FIDEL Y EL CHALECO MORAL

Claudio Fernandez, Juan Gelman, Abner Barrera R

fidel
Es un símbolo internacional de resistencias, luchas y victorias. Es un vencedor. Por lo mismo el imperio no lo admite ni le perdona su rebeldía.

 

FIDEL

Por Juan Gelman

 

Del poemario “Gotán” (1962).

 

dirán exactamente de fidel

gran conductor el que incendió la historia etcétera

pero el pueblo lo llama el caballo y es cierto

fidel montó sobre fidel un día

se lanzó de cabeza contra el dolor contra la muerte

pero más todavía contra el polvo del alma

la Historia parlará de sus hechos gloriosos

prefiero recordarlo en el rincón del día

en que miró su tierra y dijo soy la tierra

en que miró su pueblo y dijo soy el pueblo

y abolió sus dolores sus sombras sus olvidos

y solo contra el mundo levantó en una estaca

su propio corazón el único que tuvo

lo desplegó en el aire como una gran bandera

como un fuego encendido contra la noche oscura

como un golpe de amor en la cara del miedo

como un hombre que entra temblando en el amor

alzó su corazón lo agitaba en el aire

lo daba de comer de beber de encender

fidel es un país

yo lo vi con oleajes de rostros en su rostro

la Historia arreglará sus cuentas allá ella

pero lo vi cuando subía gente por sus hubiéramos

buenas noches Historia agranda tus portones

entramos con fidel con el caballo

 

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ESPECIAL

 

FIDEL 85 AÑOS

 

¿Cuántos Fideles hay en este Fidel que en estos días cumple 85 años de muy vivida existencia? Seguramente que muchos. Tantos que no alcanza la memoria para evocarlo.

Hay un Fidel -menos conocido-, que desde muy joven se puso en marcha para, en los claustros universitarios, comenzar un intenso camino de agitación que lo llevó pocos años después a militar activamente – haciendo honor a un internacionalismo al que luego abrazaría con pasión- contra el dictador dominicano Leónidas Trujillo.

 

Hay otro Fidel que se dio cuenta enseguida que todas las teorías del mundo no son suficientes si no se ejerce una práctica audaz e inteligente contra el autoritarismo, y junto con un puñado de valientes asaltó el Moncada, abriendo así un sendero que no se detendría más hasta la toma del poder, una meta imprescindible si se quiere hacer una Revolución con mayúsculas.

 

Pero qué decir de ese Fidel, que con Raúl, el Ché y otros tantos patriotas desembarcó del Granma, y cuando todo parecía venirse abajo, entre cadáveres de sus mejores hermanos y las balas del enemigo, contó los fusiles y se repitió varias veces, como para que lo oyeran los esbirros de la dictadura batistiana, que con esa decena de hombres que quedaban en pie, ganarían la batalla.

 

Del Fidel de Sierra Maestra habría mucho para contar. Él mismo lo ha hecho recientemente, con su estilo locuaz y sumamente descriptivo, en dos libros de lectura imprescindible para entender de qué se trató esa epopeya :"La contraofensiva estratégica" y "La victoria estratégica". Allí, en aquellas montañas victoriosas, apareció con toda claridad el Fidel combatiente, el estratega militar capaz de convertir en triunfo aplastante lo que minutos antes iba camino a convertirse en derrota, el Fidel compañero de sus compañeros, severo cuando se trataba de hacer que se cumplan sus órdenes, sabedor de que cualquier duda en un combate tan desigual como el que libraban, podía hacer capotar el proyecto revolucionario. Pero también supimos en esos pocos años de batalla directa contra la soldadesca de Batista, de ese Fidel que respetaba la vida de sus enemigos una vez que eran capturados en combate, marcando de esa forma un territorio de humanidad, que en varias ocasiones provocó deserciones masivas entre los uniformados del régimen, y generó las bases para que pocos miles de rebeldes vencieran a un ejército regular y bien equipado de cien mil soldados, que contaban con tanques, aviones bombarderos, y la ayuda internacional de los imperios yanqui e inglés.

 

Después, cuando los barbudos felizmente marcharon victoriosos hacia La Habana, en aquellos días memorables del 59, comenzó a desarrollarse la vida de un Fidel que terminó asombrando al mundo. Revolucionario hasta la médula, liberó a su pueblo de la opresión y de la cultura gringa que lo asfixiaba, expropió y nacionalizó todo lo que antes era de cuatro magnates subordinados a la mafia norteamericana, y ejerció el internacionalismo con la misma potencia que antes había desarrollado para derrotar al tirano. Codo a codo con el Che, no dudó de emprender una prolongada marcha para conquistar la por ahora pendiente segunda Independencia latinoamericana. Venció al Apartheid sudafricano, ayudó a liberar Angola, abrazó a Salvador Allende y apretó los puños de rabia, como pocos, cuando se enteró que su hermano Guevara caía en combate en Ñancahuazu.

