Perón en vida y en momentos de liderazgo más fuerte, tuvo numerosos planteos críticos de figuras muy importantes en la construcción del poder peronista y del mismo liderazgo de Perón.

EN LA DERROTA ESTÁN LAS LANZAS PARA LA VICTORIA

Por Diego Fernández*

En vistas a las políticas y prácticas necesarias para revertir este proceso en beneficio de las mayorías populares, entendemos necesario trabajar sobre las causas que operaron al interior del FPV y la militancia kirchnerista, porque nosotros tenemos la responsabilidad junto al pueblo de construir el retorno al gobierno.
Por Diego Fernández*

NAC&POP
21 de enero de 2016

En la derrota están las lanzas para la victoria

Pocas derrotas políticas ha sufrido el campo popular en este período democrático como la que acaba de acontecer.

Sin embargo, los análisis sobre sus causas, casi son de orden periodístico, ya que los militantes sin salir aún del asombro y el acuse del golpe, pasamos rápidamente a aportar sin mediaciones a algunos actos de reivindicación de las políticas llevadas adelante por el gobierno popular y atacadas por la derecha en el gobierno, sin el tiempo necesario para reflexionar sobre las causas de la derrota política.

Siempre sostuvimos que las elecciones es el momento liberal de todo proceso político popular, el momento donde el escenario se cierne sobre las condicionantes de la democracia burguesa.

Pero también es cierto que las elecciones constituyen un momento donde se condensan todas las políticas desplegadas durante el proceso político, para bien y para mal.

Y entendemos que analizando el resultado electoral, observamos en el mismo la condensación de lo que fueron prácticas y políticas a revisar y criticar al interior de nuestra propia militancia para desde ahí revertir la situación adversa.

Sostenemos que el gobierno popular como ningún otro, generó condiciones objetivas estructurales para que la economía esté al servicio del desarrollo de la Nación y el bienestar del pueblo.

Que llegamos a las elecciones en condiciones objetivas más favorables que las que en el mismo período arribaron Dilma o Tabaré, y que esto “No fue magia”, sino producto de la política “K”.

Pero a la vez, no supimos construir a la par las condiciones subjetivas que permitieran a nuestro pueblo estar a la altura del combate que nos propone el enemigo.

Si no nos ocupamos de desmontar las visiones erradas respecto de las causas de la derrota, sólo nos queda reincidir en la misma.

Si no incorporamos la autocrítica, perderemos la capacidad de expresión popular.

Mucha argumentación pone en factores externos a la propia militancia política las causas de la derrota.

En vistas a las políticas y prácticas necesarias para revertir este proceso en beneficio de las mayorías populares, entendemos necesario trabajar sobre las causas que operaron al interior del FPV y la militancia kirchnerista, porque nosotros tenemos la responsabilidad junto al pueblo de construir el retorno al gobierno.

La crítica y autocrítica es en este sentido, entonces: de construcción del retorno del pueblo al gobierno.

Este aporte es hecho desde la clara inscripción en el peronismo, en la defensa del mejor gobierno que tuvo nuestro pueblo en 50 años y en la firme voluntad de trabajar para fortalecer la organización popular para recuperar el gobierno cuanto antes.

Argumentos discutibles sostenidos por la militancia respecto de la derrota política electoral.

La traición del PJ:

La posibilidad de la “traición” presupone una correlación de fuerzas al interior de una misma conformación, en la que el que está en inferioridad de condiciones no tiene la posibilidad de imponer una decisión o línea política, pero sí en una lógica de negociación con el enemigo común hacer fracasar la estrategia que define el polo de poder al interior de la propia fuerza.

De esta forma, concediendo una ventaja al enemigo, la fuerza minoritaria sacrifica el interés común para propinar a la fuerza dominante en la correlación interna un resultado adverso imposible de causar por sus propios medios.

Queda de hecho, entonces, que al hablar de “traición”, estamos hablando de un sujeto propio a la fuerza “traicionada”, de una parte de la misma y no de una parte despreciable, porque para producir la traición se requiere de cierta capacidad, es decir, poder.

No traiciona el enemigo ni tampoco cualquiera, sino uno de la propia fuerza y quien puede.

Entonces, en el planteo de “la traición del PJ”, para argumentar el motivo de la derrota electoral, estamos admitiendo en primer lugar que el PJ es el kirchnerismo, la fuerza traicionada; y en segundo lugar, que el PJ es una fuente de poder no ninguneable.

Y es lo que objetivamente cabe admitir, nos guste o no: el PJ es estructural al kirchnerismo.

El PJ es kirchnerismo, porque así se constituyó, objetivamente, el kirchnerismo como experiencia de poder político en todo el territorio nacional.

En Formosa, Misiones, Entre Ríos, Salta, Jujuy, Chaco, Tucumán, San Juan, Buenos Aires, … manda el PJ en su forma y práctica burocrático liberal, lejos de cualquier planteo transformador, de organización política popular.

Y sobre el PJ se estructuró el esquema de poder del kirchnerismo, con los dirigentes y gobernadores del PJ como jefes territoriales.

En Entre Ríos, podemos decir que el kirchnerismo es el peronismo realmente existente.

El poder del kirchnerismo en la provincia, para bien o para mal, lo estructura el peronismo con sus agrupamientos.

