La violencia institucional del neoliberalismo, mas temprano que tarde traerá la respuesta del pueblo organizado.

“LA VIOLENCIA DE ARRIBA ENGENDRA LA VIOLENCIA DE ABAJO” (PERON)

En nombre de la “civilización” se procedió con máxima violencia a los fines de preservar los sistemas de privilegios de las minorías, que o detentaban el poder y ejercían la violencia para mantenerlo o por lo contrario, no dudaban en recurrir a los métodos mas brutales con eliminación física de compatriotas, con deguellos por miles, represiones inhumanas sobre los trabajadores hasta bombardeos a población civil en ciudad abierta.

Por Jorge Rachid
SIN MORDAZA
23/12/16

La historia argentina está signada por procesos violentos vinculados a la política, siendo desde unitarios y federales una constante histórica que demolió sueños de generaciones de argentinos, postergando desarrollos con justicia social, que fueron enterrados por lógicas económicas de grupos de poder concentrados, ligados a poderes internacionales, en cada etapa de la vida nacional.

Siempre en nombre de la “civilización” se procedió con máxima violencia a los fines de preservar los sistemas de privilegios de las minorías, que o detentaban el poder y ejercían la violencia para mantenerlo o por lo contrario, no dudaron en recurrir a los métodos mas brutales con eliminación física de compatriotas, con deguellos por miles, represiones inhumanas sobre los trabajadores hasta bombardeos a población civil en ciudad abierta, llegando a las dictaduras mas sangrientas de América Latina.

Es mas no dudaron, a lo largo de la historia en aliarse con fuerzas extranjeras para reconquistar el poder, cuando los procesos nacionales y populares habían logrado hegemonía, como sucedió desde el asesinato de Dorrego, pasando por la alianza de Urquiza con el Brasil en guerra con nuestro país desde hacía cuatro años, siendo comandante en jefe del ejército argentino, para desde Caseros desplazar a Rosas; pasando por la flota inglesa en alta mar, proveyendo armas a la Armada Argentina para atacar el gobierno democrático de Perón en 1955.

O sea que el enemigo nunca dudó, jamás se cuestionó su proceder a los largo de la historia, pese a acoplarse cuando retrocedió a los gobiernos democráticos populares, como camaleones que al mejor estilo maquiavélico que se hacen pasar por príncipes de ese tiempo, conspirando para su destitución, como quedó demostrado en la última etapa de Cristina Fernández, donde los grupos concentrados de la economía, de las mayores empresas del país, no sólo financiaron la destitución que no lograron, sino que participaron activamente en la desestabilización con golpes de Mercado, con los personajes que hoy son ministros del macrismos.

En este período democrático, donde el conjunto del pueblo argentino asumió que el “nunca mas” era una política de estado y que la democracia no requiere represión de la protesta social, que el trabajo es el ordenador social por excelencia, es el que garantiza no sólo el consumo y la calidad de vida de la población sino el que fortalece la Seguridad Social y los Sistemas Solidarios de Salud, que con desocupación, desaparecen en un verdadero genocidio social.

Todas las medidas que van en contra de ese acuerdo de la comunidad argentina en democracia, son procesos de violencia institucional.

Lo mismo cuando las instituciones republicanas fallan en su cometido, siendo convertidas en herramientas de confrontación política, arrasando con el Poder Judicial, colocándolo al servicio de los intereses mas espurios y cooptando a los parlamentarios bajo amenazas y presiones persecutorias o sancionatorias económicas sobre las provincias.

Todas esas maniobras implican una desvirtuación absoluta del contrato democrático que hemos suscripto.

No menos violencias genera la persecución focalizada sobre el peronismo en general, los militantes sociales en particular y la ex presidenta en especial, en un declarado afán de hacer desaparecer una fuerza política que desde hace 70 es poder en la Argentina, desde el gobierno, desde la oposición o desde la resistencia. Ese sentido represivo ejecutado a través de el Partido Judicial o desde los medios de comunicación, convertidos en factores de poder real, que hacen jugar la política y sus títeres, bajo sus propia música.

Estamos hablando de la violencia en una desviación del proceso democrático que se verifica en esta etapa macrista, que sólo tuvo sus primeros indicios en los días finales del gobierno de la Alianza, la mayoría de cuyos miembros de entonces, son los ministros políticos de hoy, junto a los sectores empresarios golpistas y con áreas determinadas por el departamento de estado de EEUU como Cancillería y los jefes policiales y militares aconsejados por los servicios de informaciones de la NSA, la Mossad y el M16 inglés, que actúan a cara descubierta en nuestro país, desde el asunción de este gobierno.

Los casos puntuales como el de Milagro Sala, las provocaciones policiales en los desplazamientos de Cristina, la represión indiscriminada a la protestas sindical en empresas, o a la prensa en los eventos y fechas patrias, o a los legisladores sin pudor en actos como los juicios públicos, son sólo un aspecto de la violencia, que se suma a la falta de cumplimiento de las promesas electorales, el avasallamiento de los derechos conquistados, en especial los laborales y el brutal ajuste sobre el pueblo argentino, después de haber transferido ganancias extraordinarias a los grupos concentrados de poder.

Por eso a la violencia institucional múltiple desde lo legal a lo represivo, genera como dice Mao en su libro “A propósito de la práctica, acerca de la contradicción”, una fuerza que se opone con la misma intensidad, protagonizada por la fuerza popular organizada.

Debe saber el poder político y sus mandantes que el peronismo, que ha sido elegido para ser oposición, acompañará todas y cada una de las manifestaciones de nuestro pueblo en defensa de sus intereses y derechos conquistados, que lo haremos mas allá o mas acá de lo que hagan algunos legisladores o conducciones dubitativas a la hora de la verdad.

Tenemos con los neoliberalismos una sola certeza, como está pasando en el mundo, sabemos como empieza, pero también sabemos como termina.

JR/

NOTA DE LA NAC&POP: . La frase “la violencia de arriba genera la violencia de abajo” no la inventó Perón. Pertenece al corpus de múltiples análisis sobre las distintas revoluciones en la historia. Si se da por sentado lo de la frase de María Antonieta y su influencia sobre la Revolución Francesa, podemos ver ese esquema interpretativo en funcionamiento. Si no fue María Antonieta quien dijo esa frase, alguna otra habrá dicho u otro idiota de Versalles habrá largado la suya. La cuestión es que el pueblo bajo era agredido por el lujo y el desdén versallesco. Y por la violencia represiva del orden tiránico de la monarquía. María Antonieta dice: “Si el pueblo no tiene pan que coma pasteles” (violencia de arriba). El pueblo hace la revolución y le corta la cabeza (violencia de abajo). Pero lo más importante es que el pueblo hace la revolución. Esta es la verdadera violencia de abajo, mucho más que la ejecución de la reina. La frase de la reina tiene el poder de conducir al pueblo a ejercer el más legítimo de sus poderes: levantarse en armas contra la tiranía. Este derecho de los pueblos no ha sido negado y forma parte de la concepción liberal democrática de la política. El sofocamiento institucional lleva a la violencia. La guerrilla nace el día en que se dicta el decreto 4161*. (José Pablo Feinmann Filosofía política de una obstinación argentina)