Si se les promete a los de afuera, mas de lo que se da y niega a los de adentro, la soberanía nacional está de remate.

“YO SE QUE USTEDES RECOGERAN MI NOMBRE”

Por Jorge Rachid

El cipayaje encantando eleva loas a la decisión de entregar al país al capital financiero internacional. Son aquellos que a los largo de la historia fueron los cómplices de la destrucción del ser nacional. Es el mismo enemigo de la Nación, los mismos intereses, los hijos y nietos de quienes se apropiaron de la Patria. ¿Esto ha votado el pueblo argentino? “Yo se que ustedes recogerán mi nombre y lo llevarán como bandera a la victoria” nos pedía Evita

Por Jorge Rachid
SIN MORDAZA
14/9/16

Los que se creen líderes, porque son violentos con los de abajo y dóciles con los poderosos, son los que corren presurosos a los brazos de los dueños del mundo, a ofrecer lo que no les pertenece, lo que es del conjunto del pueblo argentino, de su historia y su cultura, desde las tierras a los recursos naturales.

Son aquellos que a los largo de la historia fueron los cómplices de la destrucción del ser nacional.

Eso es Macri en todo su esplendor, hablando en inglés en nuestro país a los buitres hambrientos del mundo, un planeta en crisis que no vende a nadie y que acá se les ofrece graciosamente, un país para llevarse, para comprar con ventajas que sólo la claudicación nacional puede dar.

El cipayaje encantando eleva loas a la decisión de entregar al país al capital financiero internacional.

Patético.

Claro que ni Macri ni quienes los acompañan han leído a Rodolfo Kush, para construir su pensamiento desde el “estar situado”, desde nosotros mismos, desde lo que somos como presente y como historia dada, por una cultura americana que nos fue hermanando en ese sincretismo necesario, desde los pueblos originarios a los inmigrantes, desde los criollos a los esclavos libertos, como leyeron en su tiempo, San Martín, Bolivar y Artigas.

Demasiado pedir quizás.

Menos aún que asuman la “epistemología de la periferia”, legado perfecto del enorme Fermín Chávez, donde el centro comenzamos a ser nosotros, dejamos el colonialismo cultural y la dependencia económica, por ser “periféricos”.

¿Para quienes somos periféricos?, sin dudas para aquellos que se creen dueños del mundo y determina el bien y el mal de la humanidad a fuerza de guerras.

El pensamiento profundo, latinoamericano, moreno, criollo siempre nos fue negado por los poderes fácticos y los antros intelectuales de la cloaca del mundo, llamado Primer Mundo.

Siempre dispuestos los imperios a avasallar a los pueblos, a comprar a sus dirigentes, a crear o formar sus propias tropas del cipayaje local, para lo cual es necesario desplazar, borrar, encarcelar, perseguir, desmontar todo vestigio del llamado peyorativamente “populismo”, para denigrar el pensamiento nacional.

“Ser nacional, es pensar lo universal desde nosotros mismos”, nos decía Arturo Jauretche al alertarnos que la historia argentina se contaba al revés, en esas etapas, colocando al mundo como ejemplo y a nuestro país, nuestros pueblos y nuestros héroes, enviados al pabellón de los deshechos.

Así enterraron a Dorrego y sus luchas, mataron dos veces a Facundo, desaparecieron a Campana, a Monteagudo, a Felipe Varela, denigraron al mismo San Martín por legar el sable a Rosas.

Sucesivamente el mismo trato recibieron Irigoyen, Perón y ahora Néstor y Cristina.

Es el mismo enemigo de la Nación, los mismos intereses, los hijos y nietos de quienes se apropiaron de la Patria.

Ya Perón nos alertaba en 1974 en Modelo Argentino para un Proyecto Nacional, que vendrían por nosotros, por nuestros recursos naturales, entre ellos el agua dulce, por nuestras tierras y por la colonización del siglo XXl, como sucede hoy.

¿Esto ha votado el pueblo argentino?

Que el presidente en persona en una imagen única en el mundo de un supuesto líder, le diga a 1.600 piratas del planeta que “hagan conmigo lo que quieran”, palabras mas o menos: seremos complacientes, amables, abiertos…relaciones carnales del nuevo tiempo, es una vergüenza nacional.

“Yo se que ustedes recogerán mi nombre y lo llevarán como bandera a la victoria” nos pedía Evita, en un legado siempre abierto a las utopías, mas aún cuando la noche es mas oscura.

Con esa sola frase se destruye cualquier manejo o maniobra que sectores supuestamente peronistas o que asumen como tales, les permiten colarse como furgón de cola de un proceso de entrega y claudicación nacional, como no se observa desde las dictaduras militares en todas sus épocas, en especial, por la persecución ejercida sobre las fuerzas populares.

El supuesto Mini Davos, llamado como rueda de auxilio de un gobierno que se cae por su propio barro, generado al haber inventado una crisis para justificar la transferencia de recursos inmensa, de sacarles a los trabajadores para fortalecer el bolsillo y el poder de los ricos, desmiente su propio discurso ante los argentinos, cuando nos plantean acá, que recibieron un país en situación terminal, pero en los documentos ofrecidos en varios idiomas, recitan un país en forma y dinámico, con indicadores que suenan sublimes a oídos ajenos.

Por eso los peronistas debemos fortalecernos en lo que somos, en el rol que el pueblo nos otorgó que es ser oposición.

No podemos oficiar de espectadores, casi de testigos de la destrucción y la entrega patrimonial del país, que operará por generaciones, con nuevos endeudamientos, con desplazamientos sociales en una verdadera nueva ingeniería del dolor y la exclusión.

Somos la resistencia a ese coloniaje, aunque ese término a algunos les suene antidemocrático.

Todo lo contrario, siempre hemos vuelto por el voto del pueblo y lo volveremos a hacer, si no traicionamos nuestro mandato histórico, en esta etapa trágica del país.