Se puede mentir a pocos mucho tiempo; se puede mentir a muchos poco tiempo. Pero no se puede mentir a todos, todo el tiempo… (ABRAHAM LINCOLN)

MIENTE, MIENTE QUE ALGO QUEDARÁ: EL FAMOSO CUENTO DEL DÉFICIT FISCAL

Por Matías Di Santi

Ninguno de los cálculos de las fuentes alternativas consultadas llega a un déficit primario de 7 puntos del PBI. Tampoco se obtiene esa cifra si se mira el comunicado sobre el resultado fiscal 2015 publicado la semana última por el Ministerio de Hacienda y Finanzas de la Nación.

¿ENGAÑOSO?

Peña: “Tuvimos un último trimestre muy negativo, con un déficit fiscal en torno a los siete puntos [del PBI]”

Por Matías Di Santi 

Si bien los cálculos de déficit de 2015 arrojan las cifras más altas de las últimas dos décadas, el número mencionado por el Jefe de Gabinete responde a una metodología que sobreestima el porcentaje y no respeta los estándares internacionales en la materia.

El jefe de Gabinete de Ministros de la Nación, Marcos Peña, se refirió en una entrevista en el canal de cable C5N al déficit fiscal que heredó el Gobierno nacional de la gestión anterior.

“Tuvimos un último trimestre muy negativo en la Argentina (…) con un déficit fiscal en torno a los siete puntos [del PBI]”, señaló.

Si bien los resultados financiero y primario de 2015 son los más altos de las últimas dos décadas, el porcentaje mencionado por el Jefe de Gabinete responde a una metodología nueva que sobreestima el déficit y no se encuentra alineada con los estándares internacionales.

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En primer lugar, el déficit fiscal, es decir, la diferencia entre ingresos y gastos que tiene un Estado, puede medirse según varios criterios.

Sin embargo, “el más relevante es el resultado financiero, o sea el superávit o déficit fiscal o público”, según el Manual de Clasificaciones Presupuestarias para el Sector Público Nacional que publicó en 2003 el Ministerio de Economía de la Nación.

En este sentido, según la serie estadística del Instituto Argentino de Análisis Fiscal (IARAF), el resultado financiero del Sector Público Nacional no Financiero (que, además de la Administración Pública Nacional, incluye a las empresas públicas y las universidades nacionales, entre otras reparticiones estatales) de 2015 fue 3,9% del Producto Bruto Interno (PBI).

Si se considera únicamente la Administración Pública Nacional, metodología que utiliza la Asociación Argentina de Presupuesto Público (ASAP), el porcentaje aumenta a 4,1% del PBI, pero no alcanza el 7% que menciona el Gobierno.

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Como se puede ver, los últimos dos años fueron para el IARAF y la ASAP los de mayor déficit financiero de las últimas dos décadas, seguidos de cerca por el pico que se registró en 2001.

Otra manera de calcular el déficit es el resultado primario, indicador que considera dentro de su cálculo los mismos conceptos que el resultado financiero con excepción de los intereses de deuda, que quedan afuera.

En este caso, para el IARAF el déficit primario del SPN fue de 1,8% del PBI en 2015, mientras que para la ASAP alcanzó el 2,2% del PBI en el caso de la APN. Si se observa la serie, también se trata de los valores de déficit más altos que registró el resultado primario desde 1993.

Aún así, ninguno de los cálculos de las fuentes alternativas consultadas llega a un déficit primario de 7 puntos del PBI. 

Tampoco se obtiene esa cifra si se mira el comunicado sobre el resultado fiscal 2015 publicado la semana última por el Ministerio de Hacienda y Finanzas de la Nación.

Según la cartera que dirige Alfonso Prat Gay, “en términos del PBI, el déficit primario de 2015 se elevó a un estimado de 5,4%”, y agrega que este porcentaje se obtiene al aplicar un “cambio de metodología” sin dar mayores precisiones respecto de las causas de los nuevos criterios elegidos.

El porcentaje del 7% surge de una estimación propia que hizo el Ministro durante la presentación del Programa Fiscal y Metas de Inflación 2016-2019 donde incluyó el impacto que tendrían las promesas electorales de Macri, como el levantamiento del “cepo cambiario” -que, en la práctica, implicó la devolución del 35% del Impuesto a las Ganancias- o la reducción de las retenciones a ciertas exportaciones.

CAMBIOS METODOLÓGICOS

En cuanto al cálculo oficial, el Ministerio aclara que el nuevo dato surge de dos modificaciones: quitar de los ingresos las ganancias que obtienen el Banco Central de la República Argentina (BCRA), a través de sus utilidades y adelantos transitorios, y el Fondo de Garantía de Sustentabilidad de la ANSES, por las acciones que el Estado nacional tiene en varias empresas; e incluir la deuda flotante (es decir, la deuda pendiente de pago del Gobierno nacional y no los pagos efectivamente ejecutados) como parte de los gastos.

