Compañero peronista, jugador de Papi Futbol, luchador de grecoromana fue modelo de Alberto Breccia

HORACIO LALIA DEL MORT CINDER DE OESTERHELD /BRECCIA AL NEKRODAMUS DE OESTERHELD Y LALIA

Por Orlando Verna

Horacio Lalia es un prócer del cómic y fue homenajeado en la VII Convención Internacional Crack Bang Boom, en Rosario. Publica en Italia, Inglaterra, Alemania y Francia. “Me gustaba dibujar y contar cosas, y la historieta se trata de eso, de contar historias. Ahí se me despierta el tema de la historieta propiamente dicha. Me decidí a hacer historietas y me metí de lleno”.


Por Orlando Verna
La Capital
28 de Agosto de 2016

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Al maestro con cariño. Nicolás Di Mattía participó de la muestra homenaje a Lalia montada por sus alumnos.

Hasta 2002, de Rosario sólo conocía el Monumento a la Bandera.

Pero ese año participó como invitado especial de Leyendas, el evento de historietas, juegos de rol y ciencia ficción que se desarrolló entre 1999 y 2008.

Catorce años después Horacio Lalia es un asiduo de la ciudad a la que llega desde el oeste del Gran Buenos Aires, donde vive.

Prócer del cómic argentino, con publicaciones en Italia, Inglaterra, Alemania y Francia, formado con Eugenio Zoppi, Alberto Breccia y Héctor Oesterheld, dibujante de los mejores guionistas, padre gráfico de Nekrodamus y Belzarek, simpático, locuaz y amigable, Lalia fue objeto de un homenaje en el marco de la VII Convención Internacional de Historieta Crack Bang Boom 2016, donde recibió una estatuilla con su personaje insignia, el cariño de sus alumnos y amigos, y de quienes lo admiran por su trabajo.

A los 75 años, Lalia tiene una larga historia para contar y muchos proyectos por venir.

Entre ellos, adelanta, el regreso de un Nekrodamus “más malo, menos humano”.

Al nene le gustaba dibujar y “como la mayoría de los pibes” (sic) a los ocho años ya le había dado vida a un personaje propio.

“Era un chiquitito que andaba en la selva caminando.

Algo bien infantil”.

Nada más lejos que su natal Ramos Mejía (partido de La Matanza), pero así funciona la imaginación.

Y un dato para hacer plop: a Lalia de chico no le gustaba la historieta.

¿Cómo?

“A mí me gustaba leer historietas relativamente.

No era un historietólogo, loco.

Leía historietas, pero a mí me interesaban la historieta literaria, las adaptaciones.

Yo entré en el mundo de la literatura a través de las adaptaciones que hacían Intervalo o Patoruzito”.

Promediando la docena se copó con los clásicos infantiles y juveniles mientras, claro, dibujaba.

“Yo no hacía historieta, sólo dibujaba y leía”.

Y se “enloquecía” con los grandes adaptadores de esas publicaciones.

Quedó marcada en su memoria la de El hombre que ríe de Víctor Hugo y un primer recuerdo del futuro: “Algún día me gustaría hacer algo de esto”.

Pero la puertita que el señor Lalia abrió hacia sus más profundos deseos no lo depositó en un lejano país de fantasía, sino en su propio barrio.

Y a los 17 años, sin querer queriendo, era ayudante de los talleres de Eugenio Zoppi y luego de Alberto Breccia.

“Empiezo a trabajar con Zoppi y a los tres meses lo conozco a Breccia, porque eran concuñados, casados con dos hermanas, y se visitaban”.

Y se formó nomás un virtuoso triángulo artístico.

“Zoppi vivía en Ramos, Breccia en Haedo y yo en el límite de Ramos con Haedo.

Éramos todos gente del barrio, estábamos en un radio de 14 cuadras”.

Es en esa época cuando se encuentra con su vocación, más tarde convertida en profesión.

“A mí me gustaba dibujar y contar cosas, y la historieta se trata de eso, de contar historias.

Ahí se me despierta el tema de la historieta propiamente dicha. Me decidí a hacer historietas y me metí de lleno”.

Trabaja entre 1957 y 1960 con Zoppi, y con Breccia hasta 1963.

