La persecusión política, la represión, el acoso mediático judicial, siempre fortalecieron el campo popular.

LOS PUEBLOS NO SE RINDEN

Por Jorge Rachid
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La seguidilla de acciones sobre la ex Presidenta, incluso su encarcelamiento, pedido a los gritos en los medios por los comunicadores “independientes”, va a producir como en cada proceso histórico una reacción proporcional al rencor y el odio demostrado por quienes se creen dueños del país, por haber sido tributarios de los mayores saqueos de la historia, desde genocidios de los pueblos originarios a quedarse con esas tierras, hasta perseguir a los pobres por “vagos y mal entretenidos”, como refleja el Martín Fierro, pero que han escrito una cultura dominante oligárquica y colonial.

Por Jorge Rachid
SIN MORDAZA
31/10/16

A lo largo de la historia, los pueblos que aparecen débiles en los períodos de repliegue popular, se hacen fuertes en los momentos de la ofensiva nacional, así ha sido escrito en las páginas de las epopeyas populares, que podríamos relatar desde la emancipación nacional, con la revolución de Campana en 1811 hasta la Revolución del Parque, pasando por el 17 de octubre, llegando al 2001, siempre con el pueblo como protagonista.

Cada vez que la reacción conservadora se hizo del poder, la brutalidad y el salvajismo se instalaron como políticas justificativas del combate a la “barbarie” de los populismos, frente a la oleada “civilizadora” que venía a reparar los ejes de las políticas dañadas, por quienes se alejaban del “mundo” con decisiones proteccionistas y distribuyendo la riqueza.

Para instalar esa idea colonial, sumisa y cipaya, deben dedicarse a estigmatizar los procesos populares, denigrar a sus dirigentes, encarcelar, expulsar, reprimir.

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No tienen otro andarivel para justificar los latrocinios que operan sobre los pueblos en políticas de saqueo y claudicación de la soberanía nacional, a favor de los intereses a los cuales responden, tanto oligárquicos nacionales como extranjeros.

Nunca llegan de la mano de procesos legítimos populares que los erigen, siempre llegan aupados a caballo de los diseños de las políticas imperiales, generalmente monitoreadas por las respectivas embajadas interesadas EEUU e Inglaterra en especial, con la colaboración inestimable de los servicios secretos como la CIA, la Mossad y el M16, quienes en nuestro país tienen un rol protagónico, ejecutando operaciones en conjunto con la ex SIDE.

Esa lógica que se repite a lo largo de la historia impide por un lado consolidar un proyecto de país, postergando despegues institucionales, que consoliden por largos períodos, una cultura nacional identitaria de nuestro pueblo, abortando los procesos populares por diferentes metodologías, que van desde el golpe de estado a los golpes de Mercado pasando a la catarata mediático judicial operada por los servicios secretos.

También es cierto que quien “siembra vientos, recoge tempestades”, por lo cual lejos de provocar un repliegue definitivo de los pueblos, la persecución solo alimenta los caminos de lucha y organización que van buscando las repuestas adecuadas para volver al poder popular, encarnado en políticas soberanas al servicio de las mayorías nacionales, que deberán a futuro consolidar el poder popular organizado, para evitar nuevas contraofensivas reaccionarias y cipayas.

En este sentido desde el primer momento que asumió el gobierno macrista, empezó a ejecutar el libreto ya escrito de comenzar el proceso de “deconstrucción” de la memoria popular a través de varios mecanismos: mediáticos, por un lado con un proceso de “linchamiento” cotidiano de dirigentes peronistas, políticos por otro lado con la “pesada herencia” y judicial con el procesamiento serial a cuestiones administrativas del estado.

Un combo perfecto neoliberal, como en el resto de América Latina.

Una casualidad, ¿no?

En ese marco estructurado off shore, el procesamiento múltiple de Cristina Fernández de Kirchner, junto a la degradación de la memoria de Néstor, intentando además, desviar los contenidos doctrinarios, filosóficos e ideológicos del peronismo, en ese afán de hacer desaparecer cualquier atisbo de políticas “populistas” que haya transitado esta tierra.

No sólo en nuestro país sino en el conjunto de Latinoamérica, espacio a al cual EEUU considera territorio propio.

Por eso cada movimiento del enemigo es respondido con movilizaciones populares, que van templando los ánimos de lucha de un pueblo golpeado por las políticas neoliberales, que en pocos meses se han dedicado a desmontar las conquistas sociales, la ampliación de derechos, la desmonopolización de la economía, la distribución de las riquezas y la consolidación de la libertad de expresión y movilización como banderas democráticas.

Ya no existen, las han barrido bajo las excusas de combate a la corrupción, telón de fondo de una comedia mal escrita.

De ahí que la seguidilla de acciones sobre la ex Presidenta, incluso su encarcelamiento, pedido a los gritos en los medios por los comunicadores “independientes”, va a producir como en cada proceso histórico una reacción proporcional al rencor y el odio demostrado por quienes se creen dueños del país, por haber sido tributarios de los mayores saqueos de la historia, desde genocidios de los pueblos originarios a quedarse con esas tierras, hasta perseguir a los pobres por “vagos y mal entretenidos”, como refleja el Martín Fierro, pero que han escrito una cultura dominante oligárquica y colonial.

Los pueblos no se rinden, sólo esperan su momento de volver al poder.