‘Todos somos iguales ante la ley’, decía la maestra. Recuerdo que por esa fecha me empezó a parecer estúpido ser iguales para la ley, y no estar igualmente abrigados.

EL PRIMER PASO

Por Juan Julio Roqué *

‘Los argentinos somos ricos porque la Argentina es un país riquísimo’ seguía diciendo la maestra y citaba largas listas de producción de trigo, carne, azúcar y ventajosas ubicaciones en los rankings de producción en los países del mundo. Sin embargo yo conocía compañeros que no comían nada antes de caminar los cinco kilómetros que los separaban de la escuela

Por Juan Julio Roqué *

NAC&POP

29 de mayo de 1977.

Descubrir el dolor ajeno y sentirlo como propio, es el primer paso para convertirse en revolucionario.

Desconfiar de las apariencias y buscar tenazmente la verdad, el segundo paso.

Vencer el miedo, el tercer paso.

Yo recuerdo exactamente cuando comencé a convertirme en un revolucionario.

Fue un día de invierno muy frío, en que un compañero de la escuela primaria se cayó casi congelado en la puerta del edificio donde estaban las aulas.

Yo tendría 8 ó 9 años.

Ví que ese chicotenía solo el guardapolvo escolar encima de una camisa rotosa.

De pronto sentí una profunda vergüenza por mis ropas abrigadas, por mis zapatos y medias de lana.

Sentí como si yo le hubiese quitado la ropa a ese chico.

Su frío fue para mí un sufrimiento concreto.

Sus manos y su cara morada y sus articulaciones rígidas me espantaron como la misma muerte.

‘Todos somos iguales ante la ley’, decía la maestra.

Recuerdo que por esa fecha me empezó a parecer estúpido ser iguales para la ley, y no estar igualmente abrigados para aguantar el frío que era un problema mucho más inmediato y concreto.

‘Los argentinos somos ricos porque la Argentina es un país riquísimo’ seguía diciendo la maestra y citaba largas listas de producción de trigo, carne, azúcar y ventajosas ubicaciones en los rankings de producción en los países del mundo.

Sin embargo yo conocía compañeros que no comían nada antes de caminar los cinco kilómetros que los separaban de la escuela, y que aguantaban el hambre hasta la tarde con una batata asada que les daban sus padres al salir de su casa.

Esos padres trabajaban cultivando enormes trigales y cuidando centenares de vacas y no tenían más que una batata para darle a sus hijos.

La riqueza estaba allí, sin ninguna duda, pero los que la creaban con su trabajo no eran tan ricos como decía la maestra.

IL/

  • Carta que dejó para sus hijos, el combatiente montonero Juan Julio Roqué Mateo caído en combate por el Pueblo y por la Patria el 29 de mayo de 1977.

 

*Juan Julio Roqué nació en Córdoba en el año 1940 y murió en Haedo, Argentina el 29 de mayo de 1977. Fue un docente y se desempeñó como director de una escuela secundaria en Córdoba. Luego se incorporó a las organizaciones revolucionarias Fuerzas Armadas Revolucionarias y Montoneros, en las cuales utilizaba los nombres de “Iván”, “Lino”, “Mateo” o “Martín”. Se licenció en Ciencias de la Educación en la Universidad Nacional de Córdoba y fue profesor y director de una escuela secundaria de esa ciudad. Su primera pareja fue con Azucena Rodríguez, con la cual tuvo dos hijos, María Inés Roqué Rodríguez (13-7-1966) e Iván Rafael Roqué Rodríguez (20-10-1969). La segunda compañera fue Gabriela Yofre, luego desaparecida en la ESMA el 25 de octubre de 1976, hermana de Alejandro Yofre, uno de los primitivos montoneros de Córdoba, con la cual tuvo un hijo: Martín Miguel Roqué Yofre (9-5-1974). Integró el comando “Santiago Pampillón”, en la insurrección del barrio Clínicas de Córdoba en 1969 y pasó a la clandestinidad en junio de 1971. Participó el 10 de abril de 1972 en el ametrallamiento en Rosario en el que cayó el general Juan Carlos Sánchez . Participó en la elaboración de varios manuales de capacitación política en FAR y, luego, en Montoneros. Fue detenido a comienzos de 1973 y salió libre con la amnistía del 25 de mayo de ese año. Al unificarse FAR con Montoneros (12 de octubre de 1973), fue uno de los oficiales superiores y tuvo a su cargo el sector de Prensa. El 29 de mayo de 1977 fue localizado por fuerzas de seguridad en una casa de la localidad de Haedo, ciudad del Gran Buenos Aires, y luego de varias horas de combate se quitó la vida, al parecer haciendo estallar un explosivo, después de destruir papeles y documentación de la organización revolucionaria.