Argentina y Brasil ahora, Paraguay y Venezuela hace un tiempo; en fin, así una gran cantidad de nuestros países, fueron perdiendo masa crítica en la composición de la base social y en la constitución de sus alianzas políticas.

ACERCA DE LA CORRUPCIÓN

América del Sur está padeciendo los embates de un proceso de restauración liberal-conservador. Cada país lo transita de manera particular, aunque el conjunto de ellos presenta rasgos y características comunes. A saber, los enfrentamientos políticos principales-una vez transcurridos los acontecimientos electorales-, se desarrollan en el marco de los medios de comunicación y del poder judicial.

 

Por  Chino Fernández*

 

 

La situación política regional

América del Sur está padeciendo los embates de un proceso de restauración liberal-conservador. Cada país lo transita de manera particular, aunque el conjunto de ellos presenta rasgos y características comunes. A saber, los enfrentamientos políticos principales-una vez transcurridos los acontecimientos electorales-, se desarrollan en el marco de los medios de comunicación y del poder judicial.

Argentina y Brasil ahora, Paraguay y Venezuela hace un tiempo; en fin, así una gran cantidad de nuestros países, fueron perdiendo masa crítica en la composición de la base social y en la constitución de sus alianzas políticas. En todos los casos, aparecen denuncias de corrupción en todas las direcciones imaginables. Con independencia de la existencia de hechos delictivos reales, entendemos que esta forma de crear un ambiente permanente de sospechas y conspiraciones, encierra para todo el Continente, una crisis hegemónica muy importante. Una crisis de poder de carácter estructural.

En la Argentina

La disputa política librada en las urnas en los últimos dos años-con el resultado ya conocido-, continúa en forma exacerbada en el campo de la justicia y de los medios de comunicación. Las dos fuerzas políticas-electorales principales que protagonizaron el enfrentamiento electoral, se están atomizando a pesar de mantener en sus filas una buena cantidad de legisladores, según el volumen de votos alcanzados en octubre de 2015.

Una fuerza electoral, el Frente Para la Victoria (FPV), que si bien pierde el control del gobierno y, su alianza política institucional de sustentación se disgrega, mantiene una base social de apoyo aún considerable. La fuerza electoral triunfante (Cambiemos), a pesar de su éxito, también se disgrega en parte, como consecuencia de las políticas anti-populares implementadas.

Ahora bien, han emergido a través de los medios de comunicación y hasta el hartazgo, una catarata de información con cruces de denuncias hacia sectores de la oposición y, hacia el oficialismo.  Denuncias por fraudes, malversación de fondos públicos, asociación ilícita, evasión impositiva, robos, corrupción generalizada…

Nuestra sociedad sin conducción

Lo que expresa esta situación de denuncias permanentes, es una fenomenal crisis de hegemonía política. Nuestra sociedad es una sociedad que se encuentra a la deriva, sin dirección. Una fuerza política que pierde la conducción del estado y otra fuerza política, que no logra el consenso necesario para conducirla, aunque haya alcanzado el gobierno nacional y el de los principales estados provinciales.

La otra grieta

La otra grieta, la que existe en los cimientos de nuestra realidad nacional, es aquella que se da entre el poder económico y el poder político. La transferencias de ingresos que el kirchnerismo desplegó a favor de los sectores del trabajo, no alcanzo a transformar las estructuras económicas de nuestro país. Transferir ingresos, que de por sí es una acción de equidad social, no implica necesariamente una transformación radical en la distribución de la riqueza.

En estos momentos, transitamos un proceso inverso, de distribución del ingreso, de forma regresiva para los asalariados, los pequeños empresarios industriales, comerciantes y de servicios. Con este cambio de gobierno, los mismos sectores que mantienen históricamente el control de nuestra economía: Banca extranjera; empresas cerealeras; mineras; Empresas Transnacionales y algunas grandes empresas nacionales, disponen ahora del control directo de la política cambiaria y monetaria, a demás de los principales ministerios del gobierno nacional.

El Frente Renovador (FR) y el Movimiento Nacional

El Frente Renovador, surge ante los primeros síntomas de agotamiento de la experiencia del Frente Para la Victoria. El Kirchnerismo, por decisiones u omisiones que no trataremos en este texto, se recuesta a partir de fines de 2010, en el corazón de su propia alianza. Dejando de lado a una parte importante del movimiento sindical y de diferentes capas medias.

El FR, a poco de iniciarse el 2016, debe aprovechar el espacio de vacío que se ha producido en la vida política nacional. Es necesario salir del medio en el enfrentamiento de ambas fuerzas, (antinomia), ya que ambas fuerzas electorales, se encuentran en franca dispersión.

Muchas de aquellas buenas ideas de campaña, que el FR supo difundir, es preciso profundizarlas, pensando no solo en la próxima elección, sino, en generar conocimiento y doctrina ante las nuevas realidades que se irán desplegando en el escenario político. El FR, está en las mejores condiciones para agrupar aquellos sectores no solo que formaron parte del FPV, sino de Cambiemos y que poder diferentes razones, se han desprendido.

Esta tarea, merece un replanteo hacia el interior del peronismo y de los vastos sectores nacionales que, históricamente aportaron a la realización de un proyecto político con justicia social e integración nacional.

De la misma manera que en la política internacional, ha regresado la “Geopolítica”, como disciplina y herramienta de conocimiento, desplazando a la “Ideología” para comprender la realidad por la que transitamos; en la política interna, se impone el regreso a los análisis políticos, en donde destaquemos la identificación de los intereses económicos y sociales en juego, más allá de los posicionamientos políticos coyunturales. Posiciones coyunturales, que los medios de comunicación potencian al infinito, generando para la ciudadanía un gran show de distracción y embrutecimiento.

La nueva revolución de los Directores (CEOs en función de gobierno), a la que asistimos, muestran crudamente como un conjunto de élites, no portan banderas ideológicas ni programáticas muy definidas. Mientras practican un nepotismo pseudo-ilustrado y encubierto, se comportan como clanes privilegiados; emergentes, de sus castas sociales.

Clubes y barrios cerrados, colegios y prácticas culturales exclusivas que estas élites transitan, recortan sus grupos sociales de pertenencia, cada vez más separados del resto de la vida social. Si algo se destaca en su comportamiento en nuestra sociedad, es su aislamiento, de la misma manera, aunque en sentido inverso que lo hacen los parias y los excluidos.

Estos grupos no se definen esencialmente por ser peronistas, radicales o liberales, son parte de grupos sociales de distinta procedencia, que han coincidido en su alergia social que les ha producido un mejor reparto de la riqueza. No es la corrupción lo que realmente los mueve, es el haber tenido menos control de los mecanismos de distribución de la riqueza socialmente producida. Ahora consideran que están en su lugar. Para ellos, la grieta entre el poder económico y el poder político se ha acortado.

Y una vez más, será en la calle, donde se libren los enfrentamientos a través de los movimientos sociales, sindicales y de ciudadanos.

 

18 de abril de 2016

Carlos Fernández cafchino2000@yahoo.com.ar