Sin embargo, desde el punto de vista de las prácticas presupuestarias, el primer cambio no respeta los estándares internacionales.

Según el Manual de Estadísticas de Finanzas Públicas publicado en 2001 por el Fondo Monetario Internacional (FMI), que el Ministerio de Economía utilizó hasta esta gestión como referencia para su propio manual, las ganancias que obtiene el FGS y el Banco Central deben ser consideradas como parte de los ingresos del Estado. Así lo detalla el organismo internacional en el punto 5.86 del documento.

Con respecto a la inclusión de la deuda flotante como parte de los gastos, “el comunicado del Ministerio mezcla la información de lo pagado con lo que ellos estiman es el gasto que el gobierno anterior no registró, a fin de dar una idea de lo que consideran la herencia recibida y que estas erogaciones, que se registrarán y pagarán en 2016, queden para la opinión pública asociadas a 2015”, explicó a Chequeado Gonzalo Torres, economista del IARAF, aunque aclaró que “la Oficina Nacional de Presupuesto no incorpora estas estimaciones en la información oficial publicada ya que no corresponde mezclar criterios”.

Por otro lado, Juan Ignacio Balasini, ex director de Modelos y Proyecciones del Ministerio de Economía de la Nación hasta enero de 2016, observó: “Tampoco se publicó la serie histórica con esta modificación, por lo que ya no son comparables los resultados fiscales de 2014 y 2015 con los anteriores debido a que no se conoce la ‘deuda flotante’ de los períodos previos a 2014”.

“La metodología convencional para calcular el resultado fiscal surge de estándares internacionales: es la cuenta ahorro-inversión-financiamiento”, señaló Gustavo Sibilla, director de Investigaciones de la ASAP, y concluyó que “cualquier retoque heterodoxo a esa metodología afecta la comparabilidad intertemporal, interna y externa”.

Consultado por Chequeado, el Equipo de Comunicación de Peña envió la siguiente explicación respecto del cálculo que arroja que el déficit fiscal alcanza el 7% del PBI: “El número se compone de: 5,8 de déficit primario de herencia recibida (por gastar más de lo que se recaudó, por gastar sin pagar algunas facturas, esto incluye deudas con proveedores, deudas con organismos, entre otros); 1,3 de medidas impositivas y normalización -donde se incluye la devolución del ingreso a la AFIP correspondiente al cobro por anticipado producto del dólar ahorro, que debe ser devuelto a los contribuyentes.

En el número no se incluyen las rentas del FGS, porque esos ingresos son la contrapartida de la descapitalización del fondo de los jubilados, y del BCRA, porque en un contexto inflacionario y con un BCRA sin reservas no se pueden distribuir utilidades ficticias”.

Con respecto a la metodología -agregaron desde Jefatura de Gabinete-,la misma es utilizada por el sector privado, algunas consultoras, bancos e incluso la Asociación Argentina de Presupuesto Público (ASAP)”.

Sin embargo, la ASAP, fuente también citada en la nota, sostiene que la nueva metodología no está alineada con los estándares internacionales.

Fuente: Chequeado. com

17 MARZO, 2016

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AXEL  KICILLOF  DIXIT:  ” ES  UN  VERSO  LO  DEL  DÉFICIT  FISCAL  DESCONTROLADO”

El ex ministro kirchnerista acusó a su sucesor en Economía, Alfonso Prat Gay de “inventar” los números para justificar el ajuste que está realizando

El ex ministro de Economía, Axel Kicillofacusó a su sucesor en el Palacio de Hacienda, Alfonso Prat Gay, de “inventar” los números de la economía para justificar un ajuste.

“Es un verso lo del déficit fiscal descontrolado”, aseguró y señaló que el verdadero dato -según él, reconocido por el propio funcionario macrista- fue del 2,3%, lejos del 7% del que habla el Gobierno en estos días.

El diputado del Frente para la Victoria explicó el cálculo que hizo Cambiemos para dar ese número.

Suló los gastos que quedaron sin pagar y pasaron al año siguiente, pero no restó los pagos que se hicieron en 2015 pero eran del año anterior -detalló- restó todos los ingresos que el Banco Central le giró al Tesoro, pese a que el BCRA es parte del Estado nacional argentino y sumó al presunto déficit que dejó Cristina ni más ni menos que… ¡las promesas de campaña de Mauricio Macri!”, detalló.

