, sino un reforzamiento de los vínculos globales entre las tres grandes potencias, al mismo tiempo que mayor flexibilidad para intervenir contra los focos de coagulación, los que se resisten a las tendencias disolventes.

La mayor farsa hoy, la que impide comprender lo que estamos viviendo, es el Estado-nación. Lo que estamos viendo es su disolución por arriba y su coagulación por abajo, como ha mostrado Pierre Hillard con otras palabras (http://www.lanacion.com.ar/1976208-para-donald-trump-la-otan-esta-obsoleta).

En este sentido hay que interpretar también el acercamiento que Trump anuncia con Rusia y los BRICS. Se está jugando a muchos niveles al mismo tiempo. EEUU, Rusia y China van, a la vez, a vincularse globalmente y a enfrentarse regionalmente, aunque esto suene paradójico. Solve y coagula, en este caso distribuidos a nivel espacial. Coagula que alimenta el solve. Podrá haber enfrentamientos puntuales entre las grandes potencias —Estados Unidos, Rusia y China— pero al mismo tiempo que se establezcan alianzas entre los grandes capitales, que avancen en la globalización. Esto no nos lo están contando los bricsistas.

Es lo que estamos viendo ya en las conversaciones entre RexTillerson, el ex alto cargo de Exxon Mobil y futuro Secretario de Estado estadounidense, y la petrolera rusa Rosneff, que para Alfredo Jalife-Rahme supone también un cambio de paradigma (https://www.youtube.com/watch?v=05GpwIH6CPM&t=4s).

El caso de la disputa entre EEUU y China por las islas artificiales construidas en el Mar de la China Meridional está ahí más para hacer ruido que para desencadenar un conflicto frontal entre las dos potencias. Incluso aunque el conflicto se desencadenase, creemos que no afectaría enormemente a los lazos entre las dos potencias, que son en buena medida irreversibles.

Se trata siempre de una mecánica sacrificial. Lo estamos viendo ya con banderas falsas como Fukushima. El sistema necesita autodestruirse en parte para regenerarse (http://lta.reuters.com/article/worldNews/idLTAKBN14W12J).

El orden unipolar atlantista-sionista y el orden multipolar de los BRICS tendrán sus más y sus menos. Pero en lo esencial, los más poderosos de estos bloques sabrán llegar a acuerdos que beneficien a todos y perjudiquen, como siempre, a los que no están en la sala de reuniones: potencias y corporaciones menores, y por supuesto los pueblos.

Por eso, como dice Pepe Escobar, una de las claves de los atlantistas es “romper el frente euroasiático (Rusia-China-Irán) que constituye la «amenaza» real a… el «orden mundial establecido»”.

Este es uno de los focos de conflictos regionales que podríamos ver en los próximos años, que no son en rigor guerras entre potencias o bloques de potencias, sino entre distintos modelos de globalización. Y en última instancia entre el solve y el coagula. Todo esto a su vez fracturará aún más la cohesión de los Estados. Aquí está otra de las claves.

En resumen, vamos a ver conflictos regionales y locales, pero que beneficien a las grandes potencias, y dentro de estas a los grandes capitales. Y al mismo tiempo vamos a ver, pero sin hacer mucho ruido, la profundización de los vínculos globales.

Las diferencias entre un orden unipolar y un orden multipolar, de las que tanto se habla en los medios alternativos, en realidad no son tan importantes. Lo que hoy es crucial es cómo las tres potencias —EEUU, Rusia y China— libran una guerra no declarada contra sus pueblos. La guerra más importante que hoy padecemos es una de cuarta y quinta generación, de todas las élites, atlantistas y multipolares, occidentales, rusas o chinas, contra los pueblos, abierta en cien frentes diferentes. Putin es tan malo como Trump, y el chino ni te cuento.

En el mismo artículo Escobar cita a Henry Kissinger:

“El interés a largo plazo de ambos países [Estados Unidos y Rusia] apunta a un mundo que transforma las turbulencias y flujos actuales en un nuevo equilibrio, que es cada vez más multipolar y globalizado… Rusia debería ser vista como un elemento esencial de cualquier equilibrio global, y no tanto como una amenaza a Estados Unidos.”

El pope Kissinger lo dice claro: “multipolar y globalizado”; no multipolar o global (http://www.atimes.com/article/trump-kissinger-ma-playing-crowded-chessboard/).

