La eterna lucha entre patria y antipatria cobró su más trágica realidad.

BOMBARDEO A BUENOS AIRES: 16 DE JUNIO DE 1955

Pablo Vazquez

Una escuadrilla de la aviación naval con militares amotinados y apoyo de infantes y civiles, ametralló y arrojó sobre la Casa Rosada y la Plaza de Mayo, 10 toneladas de explosivos BOMBARDEO A BUENOS AIRES: 16 DE JUNIO DE 1955

300 muertos mas de 1000 heridos

Por Pablo Vázquez*

NAC&POP

15/06/2015

Te pido, Dios mío, que mi tiro sea sin odio” (Oración de uno de los pilotos navales).

“Fue una operación psicológica  porque como operación militar, no se puede tirar bombitas así” (Máximo Rivero Kelly, piloto naval, revista Viva, 12 de junio de 2005).

 

Recordar lo ocurrido hace 60 años es retrotraerse a una época donde la división entre lo nacional y lo antinacional se terminó dirimiendo con la sangre del Pueblo.

 La eterna lucha entre patria y antipatria cobró su más trágica realidad al desatarse una violencia inusitada contra el gobierno de Juan Perón.

 Conspiraciones de civiles y militares, el levantamiento del general Menéndez en 1951 contra Perón – y en especial contra Evita -, el atentado en la boca del subte de 1953 durante una manifestación en Plaza de Mayo, y otros más son los antecedentes directos de la masacre producida el 16 de junio de 1955.

 Tras el enfrentamiento del peronismo con la Iglesia se sucedieron varios incidentes, entre ellos lo ocurrido con una bandera argentina en la marcha de Corpus Christi. 

En respuesta a se planificó un desfile aéreo en desagravio, pero que significó la puesta en marcha de la acción criminal de bombardear Plaza de mayo.

 Ese día una escuadrilla de la aviación naval, conducida por militares amotinados con apoyo en tierra de infantes y “comandos civiles”, ametralló y arrojó sobre la Casa Rosada, la Plaza de Mayo, y otras zonas cercanas más de 10 toneladas de explosivos.

 Participaron  de la masacre las aeronaves de la base naval de Punta Indio, otras aeronaves de la VII Brigada Aérea de Morón, unos 700 efectivos de la Infantería de Marina y varios grupos de los llamados “comandos civiles”.

 A las 12.40 hrs. la escuadra de 30 aviones de la Marina (22 North American AR – 6, 5 Beechcraft AT – 11, 3 hidroaviones Catalina) empezó el bombardeo, al que se le sumaron aviones Gloster Meteor, con las pintadas de Cristo Vence a los costados de esos aparatos

 A pesar de las advertencias del Servicio de Inteligencia Naval, los altos mandos militares no advirtieron a Perón de la magnitud y seriedad del intento golpista.

Ya en la lucha el Regimiento de Granaderos a caballo y los conscriptos del Ejército, junto a obreros armados, resistieron valientemente a las tropas “rebeldes”.

 También hubo aviadores leales que combatieron a la flotilla agresora y lograron derribar una nave, pero yendo estos pilotos leales a Morón, pilotos “rebeldes” los apresaron y tomaron sus aviones, continuando el bombardeo a Paza de Mayo.

 El edificio del ministerio de Marina fue rendido por los jefes leales general Carlos Wirth y general Juan José Valle.

 Los agresores militares – más el radical Zavala Ortiz –  huyeron hacia al aeropuerto de Carrasco, en Montevideo, donde solicitaron y obtuvieron asilo político. 

Los contralmirantes Aníbal Olivieri, y Samuel Toranzo Calderón y el vicealmirante Benjamín Gargiulo, jefes militares del levantamiento, fueron detenidos.

 Se les ofrece un arma para “limpiar” su honor, rechazado por Olivieri y Toranzo Calderón, pero Gargiulo prefiere el suicidio

 Esta masacre tuvo como saldo a más de 300 muertos y más de 1.000 heridos, quedando la mayoría de ellos lisiados en forma permanente.

 Perón en su discurso posterior reflexionó sobre esta masacre: “Es indudable que pasarán los tiempos, pero la Historia no perdonará jamás semejante sacrilegio. (…)

 Nosotros, como pueblo civilizado, no podemos tomar medidas que sean aconsejadas por la pasión, sino por la reflexión (…) 

Para no ser criminales como ellos, les pido que estén tranquilos; que cada uno vaya a su casa (…) les pido que refrenen su propia ira; que se muerdan, como me muerdo yo, en estos momentos, que no cometan ningún desmán.

 No nos perdonaríamos nosotros que a la infamia de nuestros enemigos le agregáramos nuestra propia infamia (…)

 Los que tiraron contra el pueblo no son ni han sido jamás soldados argentinos, porque los soldados argentinos no son traidores ni cobardes, y los que tiraron contra el pueblo son traidores y cobardes.

 La ley caerá inflexiblemente sobre ellos. 

Yo no he de dar un paso para atemperar su culpa ni para atemperar la pena que les ha de corresponder.  (…)

 Sepamos cumplir como pueblo civilizado y dejar que la ley castigue…”

 Investigaciones de Felipe Pigna, Salvador Ferla, Gonzalo Chávez, Daniel Cichero, Roberto Baschetti, Pablo Hernández y Pedro Bevilaqua, más  publicaciones del Archivo Nacional de la Memoria, junto a muestras en el Museo Nacional del Bicentenario, el Museo Evita, y documentales de Pablo Torello, Marcelo Goyeneche, Fernando Musante y Leonardo Favio, dieron cuenta de dicha masacre.

 En los textos de Bevilaqua y del ANM se detallan la nómina más completa de las víctimas de ese día, junto al listado de los asesinos civiles y militares traidores al pueblo.

 Tres meses después, el 16 de septiembre, se produce un levantamiento cívico-militar contra el gobierno constitucional del Presidente Juan Perón, llevándolo a éste al exilio.

La dictadura autodenominada Revolución Libertadora interviene la CGT y al Partido Peronista, persigue a los peronistas, desaparece el cadáver de Evita, y anula todos los derechos sociales alcanzados por el primer peronismo.

 Esto fue el preludio del drama argentino que alcanzó su máxima intensidad el 24 de marzo de 1976 y sus 30.000 desaparecidos…

El 16 de junio de 1955 fue la verdadera fecha de nacimiento del Proceso.

 Queda en nosotros mantener la memoria de las víctimas de esa masacre, de los miles de desaparecidos y muertos de décadas pasadas, y de las injusticias que aún están por resolverse a principios del Siglo XXI.

  PV/

  • Politólogo; Docente de la UCES; Miembro de Número de los Institutos Nacionales Eva Perón, Rosas y Manuel Dorrego.
  • Afiche de Enrique Breccia