Desde los dieciséis años fue obrero metalúrgico. Militó desde los 14 años en la Juventud Peronista. Participó de la resistencia peronista.

30 DE MARZO DE 1934: NACE EL OBRERO METALÚRGICO RAIMUNDO VILLAFLOR.

Los grandes aumentos de la comprensión histórica han salido de la crisis de los vencidos; éstos siempre han tenido, más que los vencedores, necesidad de explicar por qué las cosas ocurrieron en un sentido diferente del que esperaban o deseaban: Reinhard Koselleck.

Blog de Daniel Chiarenza
29 de marzo de 2016

El obrero metalúrgico y militante del Peronismo de Base Raimundo Aníbal Villaflor.

Su nombre completo fue Raimundo Aníbal Villaflor.

Nació en Valentín Alsina, localidad del Conurbano Bonaerense el 30 de marzo de 1934.

Desde los dieciséis años fue obrero metalúrgico, lo que tomó con una conciencia clasista. Militó desde los 14 años en la Juventud Peronista.

Participó de la resistencia peronista.

A los 23 años fue elegido secretario general de la comisión interna de TAMET (Talleres Metalúrgicos San Martín). Raimundo nunca quiso salir de Avellaneda, era el obrero de barrio que le daba una mano al vecino que podía

Lucho contra el vandorismo -fracción de la conducción traidora y pro-patronal del sindicalismo argentino, especialmente de la Unión Obrera Metalúrgica y las 62 Organizaciones, que aparentaba ser peronista, pero en realidad era burocrática, participacionista y colaboracionista de los militares golpistas y factores de poder, pretendiendo construir el “peronismo sin Perón” cuyo orientador fue Augusto Timoteo Vandor (a) “El Lobo”-, participando en los sucesos de la pizzería La Real en la localidad de Avellaneda del 13 de mayo de 1966, magistralmente relatados por Rodolfo Walsh en su trabajo de investigación “Quién mató a Rosendo” y que, precisamente terminó con la muerte del sindicalista Rosendo García.

Raimundo Villaflor, en 1968, fue un activo impulsor de la CGT de los Argentinos.

Posteriormente se incorporó a las FAP (Fuerzas Armadas Peronistas) e impulsó la “Alternativa Independiente de la clase obrera y el pueblo peronista”.

Se vinculó a John William Cooke y se determinó que fuera la “máxima autoridad política de la corriente que se conoció en aquellos años como el Peronismo de Base”, tal como lo definió Enrique Arrosagaray en su libro “Los Villaflor de Avellaneda”.

La de Raimundo fue una historia de compromisos, una estirpe de lucha.

Su padre había estado en la FORA (Federación Obrera Regional Argentina, de principios del siglo XX, anarquista) era del sindicato de panaderos, uno de los más combativos.

Fue una familia acostumbrada al trabajo en fábrica.

Su madre, trabajadora del cuero.

Luego, el padre de Raimundo pasó a ser changarín en el puerto, trabajó en la Siam, en los frigoríficos.

E iban de conventillo en conventillo hasta que en un momento se pudieron comprar la casa.

La hija de Raimundo, Laura, en el momento de secuestro de sus padres solo tenía once meses.

Más tarde, el “Negro” Villaflor se vuelve referente del sector llamado FAP-Comando Nacional, que luego desarrollaría su propuesta de “Poder Obrero”.

Aunque partidario de la lucha armada, señala Horacio Tarcus, rechaza las posturas foquistas.

Debilitada su organización, y ante la represión dictatorial, decide, en 1978, suspender su acción.

Pero es secuestrado el 4 de agosto de 1979 por un grupo de tareas de la Escuela Superior de Mecánica de la Armada, junto con su compañera María Elsa Martínez Barreiro –quien había participado en la formación de MLN Tupamaros en el Uruguay- en Villa Domínico.

Para fines de la década de 1960, las FAP y Tupamaros estaban haciendo una experiencia conjunta. Martínez se exilió en la Argentina, donde conoció a Villaflor y compartió la militancia en las FAP.

Un día antes, Héctor Antonio Febres y otros marinos habían secuestrado a su hermana, Josefina Villaflor, y a José Luis Hassan -tal como lo documenta el periodista José Vales en su libro Ricardo Cavallo. Genocidio y corrupción en América Latina.

El dirigente obrero fue asesinado, a los 45 años, en una sesión de tortura en la ESMA en la que participó Héctor Febres.

El secuestro de Raimundo Villaflor se convertiría en uno de los casos paradigmáticos del accionar de la patota de la Armada, y precisamente esta particularidad es parte fundamental de una historia que en el juicio al ex prefecto Febres, asesinado el 10 de diciembre en su celda de privilegio, fue descartada del expediente para ser, quizá, evaluada en otra instancia.

Como se dijo, el exprefecto fue también quien participó de las sesiones de tortura que terminaron por asesinar al “Negro” Villaflor.

Así lo relata su hija, Laura Villaflor: “De algunos testimonios, teníamos una primera versión y era que mi viejo cayó el 4 de agosto y que el 8 de agosto -después de una sesión de tortura- había tomado agua de un inodoro y le había dado un paro cardíaco.

Pastillas de cianuro no tenía nadie de las FAP.

Después, cuando leí los testimonios de Carlos Lordkipanidse y de otro compañero, ellos dicen que lo ven a Febres salir de la sala de tortura y que dice: ‘Se me fue el Negro Villaflor’.

Luego me enteré que Lordkipanidse lo vio a mi viejo muerto”.