El mismo RexTillerson ya ha anunciado la intensificación de la guerra en Yemen (https://theintercept.com/2017/01/12/rex-tillerson-wants-to-provide-saudi-arabia-with-more-help-to-bomb-yemen/).

En este sentido hay que interpretar otras noticias que adelantan lo que va a ser la Era Trump. Nos dicen que quiere aplicar un impuesto a las importaciones de coches alemanes, como BMW, Daimler o Volkswagen. Y nos lo venden como una medida proteccionista, en el sentido más político y más ideológico. Pero se trata en realidad de una forma de guerra comercial que pretende debilitar a Alemania, como potencia suficientemente fuerte para desafiar el orden global. Claro que, de cara a la galería, servirá para retratar a Trump como un nacionalista y un proteccionista. Al mismo tiempo que promueve la globalización multipolar y machaca a potencias a las que hay que mantener a raya como Alemania. Ya hemos visto las operaciones Volkswagen y Samsung (http://www.elfinanciero.com.mx/empresas/trump-amenaza-a-automotrices-alemanas-con-impuesto-de-importacion-del-35.html).

La prueba de que estamos ante un proteccionismo de galería nos la da la reunión de Trump con Jack Ma, el fundador de Alibaba, el “Amazon chino”. Insistimos, lo que está en juego detrás de la escena es reforzar los lazos globalistas. Estados Unidos y China podrán incluso llegar a las manos en las islas de la China Meridional, pero esto no impedirá que los vínculos globalistas sigan avanzando. Y al mismo tiempo permitirá seguir escenificando ante los medios la ficción de los Estados-nación, mientras sea necesario (http://www.infobae.com/america/eeuu/2017/01/10/donald-trump-se-reunio-con-el-fundador-de-alibaba-jack-ma-para-discutir-el-apoyo-a-un-millon-de-pequenas-empresas-de-eeuu/).

En todo este proceso, algunos de los que van a pasarlo mal son los restos de Estados-nación occidentales. Pocos han comprendido que las revoluciones masónicas y los Estados estaban ahí para generar masas críticas, que a su vez hiciesen posible proseguir el proyecto imperialista y colonialista. Pero ahora le toca también a los Estados desaparecer, para dar paso a estructuras globalistas formales, que no harán más que hacer de derecho lo que ya opera de hecho. Y como la mayoría de los derechos, se impondrá por la fuerza.

El trumpismo y el brexitismo son fenómenos gemelos. No es una casualidad que se hayan adelantado al resto de exitismos que veremos en los próximos años. Lo han hecho para llevar la voz cantante.

Reino Unido se beneficiará del BREXIT. Pero de hecho siempre ha disfrutado de una cierta excepcionalidad, de la insularidad que caracteriza a todo lo británico. Ha sido el gran imperio mundial antes del estadounidense, y de hecho todavía es difícil distinguir a ambos. Reino Unido es la bisagra que va a articular la transición hegemónica que estamos viviendo hoy, desde la City, la inteligencia y las logias. Que de hecho es la red atlantista-sionista: Washington-Nueva York-Londres-Bruselas-Tel Aviv.

El caso de Estados Unidos es diferente. Del país, no de Washington y Nueva York. El nuevo orden hegemónico que los globalistas quieren instaurar deberá acabar con Estados Unidos como potencia mundial. Y por lo tanto con todo lo que Trump representa. Aquí es donde está el gran engaño, la gran escenificación, la gran “trampa”, el gran “trampantojo”. Pero que al mismo tiempo tiene algo de realidad, en la medida en que de lo que se trata es de canalizar, mediante disidencia controlada, un país que se viene abajo. Los tercios de varas y de banderillas acaban de concluir y Trump entra a matar.

En suma, lo que vamos a ver son enfrentamientos puntuales, magnificados por los medios, de las tres grandes potencias, que permitan seguir explotando la ficción de la soberanía estatal. Enfrentamientos reales pero controlados. Pero al mismo tiempo estas tres potencias se pondrán de acuerdo en lo esencial para repartirse el resto del mundo, para canalizar las fuerzas destructivas hacia potencias menores, para sacrificar algunas piezas del tablero pero seguir jugando en una partida a tres. El escenario es más complejo que nunca, porque la verdadera guerra, la más crucial, es la de los globalistas de las tres potencias contra el Estado-nación. Y en paralelo contra la familia tradicional y la fertilidad natural.