Los llamados movimientos sociales tienen una presencia muy débil, lo mismo que las organizaciones kirchneristas, con lo cual, las estrategias “transversales” al estilo de “Unidos y Organizados”, contaron siempre con escasas perspectivas de desarrollo, como en la mayoría de los distritos del país.

Las políticas tendientes a desplazar las mentadas prácticas pejotistas por una estrategia de participación y movilización popular al interior del peronismo institucionalizado, no contaron con el desarrollo de poder necesario para ser efectivas en 12 años de gobierno “K”.

Es decir, o fueron inocuas, o no llegaron a la base peronista que sigue siendo conducida por las políticas y prácticas cuestionadas.

Ni hablar donde no se gobernó o no se lograron acuerdos, como en Santa Fe, donde la dirigencia k negoció todo el tiempo con los socialistas como única política impidiendo el desarrollo de una fuerza peronista afín al gobierno nacional.

En Córdoba, con políticas propias de la mirada porteña desde el poder central, se obstaculizaron sistemáticamente las experiencias que surgieron en torno de organizar el kirchnerismo con perspectiva de poder.

Mientras tanto, se agitaba el discurso peyorativo del “Pejotismo” y su ninguneo, pero sin promover por fuera del PJ ninguna construcción que lo pusiera realmente en ese lugar de pejotismo ninguneable.

No estaba por fuera del PJ la “Gloriosa JP”, las OPM, el sindicalismo antiburocrático, el movimiento villero, etc., solamente el liderazgo de Cristina a partir de su posicionamiento en el vértice del poder político en Argentina.

De ese modo, al “pejotismo” sólo le restó sentarse a esperar su oportunidad.

Y estos muchachos si algo saben y no dejan de hacer es manejarse con el poder en función de sus intereses.

A la vez, se debilita aún más ese frente con el peronismo en el enfrentamiento nunca claramente explicado ni justificado con la CGT y Moyano particularmente. Injustificado desde cualquier punto de vista, y menos desde el interés de los trabajadores de tener al frente de sus organizaciones a dirigentes representativos, no burocráticos, si se lo corre a Moyano que enfrentó al neoliberalismo de los ’90 para exhibirlo a Gerardo Martínez, un burócrata que no sólo transó con el menemismo sino con la dictadura.

A la vez, Moyano, es otro que no se iba a quedar lamiéndose las heridas sino que hizo política en los términos en que se le proponía desde el poder “K”: de enfrentamiento.

No traiciona aquél que expulsás de tu fuerza.
Por otro lado, en términos de identidad política orgánica, el peronismo sigue siendo la mayor expresión de identidad política en Argentina (compartimos la definición que el kirchnerismo es la forma política que adoptó el peronismo en esta etapa histórica).

Y aquí, no cabe el subterfugio casi chicanero de distinguir el “peronismo de pejotismo”.

Eso era propio de tiempos de acumulación orgánica popular, en los ’70, cuando el peronismo desbordaba por todos lados en su forma movimientista.

Desde el ’83 para acá (desde el ’76, diríamos) no se construyó otra cosa que peronismo en su forma más liberal, bajo el formato de la institucionalidad demoliberal burguesa.

Es una herramienta electoral y como tal, según distinguía el mismo Perón, calificando al partido como la “herramienta electoral del Movimiento”, el peronismo desde el 83 a esta parte, es el PJ.

No hay otra cosa y lo que hizo el kirchnerismo para que la haya fue insuficiente.

Así que cuando decimos PJ o pejotismo, estamos totalizando el peronismo realmente existente, en su variante estructural liberal.

No hay el paraguas de una formación movimientista buena para criticar el PJ malo, y sobre todo no lo hay porque no se lo construyó o, de mínima, se fracasó en el intento.

La crítica de “las formas”: el argumento de que uno de los motivos de la derrota electoral estuvo en “las formas” comunicacionales o discursivas de Cristina o el kirchnerismo, dadas por la unidireccionalidad o el tono soberbio o irritativo, es producto de concebir la disputa del sentido en el plano que lo plantea el enemigo: la política como un discurso, no una práctica de construcción de poder político en el seno del pueblo.

Entonces, como la disputa se plantea absolutizando el plano comunicacional, el análisis de la derrota se cierne sobre el mismo y aparece la justificación por “las formas”.

En principio, la única forma que define la derrota es la carencia de forma orgánica, que es el principal modo comunicacional político popular.

Luego, si al gobierno y a Cristina la petardean todo el día, todo el tiempo, diciéndole tirana, dictadora, bipolar, yegua, ladrona, etc., etc…, sólo un pensamiento descomprometido puede sugerir que la respuesta –aún sin ofender, en meros planos argumentativos como responde Cristina- sea desapasionada, sin enfatizar, con el rostro distendido al estilo de las reflexiones del padre Chesky.

Se perdió porque “no se supo escuchar”:

“Queremos preguntar” decía el slogan que recitaba un coro de gorilas pagados por Clarín cuando iniciaron la campaña contra Cristina, porque presuntamente no escuchaba a los demócratas que expresaban la opinión opositora.

Y algunos de nosotros tomamos ese argumento cínico para explicar la derrota.

Muchas de las políticas populares del gobierno “K”. fue producto de una escucha.

Una escucha que no resulta de leer los diarios o la opinión publicada de la crítica opositora.

Podemos decir que se dialogó con el conflicto como demanda popular.

De infinidad de conflictos se tomaron demandas que luego se sintetizaron en políticas en beneficio del interés popular.