Ese mismo año tiene su primer conchabo.

Había conocido a Héctor Germán Oesterheld mientras éste pergeñaba Mort Cinder junto a Breccia, personaje que posee las mismas características físicas que el propio Lalia, un inesperado modelo para Breccia.

Y fue el mismo Oesterheld quien le publicó su primer trabajo en la revista Hora Cero, de la cual era su director.

Se trató de un relato bélico.

Volvieron a trabajar juntos en 1966 y 67.

Estudia en la Escuela Panamericana de Arte y en el Instituto de Directores de Arte y “lo tenía como profesor a Breccia”.

Acepta que las adaptaciones son su gran inspiración, pero para hacer adaptaciones hay que leer los textos primero.

¿Quién le proveía los libros?

—Mi padre leía bastante y después, de joven, Zoppi y Breccia me dieron muchos.

Pero Zoppi era el que insistía: “Vos tenés que leer”, me decía, algo que yo después le agradecí mucho.

A los 17 años yo había empezado a leer un poco y él me incitaba a la lectura.

En este trabajo leer es una de las cosas más importantes, sirve para la evolución y la liberación mental.

La literatura es fantástica para eso.

Pero Lalia no se estanca allí y saca a relucir, como el Dr. Merengue, su otro yo, el profesor.

“Además hay que estar informado.

El dibujante de historietas debe saber de todo, porque no dibuja solamente figuras humanas, tiene que dibujar de todo.

Por eso yo insisto con la lectura y con ponerse al día”.

El final de los 60 y principio de los 70 lo encontraron dedicado a la ilustración.

Trabajó entre 1967 y 1970 en el suplemento Ayer, hoy y mañana, después Ciencia Viva, del diario La Razón, y colaboraba con las editoriales Atlántida, en especial con Billiken, y Columba.

También hizo dibujos para Anteojito e ilustró a su primer gran personaje, el Sargento Kirk, para Editorial Bruguera.

Cuando se terminó el suple de La Razón, la economía apretó.

“Para compensar ese sueldo había dos caminos.

El primero era sumar más laburos para Columba, pero para mí era un problema porque nunca produje grandes cantidades de trabajos, siempre fui más medido.

Pensé en ese momento que producir en masa era como a tirar por la borda lo poco que había hecho”.

Por eso entre 1970 y 1972 se hizo cocinero cuando montó una rotisería y fiambrería.

“Soy afecto a la cocina, me gusta cocinar.

Lo he heredado de mi familia, de mis tíos, de mi mamá”.

Pero el tablero tira más que una yunta de bueyes.

“Prácticamente había dejado de dibujar y me di cuenta de que yo lo que quería era eso.

Hablé con mi esposa y le dije que si no me iba bien, nos íbamos a vivir a Barcelona, que era el centro editor más grande de habla hispana.

Y que yo no iba a abandonar la historieta, que no la iba a dejar más”.

Decidido a hacer valer su arte consigue trabajo con una editorial inglesa (Fleetway) y es para 1972 que conoce a su mecenas.

Llevando trabajos por aquí y por allá se topó con Alfredo Scutti, editor de Récord.

“Me dio tres o cuatro guiones y ahí arranqué”.

Fueron dos años de hacer unitarios de terror (con guiones en un principio de Robin Wood, Jorge Morhain y otros), debido, supo más tarde, a que a su editor lo fascinaron los climas de sus historias.

Para 1973 ya está dibujando para la versión italiana de la revista Skorpio.

Es la época en que, según le comentan en la editorial, los lectores quieren un personaje propio de Lalia.

Y Scutti, ni lento ni perezoso, se lo encarga a Oesterheld, que también estaba trabajando para Récord.

“Con Héctor ya teníamos una relación de 12 o 13 años. No nos veíamos permanentemente pero habíamos hecho trabajos juntos.

Y me prepara Nekrodamus”, que se publica en 1975 en Italia y luego en Argentina.

La desaparición forzada de Oesterheld hace que la historieta cambie varias veces de guionistas, entre ellos Carlos Trillo, Guillermo Saccomanno y Carlos de los Santos.

