Arturo Frondizi asumió la presidencia de la república el 1 de mayo de 1958 gracias a un pacto con el desterrado juan Domingo Perón.

TODO UN SÍMBOLO

Por Teodoro Boot

En el mismo instante en que el día 17 de enero el Ejército irrumpía en el frigorífico Lisandro de la Torre, el presidente Arturo Frondizi emprendía el primer viaje de un mandatario argentino a los Estados Unidos.

Por Teodoro Boot
NAC&POP
Diario Punto Uno,
Salta.
Arturo Frondizi asumió la presidencia de la república el 1 de mayo de 1958.

Había triunfado en las elecciones de febrero de ese año gracias a un pacto firmado con el desterrado Juan Domingo Perón cuyas cláusulas incluían la revisión de todas las medidas económicas adoptadas por la Revolución Libertadora, la revocación del artículo 4161 que prohibía no sólo la actividad política del peronismo sino que penaba con prisión efectiva hasta la sola mención del nombre del exiliado, la restitución de la legalidad del partido Peronista, la devolución de sus propiedades, la liberación de los presos políticos, gremiales y conexos, la normalización de los sindicatos y de la CGT, el reemplazo de los miembros de la Corte Suprema, el otorgamiento de un aumento de salarios de hasta el 60% y, en un plazo no mayor de dos años, habida cuenta la manifiesta ilegalidad con que con un decreto se había anulado la Constitución, debía convocarse una asamblea constituyente que declarara vacantes todos los cargos electivos y convocara a nuevas elecciones.

En enero de 1959, cuando recién llegaba al octavo mes de gobierno, el presidente Frondizi no sólo había incumplido la mayor parte de los acuerdos suscritos con Perón sino que prácticamente había inaugurado su gobierno haciendo exactamente lo contrario a lo anunciado durante su campaña electoral: a cambio de un préstamo del FMI se comprometió a la liberalización del mercado cambiario, la devaluación del peso y un enorme estímulo a la inversión extranjera mediante rebajas impositivas, permiso ilimitado para la remesa de beneficios al exterior, reducción radical de tarifas aduaneras, suspensión de control de precios y restricciones comerciales, a lo que se sumó el congelamiento de los salarios, el aumento de tarifas, la reducción del gasto mediante la paralización de la obra pública y el despido de la planta de empleados públicos de 40.000 agentes, además de privatizaciones en el sector petrolero, ferroviario, productivo y de servicios.

El día 12 de enero Frondizi presentó al Congreso un proyecto de ley para privatizar el frigorífico municipal Lisandro de la Torre y transferirlo a la Corporación Argentina de Productores de carnes manejada por los grandes ganaderos del litoral.

Con una faena de 1.500 toneladas diarias de carne vacuna, además de ovina y porcina, el frigorífico (creado por Marcelo de Alvear justamente para impedir las maniobras y manipulaciones de los ganaderos) permitía al Estado regular la comercialización y exportación de carne, así como el precio de los cortes en el mercado interno, y a su vez recuperar una gran cantidad de divisas provenientes de su cuota de exportación.

El proyecto del Ejecutivo fue sancionado dos días después, por lo que los trabajadores del frigorífico decidieron tomar las instalaciones.

La toma se convirtió en movilización popular.

Muchos comercios y pequeñas industrias del barrio de Mataderos se solidarizaron con los huelguistas, paralizando sus actividades.

Dos horas después de tomadas las instalaciones, decenas de miles de vecinos rodeaban la planta “en defensa del patrimonio nacional”.

Cuando el 17 de enero 1.500 efectivos del Ejército, Gendarmería y Policía Federal, con el apoyo de cuatro tanques de guerra, derribaban las puertas del frigorífico provocando la muerte de un obrero, la mesa de las 62 Organizaciones declaraba la huelga general por tiempo indefinido.

Desalojadas las instalaciones con inusitada violencia, la batalla campal se prolongó durante casi una semana, extendiéndose a toda la barriada de Mataderos, alcanzando también Villa Lugano, Villa Luro, Liniers, Bajo Flores y parte de Floresta.

Los negocios bajan sus persianas en solidaridad con los huelguistas, los vecinos oscurecen las calles quitando las lámparas del alumbrado público, construyen barricadas con los árboles, vuelcan camiones, incendian colectivos, tiran clavos “miguelito”, levantan el empedrado de las calles para dificultar el paso de los patrulleros.

El gobierno decreta el plan Conintes y la entera dirección del sindicato y 264 trabajadores son detenidos mientras miles más son encarcelados en todo el país al tiempo que arrecian los atentados con explosivos.

El 21 de enero los dirigentes de las 62 organizaciones que aun no habían sido detenidos suspendieron oficialmente la huelga general pero dos días después pocas fábricas trabajaban.

En Rosario y Avellaneda, las actividades se reanudarían en forma muy gradual recién a partir del 24 de enero.

El frigorífico será finalmente privatizado a mediados de 1960 y entregado a los ganaderos de la CAP, que lo mantendrán durante años con suculentos subsidios del Estado.

Para ilustrar la naturaleza del pingüe negocio, baste decir que el complejo fue transferido a la CAP en 380 millones y se le dieron 500 millones para reconvertirlo; sin embargo, la CAP sólo terminó “pagando” 38 millones.

Tal como había advertido en su momento la organización gremial, al cumplirse este aspecto del plan del FMI, de los nueve mil trabajadores del Lisandro de la Torre, más de cinco mil quedaron en la calle.

En el mismo instante en que el día 17 de enero el Ejército irrumpía en el frigorífico, el presidente Arturo Frondizi emprendía el primer viaje de un mandatario argentino a los Estados Unidos.

A veces, más que mil palabras, alcanza con un símbolo.