 

Cuántos rebeldes del continente se siente enormemente agradecidos por lo que hizo Cuba por ellos, cuántos luchadores por el socialismo no hubieran podido gestar múltiples hazañas en sus países sin la decisión solidaria y comprometida de Fidel y sus compañeros. La lista es extensa y a través de ella, Cuba y su Revolución fueron escribiendo páginas de dignidad imposibles de olvidar.

 

En esos años y en los venideros, Fidel debió multiplicarse, para que la Isla no se hundiera tras la caída del bloque socialista, para intervenir con clarividencia en temas de deuda externa, anunciando antes que ninguno, que la misma era impagable por ilegítima. También propuso soluciones para cuidar y defender el medio ambiente, o encarar gigantescas iniciativas en temas de educación y salud para su pueblo, que luego fueron y son derivadas de manera solidaria hacia el resto del mundo.

 

Sin embargo, la madre de toda las batallas fue la que libró Fidel, abrazado con su pueblo, contra el criminal bloqueo imperialista. Medio siglo de obligadas carencias, que fueron derrotadas a punta de digno coraje y la convicción de que a las revoluciones verdaderas se le oponen miles de escollos. Para que semejante agresión no pueda salir airosa, Fidel lo repitió siempre, la medicina es tener conciencia revolucionaria y convicción de que se libra una batalla justa, forjar una inmensa unidad de los de abajo, y sacrificarse hasta las lágrimas.

 

"Después de Dios, Fidel", dijo emocionado un agradecido ciudadano de Haití, al defender las misiones médicas y alfabetizadoras que el gobierno cubano derramó por todo el mundo, llegando allí donde nadie se atrevía. Eso es lo que en estos días todos los que agradecemos su necesaria vigencia tenemos la obligación de recordar cuando nombramos a Fidel. Nunca, pero nunca, nos falló. Lo decimos desde la constatación de saber en que clase de mundo vivimos, donde la felonía, la corruptela, el transfuguismo y la claudicación se han convertido en moneda corriente. Frente a esas lacras, Fidel, Cuba, su pueblo, la vieja guardia y las jóvenes generaciones revolucionarias, siempre han mostrado que se puede. Que con voluntad política y conciencia revolucionaria no hay enemigo invencible.

 

Ahora, que el Comandante, ese mismo al que su pueblo llama cariñosamente "el caballo", sigue galopando con tantas ansias de futuro, ahora que ese enemigo al que le soportó la mirada, a pesar de tenerlo a sólo 90 millas, comienza a derrumbarse, tal cual anunciara el propio Fidel en aquel acto memorable junto con Hugo Chávez en la provincia de Córdoba, ahora que combina sabias reflexiones con gestos imborrables de ternura hacia quien considera su hijo político venezolano -como tal, también hacedor de revoluciones- y le anima para batallar contra su sorpresiva dolencia, ahora, cuando sus palabras en defensa de la vida contra la muerte que sigue derrochando el Imperio allí donde se asienta, ahora, precisamente, es tiempo de homenajear a Fidel. De decirle, sin rubores de ningún tipo, que lo queremos por todo lo hecho, y por todo lo que seguramente seguirá haciendo. No es cursilería, ni obsecuencia decir esto, no somos ni una cosa ni la otra y sabemos de ambas por vivir en países donde se practican con desmesura, sólo se trata de hacer justicia con alguien al que desde que nos apareció la conciencia, siempre tuvimos de nuestro lado.

 

Por muchos años más, Fidel. Para que nuestros enemigos sigan rabiando, y los de abajo y a la izquierda (como diría el Subcomandante Marcos) festejen con ganas tu noble y vital existencia.

 

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FIDEL Y EL CHALECO MORAL

 

Fidel es un símbolo internacional de resistencias, luchas y victorias. Es un vencedor. Por lo mismo el imperio no lo admite ni le perdona su rebeldía, y siempre quiso tenerlo fuera del escenario político.