Durante ese tiempo también dibuja Lord Jim, con textos de Carlos Albiac sobre el clásico de Joseph Conrad.

El éxito de Nekrodamus es inmediato y se dibuja hasta 1978.

El monstruo que tiene sentimientos humanos a la espera de una nunca a la vista redención tiene una segunda época entre 1981 y 82 con guiones de Ray Collins, y una tercera entre 1989 y 1994, quizás su época de oro, escrita por Gustavo Slavich.

En Italia se publicó hasta 1996.

Luego del segundo tiraje de Nekrodamus, siempre según Lalia, llega “el momento de las adaptaciones”, como se lo había planteado de pibe.

Entre 1986/87 empezó a aparecer una idea-fuerza: “Tenía que hacer algo por mi cuenta, algo mío, y elijo la literatura de terror”.

Sin saberlo, la elección lo marcaría para todo el viaje, ya que sus fans lo reconocen inmerso en ese mundo de sombras.

De todos modos y aunque la tribuna chille, aclara: “A mí el terror me llega por añadidura.

Busco en los escritores de la literatura universal su cuento de terror, porque, aunque no se dediquen al género, todos tienen un relato de terror”.

De ese “buceo” salen adaptaciones de Arthur Conan Doyle, Robert Louis Stevenson, Alejandro Dumas, H. G. Wells y, claro, los clásicos como H. P. Lovecraft y Edgar Allan Poe.

“Yo hacía literatura, no terror”.

Luego viaja a Europa con su material bajo el brazo y se conecta con editores italianos (Aurea), franceses (Albin Michel), para quienes hizo tres álbumes con cuentos de Lovecraft en 1999, 2002 y 2003, y españoles.

Y aunque parezca una trampa del destino, Lalia nunca publicó en España, por lo menos, no directamente (sólo cuando se vendió Récord).

Es a partir de allí que se lo asocia inseparablemente con los relatos de terror.

Es para la bisagra del siglo XXI que Lalia saca de su tintero otro de los personajes que lo dejan en el Olimpo de los dibujantes de historietas de terror: Belzarek, con guión de Gustavo Schimpp, un monje benedictino, habitante de una lúgubre abadía medieval e ilustrador de miniaturas de libros sagrados que un día se entera de que es hijo de un demonio, y es perseguido pues atesora un gran secreto.

Entrados los 2000 se une al grupo Hacha (con el que apuntala una publicación) y es cofundador de la revista El Inquisidor.

Trabaja en la Editorial Colihue y en Thalos, para la que compila adaptaciones literarias y algunos dibujos de Nekrodamus.

Hoy Lalia se dedica a sus plumas y a sus alumnos.

Ya debió haberse publicado una investigación sobre Antiguas historias de vampiros (1700/1800), trabajo realizado con el mismo guionista de Belzarek para Deux Books.

Además, sigue haciendo Krantz, con Morhain de guionista, donde un incubus llega del futuro para solucionar quiebres de la historia.

Ya salió el primero de los tres álbumes, y el segundo también será, quizás, para fin de año.

Mientras tanto, hace lo mismo con Maura, un policial negro.

Y para el final una novedad: “Estamos trabajando en el posible regreso de Nekrodamus.

Tenemos hecho un álbum con Slavich y había que hacer cuatro o cinco más.

No es el material que se publicó en Italia y no en Argentina.

Son nuevas aventuras.

Es para que los más jóvenes conozcan el personaje”.

Los climas

Según los expertos, el trabajo de Lalia se caracteriza por la intensidad, y que eso se consigue con los climas.

“El clima es el entorno de lo que se está contando, dónde y cómo.

En qué épocas, en qué lugar.

Mucho tiene que ver con la documentación y los detalles que hacen a la ambientación.

Esos detalles no aparecen en mi trabajo porque me gustan los cuentos de terror, como muchos me dijeron.

Por ejemplo, a (Alberto) Breccia también le gustaban los climas y era un tipo pesado para hacer climas”.

De todas maneras, Lalia se despega rápidamente de su maestro: “Toda la vida, gráficamente, a pesar de que admiraba a Breccia y me gustaba mucho su trabajo, traté de evitar lo que él hacía”.