Pero ésa no es la “escucha” que marketinizó la propaganda opositora, que repetimos nosotros como falsa autocrítica y que no trabajamos militantemente en la base para desmontar la campaña opositora respecto de la sordera del gobierno popular.

El desgaste de doce años de gobierno: con recordar que Perón gobernó 10 años, luego de la principal década de conquistas populares y enfrentamiento sostenido con los poderes oligárquicos e imperialistas, y no se fue con una derrota propia del desgaste de una década de gobierno sino que lo echaron a cañonazos, es suficiente para rebatir el remanido argumento del desgaste como factor ineludible luego de un período de gobierno.

La organización y movilización popular actualiza permanentemente la tarea de gobierno y la renueva. Perón hace en el ’55 mismo el Congreso de la Productividad y el Bienestar General, movilizando a las fuerzas de la producción y el trabajo, en una iniciativa para plantear bases de profundización del modelo productivo que prefigurarían otra sociedad.

No vamos a traer el ejemplo de Cuba para no dar lugar al argumento de que son sociedades y realidades políticas distintas.

Pero si es que hay malestar social producto del mismo desgaste, hay que aguantarse como pueblo 60 años del mismo gobierno bajo esas condiciones.

La clave es tener iniciativas ante cada coyuntura cambiante, sobre todo internacional, y el pueblo movilizado.

Y ésa es la verdad cubana que acá entró en retroceso prácticamente desde el 2013 en adelante, cuando se pierde la iniciativa política.

La misma iniciativa que retoma ahora el gobierno Bolivariano de Venezuela, luego de la derrota legislativa y más de 15 años en el gobierno, proponiendo la Revolución Productiva y la Revolución del Socialismo Territorial.

No existe más la territorialidad tal como la conocíamos:

Si esto es así, si el “territorio” hoy lo configura la pantalla de una pc desde donde interactúan las redes sociales, es necesario explicar cómo un puntero, caudillo, barón del conurbano o dirigente del PJ al que se le endilgan responsabilidades de la derrota, puede instrumentar el voto traición o en contra de una línea política definida centralmente, si no es por ocupación y ejercicio del territorio estrictamente, es decir, de las relaciones cuerpo a cuerpo que se establecen en el barrio, la vecinal, la cooperativa, el centro comunitario, el sindicato, etc.

Es necesario explicar, en Paraná, por ejemplo, por qué en la campaña 2015 muchos candidatos locales no podían o no querían ingresar a determinados barrios si no era por la mediación de un puntero del mismo.

La territorialidad, el puntero político (un sujeto del que es necesario ponerse a discutirlo desprejuiciadamente), el trabajo y la organización de base siguen siendo determinantes para orientar el trabajo hacia un objetivo político.

La incidencia mediática en la disputa por el sentido:

La disputa por el sentido común o la conciencia política popular, no es tarea de un dispositivo comunicacional.

“Cuando teníamos toda la prensa en contra, ganamos.

Cuando tuvimos toda la prensa a favor, perdimos”. (por golpe, no por elecciones)

No se hace acumulando “me gusta”, ni con 678.

Ésa es la estrategia enemiga.

Se hace como siempre: con organización.

Con militancia cuerpo a cuerpo ejercida por cuadros políticos formados y que como tales son capaces de llegar de modo planificado al barrio, al lugar de trabajo y sentarse a tomar un mate con el compañero y despejar en el diálogo y la construcción política la alienación del discurso dominante.

La organización militante es básicamente un instrumento de comunicación social.

Algunos criterios a debatir respecto de las causas de la derrota.

Carencia de Sujeto Político u Organización popular:

Para nosotros, un déficit estructural del proceso kirchnerista.

Para aclarar, en principio.

El “sujeto político” no son los 12.000.000 de votos que juntó Scioli.

Ni siquiera los 2.000.000 que se movilizaron a Ezeiza a recibir a Perón lo era, aún cuando la conducta de movilizarse se encuadra más en la práctica y conciencia de un sujeto político que la mera conducta liberal de ir a votar cada tanto.

El sujeto es la organización que junta los votos para ganar una elección y la que es capaz de movilizar 2000000 de compañeros a Ezeiza.

Como para algunos compañeros esto no está claro, y parece que la referencia hacia la historia del peronismo hoy está cuestionada, viene bien el ejemplo reciente del presidente Maduro.

Maduro perdió una elección legislativa, una derrota táctica.

Nosotros tuvimos una derrota estratégica y perdimos el gobierno.

Maduro convocó a dos días de perder la elección a los cuerpos orgánicos del Partido Socialista Unido de Venezuela, más de 800 cuadros políticos de todo el país y planteó la necesidad “no de catarsis, no de autoflagelación”, sino de “autocrítica”, lo cual supone analizar lo que se hizo mal o no se hizo a nivel de la organización popular y el gobierno, para rectificar la línea y la práctica política.

Citó a las leyes de la dialéctica que suponen el ejercicio crítico de tesis-antítesis-síntesis (así formulado por Maduro) para encontrar la línea de acumulación que parta de la crítica a la forma dominante de militancia y gobierno y desde ahí superar la derrota electoral.

Nosotros, tras una derrota estratégica, nos encontramos con una retahila de muletillas como “en la derrota no hay autocrítica”, o “no hay que hablar de resistencia por que no estamos ante una dictadura”.

