La apropiación de la palabra, constituye el valor cultural mas importante del espacio simbólico del pueblo

“VAGOS Y MAL ENTRETENIDOS”

Por Jorge Rachid

Juan Moreira de Leonardo Favio con Rodolfo beban (FOTO) Para los propietarios de los campos, denominados por el campo nacional, oligarquía terrateniente, territorios obtenidos por sucesivos genocidios a lo largo de la corta historia de nuestro país, somos “vagos y mal entretenidos”, ya que nos rebelamos a ser súbditos de semejantes lacayos de cualquier potencia imperial que domine el mundo, en cualquier momento de la historia.

Por Jorge Rachid

SIN MORDAZA

20/12/16

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Nos hemos acostumbrado a lo largo del año a pensar que los argentinos somos los culpables de haber cometido “el delito”, de conseguir condiciones de vida dignas, que no estábamos en condiciones de merecer por ser trabajadores, mientras eran avasallados por regulaciones estatales del “populismo”, los sectores que históricamente se consideraban a si mismos como La Patria, que así se denominaban los propietarios de los campos, denominados por el campo nacional, oligarquía terrateniente, territorios obtenidos por sucesivos genocidios a lo largo de la corta historia de nuestro país.

Es que para esos sectores el resto de los argentinos somos “vagos y mal entretenidos”, ya que nos rebelamos a ser súbditos de semejantes lacayos de cualquier potencia imperial que domine el mundo, en cualquier momento de la historia.

Así fueron sucesivamente tributarios de los españoles, los ingleses, los norteamericanos, dando la espaldas a los intereses de los argentinos, caracterizados por “ellos” como los grasitas, hoy grasa militante, los descamisados, hoy los choriplaneros, los cabecitas negras, hoy los inmigrantes compatriotas latinoamericanos estigmatizados.

Sigue la lista de palabras que definen una misma matriz del colonialismo cultural.

Se complementa sin dudas con la cultura del consumismo que lejos de igualar, como la escuela pública, no sólo marca diferencias sociales, sino que genera rencores y fragmenta la sociedad.

Es la sociedad del individualismo darwiniano, que exige la construcción de una sociedad meritocrática, que propone el neoliberalismo, como forma de vida social, en donde el que triunfa, es por sus propios medios sin asistencia estatal, ni ayudas sociales, abandonado a su suerte, de acuerdo a sus condiciones de vida al nacer, en cuna de oro o cuna de mimbre o el suelo.

Hemos incorporado a nuestro imaginario que el estado dador no puede ser viable, sin embargo lo que le pueblo argentino no conoce, es como ese mismo estado tributa a esos mismos sectores empresariales, prebendarios y financieros, que reciben fondos estatales en flujo permanente, con subsidios que consolidan sus posiciones dominantes, con créditos y endeudamientos que terminamos pagando todos los argentinos, mientras al pueblo se le exige sacrificio, paciencia, compromiso al mismo tiempo que se le promete como en campaña electoral, un futuro venturoso, en un ritual religioso de la “mejor vida” después.

Así sucedió desde el inicio mismo del gobierno recortando conquistas sociales y entregando patrimonio a los dueños del poder.

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“Martin Fierro” de Gerardo Vallejo con Juan Palomino

Para hacerlo necesitaban de una artillería mediática que transforme los derechos sociales en abusos, los servicios públicos en privilegios, la lucha por la soberanía en Malvinas en una cooperación “adulta” con el Reino Unido, el mundo multipolar que habitamos desde el UNASUR, una desviación populista, los sistemas solidarios de salud y previsionales, un gasto, los subsidios al transporte, un abuso peronista, las paritarias laborales, un condicionamiento negativo a la “inversión extranjera”, las leyes laborales, un esquema perverso que atenta contra la “competitividad” y así sigue la lista de las dos visiones de país, que algunos denominan “grieta” y nosotros: Patria o Colonia.