Mira hacia el más allá, piensa y recuerda con orgullo: “Breccia una vez me dijo: «Vos por lo menos tomaste lo conceptual, y no lo gráfico»”.

Sucede que el grafismo de Breccia era muy pegadizo y “lo que yo no quería tomar era el estilo, la forma.

Y el clima está dado en ese tipo de ambientación, de clima cerrado.

A mí me gusta eso y la mayoría de los colegas le dispara.

Me gusta dibujar épico, por ejemplo, y a los otros profesionales no, porque hay que documentarse.

Tratan de hacer cosas más fáciles.

Como el policial, que uno lo ve por televisión y ya está.

Además me encanta lo gótico y allí aparece Nekrodamus”.

—¿Por qué dice que no le interesa trabajar sobre la fachada de los personajes, sino con el interior de los mismos?

—En relación con cualquier personaje, el dibujante puede decidir dibujarlo así y asá.

Pero es mucho mejor estudiarlo, trabajar el personaje desde adentro hacia afuera.

Por ejemplo, tengo un personaje solitario, pero… ¿por qué es solitario?

¿Qué le pasó?

¿Cómo vive?

Eso afecta la cuestión actitudinal del personaje.

Un estilo del demonio, propio e inigualable

Nekrodamus es obviamente el personaje más importante de la trayectoria artística de Horacio Lalia y el que marca la evolución en el trazo del dibujante.

Según los expertos en cómic, el estilo de Lalia es de un barroco acentuado en los 70 y atenuado hacia los 90, particularidad que le permite ser narrativamente más sólido.

Si hasta se adjetiva su trabajo como “inhumano” debido al pocas veces visto nivel de detalles de los fondos o telones sobre los que se juega la historia.

Pero hay más: Nekro fue la historieta que le permitió a Lalia reivindicar su estilo de dibujos y explicitarlo como tal, como propio e inigualable.

“Es así, yo arranco en 1964 y hasta 1972, dibujo sí, pero no necesariamente historietas.

Vuelvo en 1973 a dibujar historieta y todavía no estaba afianzado mi estilo.

Es allí cuando concreto mi estilo, con Nekrodamus”

Sobre Breccia

“Él pensaba un poco más allá del personaje, había cosas que no sabíamos de los personajes, pero él sí las sabía.

Podríamos decir que es el perfil psicológico del personaje pero en realidad significa mucho más que su psicología”.

Sobre Oesterheld

“Era un tipo muy sencillo, muy capaz, muy leído, tenía una biblioteca fantástica, un conocimiento de la literatura maravilloso, pero extremadamente humilde.

Cuando nos sentábamos frente a frente, yo un chico y él un tipo hecho en su profesión, intercambiábamos ideas sin problemas.

Después se construye la leyenda.

Basta con observar los guiones de Nekro.

Es un demonio que se quiere redimir pero atrás se habla de justicia, del bienestar del oprimido, todos sus pensamientos estaban volcados allí.

Nekro se peleaba a veces con otros demonios, pero también se peleaba con dictadores, con tipos que trataban mal a las personas”.

 

NOTA DE LA NAC&POP: Además de la honra de que Horacio Lalia sea mi amigo de tantos años, y compañero de jugar al fútbol en la banda de padres de alumnos de Colegio Almirante Brown de Haedo, Horacio, cumpa de primera, gran asador de asado rápido, con su pipa y su impronta italiana, fue el gran dibujante de la serie “PAPI FUTBOL” donde soliamos contar historias de nuestros compañeros de juego en el Brisas del Plata que se publicaban en la revista “SupeHumor” de La Urraca. Después, en la revista “Feriado Nacional” le rogamos que pusiera su inimitable estilo del terror para hacer, con guiones de Eduardo Maicas y Miguel Repiso (Rep) “LA Fosa” una especie de boliche bailable donde pasaban-en clave de humor- las cosas más espantosas. Despues por muchos años segui su carrera, su triunfo y su otro triunfo que siempre fue formar figuras nuevas de una actividad que honra a la Argentina. la Historieta. Las historias dibujadas por grandes maestros, como el. MARTIN GARCIA/N&P/ <garciacmartin@gmail.com>