La aplicación de los planes de ajuste no pudo sostenerse sin represión, ni podrá.

EL CAMBIO PATROCINADO POR EL IMPERIO (TODO PUEDE SUCEDER TODAVIA)

Corriente Causa Popular

Las clases medias rechazan lo que los grandes medios y la oposición llaman “autoritarismo”, que no es más que el ejercicio del poder del Estado, con un cierto equilibrio entre los sectores en pugna y que permita un uso de nuestras exportaciones primarias para fomentar el desarrollo de la industria nacional y una justa distribución de la riqueza.

Corriente Causa Popular
NAC&POP
07/12/2015

A un siglo del triunfo de la llamada “democracia proletaria” de campesinos, obreros y soldados conducidos por Lenín y Trotsky, a la salida de la Primera Guerra Mundial; de la “social-democracia” que encontró su máxima expresión, con Karl Kautsky y August Bebel, en la República alemana de Weimar, a setenta años del comienzo del ciclo de revoluciones en los países que se liberaban del colonialismo, que conocimos como las “democracias populares”, impulsadas por Mao, Ho Chi Minh, Nasser, Perón o Tito después de la Segunda Guerra inter imperialista y a treinta y dos años de la vuelta a la “democracia política” en nuestro país, las recetas liberales que vienen perdiendo credibilidad en casi todo el mundo, incluso en los países llamados centrales, se impusieron en la Argentina por el voto popular. Ganó Macri, encabezando lo que seguramente se conocerá como la “democracia empresarial”.

No hizo falta el uso de la violencia de los golpes de estado, ni del fraude, ni de la proscripción del peronismo para derrotarlo en las urnas.

Las fuerzas antipopulares y proimperialistas -como en Brasil y Venezuela-, se agruparon en un gran frente antinacional.

Envalentonadas por el apoyo del salvaje sistema financiero internacional y de los fondos buitres y contando a su favor con las fuerzas de choque locales: una parte de la Corte Suprema de Justicia, amplios sectores del mismo Poder Judicial, los medios hegemónicos con sus agitadores y los poderes económicos concentrados, recuperaron el timón de las decisiones para suprimir los programas de reivindicaciones nacionales y sociales que se establecieron a partir de 2003.

Los actores de un pasado que postró a la Argentina, arrasó con el Estado de bienestar, fugó capitales, desocupó a un tercio de los trabajadores y quebró a gran parte de los medianos y pequeños productores industriales y rurales volvieron con la fuerza que les brinda la legitimidad del sufragio, para devolverle vigencia a las anacrónicas estructuras del privilegio social y económico.

Derrotas y Victorias. Los palos en la rueda.

No fue la primera derrota electoral del frente nacional que tiene su eje en el peronismo.

En 1983, tuvo su primer revés en las urnas ante el frente liberal que encabezaba el doctor Raúl Alfonsín.

Se había perdido el apoyo de parte de las clases medias golpeadas, de todas las formas, por la más cruel de las dictaduras y a las que había ganado el desasosiego por la derrota en las Malvinas.

El peronismo, paralizado por una campaña propagandística -dictada desde la embajada norteamericana-, que hacía centro en un supuesto “pacto militar-sindical”, aparecía como la cara civilizada de la dictadura cívico-militar que lo había volteado.

El 3000% de inflación en sus últimos 18 meses de gobierno puso fin anticipado al primer y único período alfonsinista.

Carlos Menem triunfaba, en 1989, en medio de la caída del bloque soviético.

Naufragaba la posibilidad de mantener el equilibrio de la tercera posición, entre el bloque capitalista y el socialista y se desvanecía la idea de que las revoluciones, contrariando a Marx, se iban a irradiar desde la periferia al centro.

El imperialismo parecía que iba a gobernar el mundo sin limitaciones.

Carlos Menem no dudó en unírsele inaugurando un perverso proceso neoliberal de “relaciones carnales” con EE.UU., ahondando el proceso de endeudamiento externo, destruyendo lo que quedaba en pie de la estructura económica construida por el primer peronismo, privatizaciones mediante, al tiempo que barría con gran parte de la legislación laboral que favorecía a los trabajadores.