El ex ministro remarcó que Cristina Kirchner le dejó a Macri un país en el que no habíaaumentado el desempleoni caído la actividad, no tenía aceleración de la inflación ni una drástica caída de las reservas.

Y recordó que el propio Prat Gay, luego de la campaña y ya en su cargo de la Casa Rosada reconoció que no recibió una economía en crisis. “La Argentina está en buenas condiciones, no hay urgencias”, contó Kicillof que había dicho el 12 de diciembre, dos días después de que Cambiemos asumiera el gobierno.

A continuación, la columa publicada en Página 12 completa:

A esta altura de los acontecimientos a nadie se le puede escapar que el gobierno de Macri está implementando un clásico programa de ajuste.

Tampoco se le puede escapar a nadie que ha decidido usar como “justificación” para su plan económico la presunta “pesada herencia” que recibió de Cristina.

Claro está que lo sucedido en los primeros dos meses de gobierno contrasta con las declaraciones de Macri en campaña, cuando por ejemplo el 17 de noviembre dijo en el programa de Jorge Rial: “No vamos a devaluar, es una mentira”.

O como cuando un recién asumido Prat-Gay, el 12 de diciembre, dijo: “La Argentina está en buenas condiciones (…) no hay urgencias (…)

Nos dejan una herencia complicada pero no se compara con otros momentos del país”; y negó que estuviera en sus planes “abrumar” con “una batería de medidas”.

En la historia argentina, los grandes planes de ajuste vinieron siempre precedidos de unagrave y evidente crisis económica.

Se proponía entonces un gran sacrificio para salir de un gran desastre.

Por eso los ministros de Economía se hicieron célebres con frases como “hay que pasar el invierno”; “el que apuesta al dólar, pierde”; “les hablé con el corazón y me contestaron con el bolsillo”; “con la Convertibilidad habrá más de seis décadas de crecimiento y prosperidad en la Argentina”; “el que depositó pesos recibirá pesos, el que depositó dólares, recibirá dólares”.

El “pequeño detalle” es que el gobierno de Macri no recibió una economía en crisis, ni mucho menos. No es que lo diga yo -una parte interesada-, sino que es lo que muestran absolutamente todas las consultoras privadas. Durante el año 2015, la economía brasileña se contrajo cerca de un 3 por ciento, por caso. Pero para Argentina 2015 no fue un año recesivo. Según la consultora Ferreres, la economía creció un 1,7 por ciento, la industria 1,1 y la inversión un 1 por ciento. Para el FMI, el crecimiento fue del 1,5 por ciento. Es decir, la economía no estaba estancada ni en caída, ni siquiera para los detractores del gobierno de Cristina.

Tampoco se sufría una aceleración inflacionaria.

Es más, todas las consultoras privadas reconocían que la inflación venía cayendo fuertemente desde 2014.

Comparando enero-noviembre de 2014 con el mismo lapso de 2015, según Elypsis la inflación había caído del 31,4 al 18,2 por ciento, es decir, una marcada desaceleración del 13,2 por ciento.

Las estadísticas de la Ciudad de Buenos Aires mostraban lo mismo, ya que la inflación pasó de ser del 33,6 por ciento en 2014 al 19,7 en 2015, es decir, la desaceleración fue del 13,9 en un año.

Lo mismo para el IPC Congreso que pasó del 33,5 por ciento al 20,4, es decir, se redujo un 13,1 por ciento.

Las reservas estaban al 10 de diciembre en 25 mil millones de dólares, después de pagar en octubre el vencimiento más grande de la década: 5.900 millones de dólares del Boden 15.

Recordemos también que Néstor Kirchner recibió en 2003 reservas por 11 mil millones, y que recién después de tres años arañaba los 25 mil.

En síntesis: ni aumento del desempleo, ni caída de la actividad, ni aceleración de la inflación, ni drástica caída de reservas. La crisis no se veía por ningún lado. Pero Macri y su equipo económico ortodoxo estaban decididos a aplicar de todos modos y en cualquier caso supolítica económica de ajuste.

A toda esta construcción marketinera, hay que agregar un punto más: el déficit fiscal. Muchas veces en la historia argentina hubo déficit e insolvencia del Estado Nacional.

Esta situación lleva a que no se puedan pagar o se demore el pago de jubilaciones, sueldos del Estado, giros a las provincias.

Pero nada de eso pasó.

Por el contrario, luego de asumir, el gobierno de Macri comenzó a cumplir sus promesas de campaña “perdonando” impuestos a sectores concentrados como los sojeros mineros y a dar subsidios a otros, como los petroleros.

Ese “derroche” deja a las claras que “problemas de caja” no parece tener.

Por lo tanto, el déficit fiscal apremiante pasó a ser lisa y llanamente una inmensa mentira, para justificar la política de ajuste que Macri iba a implementar de todos modos.