Bueno, el PSUV es un sujeto político que se planta ante la realidad, analiza las contradicciones y las fuerzas en disputa y desde ahí define una línea de acumulación.

A días de la derrota, organizaron un congreso Económico de Pensamiento Socialista, no se quedaron esperando ver alguna respuesta a la crisis en un programa afín de la televisión.

Chávez era un peronista tardío, dicho por él mismo.

Había estudiado a Perón.

Por eso el chavismo tiene una política para afrontar la disputa y desde dónde pararse frente a la derrota.

Nosotros no la tenemos, porque en gran medida nos hemos ocupado de negar al peronismo.

El “sujeto político”, para nosotros es la Organización política del pueblo, con un objetivo político respecto del poder, una política o programa a desarrollar en función de los intereses de ese pueblo una vez logrado el poder, una estrategia y una táctica para alcanzar el objetivo político, un modo de organización con niveles jerárquicos de encuadramiento y responsabilidad, un sistema con ámbitos colectivos de debate y toma de decisiones y una práctica política determinada, que interactúa con una conducción única y centralizada que asume la forma del liderazgo político.

Esto no quiere decir que se trate de una sola organización, única y cerrada en todo el territorio.

Hay una organización política central, hegemónica que es el peronismo, que se plantea y disputa el poder político al nivel de la comunidad y estatal, y que a la vez y para ello realiza una tarea político cultural pedagógica en el seno de la comunidad respecto de su programa político, que impregna la mayoría de las formas de organización popular que la comunidad espontáneamente o impulsadas por la Organización política misma, se van dando.

Entre ellas, las Organizaciones Libres del Pueblo, como denominara Perón.

Pero para que esto se dé, y en el marco de definiciones que a los intereses del pueblo en su conjunto le importan -por encima de cualquier interés sectorial por más meritorios que éstos sean-, es necesaria la Organización política como columna central.

Esto que algunos llaman en términos de categorías de la ciencia política, el “sujeto político”.
En la identidad política peronismo, la Organización política es el Movimiento.

El Movimiento Peronista es la forma de organización que históricamente adoptó el peronismo para acumular poder popular en la comunidad argentina.

La conocida definición de Perón “El partido (PJ) es la herramienta electoral del Movimiento”, refleja la tensión existente en toda sociedad dependiente entre la forma liberal democrática de la política y la forma nacional y popular.

El partido es el instrumento para participar de la institucionalidad demoliberal.

El instrumento partido es eso, un dispositivo instrumental de la democracia liberal, hoy FPV, al servicio del Movimiento que puja por el poder real.

El Movimiento es la herramienta estratégica para la acumulación de poder popular y el partido el instrumento táctico electoral.

Por eso el Movimiento condensa la organización sindical, territorial, juvenil, estudiantil, femenina, etc.

Organiza el poder popular.

El partido arma las listas electorales.

Ahí está expresado, a través de ambas herramientas en tensión, la tensión política: las elecciones son la forma liberal de ejercer la democracia capitalista.

El Movimiento es la forma popular de construir poder.

El tema es que hoy, al igual que desde hace 40 años luego del golpe del ’76, el Movimiento, la práctica movimientista y la acumulación de poder en el seno del pueblo, por lo tanto, ha sido relegado en virtud de una concepción política reducida a la dinámica propia de la democracia liberal, que concentra toda la práctica política en el plano electoral.

La movilización y el Movimiento:

En el concepto movimientista mismo, podemos advertir ya una concepción hoy desvirtuada y que expresa cabalmente una de las principales falencias político orgánicas del proceso k (de todo el proceso peronista pos dictadura, pero centramos en este período por tratarse de lo mejor producido por el peronismo en este tiempo).

Hoy se habla de “movilización” o de sujetos “movilizados” para señalar el desplazamiento y la concentración de compañeros en alguna actividad política. Concepto políticamente pobre y peligrosamente restringido.

El Movimiento es una organización política y la movilización popular puede darse aún en tiempos de dictadura y cercenamiento de actividad pública (o sea, sin “actos” ni concentración política alguna).

La movilización popular es antes que nada un estado de concientización popular y sobre todo de autonomía política subjetiva, reflejada en el nivel de compromiso y participación popular en organizaciones que tienen que ver con la defensa de sus intereses, en el barrio, el sindicato, el centro de estudiantes, la cooperadora o cooperativa, la vecinal, la unidad básica, etc.

Un estado que no es espontáneo, autoconvocado ni libremente definido, sino que propuesto, convocado y definido por la organización política, por el Movimiento Peronista.

Este estado de movilización, el estado de sujeto movilizado políticamente, nada tiene que ver con la subjetividad expectante, con el compañero que está todo el tiempo mirando o esperando: a 678, a Forster, a Víctor Hugo, Página 12, el face, “sitios” o medios k, o la decisión de algún dirigente que le diga qué hay que pensar, decir o hacer ante cada coyuntura.

Ni con todo el poder que acumuló Perón se dio ese tipo de subjetividad expectante en el movimiento popular.

Al revés, y como no podía ser de otra forma, porque lo que se había construido era un sujeto político autónomo.

Tres ejemplos: cuando a Perón detenido en el ’45 en el Hospital Militar lo van a ver los dirigentes obreros que venían de un proceso de organización y conquistas con Perón en la Secretaría de Trabajo y le dicen a Perón que ni se le ocurra volverse a su casa y que tenía que tomar las riendas del proceso político desatado, contradiciendo la voluntad del propio Perón.