El Consenso de Washington se imponía a escala global y el FMI dictaba sus recetas.

El “Pacto de Olivos”, sellado entre gallos y medianoche entre Menem y Alfonsín, estiró cuatro años la decadencia mientras las mayorías populares empezaban a juntar bronca mientras se les escurrían, una tras otra, las conquistas nacionales y sociales.

Ante el nuevo turno electoral, agotadas las posibilidades de re-reelección, Menem, en un secreto a voces, boicotea la candidatura peronista del gobernador de la provincia de Buenos Aires Eduardo Duhalde, facilitando el triunfo de la Alianza conservadora-progresista encabezada por Fernando de la Rúa.

Amplios sectores medios, “creyendo que el mar era el cielo y se equivocaban”, votaron a un presidente carente de discurso político con el que creían enfrentar al menemismo.

No será al último candidato sin propuestas, ni el último “palo en la rueda”.

La parsimoniosa Alianza amanecía con el brete de la deuda externa que asfixiaba al país y un presidente que no se aburrió buscando recetas en el FMI y terminó delegando la conducción de los destinos del país en el arquitecto de nuestra dependencia, Domingo Cavallo.

El resultado no podía ser otro que una nueva vuelta de tuerca para reducir salarios y jubilaciones, la necesidad de comprar el voto de senadores de todos los partidos para flexibilizar aún más las condiciones laborales para “atraer” los capitales necesario, destinados a hacer frente a los vencimientos de la deuda.

Contraer deuda para pagar deuda.

Empezaron con las bombas de gases para dispersar las manifestaciones de protesta, siguieron palos, balas de goma hasta que la furiosa represión ordenada por el Presidente De la Rúa se cobró más de treinta muertos en la Plaza de Mayo.

La aplicación de los planes de ajuste no pudo sostenerse sin represión, ni podrá.

La pueblada, aunque sin conducción política, se constituyó en una arrasadora fuerza de transformaciones que inauguró una década de avances sociales, políticos y económicos continuados hasta nuestros días.

Los Kirchner.

Las divisiones en el peronismo se plasmaron en las tres candidaturas que compitieron en las elecciones de 2003.

Logrando el segundo puesto, resultó triunfante la fórmula Néstor Kirchner- Daniel Scioli, por el abandono de Carlos Menem a disputar el balotaje, retomándose el legado del General Perón.

Sostuvimos en ese momento que Néstor Kirchner asumía como “un presidente sin partido en una Nación sin Estado”.

Inauguró su presidencia presentando un peronismo sin vínculos con su pasado de defecciones y comenzó a transitar un camino propio, nacional y popular -que cuatro años después profundizaría Cristina Fernández de Kirchner-, poniendo freno a la voracidad de la burguesía importadora-exportadora; a la estrategia usurera de los bancos resucitados de la crisis de 2001; nacionalizando las empresas privatizadas por el menemismo y congelando las tarifas de los servicios; poniendo en práctica la plena soberanía política y económica corriendo al FMI y al ALCA; creando empleos; sosteniendo paritarias libres; restituyendo los derechos para los trabajadores; protegiendo la industria nacional; recuperando la memoria e implantando una política de derechos humanos que castigue los crímenes y entrega de la dictadura cívico-militar; recuperando los fondos de los jubilados de las manos de las AFJP, verdaderos traficantes de desdichas y padecimientos de los adultos mayores; poniendo a las ciencia y a la tecnología en la senda de la industrialización; protegiendo al pobrerío con la AUH; ampliando derechos y robusteciendo el Mercosur bregando por la unidad latinoamericana.

En fin, los doce años de gobierno kirchnerista no transcurrieron en vano.

Sin embargo, la derrota electoral esperaba agazapada a la vuelta de la esquina, tomando por sorpresa a muchos.

Una brutal regresión.

¿Cuáles fueron los motivos por los que no se pudo sostener el proyecto de país iniciado en 2003?

¿Fue tan sólo la ligereza política y las indecisiones de las clases medias influenciadas por el poder de la televisión?

