BELGRANO: SUS ACTOS, SUS IDEAS, SU ACTUALIDAD

Diego Guisande

Manuel Belgrano era un liberal, claro está, de aquellos que pelearon efectivamente contra los monopolios instituidos que generaban desigualdad.

BELGRANO: SUS ACTOS, SUS IDEAS, SU ACTUALIDAD

 

Por Diego Guisande*

 

Mirar al pasado no nos permite entendernos como sociedad y reflejar allí a lo lejos las batallas de hoy descubriendo que hubo quienes capitularon y quienes lucharon por la justicia y libertad.

 

Todos recordaremos de las lecciones de la escuela que Belgrano es el creador de la bandera celeste y blanca, participó en el cabildo abierto y fue miembro de la Primera Junta de Gobierno, perdió en las batallas de Vilcapugio y Ayohuma pero ya había dejado su huella en Salta y Tucumán; un poco menos conoceremos acerca de su negativa a prestar juramento de lealtad a los usurpadores ingleses en 1806 y su oposición a priorizar la lucha interna de Buenos Aires contra los federales antes que la independencia definitiva de la metrópoli.

 

Pero en lo que menos se suele profundizar es en sus ideas. Manuel Belgrano era un liberal, claro está, pero no de aquellos que claman por la libertad de mercados en abstracto, sino de aquellos que pelearon efectivamente contra los monopolios instituidos que generaban desigualdad; tampoco fue de esos que imaginan un mundo globalizado sin fronteras ni nacionalidades, sino que fue un ferviente defensor de la soberanía nacional frente a la prepotencia de quienes no respetaban la voluntad de los verdaderos habitantes de nuestra América.

 

Demostró además su reconocimiento a la cultura mestiza del país en su apoyo a la solución de la monarquía Inca e incluso se preocupó, dentro de las limitaciones de su época, por la igualdad de las mujeres en el acceso a la educación y al trabajo.

 

Son todos pequeños detalles para la historia, pero viene al caso recordarlos para entender que la Argentina, incluso desde sus mismos inicios, fue mucho más que una delimitación territorial para evitar las restricciones comerciales de España. Nuestro país fue antes que nada un proyecto popular integrador de lo autóctono y preocupado por el desarrollo económico y la justicia social.

 

Es así que no nos parece en vano recordar hoy en día sus ideas y actos, para que sean oídas por todos aquellos que tienen en el Congreso la importante tarea de debatir y aprobar la legislación contra la extranjerización de las tierras, por ejemplo, que es una forma de garantizar una administración de los recursos naturales que favorezca al desarrollo armónico que perseguía Belgrano.

 

También es necesario recuperar el nacionalismo en que se inspiraron nuestros próceres para poder celebrar como sociedad, y no desde una u otra militancia partidaria, la inscripción del primer malvinense en un registro civil argentino, la solución satisfactoria del conflicto por el material bélico incautado a Estados Unidos sin tener que resignar soberanía, o los elogios del Secretario General de la ONU a la solidaridad que construimos como país.

 

Por último, para ser fieles al proyecto que nació en mayo de 1810, no podemos dejar de mencionar como un hecho histórico la visita del recientemente electo presidente de Perú con un mensaje de unidad regional que lenta pero progresivamente se va instalando en todos los países de la Unasur y que en un futuro próximo esperamos que se convierta en política de Estado de todos ellos, incluida nuestra Argentina.

 

Mirar al pasado no nos obliga a continuar los senderos que nos trazaron sus personajes, ni a respetar las ideas que esbozaron, pero nos permite entendernos como sociedad y reflejar allí a lo lejos las batallas de hoy, porque también en 1806 estuvieron quienes capitularon ante una pequeña fuerza de extranjeros invasores, y aquellos que, como Belgrano, arriesgaron su vida y abandonaron sus riquezas para hacer de Latinoamérica una tierra libre y más justa.

 

No a todos se les puede pedir tanta abnegación, pero a doscientos años de la Revolución de Mayo ya va siendo hora que los distintos proyectos que cada uno tiene para el país puedan confluir en el destino que elija democráticamente la mayoría.