Otro, cuando ya en las postrimerías del segundo gobierno, los propios obreros deciden armarse para defender el gobierno en contra de la decisión de Perón nuevamente.

Tercer ejemplo: cuando las organizaciones revolucionarias peronistas desafían el liderazgo de Perón cuando éste asume posiciones contradictorias con el proceso abierto con su retorno al país.

Estas subjetividades, dadas en tiempos diferentes, con sociedades y contextos diferentes (una excusa muy a mano siempre para desautorizar cualquier posibilidad de recuperar experiencias populares valiosas es el argumento: “son -o eran- otras épocas, la sociedad ha cambiado”), en el ’45, el ’55 y el ’75, se posicionaban como autónomas y se disponían desde un compromiso pleno, orgánico, no meramente discursivo o comunicacional, como se configuran las prácticas hoy dominantemente.

¿Y cuál es el objeto de la insistencia con esta discusión sobre la herramienta estratégica, el Movimiento, la Organización?

Muchos militantes honestos, al analizar la derrota sostienen asombrados, como manifestando una observación crítica de la realidad: “los mismos beneficiarios de derechos votaron en contra”.

La observación crítica es una intervención sobre la realidad, debe observar y preguntarse sobre las causas de lo que sucede.

Y si decimos que el Movimiento o la Organización realiza la tarea hegemónica, que es la tarea política cultural pedagógica, decimos que la respuesta a tal descripción militante de la realidad está dada en la ausencia de esa tarea, que es la ausencia de organización política.

La mera concesión de derechos (porque en muchos casos no se trató de conquistas, que es el modo que asume un proceso de concientización), no constituye una subjetividad autónoma, una conciencia política.

Constituye un mero beneficiario, o, tal se dijo, “sujeto de derechos”.

La tarea de concientización para la defensa de ese derecho como producto de una política que refiere a una identidad, es propia y exclusiva de la Organización política.

Deficitaria, al menos, en este proceso, y tal déficit explica tanto la conducta electoral contradictoria de aquellos que fueron beneficiados por el kirchnerismo como la perplejidad militante ante el comportamiento “paradójico” de sectores populares.

El verticalismo acrítico:

Que lo logrado en 12 años de gobierno popular es “Irreversible”, tal la consigna que se repitió en infinidad de actos, es no dar cuenta que tal consigna es formulada en una formación social llamada Argentina, con los antecedentes del ’55 y el ’76.

Y es testimonio de un pensamiento mágico que se da a la par de otra consigna acertada como “No fue magia”.

Un pensamiento mágico, casi religioso, fue el que imperó en muchos de nosotros en este tiempo, en el sentido de asumir acríticamente tanto la línea política como las consignas que la sintetizaban.

Una consigna política es una construcción instrumental, operativa, con el fin de sintetizar una línea política para masificarla, uniformar la tarea militante y generar un estado de conciencia en torno de la política que sintetiza.

Puede estar pensada para intervenir sobre una determinada coyuntura o definir una estrategia a largo plazo.

Entonces, la definición, lanzamiento y utilización de una consigna política es de una enorme responsabilidad para el dirigente político hasta el último militante.

No puede ser tirada al boleo y repetida acríticamente, porque entonces pierde o se desvirtúa el sentido de una consigna que es fuertemente instrumental, para convertirse en un mero slogan que no estructura ningún compromiso desde el que repite la consigna, sin capacidad de ordenar ninguna práctica.

Se transforma en un acto vacío que como tal, contribuye a vaciar la política de capacidad transformadora, y estructura una subjetividad militante acorde.

Maximalismos como “Acá tenés los pibes para la liberación” (en principio, porque este proceso político nunca se definió de liberación, sino “nacional, popular y democrático”, un capitalismo de inclusión, y otro tema discutible es si serían “los pibes” el sujeto de un proceso de liberación: dónde queda el pueblo o los trabajadores?) o “Si la tocan a Cristina qué quilombo se va a armar” (finalmente, no tocaron a Cristina pero se cargaron el “Proyecto” entero y aquí estamos), constituyen una muestra de lo que decimos.

Por otro lado, operó como un endiosamiento de la figura de Cristina, casi una sacralización, una relación religiosa que la presupone como infalible, casi papal.

Aunque las versiones liberales de la historia no lo presenten así, Perón en vida y en momentos de liderazgo más fuerte, tuvo numerosos planteos críticos de figuras muy importantes en la construcción del poder peronista y del mismo liderazgo de Perón.

Desde la misma Evita a Jauretche, Cooke, Marcos, etc., a las mismas organizaciones revolucionarias de los ’70.

Y en muchos casos, los debates críticos con Perón llegaban a las mismas bases de las organizaciones militantes.

Nada de esto ocurrió con los liderazgos de Néstor o Cristina, donde líneas políticas contradictorias o erradas fueron asumidas sin la menor crítica ni reflexión alguna al interior de los agrupamientos militantes.

Casos como la corrida a Moyano, la negación a debatir la rereelección para Cristina; la consigna de “El candidato es el proyecto” ninguneando a cualquier postulante a someterse a la voluntad popular; la decisión por Scioli, el más resistido de todos los precandidatos; lo mismo con Aníbal y antes con Insaurralde; la imposición de candidatos irrepresentativos en las listas distritales por el sólo hecho de adscribir a La Cámpora; o la jerarquización de dirigentes deslegitimados sólo por sostener un vínculo histórico con los K (Pemo Guastavino,…); etc., fueron todas políticas asumidas sin mayor discusión por nuestra militancia, cuando no se trataba de poner en riesgo el liderazgo de Cristina, sino justamente de preservarlo ante decisiones o políticas evidentemente incorrectas.

