El acto fallido más importante del año que terminó. Su autora era la flamante gobernadora de la provincia de Buenos Aires, María Eugenia Vidal

“CAMBIAMOS FUTURO POR PASADO….”

Por Mario Casalla *

La enfática afirmación formaba parte de una vibrante enumeración de hechos, que uno tras uno iba desplegando – en tono cada vez más alto y enfático- y que remataron en un rotundo acto fallido: “Cambiamos futuro por pasado…”. Inútil fue que rápidamente se rectificara e intentase volver a poner los términos en orden inverso (es decir: pasado-por-futuro) pero, como suele suceder en estos casos, fue peor: se puso nerviosa, se trabó y se notó más aún la incorrección que acaba de escapársele.

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Por Mario Casalla*
Punto Uno
07/01/2017

Su autora fue la flamante gobernadora de la provincia de Buenos Aires, María Eugenia Vidal, en un discurso al comienzo de su gestión.

La enfática afirmación formaba parte de una vibrante enumeración de hechos, que uno tras uno iba desplegando – en tono cada vez más alto y enfático- y que remataron en un rotundo acto fallido: “Cambiamos futuro por pasado…”.

Inútil fue que rápidamente se rectificara e intentase volver a poner los términos en orden inverso (es decir: pasado-por-futuro) pero, como suele suceder en estos casos, fue peor: se puso nerviosa, se trabó y se notó más aún la incorrección que acaba de escapársele.

Hubiera sido preferible no aclarar porque oscurece, pero ya era tarde y así la bien estudiada “pose Heidi” (en medio de los bravos varones bonaerenses!) dejó paso, por un instante, a otro rostro (menos amable quizás) que se insinuaba por debajo del de María Eugenia.

Había cometido lo que en Psicoanálisis se denomina un “acto fallido”, algo que por cierto nos pasa a casi todos pero que -en su situación- ese fallido tenía una dimensión política, que el correr de los meses terminó confirmando.

En efecto, al parecer es cierto que cambiamos, pero también lo es que ese cambio parece implicar más el regreso hacia algo ya conocido (que repite), que el ingreso en un futuro realmente novedoso.

Ambigüedad que suele traer casi siempre consigo este verbo tan especial: cambiar.

Para apreciarlo es necesario un poco de precisión técnica.

ACIERTOS Y NO FALLAS

Como dijimos se trata de un concepto propio de la teoría psicoanalítica, que Freud introduce en su obra “Psicología de la vida cotidiana” (1901) y que no hay que confundir –como suele hacerse- con simples errores, mezcla de palabras, olvidos o cosas por el estilo.

O mejor dicho es un poco de todo eso, pero leído de otra manera.

Los denominados Actos Fallidos (junto con los Sueños y sus Relatos) son algunas de las “vías regias de acceso al Inconsciente” que Freud celebraba haber encontrado, dejando así de lado la Hipnosis que le proponían Charcot y Breuer .

Por lo cual –en términos estrictamente psicoanalíticos- se trata de actos verdaderamente exitosos, donde el sujeto puede así ex-presar verdades de un orden más profundo (inconsciente) que el cotidiano y que también lo representan plenamente.

Dicho de manera muy general y para aquí entendernos: en los Fallidos afloran pensamientos o representaciones usualmente reprimidas e inconciliables con el orden usual del individuo, que de otras maneras permanecerían ocultas y por tanto agravarían su padecer.

Pero claro tales Fallidos que en el transcurso de un tratamiento analítico y debida-mente interpretado, ayudan a la curación del paciente, en la práctica política resultan cuasi letales: “dicen” aquello que precisamente no hay que decir o que es inoportuno se diga o se sepa, en aras de la carrera (o del cargo) en que la persona se encuentra inmersa.

Y claro, aquí verdad y política se bifurcan: lo que es bueno para una, es malo para la otra.

Cuando algo así ocurre y recurriendo a una gráfica expresión coloquial hablamos de “metida de pata”.

Y claro, María Eugenia Vidal la metió tan onda y tan clarito, que terminó acaso ex-presando algo más que un fallido individual.

¿Cuándo la joven y simpática go-bernadora (“falla) y dice que cambia Futuro por Pasado, se refiere sólo a sí misma o al colectivo político que integra?

¿Cambia sólo María o cambia Cambiemos?

Me parece que al cabo de un año de “tratamiento” hay razones fuertes para interpretar aquél fallido, también como algo más general.

Más como plan del gobierno en su conjunto, que como simple síntoma individual.

NUEVO RETORNO A LO VIEJO

En efecto cada vez es más notorio -y la reciente despedida del ministro de Hacienda Prat Gay así lo subraya- que el gobierno de Cambiemos es en térmi-nos económicos, políticos y sociales la implementación de un programa neoliberal bien conocido y dos veces ya probado en la Argentina más reciente y con resultados altamente traumáticos: la una por vía del golpe de estado (1976-1983, Videla-Martínez de Hoz); la otra por vía electoral (1989-1999, Menem-Cavallo, reelectos en 1995).

Y cabría aún agregar una tercera experiencia neo-liberal: el efímero gobierno de la Alianza (UCR- Frepaso, De la Rúa-Álvarez-Cavallo, 1999-2001).

O sea que Cambiemos (asumido en diciembre de 2016) no es –como se repite con cierta memoria también muy “fallida”- la primera vez que llega al gobierno nacional un proyecto neoliberal democráticamente elegido, sino la tercera y –si le agregamos la dictadura del 76/83, también de clara impronta neoliberal en lo económico- ya es la cuarta vez que nos tropezamos con la misma piedra!

Evidentemente, en eso del “fallarle” al camino, ya casi somos expertos.

Por eso es un acto de toda justicia reconocer que María E. Vidal tiene razón (aun cuando se incomode con su propia y profunda verdad): “Cambiamos futuro, por pasado”; nos guste o no el podio 2016 le corresponde.

Ella sí que nos ha dicho toda la verdad y nada más (ni nada menos!) que la verdad.

Lo que acaso nos falte ahora es dar un paso más y aceptarla (más allá de nuestro propio caso) y hacernos cargo de lo que esa Verdad (fallida) nos exige.

Y lo que nos exige es una nueva ética.

Una ética capaz de superar el perverso mecanismo de la “Repetición”, término técnico que –desde el psicoanálisis- también nos dice algo interesante para la reconsiderar las elecciones políticas.

Y la Repetición sí que no es una buena cosa. Freud la tematiza en “Más allá del Principio de Placer” (1920) y la considera una “compulsión” asociada a algo realmente muy malo (tanto en el orden individual, como en el colectivo): la “Pulsión de Muerte”.

Se trata de la tendencia (patológica) del sujeto a exponerse una y otra vez a situaciones peligrosas y angustiantes.

Y esto se produce fundamentalmente cuando la persona ha olvidado los orígenes de esa pulsión y realiza entonces lo que conocemos como “Acting Out” : pasa al acto y repite (compulsivamente) eso mortífero, porque es incapaz de recordarlo y re-conocerlo como tal.

O sea que se trata aquí también –tanto en la política como en la cura analítica- de un oportuno ejercicio de la Memoria, capaz de alejarnos de la muerte (Tanatos) y así permitir que la Pulsión de Vida (Eros) haga su tarea liberadora.

En una columna próxima, volveremos sobre esto último por-que tiene mucho que ver con lo que nos está pasando.

Le parece?

MC/

• Doctor en Filosofía. Docente y escritor. Preside la Asociación de Filosofía Latinoamericana y Ciencias Sociales.
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