La polarización más importante no será este y oeste, sino solve y coagula. Con las salvedades que hemos hecho. Es decir, los que promueven el solve se aprovecharán transitoriamente de los movimiento de coagulación, para canalizar las fuerzas destructivas, para recuperarlas para el proyecto disolvente global.

Esta polarización la vamos a ver a todos los niveles. En Estados Unidos y en Europa veremos movimientos separatistas, soberanistas, populistas, nacionalistas, etc., pero estos tenderán a estar controlados por los globalistas. Con el objetivo de que, a la larga, fracasen y sirvan como chivos expiatorios. Veremos dobles juegos en los que las élites apoyarán al mismo tiempo estos movimientos de tipo coagula, infiltrados y controlados desde dentro, y a la vez tendrán preparadas las alternativas de tipo solve, que será un globalismo de derecho, aparentemente amable pero en la práctica dictatorial.

Europa va a ser uno de los escenarios privilegiados de esta polarización. Porque es la cuna del mismo concepto de Estado-nación, desde Westfalia. Porque en ella se pueden dar fenómenos de especularidad, de indentificación entre distintos movimientos coagulantes. Porque son entornos suficientemente específicos para que puedan ser controlados y aislados del resto. Porque la estructura de la Unión Europea es ya suficientemente fuerte y autoritaria para imponerse a los pequeños Estados.

Como en la crisis de deuda griega, veremos escenarios de fuerte polarización, que sirvan de escarmiento al resto para que acepten la dictadura tecnocrática y financiera europea, que a su vez cuelga de la dictadura atlantista-sionista, y que a su vez es la dictadura global. Dictadura de coagulación al nivel superior.

Insistimos en que las élites se benefician del coagula tanto como del solve. Son simplemente dos fases diferentes. El problema es que la mayoría, después de años de adoctrinamiento, de lavado de cerebro y de guerra psicológica permanente, ha dejado de percibir estas obviedades. Y además el mundo es hoy muy complejo. Por eso conviene releer el Eclesiastés:

“Todo tiene su tiempo, y todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su hora. Tiempo de nacer, y tiempo de morir; tiempo de plantar, y tiempo de arrancar lo plantado; tiempo de matar, y tiempo de curar; tiempo de destruir, y tiempo de edificar; tiempo de llorar, y tiempo de reír; tiempo de endechar, y tiempo de bailar; tiempo de esparcir piedras, y tiempo de juntar piedras; tiempo de abrazar, y tiempo de abstenerse de abrazar; tiempo de buscar, y tiempo de perder; tiempo de guardar, y tiempo de desechar; tiempo de romper, y tiempo de coser; tiempo de callar, y tiempo de hablar; tiempo de amar, y tiempo de aborrecer; tiempo de guerra, y tiempo de paz” (3, 1-8).

Tiempo de solve y tiempo de coagula.

El coagula le va a servir a las élites para tomar las decisiones desagradables que forman parte de la agenda globalista y que no se pueden tomar en la fase solve. Por eso Trump es un aparente outsider. Por eso no es un político profesional. Por eso representa el viejo capitalismo. Porque parte de la estrategia es demonizar todo esto a largo plazo, y al mismo tiempo lavar la imagen de la política profesional y del nuevo capitalismo, que volverá después del huracán Trump, todavía con menos política y más vodevil, con menos soberanismo y más transismo, con más estupidez y más smart-life.

Que Trump está ahí para tomar las decisiones incómodas de los globalistas se anuncia ya en sus intenciones de trasladar la embajada de EEUU de Tel Aviv a Jerusalén (https://elmicrolector.org/2017/01/17/la-promesa-de-trump-que-puede-provocar-un-levantamiento-musulman-mundial/).

¡Que Dios nos pille confesa’os!

 

 

  • autor de “Sacrificios y hierogamias: La violencia y el goce en el escenario del poder (1 y 2)” (2016) y “El imperio de la ficción: Capitalismo y sacrificios hollywoodenses” (2015). Colabora en diversos medios alternativos como El Robot Pescador, El Espía Digital, Katehon, La Caja de Pandora y Csijuan.

 

NOTA:

Título original: LA TRAMPA TRUMP: LA FASE “COAGULA” QUE REALIMENTARÁ LA FASE “SOLVE”