La estatalización de la política y la conciencia popular.

Un correlato de la ausencia de construcción de sujeto político en la década k, es la estatalización de la política o militancia.

El Estado pasó a ser el territorio casi excluyente donde se situó la política y las prácticas llevadas adelante por la militancia estaban definidas en función de las políticas de gobierno y vehiculizadas desde los resortes estatales.

De este modo, se sustituyeron las prácticas clientelares tradicionales que se cuestionaron en manos del clásico “puntero” del PJ, por una relación clientelar instituida directamente desde las oficinas del Estado.

El “sujeto de derecho” pasó a tener un vínculo virtual con la política a través de la tarjeta social, la oficina de la Anses, el Banco Hipotecario, o cualquiera de los instrumentos de efectivización de derechos sociales que creó el gobierno popular.

Pero este vínculo, en principio: no se construye desde el lugar social concreto, sino desde el Estado.

Cuando el Estado desaparece, como está sucediendo luego de la derrota en manos de la derecha, desaparece también el interlocutor de las políticas populares en el territorio.

Y, por otro lado: la mediación instrumental estatal no genera conciencia de sujeto, no subjetiviza.

Perón manoteó la centralidad del gobierno en el ’43, pero a la par desarrolló un sindicalismo afín a un capitalismo de Estado y desde el Partido Peronista llegaba a todos los barrios del país.

Prueba de que con el Estado sólo no alcanza es la manifestación de asombro en todos los espacios militantes respecto del comportamiento electoral, cuando se criticaba con sorpresa que “Los mismos beneficiarios de la AUH o el Procrear votaron en contra”.

Primero, el militante nunca puede sorprenderse con lo que sucede en la comunidad, en la base, en el territorio.

Al revés, los hechos no pueden sorprenderlo sino que precisamente es el militante quien debe saber lo que está sucediendo y anticipar el comportamiento para revertirlo a tiempo si juega en contra del interés popular mismo.

Esto no sucedió.

En segundo lugar, el voto popular no deviene por sí solo en popular por el mero hecho de pertenecer a un sector social sometido, por más beneficios que obtenga de una política de gobierno.

El acto consciente no deviene por sí.

No se trata de una cuestión de reciprocidad o compensación.

Formar conciencia es pura responsabilidad militante.

Es la tarea militante por excelencia.

Y esto se realiza desplazando la centralidad de la práctica desde el Estado al territorio.

Al estar centrados en el Estado, el compañero en el barrio decidió sólo bajo la mediación idiotizante y reaccionaria de los medios que sí están permanentemente en todos los rincones del barrio, la villa, los hogares.

Está claro que éste es un análisis sintético que totaliza lo que no es total.

La presencia de algunos movimientos sociales en el territorio es innegable.

Pero aún así, no deja de ser una práctica estatalista porque depende absolutamente de recursos materiales y financieros suministrados por el Estado, no devienen de la organización popular en sí.

Prueba de ello, es que a días de la asunción del gobierno de Macri estaba convocada una movilización de partidos de izquierda y movimientos sociales contra el ajuste que se desactivó porque negociaron con el gobierno un “bono” de fin de año (es plata que arrancamos a la derecha, correcto.

Pero estamos describiendo un mecanismo de funcionamiento respecto del Estado que consideramos no constituye el sujeto político con el grado de autonomía necesario para sostener una política nacional y popular frente a los embates de la derecha, esto es: organización popular con fuerte anclaje territorial).

Errores de la campaña política:

El proceso electoral transitado durante el 2015 estuvo atravesado de errores.

El año electoral se inicia en un marco de complicaciones serias en la economía a nivel mundial y regional, junto a las maniobras especulativas de los grupos concentrados que agravaron el problema de la restricción externa, la falta de divisas y afectaron negativamente la marcha de la economía argentina.

Sumado a ello, los embates orgánicos de la derecha económica, política y judicial autóctona más la CIA, inauguran el año electoral con la muerte de Nisman.

En ese marco, era necesario fortalecer el FPV como fuerza política al mando del Estado y el liderazgo de Cristina al frente del mismo.

Se razonó que en un año electoral, había que “estirar” al máximo cualquier definición de candidaturas para no “licuar” tal liderazgo.

Mientras tanto, se “permitió” que algunos precandidatos del kirchnerismo “salieran a caminar”.

Pero esta estrategia, era precedida por la consigna “El candidato es el Proyecto”, que es decir que no hay candidato y vacía de disputa política real la diferenciación entre los precandidatos que pretendían suceder a Cristina en términos de su capacidad de representar las políticas populares y su profundización, pues aplanaba toda diferenciación particular al anteponer el Proyecto como propuesta electoral y transmitir al elector la idea de que la disputa de candidaturas era una cuestión subordinada y a la vez librada a la decisión de Cristina, quien en realidad y primera instancia, encarna el Proyecto.

A la vez, Cristina y su entorno mantuvieron hasta último momento la especulación respecto de que la decisión la tenía ella inevitablemente, lo cual terminaba de restarle escenario y relevancia a la exposición de precandidatos.

