En la FOTO, Eduardo Cunha, líder del golpe contra Dilma.

HASTA EL DIARIO LA NACIÓN PUBLICA QUE EL ATAQUE A DILMA ES “UN VERGONZOSO INTENTO DE GOLPE”

Los legisladores brasileños protagonizaron un vergonzoso escándalo ante los ojos del mundo. A los gritos e invocando a Dios y hasta a los militares que torturaron a Dilma cuando era joven, los legisladores que impulsaron el Juicio Político hundieron a Brasil en una etapa preinstitucional.  El escándalo fue señalado hasta por el diario conservador, La Nación.

 

El mundo observó atónito como un grupo de diputados barrabravas votaba “sí”, a los gritos, por el “impeachment” a Dilma Rousseff. Mientras invocaban a Dios, gritaban como si el Poder Legislativo se tratara del Mineirao en la previa del 7 a 1 frente a Alemania. El griterío previo al papelón.

 

Pero el papelón institucional de las formas es apenas la punta del iceberg de un escándalo que busca disfrazar de juicio político a un golpe de Estado. Aécio Neves, el candidato que perdió en las urnas con Dilma, celebró el tenebroso espectáculo.

El escándalo fue tan grande que hasta los diarios conservadores del mundo, desde El País de España a La Nación, cuestionaron el proceso para derrocar a una Presidenta que no les resulta simpática.

 

Dice La Nación: “El juicio político es conducido por el presidente de la Cámara, Eduardo Cunha, el rey del Lava Jato. Tiene cuentas secretas en Suiza y en la última denuncia en su contra fue acusado de recibir 52 millones de reales (unos 14,7 millones de dólares) en coimas. Jovair Arantes, diputado que impulsa el pedido de juicio político, es hombre de confianza de Cunha. El ex diputado Augusto Mardes, autor de la investigación que dio origen al proceso ante el organismo de control llamado Tribunal de Cuentas de la Unión, está investigado por recibir coimas millonarias de una empresa acusada de evadir el impuesto a la renta”.

 

Es sencillo: son los que impulsan el juicio político los que están involucrados en causas de corrupción. A Dilma la persiguen por la aplicación de una política legítima.

El problema no es la corrupción: el problema para la derecha brasilera es el modelo económico. Igual que en Argentina: los viajes de Boudou en un helicóptero prestado están mal, los de Macri en el helicóptero de un millonario están bien.

 

Dice La Nación: “Esa fragilidad esencial de las denuncias contra Dilma echa una obvia sombra de sospecha sobre el pedido de juicio político. Dos días después de ser derrotada, en las elecciones de octubre de 2014, la oposición ya multiplicaba las acciones judiciales para intentar impugnar el resultado de la victoria del PT de cualquier manera”.

“Jamás encontró el “crimen de responsabilidad” que exige la Constitución para la apertura de un pedido de juicio político. Ante ese cuadro, es imperativo reconocer que en el país está en marcha un proceso político que nada tiene que ver con el combate a la corrupción ni con la democracia. Es apenas un vergonzoso intento de golpe de Estado“, finaliza la nota.

 

 

Fuente: En Orsai