¿Influyó la verticalidad del peronismo en sus decisiones y las dudas alrededor de las condiciones que debía reunir el sucesor?

¿Hubo en el mensaje del gobierno excesos doctrinarios que se dirigían al voto de los convencidos, pero alejaba el de los independientes?

¿Resultaron excesivas y reiterativas las “cadenas nacionales” y alejaron a los que podían haber sido convencidos por las indudables ventajas del modelo?

Fue evidente que la campaña electoral de la primera vuelta resulto ineficaz y hasta jactanciosa.

El resultado fue que sectores populares beneficiados por lo principal de la política del gobierno votaron en oposición a cuestiones secundarias, como las cadenas nacionales.

Si existieron conspiraciones o se cometieron errores que ayudaron a dinamitar desde adentro el triunfo electoral es una pregunta que solo el tiempo, el debate y la reflexión colectiva podrán dilucidar.

Pero esas preguntas flotan en el ambiente y es necesario formularlas para tener en claro las dificultades, de todo tipo, que nos arrastraron a la derrota electoral para pensar el presente y superar los difíciles momentos y los obstáculos que encontraremos en el camino que pretenderán debilitar nuestra capacidad de resistencia a las políticas de entrega que se pondrán en marcha a partir de la asunción del cambio propiciado por el Imperio.

No llegamos hasta aquí por magia.

La importancia de los medios hegemónicos.

Aunque se manejó el poder político durante doce años y se hizo esfuerzos importantes para producir transformaciones en lo cultural para denunciar las distorsiones de la historia oficial fraudulenta, no se puede dudar de la capacidad de los sectores dominantes para irradiar su ideología y seducir al resto de la población, sobre todo, sobre a una franja social numéricamente más importante de nuestra sociedad, la clase media.

Una gran campaña desarrollada gracias al poder de la prensa, sobre todo de la televisión, impuso la idea de que los “cabecitas negras” del interior son perezosos y haraganes, merecedores entonces de la pobreza en que viven y que la presencia de esos pobres, con sus exigencias, amenaza con alcanzarlos en la escala social y no dejarlos emular el nivel de vida de sus mandantes.

Esos mismos sectores medios, favorecidos por el peronismo y el kirchnerismo, rechazan el “populismo” de militares como Chávez, de indígenas como Evo, de obreros metalúrgicos como Lula o de los de su misma clase como Pepe Mujica, Néstor y Cristina Kirchner.

Rechazan lo que los grandes medios y la oposición llaman “autoritarismo”, que no es más que el ejercicio del poder del Estado, con un cierto equilibrio entre los sectores en pugna y que permita un uso de nuestras exportaciones primarias para fomentar el desarrollo de la industria nacional y una justa distribución de la riqueza.

En realidad, no es otra cosa que el ejercicio pleno del presidencialismo establecido en nuestra Constitución Nacional y que la presidenta Cristina Fernández utilizó para gobernar con total independencia de los factores de poder oligárquico o del imperio.

Ese mismo poder de los medios hegemónicos, que puso piedras en el camino de la plena vigencia de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual, dejó en manos de una ONG el “primer debate presidencial”.

Lo que los medios consideraron “histórico” (todo lo es), fue otra burla destinada a favorecer a quien proponía evitarnos el trabajo de pensar o hacerlo pero sólo en la alegría y la esperanza. Un periodista deportivo dispone de más tiempo televisivo para comentar las incidencias de un partido de fútbol que el candidato para desarrollar su programa para gobernar en los cuatro años venideros.

Pero no toda responsabilidad es de los medios, aunque son parte esencial del operativo montado para confundir la verdadera lucha de las masas democráticas por la liberación nacional y latinoamericana y destronar los gobiernos populares de América latina, con el fin de hacer inviables a cada una de las repúblicas por separado.

La interna

La heterogeneidad del peronismo, sus diferencias e internas, como hemos visto en este ligero recorrido, existen desde el origen mismo del movimiento.

El propio Perón soportó internas civiles y militares durante sus primeros dos gobiernos.

