Hay días que cambian la historia, como el 17 de octubre de 1945 y otros que la fijan en la memoria del pueblo, como el 17 de noviembre de 1972.

POR OTRO 17

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“Perón Vuelve”, “Perón o Muerte”, “Viva Perón” entre otras consignas y grafitis inundaron la Argentina durante 18 años, en que proscripto, perseguido y reprimido, el pueblo peronista con el Líder en el exilio, alimentaba el sueño del “avión negro”, que lo traería de vuelta al país.

Por Jorge Rachid
SIN MORDAZA
17/11/16

“Perón Vuelve”, “Perón o Muerte”, “Viva Perón” entre otras consignas y grafitis inundaron la Argentina durante 18 años, en que proscripto, perseguido y reprimido, el pueblo peronista con el Líder en el exilio, alimentaba el sueño del “avión negro”, que lo traería de vuelta al país.

Perón desde el exilio fortalecía esa ilusión con su presencia permanente a través de una red de cuadros militantes resistentes, que mantuvieron viva la llama de la Revolución.

La dictadura que mancilló el cuerpo de Evita y lo secuestró, que comenzó con las desapariciones como la de Felipe Vallese, que reprimió a sangre y fuego con cientos de muertos y presos por miles, nunca pensó que a Perón “le daba el cuero”.

De tanto denigrarlo como el “Tirano Prófugo”, corrupto y violador de menores, nazi fascista, entre otras tantas imputaciones, pensaron que habían borrado su memoria del pueblo argentino.

Se equivocaron.

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Los jóvenes, hijos de los mismos que había festejado en 1955 se sumaron a la utopía, los hijos de los trabajadores recibieron el adoctrinamiento oral familiar, que trasmitió la conciencia popular emergida de un proceso único, revolucionario, nacional y popular de proyección Latinoamericana, con inserción en el mundo con identidad propia, La Tercera Posición Justicialista. Imperdonable para el Imperio, junto a haberse negado a ingresar al FMI, tras los acuerdos de Bretton Woods en 1951, único país en tomar esa posición.

Esa lucha donde el Movimiento Obrero Organizado protagonizó las luchas que marcaron sin dudas el camino de la Resistencia Peronista, en esos 18 años de combate, contra sucesivas dictaduras y fraudes proscriptivos, con épicas en las calles y posiciones documentadas en los Congresos de La Falda, Huerta Grande, el Programa del 1° de mayo de la CGT de los argentinos, que fueron la base, de la reconstrucción del movimiento, después de la larga noche de la Revolución Fusiladora del 55.

Ese 17 de noviembre fue mágico para todos los militantes, como así también para todo el pueblo, junto a un cielo que lloró de alegría durante toda la jornada empapando las emociones que caminaban por todas las rutas hacia Ezeiza, con retenes con tanques militares que había desplegado la dictadura.

Les hicimos frente, todos, mujeres con chicos en brazos totalmente mojadas, como todos nosotros, dispuestos a vencer los impedimentos que nos ponían para avanzar, cruzamos los arroyos para rodearlos, nos reíamos con tensión y la alegría de estar en un combate.

Seguía lloviendo, cada vez mas, pero entre esa copiosa precipitación comenzó el aterrizaje esperado, apareció el avión, no era negro sino que irradiaba la luz de la esperanza, de terminar una época trágica para la Argentina.

Ese Perón que regresaba era un Perón mas sabio, mas integrado y consolidado en su pensamiento, como lo demuestran sus textos casi testamentarios, en especial el Modelo Argentino para un Proyecto Nacional del 1° de mayo de 1974 al abrir la sesiones ordinarias del Congreso, ya como presidente de los argentinos por tercera vez en su historia.

Evita sobrevolaba cada acción, era repetida e invocada en cada acto, había constituido la fórmula perfecta del Líder y la agitadora que sedimenta la etapa dogmática de la Revolución, esa Evita se colaba por todos los rincones de la militancia.

Cuando Perón venció el cerco militar al que intentaron encerrarlo en el mismo Ezeiza, se dirigió a su emblemática casa en Gaspar Campos, donde las columnas militantes llenas de pueblo caminando, se dirigieron hacia la zona norte de la provincia, en Martínez, en esa emoción compartida con la memoria de los compañeros caídos que ya no estaban entre nosotros físicamente, que en la lucha había dejado su vida en ese compromiso eterno que debemos tener los militantes populares.

Aunque los jóvenes no lo crean, ese día apareció Perón en su balcón, en pijamas, había vuelto al país, se sentía otra vez en su casa, como en Roque Pérez donde nació o en Lobos donde se crió, junto a su pueblo, que rodeamos su casa.

No había policías ni milicos, se habían rendido ante la multitud y nosotros subidos a los árboles de la cuadra estábamos a pocos metros del general en pijamas en su balcón, ante el horror de sus vecinos, que de pronto vieron invadidas sus casas y jardines por “ordas” de cabecitas negras, junto a jóvenes de ojos claros como “ellos”, madres con hijos amamantando, viejos trabajadores llorando sin cesar, y miles de bombos atronando la primera tarde de ese 18 de noviembre cuando por primera vez los vimos.

Ese Perón que había dicho en 1955 en Paraguay en su llegada al exilio que él volvería al poder y cuando le preguntaron como lo haría, dijo: “nada, todo los harán ellos”.

Sabía como hoy, que el enemigo de la Patria, esos cipayos que prefieren el oro extranjero a la felicidad del pueblo argentino, que por tres monedas o libras esterlinas o dólares, según el patrón que les toque, son capaces de matar a su pueblo, en función de intereses extranjeros, son capaces de cualquier maniobra para quebrar la voluntad popular, pero no pueden nunca modificar su conciencia nacional.

Quedó demostrado ese 17 de noviembre.

Ese peronismo que durante 70 años demostró la vitalidad propia de la vigencia de su pensamiento filosófico e ideológico, plasmado en los planes quinquenales, la Constitución Nacional de 1949 y el Congreso de Filosofía de Mendoza, que fijaron y construyeron un pensamiento americano profundo, moreno, criollo impregnado de nuestras mejores memorias desde los pueblos originarios de donde provenía Perón, pasando por los pensadores de nuestra América profunda del siglo XlX y XX, hasta las corrientes migratorias que poblaron nuestro país, en un sincretismo de pensamiento y acción mancomunado en el seno de pueblo, sin exclusiones.

Por eso el día del militante consolida esa realidad hasta nuestros días, fortalece nuestra lucha y retempla nuestras ilusiones de construir una sociedad mas justa, solidaria, libre y soberana.