EL NACIMIENTO DE PERÓN

Jorge Bolivar

La cuestión, del lenguaje, como tantas otras, permite advertir cuanto de cultura y no sólo de política, hay en el peronismo como movimiento histórico.


EL NACIMIENTO DE PERÓN

Esta cuestión, como tantas otras, permite advertir cuanto de cultura y no sólo de política, hay en el peronismo como movimiento histórico.

Por Jorge Bolívar

 

En las historiografías oficiales, Perón nace en octubre de 1895 y muere al comenzar el mes de julio, en 1974, pocos meses antes de que hubiera haber podido cumplir 79 años.

 

Pero cuenta Pavón Pereira, uno de sus historiadores, que cuando se lo interrogaba acerca de la fecha de su nacimiento y de algunos aspectos relacionada a sus primeros años de infancia, el líder justicialista hacía referencia con ironía a un acta de nacimiento que tiene un manchón oscuro que dificulta la lectura de la fecha correspondiente.

 

Eran época en las cuales los registradores usaban la indócil tinta china y cayó un manchón oscuro, “piadoso”, le agregó Perón con picardía, “para hacer más compleja la tarea a los investigadores de los comienzos de mi vida”.

 

Pero no solía decir mucho más sobre el tema y era más bien remiso a hablar sobre esta cuestión.

 

En la casa museo de Lobos, que pasa por ser el lugar oficial del nacimiento del tres veces elegido presidente de los argentinos, se hacen cargo de este acontecimiento en su versión históricamente aceptada por la mayor parte de sus biógrafos.

 

Allí se enseña que Perón nació en Lobos el 8 de octubre de 1895.

 

Pero en el municipio de Roque Pérez, un rancho gaucho, muy pobre, que contrasta con la calidad de la casa de Lobos, se presenta también como el lugar del nacimiento del líder justicialista. Pero dos años antes: 1893.

 

En los estudios que realicé para el Instituto Juan Perón figuran en su videoteca una serie de entrevistas a personas que conocieron o fueron colaboradores del ex presidente argentino.

 

Una de ellas se la hice al Dr. Hipólito Barreiro que es uno de los mayores estudiosos de este tema, quien da por descontado que Perón nació en octubre de 1893, en esa antigua y precaria vivienda de Roque Pérez, y que, por tanto, vivió 80 años y murió poco antes de cumplir los 81.

 

Para Barreiro esta oscuridad que rodea al nacimiento del líder justicialista es consecuencia que la abuela paterna de éste, conminó al padre de Perón para que normalizar su concubinato y diera a sus hijos la posibilidad de que no se los considerara hijos naturales, en una época en que la cuestión de la legalidad o la ilegalidad de los nacimientos tenía una enorme gravitación familiar y comunitaria y era una dificultad para el ascenso social de los más capaces.

 

Para que esto no afectara al niño Juan Domingo, era necesario cambiar su fecha de nacimiento.

 

Los mas allegados al matrimonio de Perón con Evita, decían que el primero le solía hacer bromas a su mujer sobre que a él lo habían reconocido más rápido que a ella.

 

Pero es evidente que este tema, existencialmente tan condicionante en esa época donde la calificación de “bastardo” o “bastarda” era tan descalificadora, debe haber sido un problema de conversación mutua y es visible que fue un impulso para cambiar la legislación sobre esta cuestión, que afectaba, incluso, problemas de herencias y hasta de cierta eugenesia conservadora.

 

Los hijos llamados legítimos y los ilegítimos o naturales pasaron a tener los mismos derechos y merecían la misma consideración.

 

Perón dijo alguna vez que nunca debieron calificarse a los hijos como ilegítimos, en última instancia si alguien merecía esa calificación de ilegítimo ese era el padre y no el hijo.

 

Hoy que recordamos y en buena medida celebramos el doble nacimiento de Perón y damos noticia de “ese manchón oscuro”, es bueno advertir cómo la acción política transformadora, cuando tiene un fondo social, puede hasta cambiar el significado profundo del lenguaje que nos vincula socialmente.

 

La valoración de “bastardo” –antes tan agresiva y descalificadora- hoy ha ido desapareciendo del habla de nuestro pueblo.

 

Esta cuestión, como tantas otras, permite advertir cuanto de cultura y no sólo de política, hay en el peronismo como movimiento histórico.

 

JB/