Hete aquí de cómo Mauricio Macri se vale de una sola arma: la destrucción. "[...] no hay medio más seguro de posesión que la ruina.”

17 DE OCTUBRE DE 1976: MASACRE DE LOS SURGENTES.¡TODOS PIBES!

Se conoce como Masacre de Los Surgentes al fusilamiento de siete jóvenes peronistas que militaban en la organizacion Montoneros, el 17 de octubre de 1976, en un camino rural de Los Surgentes. Los jóvenes patriotas habían sido previamente secuestrados y alojados en el centro clandestino de detención de El Pozo de Rosario.

Por Daniel Chiarenza
NAC&POP

16 de octubre de 2016

“Quien se apodere de una ciudad acostumbrada a vivir libre y no la destruya, debe esperar ser destruido por ella, pues siempre tendrá como bandera de rebelión la libertad y su antiguo régimen, que ni el transcurso del tiempo ni los [supuestos] beneficios hacen olvidar”. Niccolo Machiavelli.

El 17 de octubre de 1976 siete jóvenes peronistas, secuestrados en el Servicio de Informaciones de la Jefatura de Rosario, fueran sacados por personal policial y llevados a la localidad cordobesa de Los Surgentes, donde fueron acribillados en un camino rural.

“Una misión impuesta: librar la lucha contra la subversión y el apoyo al Proceso de Reorganización Nacional emprendidos en busca de los 100 años nuevos de paz y fecundidad del pueblo”.

Con estas palabras un 12 de octubre de 1976, Leopoldo Fortunato Galtieri daba inicios a sus funciones al mando del II Cuerpo del Ejército con asiento en Rosario y con jurisdicción sobre seis provincias del país.

Mientras, el Servicio de Informaciones de la Jefatura de Rosario funcionaba como centro clandestino de detención, conocido como “El Pozo”, practicando con los que serían conocidos posteriormente como los fusilados en la Masacre de los Surgentes, los aberrantes métodos de tortura importados de la escuela francesa.

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Los nombres de los militantes peronistas víctimas de la represion son Cristina Costanzo, María Cristina Márquez, Ana Murgiondo, Daniel Oscar Barjacoba, Sergio Abdo Jalil, Eduardo Felipe Laus y José Antonio Oyarzábal quienes fueron trasladados entre  el 2 y el 15 de octubre de 1976 al Pozo, en donde se concretaba lo dispuesto por Galtieri.

El 17 de octubre, los siete jóvenes peronistas son trasladados por personal policial hasta la localidad cordobesa de Los Surgentes –bajo la jurisdicción del III Cuerpo-.

Allí son fusilados en un camino rural en horas de la madrugada.

Los cuerpos serán llevados hasta el Hospital San Roque, para terminar en una fosa común en el cementerio de San Vicente, en Córdoba.

El que se relata en forma siguiente fue el destino final de una de las víctimas: Ana Murgiondo fue secuestrada junto a su hija de dos años.

Ante la resistencia que oponía en el interrogatorio, el ex jefe de Policía comandante de Gendarmería Agustín Feced la torturó con golpes de puño, disponiendo que se le propinaran descargas eléctricas a la pequeña.

Mostraba con esto las enseñanzas de la escuela francesa practicadas con los argelinos, donde se admitía la tortura para obtener información que –según ellos- serviría para “salvar otras vidas”.

En el “modelo argentino” de lucha contra la “subversión” los militares argentinos llevaban a cabo estas enseñanzas pero con aportes originales y terribles, como la tortura de niños, la desaparición de los cuerpos de los secuestrados y la apropiación de los hijos de los militantes.

De estos crímenes fueron responsabilizados el comandante de la Gendarmería Agustín Feced, comisario Saichoux, comisario Guzmán Alfaro, oficial Lofiego, oficial Marcote, oficial Nast y Scortecchini y claro está, Galtieri.

Los familiares de las víctimas realizaron denuncias ante diversas instituciones estatales, organismos nacionales e internacionales y ante la Iglesia Católica, la cual demostró su ineficacia para ponerse al frente de la demanda.

El padre Héctor García, secretario del entonces arzobispo rosarino Guillermo Bolatti, recibía a los familiares de los desaparecidos. Nelma, madre de Sergio Jalil, comentó años después: “El padre García me tuvo engañada tanto tiempo.”

“Me decía que Sergio estaba bien, que como se había recibido ese año de agrónomo lo tenían trabajando en el campo, que estaba perfectamente y que de un momento a otro iba a estar con nosotros […]”.

La “Masacre de Los Surgentes” está enmarcada en un plan sistemático y planificado de eliminación de personas.

No es casual la similitud entre varios procedimientos ocurridos en aquellos años.

Esas “masacres” fueron ejecutadas por distintas fuerzas de seguridad, con la mirada cómplice de gran parte de la Iglesia Católica, que tiene como objetivo terminar con un modelo de país industrial, distributivo y con alto protagonismo de los trabajadores.

Hacía allí apunto la última dictadura cívico-militar y apunta la presente gestión, que si bien fue elegida aparentemente democráticamente, ganando por un porcentual en segunda vuelta de un uno y medio por ciento.

Lo dictatorial fue la especulación mediática anterior y la aceptación de un gobierno de Ceo´s, que tan solo representa a los grandes intereses financieros, empresariales y terratenientes, habiéndose producido en lo político un revanchismo antipopular solo comparable con los años ’55, con la “revolución fusiladora”.

DCH/