 

Abner Barrera R. / AUNA-Costa Rica

 

El próximo 13 de agosto Fidel cumplirá 85 años. Para sorpresa de muchos -y enojo de sus enemigos-, en distintas partes del mundo los revolucionarios y amigos de Cuba celebrarán el natalicio del legendario guerrillero cubano y gran estadista del siglo XX y parte del XXI.

 

Durante varias décadas, los enemigos de Fidel han vaticinado contra él todo tipo de muertes, incluyendo fecha y hora (entre ellos pululan los Montaner, los Vargas Llosa, los Oppenheimer, los Matos y un sinnúmero de mafiosos y trasnochados más). El mismo Comandante ha dicho en varias ocasiones: “el día que de verdad me muera, nadie va a creer”. Los publicistas del imperio que disfrutan a sus anchas de las páginas de los diarios reaccionarios, se han pasado la vida calumniando a Cuba y a sus dirigentes; algunos han hecho carrera política a costas del agravio, otros se han llenado los bolsillos de dólares y, también están los que han recibido recompensas por sus publicaciones en contra de Cuba. Todavía hoy, cada Reflexión escrita de Fidel o sus apariciones públicas, ponen a temblar a sus enemigos y remueve el actual sistema, defendido por los capitalistas depredadores del ser humano y la naturaleza.

 

El Comandante llega a sus 85 años derribando enemigos, pero arropado del pueblo cubano y de los pueblos que resisten y luchan por su liberación. En 1996 en una entrevista para la Cadena Telemundo, la periodista miamense María Elvira Salazar le preguntó: “¿Cuál usted considera que es su peor enemigo?”. Fidel le respondió: “¡Mi peor enemigo! Yo creo que no tengo enemigos peores, porque creo que todos los enemigos se pueden vencer”. Y así ha sido, por eso los pueblos pobres del mundo se sienten identificados con él.

 

Fidel es un símbolo internacional de resistencias, luchas y victorias. Es un vencedor. Por lo mismo el imperio no lo admite ni le perdona su rebeldía, y siempre quiso tenerlo fuera del escenario político; en ese afán, no ha cesado de estar detrás de los innumerables intentos de acabar con su vida. La norteamericana Estela Bravo evidencia en su documental Fidel la historia no contada que, a la pregunta: “Cuántos atentados han habido contra usted”, Fidel responde: “Lo sabré cuando llegue al cielo”. Una forma de decir, que han sido muchos y que su seguridad personal sólo ha podido señalar los que llegaron a detectar.

 

Diego Armando Maradona en su programa La Noche del 10, el 2005 entrevistó a Fidel en La Habana. Ante la consulta: “¿Cómo imagina el futuro de Cuba, cuando usted no esté en el escenario?”. El Comandante le dijo: “La imagino como una gran potencia moral. Con un gran nivel de dignidad, que está dando algunos ejemplos de lo que puede hacerse. La imagino también como un país que demuestra lo que significa el capital humano, las ventajas de la educación, lo que puede hacerse con el hombre, lo que puede hacer un país pequeño aún bloqueado. Somos invulnerables y no exagero. ¿Cómo? No lo voy a decir, ellos lo saben. Por mucho que a veces subestiman a los demás”.

 

¿Habrá hoy algún gobierno, presidente o ex presidente capaz de expresarse de esta manera? ¿Qué líder político puede afirmar que su pueblo posee potencia moral, dignidad, educación e invulnerabilidad frente al enemigo? Esta realidad expresa mucho sobre la férrea unidad existente entre el pueblo cubano y sus gobernantes.

 

En 1979, cuando el presidente cubano tenía que viajar a Nueva York, un periodista le lanza la pregunta: “¿Siempre está protegido con su traje?”. Fidel reacciona: “¿Cuál traje?”. El periodista puntualiza: “Todo el mundo dice que usted tiene un chaleco a prueba de balas”. El Comandante –desabotonándose la camisa verde oliva y mostrando su pecho sin ningún chaleco- le responde sonriendo: “Voy a desembarcar así en Nueva York. Tengo un chaleco moral; es fuerte, ese me ha protegido siempre”.

 

¡Qué increíble! Sus enemigos se han pasado la vida tratando de eliminarlo, y el gallardo revolucionario dice que la coraza que porta es moral.

 

Las ideas revolucionarias y los principios de justicia, verdad e igualdad son el blindaje de Fidel. Ahí está él, con sus 85 años, bien acuerpado por Cuba socialista y por los pueblos revolucionarios del mundo. No hay tecnología moderna que sea capaz de sustituir ese chaleco.

 

Gentileza de claudio fernandez claudiofernan@hotmail.com

http://lapginadeclaudio.blogspot.com