Nos supo enseñar con el ejemplo de su propia entrega que la militancia política es una noble vocación de servicio que no se rinde ante la lucha encarnizada por espacios de poder. 

MUCHAS GRACIAS, ANTONIO

Por Hernán Patiño Mayer

Antonio fue un ejemplo que moldeó y enriqueció a muchos de los que lo seguimos en aquellos difíciles momentos en que renacía la democracia y el peronismo parecía condenado para siempre, víctima de sus errores, de sus claudicaciones y de una dirigencia de dudosa legitimidad y manifiesta incapacidad autocrítica. 

MUCHAS GRACIAS, ANTONIO

 Por Hernán Patiño Mayer *

PAGINA 12

14 de Octubre de 2014

 Ya las crónicas periodísticas se encargarán de su rica biografía.

 Yo quiero brevemente referirme al hombre que tuve la oportunidad y el privilegio de conocer compartiendo las intimidades de la lucha por la reconstrucción y renovación del peronismo, con posterioridad a nuestra primera derrota electoral, en 1983.

 Antonio fue un ejemplo que moldeó y enriqueció a muchos de los que lo seguimos en aquellos difíciles momentos en que renacía la democracia y el peronismo parecía condenado para siempre, víctima de sus errores, de sus claudicaciones y de una dirigencia de dudosa legitimidad y manifiesta incapacidad autocrítica. 

Nos supo enseñar con el ejemplo de su propia entrega que la militancia política es una noble vocación de servicio que no se rinde ante la lucha encarnizada por espacios de poder y menos aún se corroe con los frutos podridos de la corrupción.

 Supo también legarnos el testimonio del verdadero significado de la lealtad que nada tiene que ver con la desdorosa alcahuetería o la enajenación vergonzosa del pensamiento crítico.

 Lealtad a los valores, a las convicciones y a las personas en tanto y cuanto efectivamente los encarnen y luchen por ellos.

 Y finalmente, supo transmitirnos la definitiva adhesión a la institucionalidad democrática, por encima de los intereses mezquinos y facciosos, cuando en un hecho sin precedentes encolumnó al peronismo junto al presidente Raúl Alfonsín para defender contra los golpistas al estado de derecho, los derechos humanos y al gobierno elegido por la voluntad popular. 

A los argentinos nos deja un gran hombre. 

A quienes tuvimos el privilegio de compartir su intimidad nos queda el testimonio de su ejemplaridad y la esperanza de ser fieles a sus enseñanzas hasta el tiempo del reencuentro definitivo.

 Gracias, Antonio. ¡Muchas gracias!

 HPM/

 

* Ex embajador argentino en Uruguay.