Nos abrazábamos con aquel compañero que no nos habíamos visto en años

GLORIA ETERNA

Por Pablo Edgardo Martínez Sameck

Bienvenido que cada vez sea menos la gente propia con que me cruzo en las veredas, en las columnas, y que nuestra gesta ya sea carne del pueblo argentino.

Por Pablo Edgardo Martínez Sameck
NAC&POP
25/03/2016

Cuando las primeras marchas, iba y procuraba reencontrarme, con mucha ingenuidad, el compartir con todos aquellos que habíamos atravesado el durísimo desierto de la muerte y noche autoritaria.

Sin ser arbitrario, y hasta cierto punto, un pensamiento chiquito de logia zurdita.

Somos los buenos, tenemos la verdad, la debemos mostrar para que todos los otros, los negadores y reaccionarios, sepan lo que hemos sufrido.

Y ahí nos abrazábamos con aquel compañero que no nos habíamos visto en años, a algún compañero de la facu que pensábamos que no había sobrevivido y con alegría lo veíamos vivito y coleando, le saludábamos a la distancia con una sonrisa cómplice.

Después de ayer, ya todo me queda mucho más claro.

Superando cierta pequeñez miserable del iniciado, del sufrido que merece pleitecía y reconocimiento, cuando Pelo, mi viejo nombre de guerra, no sea más que fuerte ralea y casi casi bien cano, por suerte la siembra ha madurado y se ha convertido en un hecho irreversible que, aún a regañadientes, la misma metrópoli se ha visto obligada a aceptar como una conquista irreversible de la dura historia del pueblo argentino, y un verdadero ejemplo de DD.HH: para todo la humanidad.

Eso me ha equilibrado espiritualmente y, pese a tantas lágrimas de toda la mañana de ayer y mi recuerdo para los que no volvieron, mientras escribía esas raras líneas del FB, que medio son para uno, para los propios, para enseñar un camino, más que a cualquier enemigo, rival, negador o simplemente porque desconfía de lo que se ha vivido, también resulta ser el mostrarle a los servicios de siempre, a los dueños de los dispositivos del miedo e insuflada confusión, y lograr mostrarles nuestros logros y cómo va la relación de fuerzas de nuestra lucha estratégica.
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En definitiva, bienvenido que cada vez sea menos la gente propia con que me cruzo en las veredas, en las columnas, y que nuestra gesta ya sea carne del pueblo argentino.

Gloria eterna a los nuestros, a los protagonistas del calvario, porque pese a tantas derrotas, sus valores siguen vivos.