Esto hizo que, salvo Randazzo –y en los días finales sobre la decisión de Cristina- ninguno de los precandidatos “moviera el amperímetro” o concitara el interés del electorado.

La particularidad común de la mayoría de los precandidatos era que se ubicaban a la izquierda de Scioli y expresando con mucha mayor cabalidad que éste la representación de las políticas del gobierno popular y su profundización.

Con un dato a favor de Scioli: producto del aplanamiento de las precandidaturas y que prácticamente desde el mismo poder central se les quita el escenario electoral con la consigna “El candidato…”, no hay acumulación y se llega al momento de cierre de listas con los datos estáticos con que se arrancó el año, favoreciendo a Scioli, el precandidato de mayor tiempo de exposición nacional y en el principal distrito electoral.

Que, a su vez, no sacó muchos más votos que los que conformaban el piso electoral puro del kirchnerismo, que hubiera acompañado a cualquier otro precandidato en una disputa electoral en regla.

Cristina lee las encuestas y así define, lo cual constituye una profecía autocumplida, dado que la estrategia planteada desde inicios de año no conducía a otro lado que a Scioli.

Con encuestas siempre se define por derecha.

Se termina haciendo una elección de candidatura por derecha que a la primera que no conformaba era a la misma Cristina y al final no sólo no representa al votante k sino que no sumó votos del propio posicionamiento ideológico de Scioli, que se sintieron más coherentemente expresados por Macri.

La elección de Scioli habilitó un escenario político electoral de derecha que se fue confirmando paso a paso y ese escenario sólo beneficia a la derecha, es decir, a Macri.

La agenda que propone la derecha pasa a ser refrendada tímidamente por el candidato oficial.

La posibilidad de haber habilitado realmente más de un candidato y que hubiera disputa política abierta desde comienzos de año en el FPV, hubiera tensado políticamente y atravesado el escenario social de modo casi excluyente, confiriendo mayor fortaleza política al FPV y a Cristina misma como conductora de la fuerza.

Las muestras de adhesión a su liderazgo dadas luego de la derrota indican que aún con un candidato electo en disputa interna para sucederla, hubiera conservado un poder que sólo podría diluirse en la mente de los que operan con las lógicas de especulación pragmática más duras del punterismo peronista, que supone que el único poder existente es el institucional.

Un candidato electo es un candidato electo y un líder político es un líder político.

La fórmula completada con Zannini en vez de sumar debilitó, porque en la cultura nacional se vota presidente, no vice, nadie elige vicepresidente y a los kirchneristas que no representaba Scioli no los sumó Zannini y por lo contrario, sirvió para esmerilar a Scioli en escenarios progres o kirchneristas, porque se levantaba la figura de Zannini por sobre la del candidato a presidente.

Era el blanqueo explícito de que Scioli, el candidato a presidente propuesto por el kirchnerismo, no representaba cabalmente al kirchnerismo.

Además, si se define un candidato a presidente por derecha, porqué se piensa que se puede incidir en la decisión del votante sumando como vice a un ex maoísta?

La “bendición” de la figura de Aníbal Fernández para la gobernación del principal distrito nacional fue otro error que incidió en el resultado nacional y sobre el que está demás abundar por todo lo ya dicho.

Y la resistencia por dentro y por fuera del peronismo a su candidatura fue dicha o advertida a tiempo, no con el diario del lunes.

Una vez electo Scioli por Cristina, se siguió con la línea de no jerarquizar su candidatura para no debilitar el poder de la presidenta, concepto como dijimos, absolutamente cuestionable.

Scioli aparecía como un acompañante ninguneado en las apariciones públicas de Cristina y además reiteradamente golpeado por referentes k como Jozami, González, Kicciloff, D’Elía, el mismo Zannini, y hasta con algunas alusiones elípticas en discursos públicos de la misma Cristina.

“El candidato es el proyecto” debería haber virado a “El candidato es Scioli”, sin embargo se continuó con esa línea, al punto que a Scioli ni siquiera se lo nombraba en las presuntas consignas de campaña electoral propuestas por la militancia k, como “Patria o Macri” y otras similares.

El electorado no vota Patria.

Vota candidatos que lo representen.

A Macri se le hacía un favor nombrándolo, por otro lado, cuando se lo niega a Scioli, pues para la contra aparece como afirmado frente a lo que expresa al kirchnerismo, por más que se lo sustituya con el nombre de Patria.

Finalmente, ya en la recta final de la campaña y luego del ninguneo que referimos, se lo deja a Scioli expuesto a su propia suerte, que en gran medida es dejarlo expuesto a sus limitaciones en las apariciones públicas.

Esto constituyó una irresponsabilidad política.

En la tarea territorial, se lo deja absolutamente expuesto a la especulación de la dirigencia peronista, que en su mayor parte no hace otra cosa que moverse según los números de las encuestas y éstos movilizaban poco.

Ni hablar cuando las encuestas se convirtieron en el único y último recurso político y la única convicción de la dirigencia y muchos militantes era la de la derrota segura, y para tales casos sólo quedaba constatar la magnitud de la misma.

Con semejante convicción moral la batalla final estaba entregada de antemano por los propios actores.

En muchos distritos, una vez asegurada la elección provincial el 25 de octubre, no se movilizó nada para el ballotage.

Por esto decimos, que mucha responsabilidad nos cabe en la construcción de la derrota.

