Bajo espejismos tentadores y frases que acarician nuestra vanidad para adormecernos, se oculta la penosa realidad…

UN REDUCTO DEL NORTE, EN EL SUR.

Por Andres Repar

En un sentido amplio, un reducto del norte en el sur. Esto nos lleva a reflexiones sobre las transformaciones urbanas y sociales del país del ser colonial y neocolonial, al ser nacional.Y hurgar si el sesgo social de la ciudad de Buenos Aires es parte de esa trasformación.

Cada17
06/12/2015

El mantenimiento de Buenos Aires como un llamativo reducto europeo se rompe por la acción del peronismo.

Los grupos del establishment de años atrás y las propuestas neoconservadoras de estos años plantean o se imaginan que van a poder implantar un reducto pronorteamericano.

O en un sentido más amplio, un reducto del norte en el sur…

Esto nos lleva a reflexiones sobre las transformaciones urbanas y sociales del país del ser colonial y neocolonial, al ser nacional.

Y hurgar si el sesgo social de la ciudad de Buenos Aires es parte de esa trasformación.

En una creciente sudamericanización de Buenos Aires nos preguntamos si el orden urbano de Buenos Aires refleja una identidad nacional propia o se asemeja a las urbes metropolitanas del mundo.

Leopoldo Marechal, en su libro Megafón y la Guerra, asume una mirada de transformaciones de la ciudad y el país y relata esa pugna como combates de personajes, como si surgieran del riñón de las entrañas de la sociedad.

Por otro lado con sus batallas celestiales mirando la posibilidad de converger en un paraíso terrenal…

La patria es un suceder.

Hace pocos días se editó el libro “El Golem de Marechal”

En el sur del planeta siempre se insistió tener un reducto del Norte de Hernán Brienza.

Este describe como Marechal asume que la patria ya no es un territorio sino un “suceder”.

También, al mismo tiempo, se plantea el cambio del sujeto político que encarna el ser nacional y dice que ya no se trata de un gaucho institucionalizado y, por lo tanto derrotado por el mitrismo-sarmientismo, sino que quizás por herencia de “El hombre que está solo y espera” de Raúl Scalabrini Ortiz; el símbolo en este caso dinámico y transformador, es el hombre urbano nieto del inmigrante y trastocado obviamente por la acción del peronismo.

Está claro que después de 1945 la irrupción masiva de trabajadores produce una síntesis entre los hijos nietos inmigrantes del exterior y los del interior.

Una síntesis es el descamisado al cual nunca le pudieron poner una estatua pues el sistema se resistía que un personaje de características de igualdad étnica se transforme en el referente de la Argentina.

Así se escurrían posibilidades para llegar a transformar las conciencias neocoloniales: Las peripecias políticas autoritarias y asesinas obligaban a disfrazar a la pequeña burguesía de adherente al modelo, de pasivo, de obediente actor social…

Hoy pareciera que para desbrozar tantas mezclas y confusiones habría que remitirse a los orígenes.

Y no es solo el “medio pelo” -que definiera muy bien el gran Arturo Jauretche-, el gran confundido.

Hace algún año cierto nacionalismo de clase media alta expresaba su adhesión al “combo” Tradición, Familia y Propiedad, partiendo de una reivindicación del gaucho.

Fueron a revindicar al gaucho que es perseguido justamente por no reconocer la propiedad privada.

Tampoco su mantenimiento de Buenos Aires como un llamativo reducto europeo se rompe por la acción del peronismo.

Los grupos del establishment de años atrás y las propuestas neoconservadoras de estos años plantean o se imaginan que van a poder implantar un reducto pronorteamericano.

O en un sentido más amplio, un reducto del norte en el sur… indica que esa relación con el interior de Sudamérica -que son el río Paraná y el río Uruguay-, es lejana o se trataba de que fuera lo más lejana posible.

El Puerto de Buenos Aires termina siendo más puerto marítimo que fluvial.

Su ubicación era la de una ciudad-puerto de línea directa con las europas múltiples.

Ya en 1810 los revolucionarios de Mayo adoptaron -cabe aclarar que con la excepción de Moreno y también de Artigas-, las doctrinas corrientes de Europa y se adscribieron al libre comercio promovido por los ingleses.

Definidamente, la Ciudad de Buenos Aires no tuvo hospitales Evita ni barrios Jardín, solo la avenida General Paz parquizada.

Muy poco para el poder del capital acumulado que asume una transformación inmobiliaria muy poco planificada.

Volver a la realidad

El peronismo puso sus grandes obras (YPF, Agua y Energía, Gas del Estado, Alto Hornos, Industria Mecánica del Estado, Fábrica nacional de aviones, Astilleros, etc.), fuera de la Ciudad de Buenos Aires.

El peronismo no conquisto a los porteños y estos se cobijaron en sus sueños de ser el reducto del norte.

Hoy se han multiplicado y creen que un simulador marketinero puede transformar la vida en la de un país del norte con presidente lindo y de ojos azules…

Scalabrini describe estas cosas con maestría, dice en su libro “Política Británica en el Río de la Plata”:

El imperialismo económico (era el inglés pero igualito al actual) encontró aquí en nuestro país un campo franco, bajo su perniciosa influencia estamos en un marasmo que puede ser letal.

Todo lo que nos rodea es falso o irreal.

Es falsa la historia que nos enseñaron.

Falsas las creencias económicas con que nos imbuyeron.

Falsas las perspectivas mundiales que nos ofrecen…

Termina Scalabrini: volver a la realidad es un imperativo inexcusable.

Para ello es necesario exigirse una virginidad mental a toda costa y una resolución inquebrantable de querer saber cómo somos.

Bajo espejismos tentadores y frases que acarician nuestra vanidad para adormecernos, se oculta la penosa realidad…