Por intrigas de piantavotos y traidores, Perón se desprendía de talentosos miembros de su gobierno (por ej.: Ramón Carrillo y Arturo Jauretche), mientras aquellos seguían junto a él para adularlo y debilitarlo.

En su tercer gobierno la puja y diferencias entre la “patria peronista” y la “patria socialista”, que se había desarrollado con Perón en el exilio, culminó con el golpe de estado de 1976.

Los primeros, a su vez, se dividían entre “leales”, dirigentes sindicales que habían buscado la vía de un “peronismo sin Perón” y en las sombras el “lopezrreguismo” que derivó en la Triple A.

Mientras los jóvenes que habían abrazado la “lucha armada”, al margen del movimiento de masas y habían cuestionado la autoridad del Jefe del movimiento, queriéndole dar una impronta ideológica que el peronismo nunca se propuso adoptar.

El general Perón, consciente de la proximidad de su muerte, había elegido como vicepresidente a su esposa, Isabel Martínez de Perón.

No había dejado ningún heredero surgido de la dirigencia peronista de la que desconfió siempre, con razón.

En su último mensaje, corroborándolo, se despidió desde los balcones de la Casa de Gobierno afirmando que su “único heredero era el pueblo”.

Con Perón muerto las internas se desataron, casi sin control, hasta nuestros días.

Como en todo otro partido político, en el vasto movimiento peronista conocimos a los que trabajaban por las tres banderas históricas que lo mantienen vigente y los que lo hacían por el premio de la concejalía, la intendencia o la banca, ignorando el mandato del pueblo.

El 25 de octubre. La contrarrevolución.

El terremoto del internismo tuvo su epicentro en la provincia de Buenos Aires.

Pases de factura de un sector a otro, que se habían disputado las candidaturas a la gobernación en las PASO de agosto y una campaña electoral centrada exclusivamente en la participación en programas de televisión, casi todos de baja audiencia, terminaron en la derrota menos esperada.

Se perdía por tercera vez, durante los años de gobierno kirchnerista, las elecciones en la provincia de Buenos Aires.

La gobernación ejercida por Daniel Scioli no despertó el apoyo popular necesario para traspasar su mando al candidato de su mismo Frente.

¿Pagaba así el precio de haber reformulado los últimos presupuestos provinciales con destino a pagar sueldos y deudas, abandonando las obras públicas tan necesarias en la provincia con más crecimiento, para no depender del poder central que lo mantenía, año tras año, al borde de no pagar salarios y aguinaldos y del default? Internas.

Del golpe no asimilado que significó la derrota bonaerense a perder el balotaje había solo unos pasos.

El poder de los centros financieros internacionales, sumados al papel intoxicante de la prensa, los errores que se manifestaban en la incapacidad para retener a sectores claves del peronismo, tanto político como sindical, los que se desentendieron de la campaña porque “si perdemos volveremos en cuatro años” y la interna sin piedad, terminaron abonando el camino para el regreso del neoliberalismo, es decir, el traspaso del poder político y económico de una clase a otra, de los que menos tienen a los poderosos que supieron esperar la oportunidad.

Esto es una contrarrevolución parida por las urnas.

La realidad es cambiante y los problemas y contradicciones nacionales y sociales no están resueltos y se estima se agravarán con la llegada del poder neoliberal.

Se deberá cerrar filas, las divisiones no beneficiarán a la reconstrucción de un frente de resistencia para enfrentar lo que viene.

Lo que viene.

EE.UU tiene una deuda gigantesca y respira gracias a la asfixia a la que somete al resto del planeta.

Humilló a pueblos y se estableció en Medio Oriente a través de múltiples bombardeos e invasiones.

Es esencial para el imperio el control de los mercados y de los recursos naturales.

No hizo falta descargar toneladas de bombas para alzarse con el poder en nuestro país.

Viene dispuestos a darnos una lección, a vengar nuestra independencia frente al ALCA y el FMI y el desafío a la justicia neoyorquina que les dio la razón a los fondos buitres.

El macrismo, que resucitó en el balotaje porteño gracias a la torpeza política de jóvenes “kirchneristas puros” que prefirieron, como la izquierda siempre funcional a la derecha, votar en blanco, viene a cumplir el plan del salvaje capitalismo financiero que condenó el Papa Francisco.