No es nuevo el esquema de dominación que comienza por instalar frases y palabras, que al mostrar los supuestos “excesos” del populismo, quieren condicionar a los argentinos en su accionar, al hacerlos sentir culpables de una supuesta crisis por venir que anunciaron durante 12 años y nunca sucedió.

No hay mas que recordar la premonición del 2003 del diario La Nación que el gobierno de Kirchner duraría 6 meses, ni las editoriales del mismo diario, ni los agravios y cataratas de mentiras levantadas por el “gran diario argentino”, que lejos de someterse a las leyes, fue el artífice necesario en escenificar una situación que sólo lo favorecía para ganar tiempo, para consolidar su monopolio informativo de influencia notable en lo comunicacional.

No es casual entonces que el conjunto del pueblo haya repetido frases lanzadas al espacio comunicacional como verdades absolutas, cuando eran en realidad elaboraciones destinadas a socavar un gobierno, que al exigir el cumplimiento de leyes vigentes, ponía en riesgo sus negocios espurios.

Así la instalación de la idea de un gobierno corrupto, que aún alimentan con la colaboración de la Justicia Federal transformada en Partido Político del régimen, fue incorporada con naturalidad por la población.

Esa misma ciudadanía que ignora por falta de información, el saqueo que se está produciendo, desde hace un año, de los recursos nacionales, que pagarán nuestros hijos y nietos.

La pesada herencia, frase ya gastada por una realidad que golpea a los argentinos, acompañada por la victimización de los “pobres grupos empresarios” que fueron acorralados con regulaciones estatales insoportables para sus finanzas, pero que callan cuando nos enteramos que todos esos sectores tienen en el exterior, por fuga de divisas sus fortunas en los paraísos fiscales, después de haber vaciado al país.

No prender al aire acondicionado, que parece ser el enemigo público número uno, es la mejor demostración de cómo culpabilizar a la población de los cortes de luz, ya que todos somos asesinos seriales de nuestros recursos energéticos, por pretender tener calidad de vida, siendo humildes trabajadores.

Lo peor es que estas campañas diseñadas y estructuradas por sociólogos, penetran en el inconciente colectivo como ráfagas de nuevas verdades, donde darle atención a nuestros compatriotas sudamericanos se transformó en un dádiva imposible de mantener, donde hacer cárceles para inmigrantes ilegales se transformó en una política de estado, reprimir la protesta social es garantizar el orden y al libertad de “otros” argentinos, como si los que protestan fuesen extraterrestres.

Es que los excluidos, los despedidos, los trabajadores organizados, los movimientos son los otros, “los que vienen de afuera de la sociedad a reclamar y nos quieren quitar nuestros derechos”.

Abusando de los “argentinos derechos y humanos” como planteaba la dictadura militar, de ahí que se naturalice que los condenados por delitos de lesa humanidad, genocidas juzgados por tribunales de la democracia, sean presentados como “pobres viejitos” que deben ser perdonados.

Cuando esas frases, esos conceptos son levantados por compañeros del campo nacional y popular, es preocupante porque están desvirtuando el rol que nos dio la sociedad de ser oposición democrática, lo cual es diferente a ser cómplices de políticas que encadenan la Argentina al colonialismo de última generación del capital financiero transnacional, hoy en retroceso en el mundo, ante el avance del mundo multipolar.

Quienes crean que perder una batalla electoral significa bajar todas las banderas emancipatorias, que se diseñaron desde el peronismo, en doce años de una época de recuperación identitaria, fortalecida en el marco regional del UNASUR y abriendo al mundo la necesaria complementación, pero desde posiciones dignas y soberanas, fijando reglas de juego y defendiendo los intereses de los argentinos.

Se fortaleció el trabajo y la producción, avanzando en la soberanía del conocimiento que dominará el siglo XXl y que el triste presidente que tenemos, deshecha como instrumento nacional. Reafirmar nuestro derrotero es el desafío de la época y quienes lo asuman tendrán futuro político, en un pueblo con memoria.

JR