Desde el pasado 10 de diciembre, la sociedad argentina experimenta un peligroso acercamiento a la violencia política, potenciada por la acciones de persecución ideológica contra trabajadores del Estado y los intentos de criminalizar la protesta social,

LA VIOLENCIA ES LA RAZÓN DE LAS BESTIAS

Por Maximiliano Borches

Es responsabilidad del gobierno nacional que estos hechos de violencia no pasen a mayores y terminen convirtiéndose en una espiral que nadie en este país quiere lamentar, por este motivo, desde Casa Rosada, aún están a tiempo de frenar las políticas de estigmatización que vienen impulsando contra los trabajadores despedidos y las organizaciones del campo popular, como así también de frenar las políticas de pérdidas de empleo y ajuste.


Por Maximiliano Borches

Desde el pasado 10 de diciembre, la sociedad argentina experimenta un peligroso acercamiento a la violencia política, potenciada por la acciones de persecución ideológica contra trabajadores del Estado y los intentos de criminalizar la protesta social, como en el caso de la detención de la diputada por PARLASUR Milagro Sala, y también por los resultados en la pérdida del poder adquisitivo a través de la devaluación de más del 65% de la moneda nacional, los ajustes, la apertura de las importaciones y la transferencia millonaria a favor de la oligarquía y las multinacionales con la quita de las retenciones al agro y la minería, que tienen como resultado directo la disminución del empleo (que ya supera los 100 mil puestos de trabajo perdidos sólo en tres meses), la pauperización social y el achicamiento del Estado, como así también, el regreso de las políticas represivas que apuntan a los reclamos laborales, como vimos en los casos de Cresta Roja o de estatales en La Plata, Mendoza, Neuquén y Santa Cruz, y el endeudamiento anunciado para pagar a los fondos buitres, si es que se logran los votos suficientes en las cámaras baja y alta del Congreso nacional.

A este escenario hay que sumarle el desdichado discurso que el presidente Mauricio Macri brindó en la apertura de sesiones en el Congreso Nacional, el pasado 1º de marzo, donde no hizo más que ahondar las diferencias que dividen a la sociedad, faltándole el respeto a la mitad de los argentinos que no lo votaron y a aquellos que entraron vertiginosamente a la pobreza, o en varios casos volvieron luego de 10 años a esa condición social, por el brutal encarecimiento de los alimentos.

En este contexto, y a sólo días de conmemorarse el 40º aniversario del inicio del último golpe militar en nuestro país, que arrojó un saldo de 30 mil desaparecidos en su mayoría trabajadores, e impuso a sangre y fuego con la utilización de más de 500 centros clandestinos de detención desparramados en todo el país, el ingreso de nuestra matriz productiva al designio voraz de las políticas neoliberales -solamente interrumpidas en el interregno 2003-2015-, durante el último fin de semana se sucedieron dos hechos de violencia muy peligrosos para la estabilidad democrática que logramos conseguir hace 33 años: los atentados sufridos por los militantes de Nuevo Encuentro durante la inauguración de su local en el barrio de Villa Crespo (cuando recibieron varios disparos efectuados por un cobarde desde un edificio cercano y que hirió a dos mujeres de esa agrupación que tuvieron que ser urgentemente hospitalizadas) y en Mar del Plata, los tiros efectuados con un arma de guerra, según las pericias policiales, contra una Unidad Básica de La Cámpora, en momentos donde por suerte no había gente allí y sólo se produjeron daños materiales.

Es responsabilidad del gobierno nacional que estos hechos de violencia no pasen a mayores y terminen convirtiéndose en una espiral que nadie en este país quiere lamentar, por este motivo, desde Casa Rosada, aún están a tiempo de frenar las políticas de estigmatización que vienen impulsando contra los trabajadores despedidos y las organizaciones del campo popular, como así también de frenar las políticas de pérdidas de empleo y ajuste.

La violencia es la razón de las bestias y uno de sus rostros es la estigmatización, por ese motivo no podemos a permitir que éstas prácticas se naturalicen, porque en otras cuestiones, en los últimos doce años en nuestro país, hemos aprendido que la inclusión es reconocer que la patria es el otro.