Lilia y Lucas Orfano fueron una pareja excepcional, orgullosamente peronistas de Perón y Evita.

LA VALIENTE COMPAÑERA LILIA DE MADRES SUBIO AL COMANDO CELESTIAL A REENCONTRARSE CON SUS HIJOS DANIEL Y GUILLERMO Y CON LUCAS, SU AMOR, PARA REUNIR OTRA VEZ A LA FAMILIA MILITANTE.

Por Héctor Amichetti*

Apenas una foto de su anciano rostro enmarcada en un pequeño recuadro a modo de aviso al pie de la página 12 del diario “Página 12”, da cuenta hoy del fallecimiento de Lilia Jons de Orfanó. Este 2 de enero, los diarios en Argentina están muy ocupados en informar sobre los planes de un nuevo Ministro de Hacienda que amenaza con bajar costos laborales para que las empresas tomen trabajadores.

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Por Héctor Amichetti*
NAC&POP
03/01/2017

Apenas una foto de su anciano rostro enmarcada en un pequeño recuadro a modo de aviso al pie de la página 12 del diario “Página 12”, da cuenta hoy del fallecimiento de Lilia Jons de Orfanó.

Este 2 de enero, los diarios en Argentina están muy ocupados en informar sobre los planes de un nuevo Ministro de Hacienda que amenaza con bajar costos laborales para que las empresas tomen trabajadores.

Tecnócrata que se incorpora al gabinete de un gobierno que manifiesta desconocer el número de desaparecidos que dejó la última dictadura.

Lilia y Lucas Orfano fueron una pareja excepcional, orgullosamente Peronistas de Perón y Evita.

Se casaron muy jóvenes y tuvieron dos hijos varones: Daniel y Guillermo.

Allá por los esperanzadores años ’70, constituyeron, como tantos otros, una hermosa familia militante, estrechamente unida por el sueño de una sociedad de iguales, de mujeres y hombres nuevos construyendo una Patria y un Mundo Nuevo.

Los chicos en la JP, los padres en la Unidad Básica 8º, definiendo clara posición en favor de un peronismo honesto democrático y revolucionario y afiliando compañeros y compañeras al Partido Peronista Auténtico.

En esa comprometida práctica los sorprendió el zarpaso que arrojó el país en las sanguinarias tinieblas del genocidio.

Primero fue Daniel, lo secuestraron el 30 de julio del ’76.

Cuatro días después una patota de encapuchados invade el hogar; golpean a Lucas y se lo llevan junto a Lilia a las catacumbas de Coordinación Federal.

Luego de 11 días en un infierno donde aseguran haber oído la voz de su hijo desparecido, son liberados y regresan a su casa, absolutamente saqueada por los asaltantes.

Lilia y Lucas multiplican sus fuerzas, se reúnen con otros familiares y crean la Comisión de Familiares de Desaparecidos y Detenidos por Razones Políticas.

Lilia se une a Azucena Villaflor en la heroica cruzada de las Madres.

El 2 de diciembre secuestran a Guillermo.

El dolor acrecienta sus energías, su tarea de buscar a sus hijos y a los demás hijos e hijas, de recibir denuncias, de unir la acción de familiares, de reclamar cara a cara ante los verdugos, no admite un minuto de descanso.

En ese escenario conocí a Lilia y a Lucas, durante aquellas dolorosas jornadas en que al fragor de la resistencia crecían las ausencias.

¡Un par de Valientes!

¡Un verdadero ejemplo!

Impulsados por su fe cristiana, viajan a México.

La visita del Papa a Puebla alimenta sus esperanzas de encontrar un apoyo internacional trascendente.

Vuelven desanimados, Juan Pablo II resta importancia a sus denuncias.

No bajan los brazos, su incontenible lucha irrita a los criminales tiranos que ordenan poner una bomba debajo de su viejo automóvil.

Lilia y Lucas salvan su vida de milagro, el vehículo estaba estacionado y ellos recién habían bajado.

En las postrimerías de la dictadura, Lilia enfrenta al régimen como el primer día.

En una de las escasas fotos que registra su lucha se la puede ver en la Marcha de la Resistencia de diciembre de 1982.

La policía había cercado Plaza de Mayo para que las Madres no pudieran llegar.

Lilia forcejea y un fotógrafo registra el instante exacto en que la imagen de su rostro se refleja en un vidrio.

Volvió la democracia y al poco tiempo falleció Lucas.

Lilia quedó solita, en un hogar desnudo de sus afectos más cercanos, cargada de buenos y malos recuerdos.

Tres décadas en que la democracia demoró demasiado en poner luz sobre la dimensión del genocidio y el juzgamiento de los responsables.

Al igual que varios miles y miles de padres y madres que protagonizaron una gesta heroica y única a nivel mundial.

Lilia vivió todo ese tiempo con la humildad de los grandes

Poca figuración, pocos reportajes y un compromiso invariable.

Ayer se nos fue para reunirse definitivamente con su querido Lucas.

A reencontrase con Daniel y Guillermo en el lugar donde los corazones puros no pueden desaparecer.

A reconstruir una familia y renovar sueños postergados hasta hacerlos realidad, tal vez, en el incierto sitio que Dios nos tiene reservado cuando partimos de este contradictorio mundo.

¡HASTA SIEMPRE LILIA!

 

• Secretario General de la Federación Gráfica

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