Que tal conciencia nos sirva para construir el camino hacia una victoria política aún más contundente de nuestro pueblo.

Hacia adelante.

La derecha en el gobierno viene por un ’55 democrático.

Llega para sepultar al kirchnerismo y despojar al pueblo de todo grado de bienestar y justicia.

Y lo peor: viene a producir grados de consenso social respecto de la conformación de una sociedad injusta, con altos índices de desocupación y pobreza.

El contexto mundial y regional los favorece.

De todos los recursos con que cuenta para llevar a cabo la restauración oligárquica bajo la forma de un populismo conservador, sólo le resta incorporar firmemente un factor determinante: la pragmática peronista en la relación con el poder real.

Algo de esto ya viene sucediendo, incluso al interior mismo de la dirigencia k.

Si planteamos crítica y autocrítica del proceso político de estos años, es para desde ahí orientar la acción militante en el enfrentamiento a la entrega y la construcción del camino del retorno del pueblo al gobierno.

Que, esta vez, en función de las lecciones sufridas, deberá parecerse más al retorno del pueblo al poder.

Entonces, de construir poder se trata mientras se contiene, se defiende.

Poder popular en todas las instancias de organización y representación.

Es imperioso sumergirse en el seno del pueblo con el objetivo de la organización autónoma.

En primer lugar, sostener a rajatablas el liderazgo de Cristina sobre el FPV y el peronismo.

Esto es algo más que la lógica del “empoderamiento”, que es absolutamente funcional a la cuestionada de “sujeto de derechos”.

No se trata de una tarea individual, que realiza cada individuo.

Para ello, es necesario contener y fortalecer la organización popular en todos los órdenes, ya que el compañero que queda despojado de sus derechos queda a la vez a merced de las lógicas de sometimiento y alienación propias de la derecha, oligárquica o peronista, y ello va en detrimento del liderazgo de Cristina.

En segundo lugar, y clave para lograr lo anterior, hay que disputar para nuestra política el peronismo en todas sus estructuras.

No sólo partidarias, sino en todos los órdenes donde se expresa socialmente.

Desde la conducción del partido hasta las vecinales o sindicatos.

Esta es una batalla perentoria, porque ahí disputamos con la derecha orgánica y la del peronismo pragmático, y ambos necesitan el disciplinamiento del peronismo para desplazar a Cristina y avanzar con la entrega.

A la vez, reunir, consolidar, defender, nutrir de participación y políticas populares las instancias institucionales propias: intendencias, gobernaciones, legislaturas, medios de comunicación populares, cualquier espacio institucional político o social en manos nuestras.

Exigir a quienes ocupen lugares de representación por nuestra fuerza el compromiso con la defensa de los intereses populares y la denuncia y combate de las políticas antipopulares.

Elaborar políticas y consignas únicas y comunes que puedan atravesar todos los espacios de representación en función del objetivo de la defensa del pueblo y el retorno al poder.

Va a ser necesario instrumentar una intensa tarea de diálogo con todos aquellos compañeros que queden de este lado, sea del palo que sean y la posición ideológica que asuman.

La principal consigna debe ser frenar el avance contra el pueblo, y toda la acción y la política, toda táctica en consecuencia, deberá estar subordinada a esa consigna.

Para ello, en muchos casos va a ser necesario desplegar estrategias duales:

El plano superestructural va a estar dominado por la iniciativa de la derecha, que va a tratar de disciplinar a los espacios de representación ocupados por el peronismo, en función de su estrategia de dominación.

Ahí vamos a tener que saber manejar las tensiones que lógicamente se van a producir cuando los compañeros con niveles de representación necesiten instancias de negociación con el poder central en función de preservar el bienestar del pueblo.

La consigna de frenar el avance contra el pueblo no puede subordinarse a planteos ideologizados.

Defender el pueblo ante el avance oligárquico es el primer objetivo a sostener, así nos tengamos que casar con Drácula y ésta va a ser la situación en la que se van a encontrar todos los compañeros en la superestructura política.

No podemos hacer antagónica la política superestructural con la militancia en el seno del pueblo, mientras tanto aquélla se ubique en la defensa del mismo interés.

En tales casos, vamos a tener que saber manejar las tensiones y además construir una red de respaldo y contención en la base de manera que el compañero en funciones no quede expuesto en soledad porque en tal caso el avance sobre el pueblo va a ser insostenible.

Por otro lado, y a la vez, el plano de la base, del conflicto, deberá ser nuestra última trinchera desde dónde, a la par que se resiste el avance gorila, se construye organización popular.

Si uno de las principales razones que argumentamos para explicar la derrota es el déficit en organización popular, es ahí donde más tenemos que poner el énfasis en esta etapa.

El hecho de haber sido desplazados del Estado no nos puede mandar a nuestras casas sino todo lo contrario: a generar cada vez mayores niveles de autonomía y por lo tanto de conciencia política en el seno del pueblo.

La ausencia de Estado nos debe movilizar a suplirlo con organización popular, mientras acumulamos poder para recuperarlo para el pueblo y exigimos se haga cargo de su deber.
Organización para defender lo conquistado, para frenar el avance sobre el pueblo, desarrollar conciencia política y para construir nuevas conquistas desde la autonomía orgánica misma.
• Diego Fernández es un militante peronista de Paraná, E. Ríos. Enero 2016
N&P: El Blog del autor es EL KABECITA NEGRA <diegoferna7.blogspot.com.ar>