Tal como lo reconoció el propio Prat-Gay en su segunda conferencia de prensa del 13 de enero.

Para empezar, el ministro de Hacienda dijo que el déficit fiscal de 2015 -medido como lo hacen todos los países del mundo- alcanzó el 2,3 por ciento del PIB. Pero ese nivel de déficit no servía como excusa para su plan, ni tampoco es “alarmante”.

De hecho, tener déficit ha sido la condición normal de los países en esta etapa: según el FMI, de 188 países sólo 18 tuvieron superávit financiero y 34 superávit primario en 2015.

Y países como Estados Unidos, Brasil, España, Japón, Reino Unido tuvieron más déficit que Argentina.

El porcentaje de déficit fiscal se calculó utilizando la metodología usual, que respetan todos los países y que proviene del Manual del Fondo Monetario Internacional.

Pero en su conferencia de prensa, Prat-Gay decidió utilizar otra metodología, de su invención.

El objetivo era “elevar” ese déficit para que cumpliera el papel propagandístico.

Lo que sigue es algo técnico, pero fácil de comprender.

Luego de reconocer el 2,3 por ciento, Prat-Gay comenzó con una ensalada de sumas y restas para concluir que -según su propio método- el déficit era del 7 por ciento.

¿Qué sumó?

Primero,sumó los gastos que quedaron sin pagar y pasaron al año siguiente, por un 1 por ciento del PIB. Ningún país del mundo lo suma cuando calcula el déficit.

¿Por qué?

Porque todos los años quedan ciertos gastos que se pagan el siguiente ejercicio.

Lo mismo había ocurrido en 2014, de modo que si quiere “sumar” los gastos que quedan para el año próximo, debería al menos “restar” los pagos que se hicieron en 2015 pero eran del año anterior.

Si no, es una verdadera burrada.

Pero como el objetivo era “construir” un déficit alto, parece que valían las burradas.

Engordado así, el supuesto déficit solamente alcanzaba el 3,5 del PIB.

Había que seguir sacando conejos de la galera.

Por eso Prat Gay decidió “restar” todos los ingresos que el Banco Central le giró al Tesoro Nacional.

Como todo el mundo sabe y tal como se refleja en la Carta Orgánica del BCRA, el Estado Nacional es el único dueño del Banco Central.

Las ganancias del banco van a su dueño, el Estado.

Es un procedimiento habitual, por ejemplo, el 29 de enero de este año pudimos saber que el Banco Ciudad había girado sus ganancias al Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires.

Bien, Prat Gay decidió “descontar” este ingreso del Estado para engrosar el supuesto déficit, que entonces llegó artificialmente al 5,8 del PIB.

Aplicando contabilidad creativa, ya habían logrado sacar dos conejos de la galera, y así exagerar la situación de la caja.

Pero no alcanzaba todavía, porque durante toda la campaña repitieron el mágico número del 7 por ciento para hablar de déficit. Recurrió entonces a un verdadero hallazgo.

Sumó al presunto déficit que dejó Cristina ni más ni menos que… ¡las promesas de campaña de Mauricio Macri! 

Veamos cómo lo dijo textualmente:

“Sobre la herencia, para ser completamente honestos y transparentes, tenemos que agregar las cosas que nosotros prometimos en campaña.

Ustedes saben que prometimos muchas cosas en campaña y que las hemos ido cumpliendo…

¿Cuál es el costo de esas promesas de campaña? (… eso implica alrededor de casi 1 punto y medio del PBI.

Entonces, el punto de partida de herencia, más promesas, y toda la herencia adentro, es un déficit primario del 7 por ciento del PBI.

Eso sí, hay que irse 40 años atrás para encontrar este nivel de déficit o de desequilibrio, o el título que ustedes quieran”.

Créalo o no.

El déficit verdadero, aceptado por Prat-Gay, fue el 2,3 por ciento.

Pero alguien le habrá dicho: “No, Alfonso, querido, no vas a reconocer ese número, si toda la campaña dijimos 7.

Inventá algo, dibujá y llegá al 7”.

El resultado de este juego de ilusionismo no es, sin embargo, ni ilusión y ni fantasía.

Todo lo contrario, es una verdadera pesadilla.

Este déficit totalmente inventado es el que están usando como justificación para echar gente, achicar el Estado, quitar subsidios, modificar el régimen de jubilaciones y aumentar tarifas.

Es penoso confirmar que lo que dijimos una y otra vez en la campaña electoral se va cumpliendo paso a paso.

El verso del “déficit fiscal descontrolado” es sólo una mala excusa para seguir recortando derechos.

 

Fuente. Iprofesional

18-02-2016