Un gabinete de ministros, conformado por Ceo’s de empresas multinacionales, viene por el retorno a la antigua situación colonial en el orden financiero.

Viene a endeudarnos, a destruir el aparato productivo y el empleo abriendo indiscriminadamente las importaciones y a poner bandera de remate al patrimonio del Estado.

Viene a manejar el Estado, que dejará su papel como distribuidor de la riqueza y de la ayuda social.

Viene por la libertad frente a la regulación, dejando los beneficios de esas políticas en manos de una minoría ansiosa de revancha.

Viene para dejar tabla rasa, mediante el ajuste que pone en peligro la sobrevida de gran parte de las conquistas de la última década.

Los “republicanos”, los “demócratas” que siempre violaron el orden institucional, pegándose como ventosas al golpista de turno para recibir los favores de la dictadura y prestando su aparato territorial para que gobiernen, quieren llevarse todo puesto.

Los escandalosos casos del apriete que deben soportar distintos funcionarios que tienen mandato otorgado por el Parlamento es elocuente.

Si el modelo neoliberal que se propone reimplantar Macri y la pandilla que lo acompaña se impone plenamente, “no cerrará con la gente adentro”, es decir no cerrará sin represión.

Hacer lo necesario antes de no hacer nada.

¿Qué será del peronismo?

El espejo del macrismo adoptando la “vía renovadora” que ofrecen De la Sota y Massa o el eje vertebrador que deberá tender puentes entre las partes que componen las fuerzas nacionales para construir un nuevo frente que convoque a las organizaciones del pueblo, bregue por un movimiento obrero un unido y cuyo vínculo común sea dar batalla para poner fin al perverso sistema oligárquico, afirmando los objetivos de la liberación nacional y social dentro del marco de la unidad de la Patria Grande latinoamericana.

La tarea está lejos de ser sencilla.

Pero no hay otra senda que la lucha política para recuperar el gobierno de la Nación e inaugurar una nueva etapa de transformaciones.

Hay reservas en la voluntad política de Cristina Fernández de Kirchner, en cientos y miles de talentosos y patrióticos compañeros y militantes que la hemos acompañado en las buenas y en las malas.

Hay voluntad nacional y popular en los gobernadores que lograron ratificar una victoria en medio de la derrota general y tendrán la dura tarea de defender sus provincias contra los ataques predadores del nuevo mitrismo instalado en la Casa Rosada.

Daniel Scioli, sobre todo en la última etapa de su campaña, se manifestó como un militante ejemplar, un aguerrido político capaz de poner el pecho a la adversidad y las dificultades y un convencido defensor del modelo de industrialización, soberanía nacional, justicia social y unidad latinoamericana.

Aún emociona la respuesta popular que irrumpió espontáneamente en apoyo a su candidatura.

En ese pueblo que se autoconvocó para llevar adelante una campaña electoral artesanal, está el futuro de la reconstrucción de un Frente Nacional vigoroso para retomar la batalla cultural pendiente y enfrentar el poder económico de los poderosos.

Todo puede suceder todavía.

CORRIENTE CAUSA POPULAR
Mesa Nacional:

Luis Gargiulo (Necochea), Eduardo González (Córdoba), Julio Fernández Baraibar (Cap. Fed.), Laura Rubio (Cap. Fed.), Juan Osorio (GBA), Cacho Lezcano (GBA), Aldo Bufa (Bahía Blanca), Andrea Montenegro (Tucumán), Alberto Silvestri (Esquina), Magdalena García Hernando (Cap. Fed.), Tuti Pereira (Santiago del Estero), Ricardo Franchini (Alta Gracia), Oscar Alvarado (Azul), Ariel Mayo (Cap. Fed.), Alfredo Cafferata (Mendoza), Omar Staltari (Bahía Blanca), Gabriel Claverí (Cnel. Dorrego), Oscar Vallejos (Zárate) y Horacio Cesarini (GBA).

Ateneo Arturo Jauretche – Jujuy