Estamos eligiendo el futuro: nuestro y de las generaciones venideras.

NO HAY LUGAR PARA VACILACIONES NI DIVISIONES INTERNAS DENTRO DEL CAMPO NACIONAL. HAY QUE APOYAR A SCIOLI.

Norberto Galasso

Así lo declaró la Corriente Política Enrique Santos Discépolo, encabezada por el historiador Norberto Galasso, tras analizar las profundas diferencias entre los dos modelos de país que se enfrentarán en el balotaje.A continuación, el texto completo.

Agepeba

Norberto Galasso

5 de Noviembre de 2015

El 22 de noviembre los argentinos votarán, en segunda vuelta, eligiendo al próximo presidente. No es una elección entre dos personas, sino entre dos rumbos históricos y entre dos modelos de país diferentes.

Uno de ellos supone la continuidad del proceso iniciado en 2003 y desarrollado –con tropiezos como siempre sucede en la historia– hasta el presente.

Es decir, afirmación de la soberanía política, la independencia económica y la justicia social.

Recuperación del tejido productivo dañado en el ciclo neoliberal, del trabajo, del salario, desendeudamiento, redistribución del ingreso, ampliación de derechos y de la protección social sin precedentes.

El otro supone el regreso al ajuste y a las políticas neoliberales, a la especulación financiera, a la apertura comercial ruinosa para la industria local y para sus trabajadores, al endeudamiento y a la sumisión a las recetas de política económica de los organismos internacionales, que asfixian a los países y empobrecen a sus habitantes.

Estamos eligiendo el futuro: nuestro y de las generaciones venideras.

No hay lugar para vacilaciones ni para divisiones internas dentro del campo nacional: hay que apoyar a la fórmula Scioli-Zannini, que encarna la continuidad del proyecto nacional en marcha, para evitar el regreso al pasado y derrotar la promesa engañosa de Cambiemos, cuyo contenido bien conocemos.

Una vez superada esta decisiva instancia electoral, seguramente llegará el momento de reflexionar, debatir y formular –desde el campo nacional y popular– todas las autocriticas necesarias para afrontar los días y las luchas políticas que vendrán.

El panorama es difícil y adverso pero aun así hasta tanto el partido no termine, la esperanza y la lucha es lo último que se abandona, en especial ante la gravedad de que está en juego y los riesgos sobre el destino del país.

Pese a cierto mejoramiento económico en el último año, no se pudo recuperar el nivel de adhesión electoral de 2011 así como se ha perdido la gobernación de la Provincia de Buenos Aires.

Además, el poder de fuego mediático con sus operaciones seguramente ha surtido efecto en alguna medida.

Macri es la expresión más fiel de los intereses del capital concentrado y el poder financiero internacional, los que esperan ansiosos el ansiado retorno del liberalismo conservador.

Su programa es el regreso a la década infame de los noventa, en las actuales circunstancias del país en crecimiento y con capacidad de ahorro interno, apto para volver a tomar deuda.

Una política neoliberal y entreguista en este momento histórico del país y de la región tendría efectos devastadores, sería un golpe artero contra el proceso de unificación latinoamericana.

La desestabilización de los gobiernos de Brasil y Venezuela vuelve incierto el destino inmediato del continente, además del avance de una nueva área de libre comercio entre los países del Pacífico. Un gobierno liberal conservador en nuestro país inclinaría la balanza hacia el lado del imperialismo en la región.

El alza de la bolsa de valores y los mercados como respuesta al resultado electoral, nos dan un guiño claro sobre sus preferencias, igual que cuando falleció Néstor Kirchner o en 2001 asumió Cavallo como ministro de economía.

Desde las bases militantes debemos salir a escuchar, dialogar y convencer acerca de lo que está en juego y la importancia de sustentar y profundizar una política nacional para el país. La campaña ha sido pobre en debate y nuestros esfuerzos, además de defender lo conquistado, hay que orientarlos a poner en claro y contrastar los programas de uno y otro bando. La sola referencia a las gestiones de uno y otro harían un aporte importante para el diálogo con los diferentes sectores del electorado, a quienes es preciso integrar al frente nacional contra la ofensiva conservadora.

De esta manera resalta la política de achicamiento de la deuda en relación al PBI de la Provincia de Buenos Aires del gobernador Daniel Scioli, ante el endeudamiento metódico de Macri quien subió la deuda porteña de del 1.4% a 8.6% (2007/2015).

O el aumento de la mortandad infantil en la Capital federal en contraste con la notable reducción del mismo índice en la provincia de Buenos Aires, lo cual se relaciona con el sistemático achicamiento del presupuesto para los hospitales porteños en un caso, y una planificación con aumento de recursos destinados a tal fin en el otro.

A la hora de la defensa de la producción nacional y el trabajo, basta con poner de relieve las promesas de devaluación que llegaría a casi el 50% en el primer tiro, así como de liberalización del comercio exterior y de las importaciones.

¡Tan seguros están de la devaluación prometida que han denunciado al Banco Central por vender dólares a futuro a un precio menor a 15 pesos para marzo! Todo lo contrario del programa de Daniel Scioli, quien destaca tanto el rol regulador del Estado en esa materia como la centralidad del desarrollo productivo con eje en el mercado interno y en el trabajo.

También merece destacarse el revalúo de las tierras realizado por Daniel Scioli en su gestión provincial, con un importante aumento de la recaudación fiscal, medida impensada en una administración macrista.

Si se trata de valorar el republicanismo, no podemos dejar de saltar el cerco informativo y enfatizar el carácter de procesado del líder del PRO por su presunta participación en una asociación ilícita dedicada al espionaje ilegal contra el familiar de una víctima de la AMIA y su propio cuñado. O el uso metódico del veto de leyes como jefe de gobierno,  en 130 oportunidades entre ellas la de creación de una oficina contra la trata de personas.

Y si se trata de evaluar si Scioli y Macri son lo mismo, bastaría con resaltarle al elector de izquierda la alerta roja acerca del seguro retroceso en los juicios de lesa humanidad e incluso en los reclamos por otros derechos humanos, evidenciado en el anuncio macrista de que se va a terminar el ‘curro de los derechos humanos’ y ‘basta de mirar para atrás’.

Las tareas estratégicas pendientes del frente nacional en torno a la profundización del modelo, en orden a una mayor nacionalización y rol del estado en la economía, de creación de trabajo registrado, de integración de las producciones locales y regionales, entre varias, penden de un hilo fino, a punto de cortarse si no se obtiene el triunfo electoral del FPV.

La gravedad del momento en que nos encontramos nos anuncia un futuro inmediato difícil y nos exige redoblar esfuerzos para consolidar la unidad del movimiento nacional, ampliando su base social y política con protagonismo de los trabajadores.