El dolor social que provoca el neoliberalismo, tiene impacto directo en los indicadores de salud, deteriorando los sistemas solidarios.

DOLOR SOCIAL, SUFRIMIENTO PERSONAL

Por Jorge Rachid

La medicina ha abandonado de la mano del neoliberalismo todo aquello que signifique prevención, excepto las vacunas cuya continuidad y obligatoriedad otorga a las empresas farmacéuticas amplios márgenes de ganancias. Es así que el sistema ha establecido que necesita a los pacientes enfermos, “ni sanos, ni muertos”, ya que deben vivir para ser medicalizados de por vida en ese afán de lucro que sólo el capitalismo salvaje explica y el mundo condena.

Por Jorge Rachid
SIN MORDAZA
9/12/16

Se conoce desde siempre los impactos que sobre la salud de una población tienen episodios como catástrofes, guerras, inundaciones, terremotos, tsunamis, como así también las consecuencias que siguen a estos acontecimientos desde el punto de vista epidemiológico.

Pocos sin embargo se ha profundizado en la relación directa entre los procesos neoliberales y el deterioro sanitario consecuente, tanto en países centrales como emergentes.

Hemos visto como en los países centrales el comportamiento sanitario varía si el lucro es el eje del sistema o por si por el contrario la estructuración del mismo tiene control, regulación y prestación estatal.

En especial cuando definida por la OMS la Salud es un Derecho Humano esencial. que debe ser garantizado por las naciones con su respectivo correlato en los accesos a las nuevas tecnologías y al medicamento como bien social.

Sin embargo, las sucesivas crisis que han azotado al mundo desde hace años, han producido aún en países de la Unión Europea disminuciones significativas en los niveles de prestación sanitaria, países que hasta esos momentos gozaban del llamado Estado Bienestar, que desde la posguerra garantizaba a sus habitantes el acceso a los servicios de salud.

Eso se terminó bajo la lógica neoliberal en crisis y hoy en Grecia esta siendo ayudada por terceros países, que envían medicamentos vencidos para su uso.

España lucha en sus servicios sanitarios por los siete que significan los minutos que le dan a los médicos por paciente y que quieren disminuir a cuatro minutos.

Como vemos la medicina ha abandonado de la mano del neoliberalismo todo aquello que signifique prevención, excepto las vacunas cuya continuidad y obligatoriedad otorga a las empresas farmacéuticas amplios márgenes de ganancias.

Es así que el sistema ha establecido que necesita a los pacientes enfermos, “ni sanos, ni muertos”, ya que deben vivir para ser medicalizados de por vida en ese afán de lucro que sólo el capitalismo salvaje explica y el mundo condena.

Esos sistemas solidarios que en el siglo XX se erigieron como eje de los modelos sociales solidarios, que el mundo estuvo conteste en establecer como pauta cultural, después de dos guerras mundiales intercapitalistas, que dejaron millones de muertos y destrucciones difíciles de evaluar.

La solidaridad entonces emergió como una necesidad de articular nuevos conceptos sociales y humanos que borrasen el horror que el mundo había vivido.

En nuestro país, el Peronismo con Carrillo en la Medicina Social y Zampay en el Constitucionalismo Social de la mano de Perón y Evita establecieron un nuevo modelo que perduró hasta 1976.

En nuestro país en los doce años de Néstor y Cristina todos los indicadores sanitarios, desde mortalidad infantil hasta indicadores de calidad de vida fueron mejorando, hasta alcanzar los índices de Gini, reconocidos universalmente como los que determinan con exactitud los perfiles sociales de un pueblo y que fueron en ese período los mejores de Latinoamérica y uno de los más avanzados del mundo.

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En salud eso se logró en primer lugar por reestablecer condiciones dignas de vida y de trabajo, en una sociedad que había sido arrasada por el neoliberalismo llevando al pueblo a sus peores condiciones de vida y arrojados a las banquinas mismas de la historia.

Ese mecanismo ya descripto por Carrillo: “el mejor plan de salud es agua corriente y cloacas”, que rompe el concepto médico hegemónico de salud, en realidad centros de tratamiento de la enfermedad, hoy se llama en el mundo Epidemiología Crítica, que detalla los condicionantes sociales que impactan en la salud de la población, desde los miedos a la inestabilidad en el trabajo, desde la falta de dinero por salarios indignos hasta la falta de servicios públicos accesibles.

Los efectos del cambio climático, la contaminación del aire, la polución industrial, los agrotóxicos, la desertización del suelo por el avance de la frontera sojera, el desplazamiento poblacional por guerras, por falta de trabajo y condiciones de vida impactan sobre la salud de la poblaciones tanto en las sufridas como en las receptores.

En nuestro país la irrupción por segunda vez en pocos años de un proceso neoliberal brutal e inhumano, encarrila los sistemas hacia el mismo lugar que en los años noventa, donde el lucro pretende avasallar los sistemas solidarios de salud, el sistema previsional de reparto e introducir la terciarización de servicios y el seguro como formas de dirigir la oferta en el marco del Mercado, donde el Estado, supuesto garante de los derechos, se transforma en un simple espectador.

Esa falta de regulaciones estatales deja al pueblo en manos de los mercaderes de la muerte que producen desde la medicalización sanitaria al encarnizamiento médico del final de la vida.

En ese sentido los lobbys de antes, ahora son gobierno, la industria farmacéutica transnacional que dirige hoy los destinos sanitarios de nuestro país, bajo libreto del Banco Mundial, esta haciendo del medicamento un bien suntuario y que al ser la salud una demanda inelástica, es decir a la cual se debe dar respuesta sí o sí, ya que esta en juego la vida, origina desde endeudamientos familiares hasta empobrecimiento, que lleva a esos núcleos sociales a la miseria cuando un familiar cursa una de las enfermedades catastróficas.

El medicamento en la Argentina constituye el 33% de la inversión en salud, cuando en cualquier país del mundo dicha cifra no alcanza el 14%.

Estamos hablando de miles de millones de dólares anuales que constituyen un verdadero saqueo a los sistemas solidarios de salud y un agravio severo a los pacientes por ausencia del Estado.

El neoliberalismo, además origina condiciones económicas a la baja, lo cual trae como consecuencias inmediatas la falta de provisión de elementos esenciales de la vida sana: desde pañales descartables hasta profilácticos, desde medicamentos necesarios de los enfermos crónicos como hipertensos, diabéticos, renales y cardiópatas hasta insumos básicos para diagnóstico.

Ese panorama ya vivido en el 2001 originó el retiro de la industria farmacéutica del hospital público abandonando a su suerte a millones de enfermos crónicos que no tuvieron respuesta terapéutica, que tuvo que suplir como pudo la Producción Pública de Medicamentos, que ya este gobierno ha abandonado.

Debemos saber todos los argentinos, que no habrá una sociedad mas justa con una población enferma abandonada a la suerte del Mercado Neoliberal,

Eso combatimos los peronistas y los militantes del movimiento nacional y popular.

JR/

 

N&P: El Correo-e del autor es  Jorge Rachid <jorgerachid2003@yahoo.com.ar>