Daniel Scioli encabeza la fórmula del proyecto político que ha transformado la Argentina, como nunca, en los últimos 50 años.

¿POR QUÉ SCIOLI? (LAS POLÍTICAS QUE PENSÓ Y SOÑÓ ALFONSÍN QUE SE PLASMARON 20 AÑOS DESPUES)

Por Gustavo Lopez

Muchas de las políticas que pensó y soñó Alfonsín a partir de 1983, se plasmaron 20 años más tarde en esta década ganada, y las grandes líneas se continúan: el Mercosur y la Unasur; el Club de deudores y la renegociación de la deuda de 2005; el P.A.N. y la A.U.H, la Ley de divorcio y el matrimonio igualitario,  el Juicio a las Juntas, la reanudación de los juicios del 2003,  incluso descolgar el cuadro de Videla y una política pública de DDHH.

Por Gustavo Lopez
NAC&POP
Forja-MNA
05/11/2015

Comienzo por aclarar que no estoy formulando una pregunta con el título de esta nota, sino que estoy realizando una afirmación: por qué hay que votar a Daniel Scioli como Presidente, el próximo 22 de noviembre.

La segunda vuelta electoral está imaginada como una opción.

Uno puede elegir quien quiere que lo gobierne o puede optar por quien no quiere que lo haga.

Por suerte, en mi caso, se dan las dos situaciones al mismo tiempo, pero para aquel que no está del todo convencido la opción es válida, ya que de eso se trata el ballotage.

Daniel Scioli encabeza la fórmula del proyecto político que ha transformado la Argentina, como nunca, en los últimos 50 años.

Desde la recuperación definitiva de nuestra democracia en 1983, tuvimos dos grandes momentos de ruptura con el orden impuesto en el último medio siglo.

El primero lo produjo Raúl Alfonsín con el Juicio a las Juntas, porque marcó el carácter autónomo de nuestro sistema, rompió la lógica que indicaba que no se podían juzgar los crímenes cometidos desde el Estado y porque consolidó al sistema democrático como condición necesaria para cualquier transformación.

Se lo señala a Alfonsín como el padre de la democracia recuperada y es así.

Fue el emergente de la necesidad de un pueblo de vivir a partir de otros valores.

Pero el segundo momento de ruptura se produce con Néstor Kirchner en 2003.

Él rompe con la lógica neoliberal impuesta desde el Consenso de Washington, a pesar que el mundo le señalaba que nadie se había plantado de esa forma contra el FMI, y lo logró.

Es fácil señalar que muchas de las políticas que pensó y soñó Alfonsín a partir de 1983, se plasmaron 20 años más tarde en esta década ganada, porque más allá de triunfos o fracasos transitorios en cada coyuntura política, las grandes líneas se continúan: el Mercosur y la Unasur; el Club de deudores y la renegociación de la deuda de 2005; el P.A.N. y la A.U.H, la Ley de divorcio y el matrimonio igualitario, obviamente el Juicio a las Juntas y la reanudación de los juicios del 2003, que incluyó descolgar el cuadro de Videla y consagrar una política pública en la materia.

Uno podría seguir enumerando las grandes líneas políticas que se sucedieron y que encontraron en el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner la cristalización para las siguientes generaciones.

Y es aquí en donde me quiero detener.

A partir del año 2009, renegociada la deuda con una quita del 65% y puesto en marcha un programa económico de recuperación del trabajo, del salario, con expansión del consumo y justicia social, el gobierno va a producir las más importantes reformas que van a ser el pilar de la expansión y la inclusión de los años siguientes.

La reestatización de la administración de los fondos de jubilaciones y pensiones permitió la Ley de movilidad jubilatoria, la Asignación Universal, el Procrear y el Progresar entre otras medidas.

Si a ello le sumamos la reestatización de YPF (soberanía energética) y Aerolíneas (comunicación en todo el país) y la expansión de derechos a través de la Ley de Medios, de Matrimonio y de género, vamos a tener la estructura jurídica y política que sirve de base sólida para la próxima etapa del país.

Ahora bien, el candidato continuador de estas políticas y el único en condiciones de introducir cambios lógicos por el paso del tiempo y por diferentes escenarios internacionales, es Daniel Scioli.

¿Por qué?

Porque fue parte de esta construcción, acompañó desde su lugar institucional como Vicepresidente y como gobernador y preside la fórmula del Frente que consagró estas reformas estructurales en estos años.

Esos cambios significan no perder el rumbo, sino todo lo contrario.

Con el mismo norte de la reindustrialización, la expansión de la economía basada en el consumo interno y con valor agregado en ciencia y tecnología, con una mirada latinoamericanista pero con cambios que hoy son posibles gracias a la aplicación de determinadas políticas, como retomar la iniciativa de subir el mínimo no imponible de ganancias o aumentar a los jubilados que menos ganan, se proponen nuevas herramientas para la etapa que sigue.

Del otro lado, Mauricio Macri se opuso tenazmente a todos estos cambios, votó en contra, amenazó con derogar todo, acusó de haberse hecho con fines espúreos pero cuando leyó que la sociedad argentina quería su continuidad, sorpresivamente cambió su discurso y dijo que las jubilaciones iban a seguir siendo estatales, al igual que Aerolíneas e YPF, que la asignación no se iba a tocar y que el Arsat ya no era inútil sino un gran logro de la ciencia del país.

¿Alguien le cree?

Yo no.

Porque hasta la semana pasada se siguió oponiendo a políticas de inclusión y de expansión de derechos cuando votaron en contra de la gratuidad en la universidad.

¿Será porque piensan arancelar?

¿Por qué se opusieron si todo va a seguir igual?

Cuando denunciamos el engaño, cuando desde nuestro punto de vista decimos que esto ya pasó, que ya nos comimos el salariazo con las consecuencias que tuvo para la mayoría de los argentinos, nos acusan de campaña sucia.

¿Dar nuestra opinión a cara descubierta es campaña sucia? No, es decir lo que pensamos, sin ocultarlo.

El único procesado y condenado por una campaña sucia fue el publicista del PRO.

Salimos del infierno, construimos un país en serio, con aciertos y errores, con marchas y contramarchas crecimos como nunca en 100 años y ahora nos enfrentamos a una elección crucial: ir hacia adelante, seguros o poner marcha atrás.

Los compañeros de la izquierda o del progresismo no lo tienen que dudar.

Si no gana Scioli gana Macri, no queda el “pozo vacante”. Aquellos que vienen de la mejor tradición peronista o radical, tampoco.

Está en juego la felicidad de un pueblo, su progreso social, la posib ilidad de estudiar, tener trabajo y mejorar.

Hay dos modelos en pugna, dos futuros bien diferentes.

No se necesita coincidir en todo, simplemente comparar los sueños y ver de quien se está más cerca o de quien se está más lejos, esa es la elección del 22.

Como dice el teólogo Leonardo Boff: “todo punto de vista es la vista de un punto” (nada más).

Esta es la de muchos militantes que compartimos sueños.

Pero Boff agrega que “(…) para saber que miran esos ojos, hay que saber donde pisan esos pies”.

Cada uno sabe de dónde viene cada cual, su historia, su ideología.

Nadie, después, se puede sorprender a dónde se va y volver a preguntarnos; cómo llegamos hasta acá.