La cronificación de las enfermedades y su tratamiento de por vida, son el paradigma de la salud neoliberal, que destruye los sistemas solidarios

CRONIFICAR LAS ENFERMEDADES ES UN BUEN NEGOCIO PARA EL NEOLIBERALISMO, CURAR NO.

Por Jorge Rachid
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El sistema solidario se basa en las tres patas claras que los sostienen: el mas rico aporta por el mas pobre, el mas sano por el mas enfermo y el mas joven por el mas viejo, construyendo así una pirámide de demanda prestacional lógica, donde el recurso común alcanza, mas allá del universo beneficiado, ya que al impacto de la tercera edad, se la compensa con los jóvenes poco demandantes de servicios.

Por Jorge Rachid
SIN MORDAZA
NAC&POP
10/08/2016

La Argentina tiene una cultura sanitaria, desde la época del Dr. Ramón Carrillo en el primer peronismo, se construyó, no sólo la salud como derecho humano esencial, sino como sistema de accesibilidad universal, incorporando hasta el día de hoy, el concepto social de los determinantes sociales y la prevención, como factores inclusivos de la protección de la salud.

Entonces y hasta ahora, el concepto paradigmático es la protección de la salud como eje de construcción de una sociedad, mas sana, de mayor calidad de vida, con indicadores en crecimiento desde el punto de vista de la resolución, de patologías evitables, desde la mortalidad infantil en baja a un dígito en la “maldita herencia”, hasta la ampliación de las redes de agua corriente y cloacas, a millones de compatriotas.

Si esto fue posible, aún con un país como el nuestro saliendo de una crisis terminal, como la del 2001, fue por el sostenimiento de los sistemas solidarios de salud, que conformado por cuatro pilares, dieron respuestas, mas allá de coyunturas económicas y crisis sociales, al conjunto de la población, siendo ellos: el sistema público hospitalario, las obras sociales sindicales, las obras sociales provinciales de empleos públicos y el PAMI.

En conjunto estos sectores componen, desde el punto de vista económico el 90% de la inversión en salud en la Argentina, atendiendo al 92% de la población, siendo el 8% restante atendido por las prepagas, que aportan el 10% restante de esa inversión. Sin embargo estos datos duros esconden otra realidad.

El sector público hospitalario tiene dentro de su funcionamiento sectores “tercerizados”, llamados también kioscos que pertenecen al ámbito privado con desempeño en los hospitales, hecho que sucede a partir de la irrupción neoliberal en salud de los 90, la Constitución de 1994 y la fragmentación del sistema, al “descentralizar” los servicios a nivel municipal, sin los recursos necesarios para su funcionamiento, permitiendo y alentando de hecho esta situación.

En los sectores solidarios de obras sociales, la situación fue intrusada desde los 90 por la desregulación de las obras sociales, es decir que los sectores trabajadores podían optar por pasarse de obra social, mas allá de su actividad, lo que abrió las puertas a las prepagas, que haciéndose, comprando favores, de obras sociales pequeñas, que comenzaron a captar afiliados, por la oferta prestacional, que siempre incluye en su menú una prestación superior, con un plus de lucro, por encima del aporte fijado por ley.

Este hecho se denomina “descreme”

En el caso del PAMI la intrusión se produjo por sucesivas intervenciones, que anularon el funcionamiento del Consejo que fija la ley de creación con participación de jubilados, decidiendo a partir de 1994 por presión del Banco Mundial, como todas estas medidas, el “gerenciamiento”, una suerte de tutoría de los servicios con concepción neoliberal del lucro, antes que de la solidaridad, lo cual deterioró fuertemente el sistema prestacional que funcionaba hasta entonces, cambiando servicios en ampliación, por “no gastar” para tener recursos excedentes o ganancias.

El sistema solidario se basa en las tres patas claras que los sostienen: el mas rico aporta por el mas pobre, el mas sano por el mas enfermo y el mas joven por el mas viejo, construyendo así una pirámide de demanda prestacional lógica, donde el recurso común alcanza, mas allá del universo beneficiado, ya que al impacto de la tercera edad, se la compensa con los jóvenes poco demandantes de servicios.

Sin embargo desde esos nefastos 90 en adelante, con una Constitución que avala, los sectores financieros en especial, avanzaron sobre los recursos del ahorro interno genuino de trabajadores, para la salud que constituyen una de las “joyas de la abuela” a la cual no lograron acceder del todo.

Por eso vuelven hoy a la carga con la propuesta de Cobertura Universal, impuesta por el Banco Mundial, que baja el derecho a la salud, para transformarlo en número del aseguramiento o sea un seguro, donde lo único seguro es que hay criterios de ganancias, de lucro, que rompen la cultura solidaria del país.

Si prospera esta propuesta realizada por DNU, el pobre tendrá su carnet de pobre o de indigente, según el caso, con un menú prestacional acorde a su situación llamado PMO mínimo, por ejemplo 3 consultas por año, dos Rx, una RNM cada año y medio y así por el estilo, con un sistema humillante y denigratorio en turnos y prestaciones como sucede hoy en Colombia, donde funciona hace años, con alto impacto en los niveles e indicadores de salud a la baja.

Nos opondremos, lucharemos, los trabajadores de la salud por el pueblo, no ya por nuestros derechos ya conculcados, pero con el compromiso de vida que implican nuestras profesiones, nunca hemos abandonado al paciente necesitado.